Los resultados de las pruebas de solvencia de la Reserva Federal desatan una “fiesta” para los bancos estadounidenses

por Nick Beams
11 julio 2017

Cualquier persona que ande buscando evidencia contundente de que el sistema financiero estadounidense y la economía completa están dirigidos por y para los más adinerados no necesita nada más que contemplar la decisión de la Reserva Federal (conocida como “Fed”) de otorgarles a todos los principales bancos una aprobación en sus pruebas de solvencia de finales de junio.

Un analista financiero caracterizó como una “fiesta” la respuesta de los principales bancos que consistió en entregar miles de millones de dólares a sus súper adinerados accionistas en la forma de dividendos y otros beneficios.

Se espera que solo Warren Buffett, el presidente de Berkshire Hathaway, se beneficie con el monto de $1600 millones como resultado de las compras de acciones de bancos que realizó después de la crisis financiera del 2008-2009. Buffett, que posee décadas de experiencia en círculos financieros y conocimiento sobre cómo opera el gobierno, apostó a que las autoridades rescatarían a los bancos y el momento de rentabilidad llegaría.

Como resultado de la decisión del Fed, se estima que el valor de mercado de los bancos estadounidenses aumentó $40 000 millones y sólo los seis bancos más grandes incrementaron su valor en $25 000 millones.

Las pruebas de solvencia fueron introducidas en el 2011 a raíz de la crisis financiera. Se presume que asegurarían que los bancos tuviesen suficiente capital para confrontar circunstancias adversas y que necesitarían un nuevo rescate financiero con fondos públicos.

Según los cálculos de la Fed, el capital mantenido por los mayores bancos estadounidenses es casi el 14 por ciento de sus activos, lo cual fue sobrepesado por el riesgo a finales del 2016 y se considera suficiente para confrontar cualquier problema financiero. Pero, según el New York Times, según definiciones alternativas de capital, en sintonía con estándares de contabilidad internacionales y no estadounidenses, el ratio de capital es de tan sólo 6,3 por ciento.

“Los resultados positivos de las pruebas de solvencia les permiten a los bancos pagar los mayores dividendos en casi una década”, reporta el diario. “Sin lugar a dudas, los beneficiados serán los accionistas y ejecutivos bancarios, quienes verán aumentar aún más sus compensaciones derivadas de las acciones”.

Sumas de miles de millones de dólares serán repartidas en dividendos o utilizadas para recomprar acciones y aumentar su valor.

Según una estimación, los seis bancos más grandes —Bank of America, Citigroup, Goldman Sachs, Morgan Stanley, JPMorgan Chase y Wells Fargo— les devolverán de $95 000 millones a $97 000 millones a sus tenedores de acciones a lo largo de un año, un aumento del 50 por ciento en comparación con el último año.

El hecho de que Wells Fargo haya pasado la prueba es particularmente sugerente ya que fue encontrado culpable el año pasado de fraude contra sus clientes, recaudando tarifas de dos millones de cuentas no autorizadas para aumentar su saldo y hoja de balance. Aun así, aumentó sus dividendos en las acciones y anunció una recompra de acciones de $11 500 millones.

Por su parte, Bank of America anunció que aumentará sus dividendos un 60 por ciento por acción y que pondrá en marcha la recompra de $12 000 millones en acciones.

El CEO de Goldman Sachs, Lloyd Blankfein, respondió de forma más moderada, aunque definitivamente satisfecha, indicando que su banco, “está lo suficientemente bien posicionado para devolver capital a los accionistas mientras expandimos nuestra cantidad de clientes”. En la industria financiera, según un anterior comentario infame de Blankfein, se realiza “el trabajo de Dios”.

En JPMorgan Chase, el pago a sus accionistas será de $27 000 millones el año siguiente. Después de casi hundirse en la crisis financiera, Citigroup desembolsará $18 900 millones para sus tenedores de acciones, un aumento del 82 por ciento desde el año pasado

Las pruebas de solvencia, junto con regulaciones supuestamente más estrictas bajo la Ley Dodd-Frank, fueron instituidas para crear la ilusión de que el gobierno y las autoridades financieras estaban haciendo algo al respecto de la crisis financiera, la cual fue detonada por las actividades sospechosas y, en algunos casos, totalmente criminales de los bancos.

Nadie enfrentó cargos, ni mucho menos fue a la cárcel. Las únicas sanciones fueron multas que los bancos pagaron como si fuesen simples gastos operativos. Las medidas bajo Dodd-Frank demostraron ser, en su mayor parte, ineficaces, si acaso presentando inconvenientes menores para los bancos.

Incluso se espera que estas medidas sean reducidas, sino eliminadas, con el secretario del Tesoro, Steve Mnuchin, indicando el mes pasado que las pruebas de solvencia sólo tendrán que ser aplicadas cada dos años y que los bancos que demuestren tener suficiente capital pueden ser eximidos.

El analista de la empresa Capital Alpha Partners, Ian Katz, manifestó el sentimiento de las juntas directivas y oficinas ejecutivas bancarias, pero que no expresan públicamente. Indicó que es una “fiesta de pagos” y predijo que habrá más de lo mismo en el futuro, declarando: “El reporte tan positivo le dará un impulso al gobierno de Trump y a todos aquellos que quieran suavizar la era de las regulaciones Dodd-Frank”.

Un aspecto significativo y un tanto amargo para el grupo financiero Capital One fue que recibió una aprobación condicional por parte de la Fed hasta que resuelva “debilidades materiales” en planeamiento.

Tomando en cuenta que Capital One recibe la mayoría de sus ingresos de tarjetas de crédito, la Fed advirtió acerca de un “aumento en las tasas de delincuencia” en ese ámbito. Esta excepción se refiere más profundamente a los problemas en la economía estadounidense generados por las mayores dificultades de las familias trabajadoras y la juventud en llegar a fin de mes debido a la erosión de sus salarios reales y el reemplazo de sus trabajos a tiempo completo por empleos mal remunerados, de tiempo parcial e informales.

La abundancia de liquidez de los bancos mantiene una conexión de causalidad con el malestar económico de la clase obrera.

En el sector bancario y de finanzas, pareciera que las ganancias aparecen de la nada, como si el dinero produjera más dinero. Sin embargo, en el análisis final, todas las ganancias financieras constituyen un reclamo a la plusvalía que se extrae de los trabajadores asalariados.

Por ende, desde la crisis financiera, han tenido lugar dos procesos interconectados: los billonarios rescates bancarios, junto con la inyección de dinero ultra barato en los mercados financieros por parte de la Fed, y los recortes salariales y el empeoramiento de las condiciones laborales de los trabajadores, especialmente los más jóvenes.

Al mismo tiempo, la infraestructura e instituciones sociales han sido socavadas bajo la excusa de que no hay dinero.

La economía se ha convertido en una gran aspiradora, en la que la riqueza producida por millones de trabajadores es desfalcada hacia las capas semicriminales y criminales (que consolidaron su posición a través de las actividades que conllevaron a la crisis financiera) en lo más alto de la sociedad.