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Despido de trabajadores de autopartes expone la farsa de la “solidaridad” del UAW con los sindicatos patrocinados por EE.UU. en México

Le empresa VU Manufacturing, una proveedora de tapicería para vehículos fabricados por GM, Stellantis, Tesla y Toyota, despidió a todos los 400 trabajadores de su planta en Piedras Negras, México, más temprano este año, después de rehusarse a negociar un contrato con un nuevo sindicato llamado La Liga. Los trabajadores ahora reportan que fueron “boletinados” o colocados en listas negras y no los contrata ninguna empresa en Piedras Negras, que se ubica en la frontera con Texas.

En agosto de 2022, los trabajadores votaron a favor de La Liga como reemplazo de los matones de la Confederación de Trabajadores de México (CTM), que históricamente ha recibido cuotas y sobornos de las empresas a cambio de imponer las condiciones dictadas por la gerencia. En VU, la CTM ni siquiera se había molestado en solicitar un contrato formal.

Israel Cervantes con la presidenta de la AFL-CIO, Liz Shuler [Photo: Casa Obrera del Bajio]

La despiadada destrucción del sustento de 400 familias desmiente que México esté viviendo un amanecer de “sindicatos democráticos e independientes” bajo la atenta mirada y el patrocinio de los Gobiernos de Estados Unidos y Canadá, que trabajan codo con codo con sus respectivas burocracias sindicales.

El Gobierno de Biden presentó dos denuncias contra VU en virtud del Mecanismo Laboral de Respuesta Rápida del Tratado México-Estados Unidos-Canadá (T-MEC), que se ha utilizado principalmente para promover nuevos sindicatos apoyados por los Gobiernos de EE.UU. y Canadá.

En marzo, después de que un tribunal local prohibiera una autorización de huelga en la planta, La Liga volvió a recurrir a los Gobiernos de EE.UU. y México. Ese mismo mes, el Departamento de Trabajo estadounidense afirmó que había llegado a un acuerdo que “refleja el firme compromiso de la empresa y del Gobierno de México de remediar adecuadamente la denegación de la libertad de asociación y de los derechos de negociación colectiva”.

Sin embargo, durante los meses siguientes, VU redujo gradualmente su actividad y despidió a todo su personal, permitiendo que las empresas automotrices buscaran cómodamente otros proveedores. La planta cerró en julio.

El Gobierno del presidente Andrés Manuel López Obrador (AMLO), que ha sido promovido como “protrabajador” por la pseudoizquierda internacional, se cruzó de brazos al observar que VU estaba violando la ley. Desde entonces, el Gobierno ha confiscado la maquinaria sobrante, alegando que se utilizará para pagar la indemnización denegada ilegalmente a los últimos 71 trabajadores despedidos. Los “activistas obreros” de La Liga han reconocido que probablemente no alcance el dinero.

La respuesta del sindicato United Auto Workers, que pertenece a la AFL-CIO, fue totalmente oportunista. El 26 de septiembre, un puñado de burócratas del UAW condujo 32 kilómetros desde sus oficinas de Detroit para hacer un espectáculo en la sede de VU en Troy, Michigan, donde proclamaron su “solidaridad obrera internacional”.

El aparato del UAW efectivamente sacó partido de la difícil situación de los trabajadores mexicanos para darse un lavado de cara “internacionalista” y “militante” ante la creciente oposición a su fracasada “huelga stand-up” en las Tres Grandes.

En medio de esta batalla contractual supuestamente “histórica” con las tres principales empresas automotrices de Estados Unidos, el UAW no está exigiendo que los autofabricantes reabran la planta proveedora en Piedras Negras y contraten a todos los trabajadores de VU incluyendo sus salarios retroactivos. Esto tendría sin duda un apoyo masivo entre las bases.

Además, según Labor Notes, algunos productos de Piedras Negras se están asignando a plantas de autopartes organizadas bajo el UAW en Adient, Magna y Yanfeng.

En lugar de actuar para oponerse directamente a esto, los burócratas del UAW, acompañados por sus partidarios pseudoizquierdistas de los Socialistas Democráticos de Estados Unidos (DSA) y Labor Notes, ocuparon brevemente el vestíbulo de las oficinas de VU. Para dar fe de su sinceridad, estas fuerzas trajeron consigo a Israel Cervantes, un extrabajador automotor en México y ahora organizador de sindicatos “independientes” patrocinado por el Solidarity Center (Centro de Solidaridad) de la AFL-CIO.

Cervantes, a quien el UAW también está desfilando por los piquetes de huelga, pertenecía a un grupo de trabajadores de la planta de General Motors en Silao que se oponían al sindicato de la CTM. A través del World Socialist Web Site, entraron en contacto con trabajadores del sector en Estados Unidos, y se opusieron a trabajar horas extras para apoyar la huelga nacional de GM en Estados Unidos en 2019. Como resultado de estas acciones reales de solidaridad y de organizarse, más de una docena de miembros del grupo en Silao fueron despedidos.

El Solidarity Center intervino con dinero y un grupo de abogados para marginar a los trabajadores más militantes que habían sido despedidos. Estos abogados patrocinados por EE.UU., Cervantes y también el sindicato canadiense Unifor luego impusieron un sindicato “independiente” nuevo llamado SINTTIA. Este aparato fue elegido en la planta el año pasado pero ya se enfrenta a una oposición de los trabajadores, quienes le han comentado al WSWS que está igual de subordinado a la empresa que la CTM. Cabe notar que SINTTIA se rehusó a luchar por la reinstalación de los trabajadores que comenzaron la rebelión en GM Silao y que siguen “boletinados”.

Tanto SINTTIA como La Liga se están expandiendo a otros lugares de trabajo con el apoyo de “activistas” del Solidarity Center, incluso a través de un Centro Laboral recientemente establecido en Querétaro en asociación con UCLA y el sindicato Los Mineros, dirigido por Napoleón Gómez Urrutia, senador del partido gobernante Morena y socio desde hace mucho tiempo del sindicato United Steelworkers y la AFL-CIO. Los Mineros y Gómez Urrutia cobraron fama en 2006, cuando una explosión de metano mató a 65 trabajadores en una mina situada a unos 130 kilómetros al sur de Piedras Negras, Coahuila, solo dos semanas después de que el sindicato aprobara un informe que declaraba segura la mina.

La Liga fue impulsada por el Comité Fronterizo de Obrer@s (CFO), que ayudó a crear el modus operandi utilizado por el Solidarity Center en México y otros países.

En una serie de vídeos publicados en 2008, un grupo de antiguas organizadoras del CFO describieron cómo una capa de trabajadoras conoció la organización y fueron formadas como organizadoras sindicales con dinero procedente del aparato sindical estadounidense.

Una de ellas, Margarita Ramírez Parada, abandonó la CFO tras un incidente similar a los despidos en VU. En 2005, el CFO había formado un comité sindical “independiente” contra la dirección de la CTM en la planta de autopartes Macoelmex de Piedras Negras. La multinacional propietaria Alcoa respondió con despidos masivos (reduciendo la plantilla de 4.500 a 1.200 trabajadores), contratos temporales, recortes salariales y de prestaciones y otros ataques. Ramírez explicó: “Organicé a más de 1.500 trabajadores, de los cuales fueron como 200 despedidos”.

Julia Quiñones, la líder por mucho tiempo del CFO, había prometido apoyar a los despedidos, indicó Ramírez, “porque había una organización especial que estaba apoyando ese movimiento, unos sindicatos de Estados Unidos”, que habían donado “más de 10.000 dólares en una primera ayuda y a los trabajadores no les llegó ningún apoyo. Todos los despedidos iban a la oficina y ella se negaba, se escondía y me decía que yo también me escondiera… Miré que no eran los principios que la organización decía tener”. Ramírez reportó que fue testigo de cómo otras empresas llevaron a cabo despidos masivos en respuesta a las campañas de la CFO.

Como describen las investigadoras Edmé Domínguez Reyez y Cirila Quintero Ramírez en una publicación de 2018, el CFO fue fundado en 1978 en Matamoros, Tamaulipas, como una iniciativa activista del American Friend Service Committee (AFSC), una organización religiosa cuáquera, para denunciar la mala conducta de las empresas. Al principio, “no se fomentaba en particular el sindicalismo, ya que el CFO desconfiaba de los sindicatos corporativos”, pero “esta actitud cambió gradualmente, sobre todo después de que el apoyo financiero del AFSC terminara en 2010 y se acercaran al Solidarity Center de la AFL-CIO”. A continuación, se volcaron más de lleno en la formación de sindicalistas en colaboración con la Unión Nacional de Trabajadores (UNT) de México, informan.

La UNT, que a su vez es una escisión de la burocracia sindical de la CTM, fue el primer y más cercano socio de la AFL-CIO desde que el imperialismo estadounidense cambió su estrategia en México en 1997, pasando de respaldar a la cada vez más desacreditada CTM a establecer una nueva burocracia más estrechamente controlada por Estados Unidos. En palabras del New York Times de entonces, el jefe de la AFL-CIO, John Sweeney, y el Gobierno de Clinton esperaban cambiar el “fosilizado sistema sindical” al sur de la frontera.

Estos esfuerzos coincidieron con la necesidad de suprimir la lucha de clases y los salarios durante la implementación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte, que integró aún más la mano de obra barata y los recursos naturales mexicanos en un bloque económico norteamericano para competir con los rivales del imperialismo estadounidense y canadiense. Hoy, con el nuevo T-MEC dirigido principalmente contra China, el impulso de crear nuevos sindicatos patrocinados por EE.UU. y Canadá se está intensificando. La vicepresidenta estadounidense Kamala Harris anunció en 2021 un fondo de $130 millones para apoyar “sindicatos democráticos” en México.

En 2019, cuando decenas de miles de trabajadores llevaron a cabo huelgas salvajes contra la CTM y las transnacionales en Matamoros y marcharon a la frontera para llamar a los trabajadores estadounidenses a que se unieran a su lucha, todos los socios de la AFL-CIO como el CFO, la UNT, Los Mineros, el Sindicato Mexicano de Electricistas (SME) y otros cayeron como en paracaídas para canalizar la rebelión detrás de la CTM, inicialmente, y luego detrás de la formación de otro sindicato “independiente” respaldado por Estados Unidos, el SNITIS. La demanda inicial de un aumento del 100 por ciento fue suprimida y cambiada por un aumento del 20 por ciento y un bono.

Las empresas se aprovecharon de esta contención de los trabajadores y tomaron represalias masivas, incluido el despido de más de 6.500 trabajadores, entre ellos los que mostraron más combatividad. La AFL-CIO y sus socios “independientes” en México mantuvieron una perspectiva totalmente nacionalista y procapitalista y se opusieron a cualquier lucha conjunta contra estas represalias. Ahora, los trabajadores de Matamoros en las plantas con el SNITIS informan al World Socialist Web Site que las condiciones no han cambiado.

En diciembre, Lorenzo Rodríguez Jiménez, quien fue entrenado en programa de la UNT pagado por el Gobierno alemán a través de la Fundación Friedrich Ebert (FES), anunció que dejaría el Sindicato Independiente Nacional Democrático de Jornaleros Agrícolas (SINDJA) de Baja California, después de perder el mando. Dijo en un video que SINDJA había pasado completamente a control del Gobierno estadounidense: “La NED entrega recursos económicos al SINDJA por montos desconocidos ya que la dirigente indígena zapoteca [Abelina Ramírez] y sus asesores de la AFL-CIO se niegan a transparentar esa información… El problema es que el Gobierno de Estados Unidos está financiando al sindicato y le están diciendo ‘contrata a este abogado’ porque ese es un abogado charro más que ha secuestrado al sindicato”.

NED, el Fondo Nacional para la Democracia, proporciona prácticamente toda la financiación para el Solidarity Center. Fue creado por Washington para llevar a cabo operaciones previamente organizadas por la CIA. La CIA tiene un largo historial de colaboración con la AFL-CIO en todo el mundo para financiar sindicatos que han apoyado numerosas dictaduras militares y golpes de Estado respaldados por Estados Unidos en toda América Latina, lo que ha supuesto el encarcelamiento, la tortura y la muerte de decenas de miles de trabajadores.

Washington está decidido a integrar estrechamente a México y a gran parte de América Latina a sus planes de intensificar los conflictos económicos y militares con Rusia y China, ambas potencias con armas nucleares. Las nuevas burocracias sindicales que el imperialismo estadounidense lleva más de dos décadas construyendo en la región están diseñadas para ayudar a aplastar cualquier rebelión que pudiera obstaculizar estos planes. Sobre todo, el nuevo aparato se está encargando de mantener a los trabajadores divididos según las líneas nacionales.

Todas las declaraciones y maniobras de “solidaridad” entre burocracias pretenden encubrir esta realidad. El camino hacia la verdadera unidad internacional de los trabajadores solo puede organizarse desde las bases y en oposición intransigente a todas las organizaciones sindicales y políticas ligadas al Estado capitalista y al imperialismo yanqui. Este es el objetivo de la Alianza Internacional Obrera de Comités de Base.

(Artículo publicado originalmente en inglés el 5 de octubre de 2023)

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