Suman 286 muertos del terremoto de la Ciudad de México

por Don Knowland
25 septiembre 2017

Para el viernes por la tarde, la cifra de muertos del terremoto del martes en México había alcanzado 286. En la capital de la nación, la Ciudad de México, sumaban 148 fallecidos. Más de 3800 edificios quedaron dañados sólo en la Ciudad de México, de los cuales 40 colapsaron completamente.

Las estructuras arrasadas conllevaron a esfuerzos intensivos de búsqueda de sobrevivientes entre los escombros. Diecinueve estudiantes y seis adultos murieron sepultados en una escuela de la ciudad. Docenas de personas siguen desaparecidas o no contabilizadas.

El epicentro fue alrededor de 120 km al sureste de la capital, en el estado de Morelos cerca de la frontera del estado de Puebla. Algunas ciudades pequeñas y pueblos cercanos en los estados de México, Morelos y Puebla también sufrieron números importantes de víctimas mortales y daños severos, incluyendo la destrucción de estructuras de adobe.

Los sismólogos están sugiriendo que el terremoto no fue a causa de una subducción de una placa tectónica por debajo de otra, que se caracteriza por generar los temblores de mayor magnitud y poder destructivo. Esto fue lo que ocasionó el terremoto de 8,1 grados el 7 de setiembre fuera de la costa del estado mexicano de Oaxaca, y el de al menos 8,0 grados en 1985 sobre la costa de Michoacán alrededor de 320 kilómetros al oesudoeste de la Ciudad de México que dejó al menos diez mil fallecidos.

La ciudad capitalina, cuya población se aproxima a los 9 millones, y la Zona Metropolitana del Valle de México a su alrededor de 25 millones de habitantes, son particularmente vulnerables a los efectos de estos sismos debido a que gran parte de la superficie consta de una serie de lagos interconectados que fueron secados y rellenados. La ciudad yace sobre el lecho del lago Texcoco.

Debido a las profundas capas de sedimentos arenosos y arcillosos y la naturaleza blanda de estos suelos, las ondas sísmicas pueden ser retardadas y por eso amplificadas hasta cientos de veces. Este es un fenómeno que no ocurre en esta escala en ninguna otra aglomeración urbana en el mundo. Es por esto que el terremoto cimbró de forma tan violenta a la Ciudad de México en comparación con las otras áreas a distancias similares del epicentro.

En una sociedad racional organizada para satisfacer todas las necesidades humanas, esta hipersusceptibilidad a desastres sísmicos en una zona con decenas de millones de personas conduciría a una inversión masiva para maximizar la protección de vidas y estructuras. Todo lo contrário ocurre en una sociedad con extrema desigualdad y dominada por una oligarquía que no permite desviar los recursos necesarios de su propio enriquecimiento.

Durante el terremoto de 1985, el Gobierno del entonces presidente Miguel de la Madrid, del mismo partido actualmente en el poder, el PRI, reaccionó con una indiferencia criminal. Los esfuerzos de rescate de las autoridades en los primeros días fueron totalmente insuficientes, y se rechazó ayuda internacional. La inepta respuesta federal dejó a millones obligados a valerse por sí solos.

La subsecuente ira de las masas impulsó la implementación de una cierta mejora en los códigos de construcción y en su aplicación. No obstante, los requisitos nuevos fueron mucho menos de los necesarios, incluso si se cumplieran. Por ejemplo, en las enormes zonas urbanas marginales, millones viven en hogares construidos sin apegarse a ningún reglamento. Además, muchas estructuras peligrosas en el centro de la ciudad sin reforzadas adecuadamente no fueron demolidas.

Gran cantidad de los cambios a los códigos de construcción después del sismo de 1985 iban dirigidos a reforzar del piso siete al trece de los edificios, que sufrieron los mayores daños en el centro de la ciudad. Sin embargo, el terremoto del martes afectó los primeros pisos de edificios y estructuras bajas en mayor medida, la gran mayoría viejas, probablemente porque las vibraciones sísmicas del más cercano terremoto no provinieron de una subducción de placas.

Como en la abrumadoramente inadecuada respuesta del Gobierno estadounidense a los recientes huracanes en Texas y Florida, la mayoría de los esfuerzos de rescate y ayuda después del terremoto en México han recaído en voluntarios de la clase obrera.

La población de la ciudad tomó espontáneamente las calles para distribuir cubetas, picos, palas, comida, agua, mantas y medicina, y para escarbar entre los escombros para sacar a sobrevivientes, en muchos casos con las manos desprotegidas. Las brigadas experimentadas de rescata, los llamados “Topos”, se encargaron de las búsquedas más peligrosas.

El Gobierno mexicano volvió a manejar la situación de forma reprensible. Se involucró en un escándalo mediático de treinta horas del rescate televisado en vivo de la niña de doce años “Frida Sofía” por parte de las fuerzas de seguridad y trabajadores de emergencia, buscando entre los escombros de la escuela colapsada donde murieron 26 víctimas. Altos funcionarios mexicanos, incluyendo el secretario de Educación, Aurelio Nuño, pasaron horas en la escuela buscando vanagloriarse como héroes salvando vidas. El Gobierno luego tuvo que reconocer que la niña no existía.

El martes, el presidente mexicano, Enrique Peña Nieto, detuvo su viaje programado a las áreas devastadas por el terremoto del 7 de setiembre en Oaxaca, devolviéndose a la capital para atender el nuevo temblor. Antes de irse, proveyó cifras sobre el impacto del terremoto del 7 de setiembre en los dos estados más golpeados, Oaxaca y Chiapas: 99 muertos, 2600 escuelas y hasta 100 000 hogares severamente dañados, un gran porcentaje más allá de poder ser reparados.

Casi la mitad de todos los hogares en estos empobrecidos estados sureños viven bajo la línea de pobreza. Alrededor del 70 por ciento de la población oaxaqueña gana menos de lo que se necesita para cubrir las necesidades básicas de una familia, según la organización estatal autónoma Coneval. En Chiapas, la proporción es del 77 por ciento. Una familia de bajos ingresos en ambos estados gana tan poco como 37 pesos ($2 dólares) al día, menos de la mitad del salario mínimo mexicano.

Tal pobreza inevitablemente hace que el impacto de los terremotos sea considerablemente peor. Más allá, estos estados son los que tienen la menor influencia con el Gobierno federal en términos de recibir ayuda para desastres y fondos de reconstrucción.

El terremoto de 1985 provocó un desplazamiento hacia la izquierda en la población. En respuesta, surgió un nuevo partido que se separó del oficialista PRI, el Partido de la Revolución Democrática (PRD). A este punto, este partido ha sido completamente expuesto simplemente como otro empleado de la élite gobernante. Los más recientes sismos de este mes han desacreditado aún más a un gobierno ya extremadamente impopular.