El imperialismo y la catástrofe del Ébola

27 septiembre 2014

Esta perspectiva apareció en inglés el 26 de septiembre del 2014 –traducid a por Rafael Azul

"La presente epidemia [Ebola] es excepciona lmente enorme , no principalmente debido a las características biológicas del virus, pero debido en gran parte a las características de las poblaciones afectadas, la condición de los sistemas de salud, y a los esfuerzos control que han sido insuficientes para frenar la marcha de la infección (Dr. Christopher Dye, director de estrategia de la Organización Mundial de la Salud).

La atenuadas cita de arriba de un profesional de la salud constituye un diagnosis, no sólo de la catástrofe del Ébola, sino del fracaso del capitalismo mundial. Miles de personas han muerto y millones están en riesgo debido a las condiciones sociales en los países afectados (oprimidos y explotados desde hace mucho tiempo por las potencias imperialistas) que han hecho imposible un combatir adecuadamente el brote de esta infección.

Ébola es una enfermedad bien conocida. Se contagia sólo a través del contacto directo con fluidos corporales. Por lo general, en las zona rurales la enfermedad misma limita su propagación, ya que normalmente mata a las víctimas antes de que puedan transmitir el virus a otras personas. La suma de muertos de todos los brotes anteriores de Ébola era de apenas 2.500 personas, número superado en sólo tres meses por el brote actual.

La epidemia comenzó en la zona rural de Guinea. Luego pasó a países vecinos (Sierra Leona y Liberia). En Liberia, por primera vez se convirtió en una epidemia urbana. La ciudad capital Monrovia es la primera ciudad grande que sufre un brote, con terribles consecuencias.

En los tres países, los sistemas de salud han colapsado bajo el impacto de la epidemia. En Sierra Leona, por ejemplo, el único hospital grande para niños tuvo que cerrar sus puertas luego que un niño apareció con la enfermedad. En Liberia, sólo hay unos pocos cientos de camas disponibles para tratamiento. La mayoría de las víctimas se quedan en casa y son cuidadas por miembros de la familia, que luego se enferman.

Estos tres países están entre los más pobres del mundo, ocupando los puestos 161 (Sierra Leona), 176 (Guinea) y 181 (Liberia) en la lista (descendiente, de 185 naciones) de ingreso promedio (PIB) por persona, según el Banco Mundial (2013). El presupuesto para la salud combinado para los tres países es de sólo novecientos millones de dólares, unos desgraciados cuarenta y cinco dólares por persona.

A pesar que sus ciudadanos viven en la miseria, éstas tres naciones poseen abundantes recursos naturales que por muchos años son despiadadamente explotados por las grandes empresas y por las potencias imperialistas que imponen sus intereses.

Liberia (fundada por esclavos americanos liberados, y una colonia de facto de Estados Unidos) tiene vastos recursos de mineral de hierro y de aceite de palma. La empresa Bridgestone (anteriormente Firestone) ha operado la plantación de caucho más grande del mundo allí desde 1926. Sierra Leona, una ex colonia británica, es un principal productor de diamantes, con grandes reservas de rutilo, un mineral a base de titanio. Guinea, ex colonia francesa, tiene el mineral de hierro, diamantes, uranio, oro y la mitad de las reservas totales del mundo de bauxita, de la que se deriva el aluminio. La firma australiana canadiense Rio Tinto Alcan y Dadco Alúmina de Alemania dominan la extracción de bauxita en Guinea.

En las últimas tres décadas, los tres países han sido devastadas por las guerras civiles, golpes de Estado y masacres étnicas, con sus divididas élites gobernantes luchando por controlar las fuentes de materias primas en medio de condiciones económicas cada vez más difíciles en el mercado mundial. Las potencias imperialistas intervinieron directamente, con las tropas británicas y de la ONU que ocupan Sierra Leona y los infantes de marina estadounidenses en Liberia.

La combinación de décadas de explotación e intervención imperialista, exacerbada por la crisis económica mundial que estalló en 2008 le abrió el paso a la actual catástrofe. Cuando el virus del Ebola salió de las zonas selváticas aisladas donde los tres países tienen fronteras en común, la resistencia del cuerpo social a la epidemia demostró ser aún más débil que la resistencia del cada organismo al ataque del virus.

Uno de los cálculos más pesimista de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades prevé 1.4 millones de casos para finales de enero. Dada una tasa de mortalidad del 70 por ciento, el brote de Ébola podría acabar con un millón de individuos a principios del 2015 Por otra parte, como advierte un nuevo informe publicado en el New England Journal of Medicine, podría "hacerse endémico [el virus de Ébola] entre la población humana de África Occidental, algo que nunca se había previsto." En otras palabras, el Ébola podría convertirse en una condición permanente de África occidental, con incalculables consecuencias para la vida social y económica en toda la región.

En ese contexto, la sesión del jueves 25 de septiembre de la Asamblea General de las Naciones Unidas, dedicado a esta crisis de salud, una vez más demostró que las grandes potencias no van a hacer nada.

Hasta ahora la ayuda de los países ricos ha sido mínima. Se movilizaron unos pocos cientos de médicos voluntarios dedicados y enfermeras (muchos ahora muertos o retirados de la zona por temor a la infección) y, como es de esperar, el gobierno de Obama envió miles de soldados.

Estos soldados no tienen experiencia con la enfermedad. Su único contacto con la población local es probablemente asesinar a las víctimas y sus familiares aterrados que exijan tratamiento. La principal preocupación de Washington es que la epidemia no desestabilice sus políticos títeres como la presidente de Liberia, Ellen Johnson Sirleaf, y amenacen los intereses de lucro de las grandes empresas.

El presidente Obama, en su tercer discurso ante la ONU en tres días, admitió el fracaso de la reacción mundial: "No estamos actuando lo suficientemente rápido. No estamos haciendo lo suficiente ... la gente no está enviando los recursos necesarios para poner fin a esta epidemia ".

El total combinado de todas las donaciones de ayuda a Liberia, Sierra Leona y Guinea apenas supera los mil millones de dólares en promesas (no entregas reales) de suministros, equipo y personal de salud. En contraste las potencias imperialistas y sus aliadas monarquías del Golfo Pérsico cuentan con miles de millones de dólares para la nueva guerra en Siria e Irak, ni hablar del derroche de cientos de miles de millones en guerras en Libia, Irak y Afganistán y los billones disponibles para el rescate de los bancos y otras instituciones financieras luego del colapso del 2008.

Desde el punto de vista del imperialismo mundial, el valor de esta región viene de su riqueza mineral. La vida de los seres humanos que habitan el territorio es totalmente secundaria. Cuanto más se propaga la epidemia, más se considera a la población local un obstáculo a la explotación y el lucro. No se la considera mano de obra. Su eliminación considerada un costo necesario de los negocios.

Patrick Martin