Delirios imperialistas de conquista del mundo: Bellum Americanum

23 marzo 2015

El Congreso estadounidense y la Casa Blanca actualmente están negociando el presupuesto para el año fiscal, que comienza este octubre. Como una isla entre las diversas controversias tácticas sobre la política dentro de la clase de poder, existe una categoría donde hay un acuerdo casi universal en Washington DC: que haya un aumento mayor e inmediato en el presupuesto de gigantesca máquina bélica del Pentágono.

En eso, la Casa Blanca se adelantó. El nuevo secretario de Defensa de Obama, Ashton Carter, declaró el miércoles que el presidente vetará cualquier presupuesto que no retire los límites introducidos en el 2011 que supuestamente "secuestran" el gasto militar. Si bien el Congreso ya había encontrado diversas maneras de burlar esos límites en años recientes, el Pentágono insiste en que se eliminen.

Carter describió las consideraciones básicas que motivan esta demanda: "Con el fin de garantizar que nuestras fuerzas armadas sean las mejores del mundo, tenemos que borrar las incertidumbres fiscales que empañan nuestros proyectos y nos obligan a tomar decisiones ineficiente. Necesitamos una restauración a largo plazo del normal método de presupuestos... a la altura de nuestra responsabilidad de defender este país y el andamiaje mundial ".

Esas palabras ignoran totalmente la pretensión de que Estados Unidos está envuelto en una campaña en defensa de los derechos humanos o en asegurar la democracia. ¡No! Estados Unidos "debe proteger el territorio nacional, fomentar la seguridad a nivel mundial, e impulsar su poderío de manera decisiva", dijo el secretario de Defensa. Eso significa en verdad que el ejército estadounidense debe estar en condiciones de conquistar el mundo, y debe tener fondos ilimitados a su disposición con el fin de hacerlo.

Los Estados Unidos cada vez se parece más a un Estado militar, que dedica una montaña de recursos para instrumentos de represión y guerra. El gasto militar estadounidense hoy empequeñece lo más que se podría haber imaginado el presidente Dwight Eisenhower cuando pronosticó hace más de medio siglo el peligro del "complejo militar-industrial

Propone Obama 561 mil millones de dólares para el gasto militar básico. Esta cifra (que es 38 mil millones de dólares más que el límite del secuestro) no incluye 51 mil millones más en fondos suplementarios incluidos en el fondo de Operaciones de Contingencia Exteriores (OCO). La propuesta de los miembros del Partido Republicano en la Cámara de Representante, respeta formalmente el límite del secuestro pero encarrila decenas de miles de millones más al OCO.

A modo de comparación, el Obama pide sólo 70 mil millones en gastos de discreción para todo el Departamento de Educación y 84 mil millones para el programa de subsidios alimenticios (Food Stamps), para la cuarenta y seis millones de personas que necesitan asistencia nutricional. El presupuesto asigna alrededor de siete mil millones de dólares para las operaciones de socorro en casos de emergencia.

A la vez que destinan miles de miles de millones de a la máquina bélica, el gobierno y los legisladores de los partidos republicano y demócrata insisten en recortar programas básicos de previsión social, como Medicare y las jubilaciones del Seguro Social.

El presupuesto del Pentágono, nos dice Carter, es necesario para financiar una fuerza de cerca de dos millones de soldados en el Ejército, la Armada, la Infantería de Marina y de la Fuerza Aérea, uno cada ciento cincuenta ciudadanos estadounidenses. Las fuerzas armadas también proyectan comprar un arsenal de nuevos equipos para más engordar su ya enorme máquina de guerra.

La Armada quiere dos nuevos destructores de misiles, a un costo de entre 1.5 mil millones y 2 mil millones cada uno, para navegar en mares europeos y asiáticos. La Fuerza Aérea exige centenares de nuevos aviones de combate F-35A, a más de 100 millones de dólares cada uno. Miles de millones se asignarán a comprar aviones no tripulados utilizados a llover bombas sobre el Medio Oriente y África, a un costo de decenas de millones de dólares cada uno.

El debate sobre la financiación de los militares hace hincapié en que la guerra es ahora el centro político de la clase de poder. En vísperas de la disolución de la Unión Soviética en 1991, el presidente George HW Bush declaró un "nuevo orden mundial", una permanente Pax Americana .

Sin embargo, la caída de la URSS no selló el triunfo definitivo del capitalismo estadounidense. Más bien, de ese colapso brotó una nueva etapa en la crisis global del sistema de estados nacionales y en la quiebra del balance internacional pos Segunda Guerra Mundial (que había sido organizado bajo el dominio económico e industrial del capitalismo estadounidense). La médula de esta crisis es el prolongado descenso en la posición económica mundial de los Estados Unidos, un proceso que se aceleró luego de la desaparición de la Unión Soviética.

Al ya no sentirse limitada por la presencia de la Unión Soviética, la aristocracia empresarial y financiera de Estados Unidos trató de sopesar la decadencia económica con el poder de sus fuerzas armadas. Éstas dominan, amenazan, intimidan, atacan y, cuando lo crean necesario, destruyen, a posibles a rivales por la supremacía mundial.

Casi un cuarto de siglo más tarde, Estados Unidos está enredado en una fila sin fin de invasiones, ocupaciones, guerras de contrainsurgencia e intervenciones secretas en casi todos los rincones del globo. También está tratando de apoderarse del espacio sideral y está dando guerra en el ciberespacio.

Según una fuente, entre las fuerzas armadas regulares y las fuerzas de operaciones especiales estadounidenses hubo intervenciones en 133 países, el 70 por ciento de las naciones del planeta. Esto incluye las guerras abiertas como en Irak y Afganistán; la "guerra al terror" en todo el Medio Oriente y Norte de África; los enormes preparativos militares contra Rusia en Europa del Este; y el "pivote hacia Asia", que consiste de una red de bases militares y alianzas antichinas.

Se trata de intentos inútiles y descabellados imperialistas para contrarrestar el declive económico a largo plazo de Estados Unidos por medios militares (que han resultado en un desastre tras otro). Cada país que ha tenido la desgracia de estar entre ceja y ceja del imperialismo norteamericano se había sumido en el caos. Pero ninguna de estas operaciones sangrientas ha frenado el desmoronamiento del capitalismo estadounidense o el aumento de competidores como China.

Las debacles producidos por la falta de prudencia de Washington sólo hacen que la clase de poder amplíe el alcance de sus operaciones militares, añada a la lista de enemigos potenciales, y prepare consciente y deliberadamente la guerra mundial.

Que Alemania, Francia, Gran Bretaña e Italia, se unieran al Banco Asiático de Inversión en Infraestructura, que patrocina El Banco Chino de Inversiones, a pesar de las apelaciones directas del gobierno de Obama significa una humillación Estados Unidos y es un ejemplo de las contradicciones que encara el imperialismo estadounidense. Las principales potencias imperialistas, obligadas a promover sus intereses en el entorno del las estructuras (dominadas por Estados Unidos) de pos Segunda Guerra Mundial, ahora se remilitarizan y se embarcan en vías que inevitablemente llevará a algunas (Alemania? Japón?) a chocar contra Estados Unidos.

A medida que Pax Americana se transforma en Bellum Americanum, hay otro importante elemento levanta su cabeza: la enorme contradicción social dentro de los propios Estados Unidos (la combinación de saqueo voraz por la aristocracia financiera y exigencias cada vez mayores por el aparato militar y de inteligencia) más y más arruina la sociedad estadounidense. Las tensiones sociales se encuentran están por explotar.

De ahí que el despliegue belicista de la clase de poder cada vez más directamente va en contra de la oposición social, a través de la integración de la policía con las agencias militares y de inteligencia para formar un "ejército total."

La crisis del capitalismo estadounidense, tanto en otros países como en el ámbito interno, sugiere los medios para derrotar las inminentes amenazas de guerra nuclear y dictadura: la lucha de clases y la revolución social.

Joseph Kishore