Un mundo convulsionado por crisis

28 septiembre 2015

Durante el mes pasado, el mundo ha sido atrapado por una proliferación de crisis -económicas, geopolíticas, sociales- estallando todos los días, interactuando una con la otra, y levantando el espectro de una catástrofe global.

En el frente económico, los mercados financieros internacionales han oscilado violentamente entre ganancias y pérdidas masivas, ya que los gobiernos y los bancos centrales han tratado desesperadamente de contrarrestar el impacto de una caída creciente en la producción y la inversión que amenaza con derrumbar al castillo de naipes financiero acumulado desde el crack de Wall Street de 2008.

La economía china, el centro principal de mano de obra barata del mundo capitalista y que produjese el grueso del crecimiento económico luego del crack financiero, se está hundiendo junto con una serie de denominados "economías de mercado emergentes".

En el frente geopolítico, las tensiones entre las principales potencias capitalistas se están endureciendo bajo el impacto de los desastres sociales producidos por las guerras imperialistas que han asolado países enteros, desde Afganistán hasta Irak, Libia, Siria, Yemen y grandes partes de África. La ruina de gran parte de Asia Central y el Medio Oriente por el imperialismo estadounidense y sus aliados europeos y del Golfo ha desatado una avalancha de refugiados desesperados en una escala no vista desde el final de la Segunda Guerra Mundial.

Los cientos de miles de migrantes que masivamente huyen a Europa han puesto de manifiesto el abismo entre la solidaridad y apoyo a los refugiados sentida por grandes masas de personas y la indiferencia y falta de humanidad de los gobiernos, tanto dentro como fuera de Europa. La crisis intensifica de manera simultánea los conflictos que desgarran la Unión Europea.

Washington ha escalado su presión diplomática y militar contra Rusia y China en medio de nuevos llamados para una guerra total para derrocar al régimen del presidente Bashar al-Assad en Siria.

Alrededor del mundo, los partidos tradicionales con los que la burguesía gobierna, tanto de derecha como de "izquierda", están colapsando bajo la presión de niveles sin precedentes de desigualdad social y creciente ira y descontento popular. Las élites gobernantes prueban nuevos medios para suprimir la lucha de clases y prevenir el desarrollo de un movimiento político independiente de la clase obrera. Ellos confían cada vez más en partidos pseudo-izquierda como Syriza, el Partido de la Izquierda alemán, el Nuevo Partido Anticapitalista francés, la Organización Internacional Socialista en los EE.UU. para desarmar políticamente a la clase obrera y proporcionar tiempo para imponer sus políticas reaccionarias.

Algunas secciones de la clase gobernante juegan con la idea de promover figuras autoritarias y fascistoides que se basan en la demagógica racista y antiinmigrante. Otros experimentan con fuerzas "izquierdistas" -Tsipras en Grecia, Corbyn en Gran Bretaña, Sanders en EE.UU.- para contener y disipar la oposición popular y preparar el escenario para un violento ajuste de cuentas con la clase trabajadora.

La crisis no es la excepción, sino la regla. La misma velocidad de los eventos -prácticamente no hay intervalos entre estas tormentas- denota una crisis general profunda y que se intensifica.

Todos estos desarrollos son manifestaciones de una crisis histórica del sistema político y económico del capitalismo. En el marco del capitalismo, basado en la propiedad privada de los medios de producción y la división del mundo en estados-naciones rivales, no hay ninguna solución racional o progresiva.

La burguesía está irremediablemente dividida, excepto cuando se tiene que imponer la crisis en las espaldas del pueblo trabajador. Se revuelca en su perplejidad y al final opta por medidas violentas y desesperadas. Si el destino de la humanidad es dejado en sus manos, el resultado final será una tercera guerra mundial y la aniquilación nuclear.

La situación política mundial cada vez más asume la forma de los 1930. Como escribiese León Trotsky en 1938 en el Programa de Transición, el programa de fundación de la Cuarta Internacional: "Bajo la creciente presión de ocaso capitalista los antagonismos imperialistas han alcanzado el límite más allá del cual los conflictos y explosiones sangrientas (Etiopía, España, Extremo Oriente, Europa Central...) deben confundirse infaliblemente en un incendio mundial".

Trotsky acuñó la frase "la agonía mortal del capitalismo" para denotar la naturaleza de la época- de nuestra época. Las expresiones cada vez mayores de crisis sociales, económicas y geopolíticas, él explicó, son características de un estado prerrevolucionario de la sociedad. La resistencia de las masas crece en oposición a la pobreza creciente en medio de obscenos niveles de riqueza en la cima de la sociedad, junto con una mayor represión y la acechante amenaza de una guerra mundial.

La pregunta urgente y central que se plantea ante la humanidad, Trotsky insistía, era el desarrollo de la consciencia política de la clase trabajadora y la construcción de su liderazgo revolucionario. Entonces, como ahora, el destino de la humanidad estaba concentrada en la pregunta: ¿Cuál se desarrollará más rápido, el descenso del capitalismo hacia el barbarismo y la guerra o la consciencia política de la lucha de la clase trabajadora internacional por la revolución socialista?

Para que esta última triunfe, la clase trabajadora debe tener un partido a su cabeza que base su programa, su estrategia y tácticas en las lecciones de las experiencias estratégicas de la clase trabajadora en el siglo veinte y en los primeros años del veintiuno. Este es el indispensable ingrediente para el exitoso derrocamiento del obsoleto sistema capitalista y el establecimiento del socialismo.

El programa de Transición comienza con la profunda aserción: "La situación política mundial del momento, se caracteriza, ante todo, por la crisis histórica de la dirección del proletariado". Esto resume la esencia de la situación actual y plantea la tarea ante los trabajadores y jóvenes conscientes de clase de construir el Comité Internacional de la Cuarta Internacional como éste liderazgo mundial.

Andre Damon y Barry Grey