El Pentágono exige un "giro" político hacia Latinoamérica

por Bill Van Auken
28 enero 2016

Han pasado más de cuatro años desde que el gobierno de Obama anunció su "giro" o "reequilibrio" hacia Asia. Se trata de una estrategia integral para cercar militarmente a China, socavar la influencia económica china en la región y obligar a Pekín a someterse a las órdenes de Washington.

Desde entonces, EE.UU. ha aumentado de manera constante sus provocaciones militares en el Mar del Sur de China. Esto ha consistido en el envío de buques de guerra y aviones capaz de lanzar bombas atómicas en las cercanías de islotes reclamados por China, a la vez que se fomenta a Japón, Filipinas, Vietnam y otros países asiáticos a que busquen un enfoque confrontacional contra Pekín.

Dentro del Pentágono, han habido llamados para que el imperialismo estadounidense amplíe esta confrontación. Para EE.UU. no es suficiente desafiar a China, la segunda mayor economía del mundo, por el dominio del Océano Pacífico oriental o incluso por la hegemonía sobre la enorme masa continental euroasiática.

Se ha llegado a la conclusión, de acuerdo con funcionarios militares de alto rango, que esta confrontación debe ejercerse a nivel mundial, con especial atención a la creciente influencia de China en América Latina.

Este enfoque encontró expresión en un artículo publicado en la edición más reciente de “Parameters”, la revista de la Escuela de Guerra del Ejército de Estados Unidos bajo el título "Expandiendo el rebalance: Confrontar a China en América Latina". El autor, el coronel Daniel Morgan, es un oficial de alto rango que dice tener "amplia experiencia internacional e interinstitucional en la Casa Blanca."

La Escuela de Guerra del Ejército de Estados Unidos funciona como una escuela preparatoria para oficiales que están siendo capacitados para ocupar los próximos altos mandos del Pentágono, y también como una especie de think tank militar, dedicada a la elaboración de estrategia imperialista.

El artículo del coronel Morgan se presenta como una advertencia de que "la expansión de China en América Latina bien podría superar al rebalance de EE.UU. en Asia."

El autor escribe: "El aumento del poder de China en la región de Asia-Pacífico y en América Latina es una preocupación creciente para la estrategia de Estados Unidos. El reciente enfoque de EE.UU. en el Oriente Medio ha facilitado la expansión política de Pekín, tanto económica como militarmente en la costa del Pacífico de América del Sur. Una nueva economía global ha abierto oportunidades para el crecimiento y el desarrollo, con China y otros países en la región Asia-Pacífico. Algunos países han respondido comprometiéndose con China en términos de intercambio económico e inversión. Además, gobiernos como Perú, Chile, Colombia, Nicaragua y Costa Rica han prometido apoyo político internacional para los intereses chinos, incluyendo venta de armas, entrenamiento militar y cooperación educativa. Estos desarrollos retan la estrategia de Estados Unidos con la presencia china en ambas regiones siendo sin duda parte de una intensificación de la competencia entre Pekín y Washington. Este desarrollo de la interdependencia a través del Océano Pacífico entre las dos regiones crea un solo problema integral en lugar de dos regionales separados".

Morgan advierte que el comercio y la inversión china en la región está "creando interdependencias económicas, socavando la influencia estadounidense y generando nuevas tensiones políticas, sociales y económicas".

Estadísticas económicas importantes deja clara la fuente de preocupaciones del imperialismo estadounidense. En el espacio de poco más de una década, el comercio entre China y América Latina aumentó más de 20 veces, pasando de US$ 12 mil millones en 2000 a US$ 289 mil millones en 2013. China se ha convertido en el segundo mercado de exportación de América Latina, después de los EE.UU. Ya ha suplantado a EE.UU. como el socio comercial número uno en Brasil, Chile y Perú.

Pekín también ha surgido como uno de los principales acreedores en la región, con préstamos a Argentina por un total de US$ 19 mil millones; a Brasil de US$ 22 mil millones; a Venezuela de US$ 56,3 mil millones; a Ecuador de US$ 10,8 mil millones; y a Perú deUS$ 2,3 mil millones.

En 2015, el presidente de China, Xi Jinping, se comprometió a invertir US$ 250 mil millones en América Latina en la próxima década.

Mientras tanto, la desaceleración de la economía china desde 2013 ha tenido un impacto severo en varias economías latinoamericanas, a través de la caída de precios de productos básicos como el petróleo, cobre, mineral de hierro y soja, que ha alimentado a la profundización de la crisis política en Brasil, Venezuela, Argentina y otros países.

El coronel Morgan condena a China por su política de "sin condiciones" en el comercio, el crédito y la inversión, diciendo que sirve para "fortalecer los gobiernos anti-estadounidenses, como Venezuela, Bolivia, Ecuador..."

En comentarios reveladores afirma que "la inversión china en América Latina impide el acceso de Estados Unidos al proporcionar a esos gobiernos alternativas de financiamiento". Continúa señalando que para 2010 los compromisos de préstamos chinos a los gobiernos de la región superaron el total combinado del Banco Mundial, Banco Interamericano de Desarrollo y Banco Estadounidense de Importación-Exportación”. En otras palabras, la preocupación es que el crédito chino priva a Washington de un medio de cercar a los gobiernos latinoamericanos con un cinturón de estrangulamiento financiero.

El artículo también presenta los crecoemtes lazos militares entre China y América Latina como una amenaza a los intereses estadounidenses, citando recientes o pendientes acuerdos de armas con Venezuela, Perú, Bolivia, Argentina y otros países, así como las visitas oficiales de las delegaciones militares y el "intercambio de educación militar".

"La presencia militar e influencia en la región de la República Popular China (RPC) ofrece a ese país opciones estratégicas que pueden apoyar abiertamente o secretamente las actividades chinas en la región de Asia-Pacífico", dice el artículo. "Estados Unidos no puede subestimar la amenaza que representa la presencia militar de Pekín en el Hemisferio Occidental."

Un artículo anterior escrito por el profesor de la Escuela de Guerra R. Evan Ellis, titulado "La importancia estratégica de América Latina para Estados Unidos", plantea la cuestión aún más crudamente:

"Viendo el asunto a través de una analogía militar, América Latina es el terreno alto desocupado que mira hacia abajo la posición de Estados Unidos. Un comandante responsable reconocería que la ocupación de ese meseta alta por un adversario representa una amenaza inaceptable para su fuerza, y por lo tanto debería dedicar recursos para bloquear al adversario. De acuerdo a esta analogía, sería un grave error para los Estados Unidos concluir que, en ausencia de amenazas graves a los Estados Unidos por parte de América Latina, que está bien simplemente observer, sin hacer nada, que adversarios potenciales futuros – como Rusia y China – amplían sus posiciones en la región. Aunque tal negligencia, en el corto plazo, puede "liberar recursos para continuar otros compromisos en el extranjero, en el largo plazo, el abandonamiento voluntario por los EE.UU. de su propio vecindario es el factor más probable que obligue a Estados Unidos a entrar en una caótica retirada de sus compromisos externos".

Ellis sostiene que El Pentágono debe dejar de ver a América Latina a través del prisma de "drogas, crimen organizado, y cuestiones fronterizas", y en su lugar debe abordarla desde el punto de vista de la estrategia imperialista y la necesidad de eliminar "el potencial que un poderoso actor extrahemisférico utilice la región para dañar a los Estados Unidos o poner en peligro su capacidad de actuar en otras partes del mundo, en el caso de un conflicto futuro".

Hace poco más de dos años, el Secretario de Estado estadounidense, John Kerry, declaró en una reunión de la Organización de los Estados Americanos que "La era de la Doctrina Monroe ha terminado", refiriéndose a la política exterior de casi 200 años que dotaba a Washington el derecho de usar la fuerza para prevenir que potencias extranjeras establezcan una cabecera en el Hemisferio Occidental.

Inicialmente invocada como política de Estados Unidos de oponerse a cualquier intento de los imperios europeos para volver a colonizar a los países que recién se independependizaban en América Latina, la Doctrina Monroe se convirtió en una declaración de supremacía de Estados Unidos en la región y en la justificación de unas 50 invaciones militares estadounidenses, y del fomento de golpes de estado respaldados por la CIA que impusieron dictaduras fascista-militares sobre gran parte de la región en la segunda mitad del siglo 20.

La visión que se está desarrollando en la Escuela de Guerra del Ejército norteamericano indica que, en lo que se refiere al Pentágono, la Doctrina Monroe necesita ser desempolvada y volver a ser usada como parte de la justificación para el crecimiento explosivo del militarismo estadounidense dirigido contra China, afirmando la hegemonía del imperialismo norteamericano sobre todos los mercados y recursos estratégicos del mundo.

La advertencia es clara: América Latina no quedará exceptuada de la tendencia hacia una tercera guerra mundial que se está generando con la profundización de la crisis irresoluble de los Estados Unidos y el capitalismo global.