Trump amenaza a Peña Nieto con enviar tropas estadounidenses a México

por Clodomiro Puentes
9 febrero 2017

Una fuente confidencial de la Casa Blanca filtró un breve extracto de la llamada telefónica que sostuvieron el 27 de enero el presidente estadounidense, Donald Trump, y su homólogo mexicano, Enrique Peña Nieto, donde Trump amenaza con enviar tropas al sur de la frontera por la supuesta renuencia del ejército mexicano a combatir la sangrienta “guerra contra las drogas”.

“Tienen un montón de hombres malos allá abajo”, dijo Trump, según la transcripción que fue entregada a la agencia de noticias, Associated Press (AP). “Ustedes no están haciendo lo suficiente para detenerlos. Creo que su ejército tiene miedo. El nuestro no lo tiene, por lo que simplemente podría enviarlos allá abajo para que ellos se encarguen de eso”.

AP indica que su fuente solo proporcionó ese fragmento de la conversación y pidió permanecer en el anonimato ya que ningún gobierno hizo públicos los detalles de la llamada. Por su parte, la Cancillería mexicana niega la veracidad de los comentarios inflamatorios y belicistas de Trump.

Eduardo Sánchez, el vocero del presidente mexicano, manifestó que la amenaza de Trump no ocurrió durante la llamada. Indicó que Peña Nieto planteó primero la cuestión del tráfico de armas transfronterizo, pero prefirió no confirmar el contenido de la respuesta de Trump.

Al contrario, un oficial de la Casa Blanca, hablando de forma confidencial, señaló que Trump sí había hecho ese comentario, pero que lo dijo de forma medio bromeando (“lighthearted”).

Las noticias de dicho intercambio aparecieron junto con las de otra conversación igualmente tensa entre Trump y el primer ministro australiano, Malcolm Turnbull, sobre un acuerdo para intercambiar refugiados que había sido negociado con el gobierno de Obama.

Los esfuerzos del gobierno mexicano y australiano para restarle importancia al tono de las discusiones sugieren que los extractos filtrados fueron una advertencia deliberada para las clases gobernantes de todo el mundo sobre el “nuevo orden político”—para utilizar la ominosa frase del estratega en Jefe de la Casa Blanca, Stephen Bannon— basado en la política de “EE.UU. ante todo” del gobierno de Trump.

El intercambio entre Trump y Peña Nieto expone el carácter histórico de la relación entre ambos países, esencialmente la explotación imperialista de México por parte de Washington. El matonismo empleado por Trump, refiriéndose a un jefe de Estado como lo haría un administrador colonial a un peón, es sólo la verdadera cara del imperialismo estadounidense que escondía detrás de la máscara de la cortesía diplomática.

Teniendo en cuenta el grado de devastación generado por la “guerra contra las drogas” en México, incluyendo a más de 166.000 muertos y alrededor de 28.000 desaparecidos sólo en la última década, la descabellada conclusión de que el ejército mexicano está actuando con un exceso de timidez demuestra lo barbárica y fascista que es la orientación predominante en las cumbres del poder.

Por supuesto, esta perspectiva no es exclusiva del gabinete de Trump. Los demócratas no discrepan con la actual postura de la Casa Blanca ante la larga y predatoria relación de la burguesía estadounidense hacia México. Después de todo, el senador de Vermont y “socialista democrático”, Bernie Sanders, votó a favor de confirmar al exgeneral de la Marina y antiguo comandante del Comando Sur, John F. Kelly, como secretario de Seguridad Nacional.

El hecho de que Kelly, quien se ha opuesto a las ciudades santuario y apoyado los recientes decretos antiinmigrantes, es considerado por los demócratas y su camarilla de expertos como una “influencia moderadora” demuestra que el supuesto compromiso del Partido Demócrata con los inmigrantes y refugiados que están siendo amenazados con ser deportados es un fraude.

En cuanto a la política de “EE.UU. ante todo” de Trump, lejos de ser aislacionista, significaría arrebatarle concesiones comerciales a México en favor de Washington. En su conclusión más extrema, también le hace saber a la élite política mexicana que el actual gobierno de EE.UU. está dispuesto a emplear la fuerza militar para avanzar los intereses capitalistas de su propia clase gobernante.

Respondiendo a las amenazas económicas y políticas del norte, la burguesía mexicana está tratando de disminuir su dependencia en el comercio con Estados Unidos. Contrario a las mentiras descaradas de Trump de que México “se está aprovechando” de EE.UU., la balanza comercial está decididamente inclinada a favor del imperialismo. Cerca del 80 por ciento de las exportaciones mexicanas van a EE.UU., mientras que sólo el 15 por ciento de las exportaciones estadounidenses terminan en México.

Los gobernantes mexicanos se están enfocando en “modernizar” por vía rápida sus tratados comerciales con la Unión Europea. Las próximas rondas de negociaciones están previstas para abril y junio en Bruselas y la Ciudad de México, respectivamente.

El gobierno de Peña Nieto también está intentando fortalecer sus lazos económicos con las economías del Pacífico y América Latina. El secretario de Relaciones Exteriores, Luis Videgaray, ha puesto de relieve la revisión de las relaciones comerciales con los países del Triángulo Norte (Guatemala, Honduras y El Salvador) y América del Sur, además de China, Corea del Sur y Japón.

México y China ya anunciaron un nuevo acuerdo de $212 millones, promovido por el multimillonario Carlos Slim, para ensamblar automóviles de la empresa estatal china, JAC Motors, en el estado de Hidalgo. Esperan comercializarlos al consumo doméstico y latinoamericano.

A pesar de las amenazas explícitas, Peña Nieto y la clase gobernante mexicana sin duda seguirán intentando congraciarse con el gobierno de Trump.

El apoyo que fue aportado por la CIA a gobiernos anteriores del Partido Revolucionario Institucional para combatir su “guerra sucia” contra grupos izquierdistas y guerrillas y el actual financiamiento del aparato represivo mexicano por medio de acuerdos como el Plan Mérida para hostigar y deportar a inmigrantes centroamericanos ponen de manifiesto la larga y sangrienta historia de estrecha colaboración entre la clase gobernante mexicana y Washington.