La trampa de los “derechos humanos” fertiliza el campo de guerra en Siria

24 agosto 2016

Las fotografías y videos mostrando a Omran Daqneesh, un niño de cinco años, rápidamente se hicieron omnipresentes en los medios de difusión de Estados Unidos y Europa Occidental después de haber sido distribuidas por un grupo alineado con los islamistas "rebeldes" apoyados por la CIA en Siria.

El niño aparece sentado y un poco aturdido en un asiento naranja de una ambulancia nueva y bien equipada, su rostro cubierto de polvo y teñido por lo que parece ser sangre seca proveniente, según los medios de difusión, de algún corte en su cuero cabelludo. El video lo muestra esperando, sin que nadie se ocupe de él, mientras que fotógrafos y camarógrafos capturan su imagen para que sea transmitida al mundo entero. Claramente, los responsables percibieron que el chico, con una mata de pelo cubriendo su frente y una camiseta de dibujos animados, proporcionaba una imagen comercial.

CNN proclamó al niño como “la cara de la guerra civil de Siria", mientras que la comentarista se echaba a llorar de manera melodramática recontando su historia. El New York Times lo llamó "un símbolo del sufrimiento de Alepo", mientras que USA Today publicó una breve nota diciendo, "Este chico sirio se llama Omran. ¿Quieren prestar atención ahora?"

Más directo en su enfoque, el Daily Telegraph inglés intituló un artículo: ”Por el bien de los niños de Alepo, debemos volver a intentar imponer una zona de exclusión aérea en Siria."

Como era previsible, Nicholas Kristof del New York Times escribió uno de los artículos más obscenos, comparando la difícil situación de los niños de Siria con la muerte del perro de su familia. Luego se refiera a una declaración del secretario de Estado John Kerry según la cual EIIL (Estado Islámico de Irak y el Levante) comete genocidio, para provocar a Estados Unidos a lanzar misiles contra el gobierno sirio que lucha contra EIIL. Es increíble lo que se hace para destruir la capacidad de pensamiento racional en nombre de los derechos humanos.

Lo que estamos presenciando un apostolado de guerra cuidadosamente coreografiado, con el fin de tirarle las cuerdas a los sentimientos humanitarios del pueblo y encarrilarlos a aceptar la violencia imperialista en el Medio Oriente. Es una pregunta abierta si la tragedia de Omran fue obra de los mismos "rebeldes" y sus patrones en la CIA, o si Washington y los medios explotan cínicamente el verdadero sufrimiento de un niño inocente.

Lo que es indiscutible es que la fingida preocupación por éste niño es impulsada sobre el público por motivos políticos y geoestratégicos muy claros, no declarados, que no tienen nada que ver con la protección de niños inocentes. Cientos de miles de ellos han muerto durante el último cuarto de siglo de invasiones lideradas por Estados Unidos, bombardeos y guerras de ejércitos mercenarios.

Se elige la imagen de Omran porque ésta proviene del sector este de Alepo, donde vive bajo el dominio de las milicias islámicas apoyadas por Estados Unidos aproximadamente una sexta parte de la población esa ciudad. El Fateh al-Sham es él más importante de los grupos que ocupan esa zona. Hasta hace un mes El Fateh al-Sham se llamaba el Frente al-Nusra y estaba afiliado a Al Qaeda en Siria.

Los niños sirios asesinados por los "cañones del infiero” de las milicias de Al Qaeda, que disparan indiscriminadamente contra los barrios controlados por el gobierno en el oeste de Alepo, no tienen el mismo efecto lacrimógeno para editorialistas y comentaristas testaferros de medios de difusión, ni tampoco las imágenes de Yemen de niños asesinados desde el aire por aviones sauditas llevados con bombas suministradas por Estados Unidos e invaluable apoyo logístico del Pentágono. El vídeo horroroso de los “rebeldes moderados” sirios apoyados por los Estados Unidos, decapitando a un niño palestino de 10 años de edad, no ha provocado indignación que valga.

Tienen dos objetivos los grupos que fomentan esta nueva campaña de reclamos humanitarios. En primer lugar y de motivo inmediato, se encuentra estancada la ofensiva de los “rebeldes”—armada y financiada por los Estados Unidos y sus aliados regionales— para romper el asedio del este de Alepo por el gobierno sirio e intensificar la guerra contra la población civil en el oeste de la ciudad, y el ejército sirio, apoyado por la fuerza aérea rusa, de nuevo ocupa más terreno suelo. De allí viene la nueva demanda por una tregua inmediata.

Que Rusia, Irán y Turquía ahora colaboren más de cerca acarrea consecuencias de mayor alcance en la guerra de un lustro de cambio de régimen en Siria. La semana pasada, Irán permitió el uso de sus bases para que Rusia bombardeara blancos en Siria, mientras que Beijing anunciaba aumentos en su ayuda militar para Damasco. Mientras tanto, luego del fallido golpe militar del mes pasado, respaldado por Estados Unidos, el primer ministro turco, Recep Tayyip Erdoğan, ha buscado un acercamiento con Moscú y Teherán.

Washington ve a esta posible alianza con cada vez más inquietud y la considera como un obstáculo en su campaña militar para afirmar la hegemonía estadounidense en el Medio Oriente y controlar sus vastas reservas de energía. No puede aceptar tal desafío e inevitablemente tendrá que preparar una respuesta militar. Es con este fin que la campaña de reclamos "humanitarios" para "salvar a los niños" de Siria —y por este medio rescatar a los representantes de Washington vinculados con Al Qaeda— se ha montado.

Poco credibilidad tienen los métodos empleados en esta campaña. Hace veinticinco años, la primera guerra del Golfo contra Irak fue preparada con una escalofriante denuncia al Congreso estadounidense, un cuento de tropas invasoras iraquíes robando las incubadoras de los hospitales de Kuwait y dejando morir a los bebés. Posteriormente se supo que la supuesta enfermera que presuntamente había visto todo no era ni enfermera, ni había visto nada. Se trataba de la hija del embajador de Kuwait y un miembro de la familia real del emirato. Toda la historia fue un timo.

En los años subsiguientes, los castigos que Estados Unidos impuso contra Irak resultaron en la muerte de medio millón de niños iraquíes. Madeline Albright, la entonces embajadora estadounidense en las Naciones Unidas declaraba infamemente: "Ese precio valió la pena." Desde entonces las guerras estadounidenses en Afganistán, Irak, Libia y Siria, han causado y siguen causando, la muerte de cientos de miles de niños.

Al examinar estos 25 años de violencia y derramamiento de sangre, el libro recientemente publicado Un cuarto de siglo de guerra: La ofensiva de Estados Unidos por la hegemonía mundial—1990-2016 (A Quarter Century of War: The US Drive for Global Hegemony 1990—2016) por David North dice lo siguiente:

“El alcance de las operaciones militares cada vez se hace más amplio. Se inician nuevas guerras mientras continuaban las más antiguas. La invocación cínica de los derechos humanos se utilizó para hacer la guerra contra Libia y derrocar el régimen de Muamar Gadafi en 2011. Se empleó el mismo pretexto hipócrita para organizar una guerra de poder en Siria. Las consecuencias de estos crímenes, en términos de vidas y sufrimiento humano, son incalculables”.

“El último cuarto de siglo de guerras instigadas por Estados Unidos debe ser estudiado como una cadena de eventos interconectados. La lógica estratégica de la unidad de Estados Unidos por la hegemonía mundial se extiende más allá de las operaciones neocoloniales en el Oriente Medio y África. Las continuas guerras regionales son elementos de una rápida escalada en la confrontación de los Estados Unidos con Rusia y China”.

El diluvio de propaganda de guerra que anuncia una nueva arremetida intervencionista en Siria amenaza con precipitar tan tremenda confrontación que acarrea el peligro real de una guerra nuclear mundial.

Bill Van Auken