Maas, ministro de Exteriores alemán, prevé “líneas rojas” europeas para Estados Unidos

por Ulrich Rippert y Peter Schwarz
30 agosto 2018

En un artículo de opinión la semana pasada en el diario financiero Handelsblatt, el ministro de Relaciones Exteriores alemán, Heiko Maas (Partido Socialdemócrata o SPD, por sus siglas en alemán) destacó los puntos clave de la nueva estrategia del Gobierno alemán con respecto a EUA. Su objetivo es “recalibrar” la alianza transatlántica y fortalecer la UE como un “contrapeso” a EUA.

Durante mucho tiempo, los principales representantes del Gobierno alemán han estado proclamando que Alemania debe involucrarse más en la política exterior y los asuntos militares. El acuerdo de coalición acordado por los demócratas cristianos (CDU/CSU, siglas en alemán) y el SPD en la primavera, luego de negociaciones secretas, “parece un plan para una expansión masiva del militarismo alemán”, comentó el WSWS.

Maas se basa en esto en su contribución para Handelsblatt. De una forma más clara que anteriormente por parte de otros oficiales gubernamentales, Maas describió a EUA como un importante obstáculo para el nuevo impulso alemán hacia una política de potencia global. Encubriendo ligeramente su argumento con frases diplomáticas como “asociación equilibrada”, Maas explica que Alemania sólo puede volver a ser una potencia mundial a expensas de y en conflicto con EUA.

Desde el comienzo, el ministro de Relaciones Exteriores enfatiza que las crecientes tensiones transatlánticas "no se limitan de ninguna manera solo a Donald Trump" y sus "constantes sacudidas".

"Estados Unidos y Europa se han distanciado durante años", afirma. "La confluencia de valores e intereses" está disminuyendo y la "fuerza vinculante del conflicto Este-Oeste" ya no existe.

La "asociación equilibrada" que Maas propone a continuación se basa en el hecho de que el imperialismo alemán avanza en todos los lugares donde Estados Unidos se debilita, mientras que se enfrenta a Estados Unidos donde los intereses colisionan. Es una "asociación", según Maas, "en la que reafirmamos nuestro peso donde Estados Unidos se retira", y en la que "somos un contrapeso donde Estados Unidos cruza las líneas rojas".

La elección de palabras por sí sola es notable. Hasta ahora, fue Estados Unidos quien había puesto "líneas rojas" contra los supuestos "Estados rebeldes", ahora el ministro de Relaciones Exteriores alemán amenaza a un supuesto aliado y socio con el mismo término.

El desafío de Maas a los EUA tiene implicaciones históricas, geopolíticas y militares de gran alcance. Muestra que ninguno de los problemas que llevaron a las dos guerras mundiales y al fascismo en el siglo pasado se ha resuelto.

En 1897, cuando el canciller Bernhard von Bülow exigió un "lugar en el sol" para Alemania ante el Reichstag (Parlamento imperial), esto iba dirigido contra las antiguas potencias coloniales de Reino Unido y Francia, las cuales eran consideradas por un capitalismo alemán que se expandía rápidamente como detrimentos. Esto fue seguido por 17 años de expansión militar intensiva. En la Primera Guerra Mundial, Alemania intentó conquistar su "lugar en el sol" por la fuerza, pero perdió la guerra. El verdadero ganador de la Primera Guerra Mundial fue la otra gran potencia capitalista ascendente, los Estados Unidos.

Quince años después de la Primera Guerra Mundial, en un esfuerzo por revertir este resultado, los magnates industriales, líderes militares y políticos reaccionarios llevaron a Hitler al poder por medio de una conspiración. Necesitaban que los nazis aplastaran al movimiento de la clase obrera y pusieran todos los recursos del país al servicio de una gigantesca campaña militar. En la Segunda Guerra Mundial, Hitler primero intentó subyugar a Europa y luego conquistar la Unión Soviética, que veía, a pesar de su degeneración estalinista, como una gran amenaza al capitalismo, y cuyo territorio pretendía utilizar como "Lebensraum" ("espacio vivo") para la economía alemana.

Pero la lógica de la guerra inevitablemente resultó en un enfrentamiento con la potencia imperialista más fuerte, los EUA. La Cuarta Internacional advirtió ya en mayo de 1940, cuando los tanques de Hitler pisoteaban a Holanda, Bélgica y Francia: "La victoria potencial de Alemania sobre los Aliados se manifiesta como una pesadilla para Washington. Con el continente europeo y los recursos de sus colonias como base, con todas las fábricas de municiones y astilleros europeos a su disposición, Alemania –especialmente junto con Japón en Oriente— constituiría un peligro mortal para el imperialismo estadounidense. Las actuales batallas titánicas en los campos de Europa son, en este sentido, episodios preparatorios de la lucha entre Alemania y Estados Unidos" (Manifiesto de la Cuarta Internacional sobre la guerra imperialista y la revolución proletaria mundial).

Estados Unidos eventualmente unió fuerzas con la Unión Soviética para derrocar al imperialismo alemán. Pero después de la guerra, Washington aseguró la supervivencia de este último. Los imperialistas estadounidenses necesitaban a Alemania como un baluarte en la Guerra Fría y para la expansión de su propia economía. Esa fue la base de esa "fase única de paz y seguridad" que, aunque no tan pacífica, ahora ha llegado a su fin, según escribe Maas.

Estados Unidos está tratando de compensar su declinante poderío económico utilizando su superioridad militar. Desde el comienzo de la década de 1990, EUA ha estado en guerra prácticamente sin interrupción. Otrora un ancla de estabilidad, Washington se ha convertido en el principal factor de inestabilidad internacional. Donald Trump es solo el punto culminante de este desarrollo. El imperialismo alemán reacciona regresando a las tradiciones del militarismo y una política agresiva de gran poder. Tanto el lenguaje empleado por Maas y otros políticos alemanes como el contenido de su política rememoran cada vez más a von Bülow y al ministro de Asuntos Exteriores de Hitler, Joachim von Ribbentrop.

Como en aquellos días, el imperialismo alemán considera necesario una vez más dominar Europa para desafiar a los Estados Unidos. Maas enfatiza que el enfrentamiento con los EUA no puede ser dominado "solo por Alemania". Por esta razón, el "objetivo sobresaliente" de la política exterior alemana es "construir una Europa soberana y fuerte". Es posible oponerse a EUA, pero "solo en solidaridad con Francia y otros europeos". La Unión Europea debe "convertirse en un pilar del orden internacional". Ante el eslogan "¡EUA primero!” de Trump él contrapone el lema “¡Europa unida!".

Sin embargo, las fuerzas centrífugas en Europa están incrementando. Y, no menos importante, los esfuerzos de Alemania para subordinar a los miembros de la Unión Europea a sus dictados financieros, intereses económicos y objetivos de política exterior han fortalecido las tendencias nacionalistas en muchos países. Berlín está reaccionando con un mayor gasto militar.

En su enfrentamiento con Estados Unidos, Maas no llega tan lejos como para cuestionar a la OTAN. "En ningún otro ámbito más que en seguridad, es tan indispensable para nosotros el vínculo transatlántico", escribe. El imperialismo alemán todavía necesita a la OTAN en su enfrentamiento con Rusia. Todavía hay 45.000 soldados estadounidenses y varios centros de comando militar de EUA en Alemania.

Pero Maas está ejerciendo presión a favor de un rearme masivo para aumentar la influencia alemana y hacer retroceder el dominio estadounidense. "Es un interés propio fortalecer el pilar europeo de la Alianza del Atlántico Norte. No porque Donald Trump establezca siempre nuevos objetivos porcentuales, sino porque no podemos contar con Washington en la misma medida que solíamos hacerlo", escribe en Handelsblatt. Ahora es importante construir, "paso a paso", una Unión Europea de Seguridad y Defensa "como un proyecto europeo propio".

La ofensiva de Maas contra los EUA no se limita a cuestiones militares. También quiere romper el dominio estadounidense de los mercados financieros e imponer mayores impuestos a las compañías estadounidenses de Internet en Europa. Dice que es necesario establecer "canales de pago independientes de EUA; crear un Fondo Monetario Europeo y construir un sistema SWIFT independiente". La red SWIFT, dominada por EUA, transmite noticias y transacciones de más de 10.000 bancos en todo el mundo.

En la guerra comercial contra la Administración de Trump, Maas quiere aliarse con otros países en el resto del mundo, denominando esto "la alianza por el multilateralismo". Esta sería "una red de socios que, como nosotros, confían en las reglas vinculantes y en la competencia leal". Además de los socios europeos, ya ha tenido conversaciones muy exitosas con los Gobiernos en Japón, Canadá y Corea del Sur.

La canciller Angela Merkel también busca expandir la influencia internacional de Alemania. Por ejemplo, la semana pasada, por primera vez desde la crisis de Crimea, recibió al presidente ruso, Vladimir Putin, para una conversación personal en la casa Schloss Meseberg para huéspedes del Gobierno. Entre otras cosas, los dos acordaron la construcción del gasoducto Nord Stream 2, a pesar de las feroces críticas de Washington. Posteriormente, Merkel visitó los tres países del Cáucaso, Georgia, Armenia y Azerbaiyán, en los que tanto Rusia como Estados Unidos tienen intereses masivos. En los próximos días, viajará a África para visitar Senegal, Ghana y Nigeria. Y el próximo mes, espera que el presidente turco, Recep Tayyip Erdogan –actualmente en la mira de los EUA—, realice una visita oficial a Berlín.

La nueva estrategia de Maas contra EUA cuenta con el respaldo no solo de los partidos oficialistas, sino también de la llamada oposición. En particular, el partido La Izquierda no pierde la oportunidad de exigir que Alemania tome una "postura fuerte contra los EUA”.

Incluso en los medios, no hay voces críticas. Sin embargo, algunos comentarios exigen que el Gobierno defienda abiertamente un programa de rearmamento masivo. Saben que duplicar los gastos militares, según el acuerdo de coalición, dista mucho de ser suficiente para hacer realidad los planes de gran poder de Maas. Por ejemplo, el Frankfurter Allgemeine Zeitung advierte que una "política que supere a Estados Unidos" requiere "sustancia", es decir, la correspondiente influencia militar.

La nueva edición de IP, la revista del Consejo Alemán de Relaciones Exteriores, critica a la gran coalición porque "sus garantías o incluso su redefinición de los reclamos en la política de seguridad de la República Federal… casi no tuvieron ningún papel en la campaña electoral de 2017". Pero, ahora es impostergable "explicarle al público alemán lo que realmente significa la política de seguridad y defensa si, como dice la canciller, ‘los europeos realmente tenemos que tomar nuestro destino en nuestras manos’ —pero el Bundeswehr [las fuerzas armadas] ya es incapaz de cumplir con las demandas".

Maas quiere enfrentar este desafío. "No evito el debate sobre un mayor gasto de defensa", manifestó, según el diario Tagesspiegel. Aun cuando la gran coalición ha estado haciendo una intensa campaña durante cinco años para poner fin a las restricciones militares, sostiene que hasta ahora, la sociedad se ha quedado atrapada en este campo de políticas, "en un estado vegetativo de discursos". Eso solo puede significar que el Gobierno está preparando una gran militarización de la sociedad. Los debates sobre el retorno de la conscripción militar, la introducción de una obligación de servicio para hombres y mujeres y la adquisición de armas nucleares son sólo una muestra de lo que está por venir.

El Gobierno sabe que el retorno del militarismo es ferozmente rechazado por amplios sectores de la población. Por eso, está resolviendo sus planes a sus espaldas. No puede haber un retorno a una política de gran potencia como del imperio del Kaiser y el régimen nazi, sin asumir sus métodos autoritarios de gobierno. A ello se deben la promoción de la ultraderechista Alternativa para Alemania (AfD, por sus siglas en alemán) y la criminalización de toda oposición a la guerra y al capitalismo.

Esto explica por qué el último informe anual de la Oficina Federal para la Protección de la Constitución, el servicio secreto alemán, no menciona a la AfD ni a las organizaciones fascistas en su entorno. Al mismo tiempo, el informe califica cualquier crítica al capitalismo y a sus consecuencias —la desigualdad social, la guerra, el racismo y los desastres ambientales— como "extremismo de izquierda" y "anticonstitucional", especialmente las críticas del Partido Socialista por la Igualdad (Sozialistische Gleichheitspartei, SGP), que ha advertido durante años sobre el regreso del militarismo alemán.

Unos 73 años después del final de la Segunda Guerra Mundial, el imperialismo alemán está volviendo a las tradiciones militaristas y de política exterior que culminaron en los mayores crímenes de la historia. Todo depende ahora de la construcción de un movimiento contra la guerra basado en la clase obrera, que combine la lucha contra la guerra con la lucha contra su causa, el capitalismo. Este es el objetivo del SGP y las secciones del Comité Internacional de la Cuarta Internacional en todo el mundo.

(Artículo publicado originalmente en alemán el 28 de agosto de 2018)