Escuadrones de muerte desde Washington

10 junio 2015

El New York Times publicó el domingo 7 de junio un extenso artículo que nos presenta una muestra de los métodos criminales y salvajes de Seal Team 6, un grupo de combate secreto dentro del Comando de Operaciones Conjuntas (Joint Special Operations Command, JSOC) del centro bélico estadounidense, Pentágono.

El grupo adquirió notoriedad a través del falso relato sobre el asesinato de Osama bin Laden en Pakistán. Ese cuento fue desenmascarado el mes pasado por Seymour Hersh periodista de gran reputación, quien reveló que el operativo había sido una ejecución a sangre fría de un individuo desarmado y decrépito que había la policía de Pakistán había delatado.

A pesar de que el artículo del New York Times de seguro fue aprobado por el Pentágono y la Casa Blanca, éste revela que para avanzar sus intereses globales, el gobierno de Estados Unidos más y más requiere de la obra asesina en secreto de escuadrones de la muerte.

El periódico publica las palabras de un portavoz del Pentágono diciendo que la ola carnicera del Seal Team 6 y otros grupos especiales ha dejado hasta ahora un saldo de "decenas de miles" de muertos desde el 2001. Son miles las víctimas de Seal Team 6, cuya existencia niega el ejército estadounidense. La gran mayoría de ellos son desconocidos, sin ningún vínculo con ningún complot o amenaza contra Estados Unidos.

El informe dice que este grupo secreto emplea a mil ochocientas personas y cuenta con presupuesto, y áreas de responsabilidad, en constante expansión. Da ejemplos de las hazañas de Seal Team 6 en Afganistán entre 2006 y 2008, cuando llevaba a cabo redadas nocturnas continuas, matando, en promedio, 15 personas por noche (con frecuencia hasta 25), sin encontrar la mayoría de las veces a su presa.

Ni esos objetos de caza, ni los muchos otros que fueron asesinados planteaban ninguna amenaza para el pueblo estadounidense. Eran atacados y asesinados por ser considerados posibles obstáculos a la política de Estados Unidos, en este caso la intención de Washington de apuntalar el régimen corrupto e impopular de Hamid Karzai, títere de Estados Unidos en Kabul.

El Times nos presenta con una versión limpia de una de estas redadas, que ocurrió el 27 de diciembre de 2009, parte de "escalads" del gobierno Obama en Afganistán, cuando el escuadrón de la muerte militar estadounidense masacró a ocho colegiales entre 11 a 17 años de edad, junto con un pastorcito de 12 años de edad, y un campesino.

De acuerdo con el relato del director de la escuela: "Primero, las tropas extranjeras entraron en la sala de recepción y dispararon contra dos de los estudiantes. Acto seguido entraron en otra habitación y esposaron a siete estudiantes, a quienes mataron. Abdul Khaliq, el campesino, oyó disparos y salió a ver que pasaba. Cuando le vieron, también lo mataron".

Sobre ese período, un ex oficial de Seal Team 6, que habló anónimamente, declaró: "Esas fiestas de muerte se habían hecho rutina."

El Times también informa que en Afganistán, con frecuencia miembros de Seal Team 6 "se enredaban tanto en la carnicería que acababan empapados en sangre que no era la suya." Añade: "A veces, cortaban dedos o pedazos del cuero cabelludo de los militantes muertos para hacer análisis de ADN".

Lo que se describe no son los actos de los soldados indisciplinados o de una banda de mercenarios fuera de la ley, sino un grupo militar dizque selecto de las fuerzas armadas de Estados Unidos. Sus métodos y sus crímenes son los métodos y crímenes del gobierno de Estados Unidos, del gobierno de Obama y de la capa de poder capitalista estadounidense.

El escuadrón cuenta con una carta blanca de inmunidad por sus crímenes, la investigaciones de sus actividades casi siempre van no más allá del JSOC, que a su vez es una orden secreta dedicada a métodos de contrainsurgencia que, en el lenguaje de todos los días son crímenes de guerra.

Funcionarios civiles del Pentágono le dan a estas operaciones una gran amplitud. cHarold Koh, empleado del Departamento de Estado y autor de justificaciones seudolegales para el programa de asesinato con aviones drones de Obama, dijo al Times: "De estas cosas el Congreso notoriamente no quiere saber demasiado ".

Tanto depende el gobierno de Obama en estas faenas que el ex senador de Nebraska Robert Kerrey dijo al Times: "Se han convertido en una simple llamada telefónica; en cualquier momento que alguien lo requiera, así se cumple". Kerrey sabe de lo que habla, habiendo él mismo participado cuando era Seal de la armada estadounidense en los crímenes de guerra en Vietnam como parte de la infame Operación Fénix en torturas, masacres y asesinatos en masa que causaron la muerte de decenas de miles de hombres, mujeres y niños en el programa modelo de las faenas de hoy.

Al artículo del Times se preocupa solamente que la faena Seal Team 6 otros escuadrones de ese tipo no son eficaces. El diario se queja de que la muralla de secretos que blinda el funcionamiento de los escuadrones de la muerte hace difícil "evaluar plenamente su récord y las consecuencias de sus acciones".

Para nada discute la cuestión mucho más importante que es lo que la creciente dependencia del gobierno en los escuadrones de la muerte, "listas de muerte" y asesinatos ahora revela de la naturaleza del gobierno estadounidense. El uso de esos métodos no es ninguna novedad, y lo de Vietnam no fue nada excepcional.

En El Salvador, Washington entrenó y equipó escuadrones de la muerte que causaron terribles matanzas contra la población civil de ese país, una gran parte de las 75.000 personas que murieron en el intento de aplastar la resistencia popular a la dictadura respaldada por Estados Unidos. Este baño de sangre ahora es considerado en el Pentágono como un ejemplo de uno de los éxitos de contrainsurgencia.

En el presente, esos métodos se han institucionalizado como nunca antes. Son la preferencia de la Casa Blanca y de la bárbara máquina militar y de inteligencia de Washington para la eliminación de supuestos enemigos en cualquier lugar del planeta.

Los crímenes de guerra en el extranjero van mano a mano con ataques frontales contra los derechos democráticos dentro de Estados Unidos. Los niveles sin precedentes de la desigualdad social y una oligarquía capitalista gobernante, que está decidida a dar vuelta a su declive económico a expensas de la clase obrera, son totalmente incompatibles con las formas democráticas.

Esto ya se comienza a actualizarse con la militarización de la policía estadounidense y con el uso sistemático de la extrema violencia y la fuerza letal contra los sectores más oprimidos de la población. ¿Cuánto tiempo pasará antes de que a escuadrones de la muerte como Seal Team 6 se les den “listas de muerte” de enemigos del Estado no en Afganistán, Pakistán, Irak o Yemen, sino más bien en los lugares de trabajo y hogares dentro de los propios Estados Unidos?

Bill Van Auken