Las elecciones de India: un punto de inflexión

por Keith Jones
5 junio 2014

El partido Comunalista hindu Bharatiya Janata (BJ) ha barrido con el poder en las últimas elecciones nacionales de la semana pasada en India. Narendra Modi, el primer ministro de Gujarat y autoproclamado hombre-fuerte -infamemente conocido en India e internacionalmente por su rol en instigar el pogrom anti-musulmán de Gujarat en el 2002- será el primer ministro, supuestamente para liderar el "desarrollo" económico.

El capital internacional e indio ha recibido con los brazos abiertos al BJ porque ve en él el instrumento para llevar a cabo medidas impopulares y de libre mercado y porque alineará a la India más estrechamente con la política extranjera de EE.UU.. El programa del partido lleva consigo grandes recortes a los servicios sociales; la eliminación de los subsidios a los precios de los alimentos, los energéticos y los fertilizantes; la privatización de compañías estatizadas; la eliminación de los límites aún existentes a las inversiones extranjeras; el desplazamiento de la carga fiscal sobre la espalda de los trabajadores; y dar una masiva ayuda financiera a los bancos.

Los programas que están en la mira de ser eliminados conforman para millones de indios la línea divisoria entre la malnutrición y la inanición. Se están sentando la bases para una explosión de lucha de clases.

Si bien el BJ es el primer partido en treinta años en ganar una completa mayoría parlamentaria, las afirmaciones de la prensa de que el pueblo indio ha virado hacia la derecha son un fraude. El BJ se benefició por defecto del masivo descontento con el Partido del Congreso y los dos Partidos Comunistas Estalinistas, los cuales ambos sufrieron un colapso histórico.

El Partido del Congreso -el cual lideró al gobierno nacional excepto por 13 de los 67 años de la India independiente- tendrá ahora sólo 44 de los 545 puestos del Lok Sabha- ni siquiera lo suficiente para ser reconocido como oposición oficial. Hace 10 años, el Frente de Izquierda -liderada por los estalinistas- obtuvo 60 puestos en el parlamento indio e inmediatamente se puso a disposición del Partido del Congreso. Hoy el Partido Comunista de India (PCI) tiene tan sólo un puesto en el Lok Sabha, y el Partido Comunista de India (Marxista) (PCI(M)) tiene sólo 9.

El Partido del Congreso es y siempre ha sido un partido capitalista. Bajo el liderazgo de Mahatma Gandhi y Jawaharlal Nehru, traicionó y suprimió la masiva lucha anti-imperialista. Realizó un acuerdo con el imperialismo británico en 1947 que establecía que el subcontinente fuese separada en un Pakistán musulmán y una India predominantemente hindú, mientras las confrontaciones entre las comunidades étnicas y sectarias mataban y desplazaban a millones.

Aún así, debido a su asociación con la lucha en contra del dominio británico, el Partido del Congreso era el único partido burgués con un grado de apoyo en medio de los vastos grupos comunales y étnicos de la India. De esta manera resultó ser indispensable a la burguesía india. El Partido del Congreso buscó compensar la presión del imperialismo con la sustitución de importaciones, la propiedad estatal de las principales industrias y las relaciones cercanas con la burocracia estalinista de la URSS.

Por los años setenta, esta estrategia estaba en grave crisis. El gobierno del Partido del Congreso de Indira Gandhi entró rápidamente en un conflicto con la clase trabajadora, aplastando la huelga ferroviaria de 1974-75 con el ejército e imponiendo una Emergencia de dos años, durante la cual las libertades civiles fueron eliminadas.

Desde 1991 y el colapso de la Unión Soviética, el Partido del Congreso ha jugado el rol central en la "nueva política económica" de la burguesía india, transformando al país en un productor de mano de obra barata del capitalismo mundial. El gobierno del Partido del Congreso bajo Narasimha Rao de 1991-96 inició este cambio al desechar la regulación económica nacional a favor del crecimiento mediante las exportaciones y las políticas de libre mercado para atraer el capital extranjero.

El gobierno del Partido del Congreso de la década pasada expandió y extendió aún más la reestructuración de libre mercado de la India. El Primer Ministro Manmohan Singh en un discurso televisivo en Setiembre del 2012 sermoneó al pueblo indio sobre la necesidad de "apretar el cinturón" para atraer más inversiones extranjeras.

Mientras la burguesía india se enriquecía a sí misma proveyendo de mano de obra barata a corporaciones multinacionales, el Partido del Congreso también intensificaba sus relaciones con EE.UU.. India, liderado una vez más por el Partido del Congreso, procuró una "asociación estratégica global" con el imperialismo estadounidense, mientras éste invadía una serie de países, incluyendo Afganistán, Irak y Libia. Las relaciones de EE.UU. con India ha sido parte de su "giro a Asia", el cual tiene como objetivo aislar y amenazar a China.

La derrota catastrófica del Partido del Congreso refleja el hecho que -luego de un cuarto de siglo de imponer semejantes políticas- ha perdido toda la credibilidad entre los trabajadores y oprimidos de las masas indias.

Tampoco es coincidencia el colapso del PCI y el PCI(M). Desde la consolidación del PCI en los treinta, los estalinistas se han opuesto a la lucha por el socialismo bajo el liderazgo de la clase trabajadora, como fue promovido por el movimiento trotskista. En vez, ellos sistemáticamente subordinaron a los trabajadores a los partidos capitalistas.

Antes de 1991, ellos insistían en que el socialismo aún no estaba a la orden del día en India. Apelaban a apoyar secciones "progresivas", "anti-feudales" o "anti-imperialistas" de la burguesía india para que llevaran a cabo la "revolución nacional-democrática". A partir de 1991, mientras la burguesía india viraba rápidamente hacia la derecha y el imperialismo, los estalinistas se pusieron en marcha con ellos.

Bajo la consigna de oponerse al BJ, ellos apoyaron a una sucesión de gobiernos que implementaron políticas de libre mercado e imperialistas.

Mientras los estalinistas bloqueaban a la clase trabajadora de una lucha por el socialismo y lo subordinaban al Partido del Congreso y a una miríada de partidos derechistas basado en castas y regionales -todos ellos pregonados por los estalinistas como bastiones de una "India secular"- el BJ quedaba libre para explotar el amplio descontento con el Partido del Congreso y un cuarto de siglo de "reformas" a favor del mercado.

Un gobierno dirigido por el BJ será un régimen de intensa crisis. Éste está comprometido con el Rashtriya Swayamsevak Sangh (RSS) -una organización comunalista hindú y fascista-, con los belicosos elementos de las fuerzas de seguridad, y con las secciones más rapaces del gran capital. Mientras impone una agenda social impopular, este gobierno procurará estrechar sus lazos con el imperialismo, especialmente los Estados Unidos y Japón, así como de apresurarse de entrar en el "giro a Asia" de EE.UU. y a las preparaciones por una guerra a gran escala.

La clase trabajadora claramente confronta terribles peligros. Sin embargo, la victoria del BJ y el colapso del Partido del Congreso y los partidos estalinistas presagian no sólo una amplia intensificación de la lucha de clases, sino un realineamiento fundamental de las políticas de la clase trabajadora.

Este realineamiento requiere extraer un balance histórico del hundimiento del mandato burgués "independiente" y del estalinismo indio, y la construcción de un nuevo partido de masas de la clase trabajadora basado en el programa de la Revolución Permanente, elaborado por León Trotsky y que dio animó a la Revolución Rusa de 1917.

La experiencia entera de India ha demostrado la incapacidad de la burguesía para resolver las tareas sociales y democráticas básicas -la unificación de las masas del subcontinente, la liquidación de la opresión de castas y el latifundismo, y la libertad del imperialismo. Estas tareas sólo pueden ser resueltas mediante la movilización independiente de la clase trabajadora, sobre la base de un programa socialista internacional.