“El tiempo se está acabando rápidamente”

Trump amenaza a China sobre Corea del Norte y el comercio

por James Cogan
11 noviembre 2017

Ayer, los exagerados honores estatales que el régimen chino rindió a Donald Trump, y la reciprocidad de este último con el elogio del presidente chino Xi Jinping y su esposa, no evitaron que el presidente estadounidense lanzara una nueva amenaza contra Corea del Norte y lanzara un ultimátum a China para que otorgue concesiones económicas masivas a corporaciones estadounidenses.

Trump pronunció su discurso ayer por la tarde, en el Gran Palacio del Pueblo en la Plaza Tiananmen, ante un público de la élite del Partido Comunista Chino y flanqueado por el presidente Xi.

Mientras que, en comparación con otros discursos de Trump, se midieron su tono y su retórica, el contenido era, no obstante, belicoso y siniestro. Con el falso pretexto de que el pequeño arsenal nuclear de Corea del Norte presenta un peligro existencial, el imperialismo estadounidense se prepara para lanzar una guerra devastadora en la península de Corea.

Trump declaró: “Estados Unidos está comprometido con la desnuclearización completa y permanente de Corea del Norte ... Todas las naciones deben unirse para garantizar que este régimen deshonesto no pueda amenazar al mundo con sus armas nucleares.

“El tiempo se está acabando rápidamente. Debemos actuar rápido y, con suerte, China actuará más rápido y con mayor eficacia que nadie en este problema.

“También pido a Rusia que ayude a controlar esta situación potencialmente muy trágica”.

El imperialismo estadounidense tiene listos los medios para causar una “situación trágica” o, para ser más exactos, una muerte y destrucción catastróficas. Tres grupos de combate de portaaviones están posicionados frente a la costa de la península de Corea, junto con submarinos armados con misiles de crucero y un número desconocido de submarinos clase Ohio armados con misiles nucleares balísticos. Cientos de aviones de combate de la Fuerza Aérea y docenas de bombarderos de largo alcance tienen su base en Corea del Sur, Japón, Guam y Alaska.

La armada naval llevará a cabo ejercicios del 11 al 14 de noviembre, el primer ejercicio conjunto que involucre a tres portaaviones en más de una década. La declaración de Trump de que “el tiempo se está agotando rápidamente” es particularmente siniestra, dado que dos de los grupos de combate no pueden permanecer en el este de Asia por mucho más tiempo. Uno, el USS Theodore Roosevelt, solo se encuentra en la región mientras transita hacia el Golfo Pérsico. Otro, el USS Nimitz, lleva desde junio en despliegue operativo y está programado para regresar a su base en la costa oeste de los Estados Unidos para mantenimiento y descanso.

Corea del Norte ya ha señalado que rechaza el ultimátum estadounidense de “desnuclearización completa y verificable” antes de que la administración Trump siquiera considere las negociaciones y la relajación de las sanciones económicas paralizantes. Un oficial norcoreano le dijo a la CNN: “No nos importa lo que ese perro loco [Trump] pueda pronunciar, porque ya hemos escuchado suficiente”. Irak y Libia se sometieron a demandas similares de los EUA, solo para ser invadidas y sus mandatarios ejecutados.

Hay pocas dudas de que se estén llevando a cabo intensas conversaciones diplomáticas entre bastidores —que involucran a funcionarios estadounidenses, surcoreanos, chinos, rusos y de otro tipo— para presionar a la élite norcoreana, encabezada por Kim Jong-un, para que capitulase ante la administración de Trump.

Incluso dentro del ejército de los EUA hay temor acerca de las consecuencias de la guerra. Un informe preparado por el Pentágono advirtió de que la única forma de lograr los objetivos declarados de la administración Trump sería una “invasión terrestre” de Corea del Norte.

Una invasión requeriría cientos de miles de soldados y, dada la experiencia reciente en Afganistán e Irak, y la historia de Corea, necesitarían ser seguidas por operaciones prolongadas y sangrientas para reprimir una insurgencia anti-ocupación. El coste financiero alcanzaría los billones de dólares. El coste humano sería de cientos de miles, sí no millones, de vidas.

Esta cruda realidad solo aumenta el peligro de que se usen armas nucleares por primera vez desde 1945.

La amenaza de guerra contra Corea del Norte no está motivada por ninguna preocupación en Washington sobre el programa nuclear de Corea del Norte, y mucho menos la “libertad” de las masas norcoreanas. Es parte de una estrategia calculada por el imperialismo estadounidense para usar la fuerza militar para revertir el surgimiento continuo de China como un centro rival de poder estratégico y económico en Asia-Pacífico e internacionalmente.

El discurso de Trump ayer en Beijing subrayó el hecho de que más de 25 años de continuas guerras de agresión por parte de Estados Unidos han sido impulsadas por la determinación de la élite gobernante estadounidense para frenar el declive de su dominio económico y estratégico posterior a la Segunda Guerra Mundial. Combinó su amenaza para sumir a Asia Oriental en la inestabilidad y la confusión, al lanzar una guerra en la península de Corea, con veladas amenazas de que China debe abrir su economía a los bancos y corporaciones estadounidenses —o de lo contrario atenerse a las consecuencias.

Trump les dijo a Xi Jinping y a los dignatarios del PCCh allí reunidos que el déficit comercial de Estados Unidos con China era “tan alto como $500 mil millones al año”, mucho más que la cifra oficial en 2016 de $347 mil millones.

“Debemos abordar de inmediato las prácticas comerciales desleales que impulsan este déficit, junto con las barreras al éxito del mercado”, insistió. “Realmente tenemos que ver el acceso, la transferencia forzada de tecnología y el robo de propiedad intelectual, que de por sí le está costando a los EUA y sus empresas al menos $300 mil millones al año ...”.

“Tenemos que arreglar esto”, concluyó, “porque simplemente no funciona para nuestras grandes compañías estadounidenses y no funciona para nuestros grandes trabajadores estadounidenses”.

Trump declaró: “No culpo a China” e intentó apuntarse algún mérito político doméstico acusando a las administraciones pasadas de responsabilidad por el déficit comercial. La realidad, sin embargo, es que el contenido de su discurso es la misma postura de confrontación hacia Pekín que animó el “pivote militar a Asia” de la administración Obama y sus condiciones para formar parte del bloque comercial propuesto del Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica (TPP, Trans Pacific Partnership).

Obama había insistido en que Beijing solo podría unirse al TPP después de que eliminara los obstáculos a las corporaciones estadounidenses que compiten en los mercados nacionales de China, incluido, y lo más controvertido, su sistema bancario y financiero. Su administración también había exigido que China acelerara la privatización de sus empresas estatales y legisle las mismas protecciones para los derechos de propiedad intelectual que existen en los EUA y en otros lugares. El control de patentes asegura el flujo de cientos de miles de millones de dólares en regalías a tecnología estadounidense, farmacéutica y otros conglomerados.

Trump ha repudiado el TPP, pero persigue los mismos fines que Obama, aunque por otros medios: la amenaza de los aranceles y la guerra comercial y la imposición de otras sanciones a las corporaciones con sede en China. Sus comentarios en Beijing sugieren que exigirá concesiones a los intereses corporativos de Estados Unidos en el foro de Cooperación Económica Asia-Pacífico (APEC, siglas en inglés) que comienza hoy en Da Nang, Vietnam.

Al mismo tiempo, mientras su administración ha abandonado el término “pivote” o “reequilibrio”, continúa concentrando el 60 por ciento de la fuerza aérea y la armada estadounidense en la región asiática iniciada por Obama en 2011. La razón estratégica detrás de esto la acumulación militar es el cálculo de que la competencia económica entre el imperialismo estadounidense y la oligarquía capitalista china conducirá finalmente a enfrentamientos y al potencial de guerra entre las dos potencias con armas nucleares.

Los preparativos para un conflicto con China es lo que a fin de cuentas se esconde tras el impulso de usar el pretexto de las armas nucleares de Corea del Norte para lograr un cambio de régimen en ese pequeño país y su incorporación a Corea del Sur, país alineado con los Estados Unidos. Tal resultado crearía las condiciones para que las fuerzas estadounidenses y aliadas se desplegaran directamente a lo largo de la frontera nororiental de China con la península.

En 1950, cientos de miles de soldados chinos fueron enviados para defender a Corea del Norte de una fuerza de invasión liderada por Estados Unidos, precisamente con el fin de evitar que esto ocurriera.