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La lucha de clases estadounidense en el 2017

El 2017 promete ser un año de creciente lucha de clases en Estados Unidos y por todo el mundo. En cada país, las élites gobernantes y sus servidores políticos quieren que la clase obrera pague por la crisis económica mundial y los costos de guerra.

En Estados Unidos, la clase obrera se enfrentará a un gobierno diferente a cualquier otro en la historia estadounidense, el cual continuará e intensificará la contrarrevolución social que ha durado décadas bajo gobiernos demócratas y republicanos. El gobierno entrante de Trump será dirigido por multimillonarios, generales y archireaccionarios. Es un gobierno de, por y para la oligarquía, comprometido a destruir todas las ganancias restantes logradas por los trabajadores durante el siglo pasado.

Trump quiere "hacer a América grande otra vez" al eliminar cualquier restricción sobre las ganancias corporativas, desde las leyes de salario mínimo y la seguridad ocupacional, la salud y las protecciones ambientales, hasta los programas sociales básicos como Medicare, Medicaid y el Seguro Social. Los trabajadores lucharán contra estos ataques, y cualquier ilusión que hayan tenido algunos sectores de trabajadores acerca de Trump se disipará rápidamente.

Aunque apenas son presentadas por los medios de comunicación, el año 2017 comienza con una serie de amenazas de huelga y expiraciones de contrato de trabajo en los EE.UU. Éstas incluyen:

  • 145.000 trabajadores de los ferrocarriles estadounidenses más grandes han estado trabajando sin un nuevo contrato durante un año. Los trabajadores luchan contra recortes profundos a sus servicios de salud, recortes a su tiempo de vacaciones y contra horarios laborales inciertos. Podrían enfrentarse a una intervención por parte de Trump para interrumpir su huelga.
  • Más de 30.000 trabajadores de tránsito en la ciudad de Nueva York tendrán una reunión masiva este fin de semana y tienen una fecha de vencimiento de su contrato del 15 de enero sin ningún acuerdo en la mira. Otros 460 conductores de autobuses y mecánicos del sistema regional de transporte en Dayton, Ohio, votaron para tener una huelga el 9 de enero por sus condiciones de salud y de trabajo. Además, 10.000 trabajadores de la Autoridad de Tránsito de Chicago encararán una lucha contractual este año.
  • 4.000 trabajadores de General Electric Appliance en Louisville, Kentucky rechazaron un acuerdo que reducía sus salarios recomendado por la dirección local y nacional de la Unión de Trabajadores Eléctricos y de Comunicaciones de América (Union of Electrical-Communications Workers of America) en noviembre. Ese mismo mes, 1.200 mecánicos de aerolínea en un mega centro de United Parcel Service (UPS) en Louisville votaron abrumadoramente para tener una huelga contra recortes a su asistencia médica.
  • 38.000 trabajadores del estado de Illinois están en un punto muerto en su contrato, con el gobernador republicano Bruce Rauner exigiendo aumentos altos en sus gastos de atención médica y cambios en las reglas de horas extras.
  • 700 trabajadores de Momentive Performance Materials en Waterford, Nueva York, al norte de Albany, y Willoughby, Ohio (cerca de Cleveland), han estado en huelga durante tres meses. Recientemente, fue revelado que un asesor principal del presidente electo Donald Trump, Stephen Schwarzman, el fundador y CEO de Blackstone Group, tiene una participación en Momentive.

La ofensiva contra la atención médica, las pensiones y los salarios estuvo al centro de las políticas económicas de Obama. Esto sólo se intensificará bajo Trump. Alrededor de 120.000 mineros de carbón jubilados y sus dependientes se enfrentan a la interrupción de sus beneficios de salud y de jubilación, algunos en abril, ya que los fondos de los Trabajadores Mineros Unidos (United Mine Workers) están casi en bancarrota.

Miles de trabajadores de General Motors (GM) encaran la eliminación de sus empleos en los próximos meses. El gigante fabricante de automóviles, en colaboración con el Sindicato de Trabajadores Automovilísticos Unidos (United Auto Workers, UAW), busca reducir el número de puestos a causa de una desaceleración en sus ventas de automóvil. Trump ha nombrado a la directora general de GM, Mary Barra, como miembro de su consejo de competitividad corporativa.

Con gran fanfarria, Ford y UAW anunciaron el 3 de enero que la compañía cancelará planes para construir una nueva planta de 1.600 millones de dólares en México y en cambio invertirá en la expansión de una planta en un suburbio de Detroit. El presidente ejecutivo de Ford, Mark Fields, dijo que tomó esta decisión porque “Uno de los factores que observamos es un ambiente más positivo para los negocios manufactureros en Estados Unidos bajo el presidente electo Trump y algunas de las políticas de crecimiento que dijo que va a promover. Y esto es un voto de confianza."

De hecho, los ejecutivos de Ford y los inversionistas ricos sin duda cosecharán los beneficios de los recortes de impuestos, la desregulación y otras políticas contra la clase obrera que seguirá el gobierno de Trump, mientras que los burócratas de UAW están más que dispuestos a ofrecer sus servicios.

El crecimiento del conflicto de clases plantea cuestiones políticas básicas para cada sector de la clase obrera.

En primer lugar, las luchas de los trabajadores no deben ser subordinadas a los sindicatos pro capitalistas, que en Estados Unidos y en todo el mundo sirven como instrumentos de gestión corporativa y del Estado, no como organizaciones de trabajadores.

En los últimos dos años, se han intensificado los esfuerzos de los trabajadores para resistir décadas de disminución de sus salarios reales. En cada caso, entraron en conflicto o fueron sofocados por los sindicatos pro-empresariales, anti-obreros, trabajando íntimamente con el gobierno de Obama.

A finales de 2015, los trabajadores automovilísticos se rebelaron contra el contrato que empujó UAW, el cual solo fue ratificado con una combinación de mentiras, amenazas y fraude. El año pasado comenzó con una serie de bajas médicas como forma de huelga por maestros en Detroit. La acción de los maestros fue un desafío a la Federación de Maestros de Detroit (Detroit Federation of Teachers) y su organización matriz, la Federación Americana de Maestros (American Federation of Teachers), las cuales frenaron a los maestros y facilitaron la aprobación de leyes que profundizaron el ataque a la educación pública.

Estas acciones fueron seguidas por la huelga de 39.000 trabajadores de telecomunicaciones de Verizon, una huelga de 5.000 trabajadores de hospitales en Minnesota y un paro por trabajadores de tránsito en Filadelfia. Todas fueron aisladas por los sindicatos, que impusieron contratos que atacaron empleos y el nivel de vida.

Los trabajadores deben construir nuevas organizaciones de lucha, controladas democráticamente por las bases y fundadas en los métodos de la lucha de clases. Cada división utilizada para debilitar a la clase obrera debe ser superada y una lucha común para defender los derechos sociales de todos los trabajadores debe ser librada.

En segundo lugar, una verdadera lucha por defender los empleos y el nivel de vida debe rechazar el nacionalismo económico que los sindicatos han promovido por décadas para subordinar a los trabajadores a los intereses de sus "propios" jefes corporativos.

El crecimiento de la lucha de clases debe adquirir una forma cada vez más internacional. Durante el último año, grandes huelgas y manifestaciones estallaron por toda Europa, incluyendo en Francia contra las “reformas” laborales reaccionarias, y en Portugal y Grecia en oposición a las medidas de austeridad dictadas por los bancos. India tuvo una de las huelgas más grandes de un día en la historia contra la agenda derechista de Narendra Modi. En China, el número de huelgas y protestas en la primera mitad del 2016 fue 20 por ciento mayor que el año anterior.

También ocurrieron huelgas de maestros, trabajadores petroleros y otras secciones de trabajadores en desafío a la violencia estatal en México, Venezuela y Brasil. En Canadá, el año concluyó con 9.300 maestros en Nueva Escocia, Canadá, anunciando una huelga por congelaciones salariales y para exigir una mayor financiación para la educación.

Finalmente, la defensa de los derechos básicos de los trabajadores es fundamentalmente una lucha política. En el gobierno entrante de Trump, la posición del Estado como un instrumento de clase se expone de manera descubierta. Sin embargo, cualquiera que esté bajo la ilusión de que un gobierno de Clinton seguiría una política pro-obrera sólo necesita examinar el récord de los últimos ocho años y la respuesta del Partido Demócrata a la elección de Trump. En lugar de criticar a Trump por su agenda derechista, los demócratas lo han denunciado por no ser suficientemente agresivo contra Rusia y se han comprometido a trabajar con él para imponer su política de nacionalismo económico.

La radicalización política de los trabajadores y jóvenes estadounidenses en el 2015 se expresó en el apoyo hacia Bernie Sanders durante las elecciones preliminares del Partido Demócrata, ya que este se presentó como un socialista y oponente de la desigualdad social. Sanders llevó a cabo su tarea asignada de canalizar esta oposición detrás de la candidata del status quo, Hillary Clinton. Sin embargo, millones de personas lo respaldaron no por su traición política, sino porque buscaban una manera de oponerse a un sistema económico dominado por la aristocracia corporativa y financiera.

La cuestión esencial que enfrentan los trabajadores en el año 2017 es el desarrollo de un liderazgo socialista para las trascendentales batallas que se avecinan. El Partido Socialista por la Igualdad está luchando para unir a todos los sectores de la clase obrera y todas las luchas por los empleos, los estándares de vida decentes, la violencia policial, la guerra y el ataque a los derechos democráticos, en un solo movimiento político para luchar por el socialismo. Animamos a todos los que estén de acuerdo con la lucha por el socialismo a unirse para construir el PSI.

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