Miles de sirios enterrados en los escombros seis meses después de la destrucción de Raqqa por parte de EUA

por Will Morrow
28 abril 2018

Seis meses después de lo que el Pentágono proclamó como su “liberación” de la ciudad siria de Raqqa de militantes de ISIS, surgen informes sobre la devastación causada por el incesante asedio de ataques aéreos y bombardeos de artillería de EUA contra la ciudad.

La población de aproximadamente 100.000 personas, más o menos un cuarto del número que vivía en la ciudad antes del ataque de EUA, todavía está sin agua corriente y electricidad. El ataque estadounidense redujo a escombros a un 70-80 por ciento de la ciudad, con 11.000 edificios dañados o destruidos.

Seis meses después, un número desconocido de civiles, hombres, mujeres y niños, permanece enterrado debajo de los escombros, impregnando los barrios de la ciudad con el hedor de los cadáveres en descomposición.

Un informe del 19 de abril hecho desde el terreno por Tamer El-Ghobashy para el Washington Post —partidario de la intervención militar de EUA en Siria— detalló los esfuerzos de 37 empleados de servicios de emergencia para recuperar los restos de los muertos. Desde octubre, han recuperado más de 300 cuerpos. Hay otros 6.000 informes de restos humanos en toda la ciudad que todavía no se han respondido. Muchos de los que han sido descubiertos están tan descompuestos que no son identificables, o solo los pueden identificar miembros de la familia en base a piezas de ropa.

Yasser Khamis, uno de los trabajadores de rescate, dijo al Post: “La gente quiere instalarse de nuevo en sus barrios y comenzar a reconstruir. Pero donde sea que vayamos, la gente nos informa de más y más cuerpos”.

Esto ha generado una nueva amenaza para la población de la ciudad: la propagación de leishmaniasis, una enfermedad parasitaria de la piel diseminada por las moscas atraídas por los cadáveres en descomposición. Khanis señaló que “Las alarmas de peligro comienzan a sonar en esta área, las enfermedades y epidemias empiezan a extenderse”. Omar Khalf, un miembro de las fuerzas respaldadas por EUA, le dijo a Syria Direct que los equipos de emergencia buscan “extraer los cuerpos antes de que llegue el verano” para limitar la propagación de enfermedades.

El artículo del Post cita a un residente de 66 años de Raqqa que perdió a siete miembros de su familia por los ataques aéreos. “Nosotros sufrimos bajo [el Estado Islámico] pero estamos sufriendo más con esta liberación estadounidense”.

Los cuatro grandes hospitales públicos de Raqqa fueron destruidos por las bombas de EUA, incluyendo el Hospital Nacional de Siria, que fue atacado deliberadamente por las fuerzas estadounidenses en los días finales del asalto en octubre, con el pretexto de que militantes de ISIS lo estaban usando como un centro de “comando y control”.

La población de la ciudad también es amenazada por cientos de municiones sin estallar, así como por artefactos explosivos improvisados y minas dejadas por combatientes de ISIS cuando huyeron de la ciudad. Se informó que murieron unas 200 personas por estos dispositivos desde octubre.

El ataque de EUA en Raqqa fue un crimen de guerra de dimensiones hitlerianas, cometido contra una ciudad muy poblada, y descrito por los comandantes militares estadounidenses como una de las guerras urbanas más mortíferas desde la Segunda Guerra Mundial. Desde junio, una tropa terrestre de 50.000 hombres, fuerzas asociadas respaldadas por EE.UU., en gran parte kurdos, que incluyó las fuerzas de operaciones especiales estadounidenses, llevó a cabo su ataque apoyado por fuego de artillería y bombardeo aéreo que destruyó la infraestructura social y física de Raqqa.

Una indicación de la escala de este crimen es el hecho, informado por Airwars, de que EUA usó 20.000 municiones en solo cuatro meses, superando el número de bombas lanzadas en Afganistán en todo el año anterior. Declaraciones de testigos, informadas por varios medios de comunicación, incluyendo el New York Times, indicaron que el ejército estadounidense usó municiones de fósforo blanco, una violación de la ley internacional.

El Observatorio Sirio de Derechos Humanos, un grupo de monitorio con sede en el Reino Unido y con vínculos con los “rebeldes” anti-Asad respaldados por EUA, informó que solo desde el 14 al 22 de agosto, murieron 168 civiles por los bombardeos de EUA.

El asedio se realizó en paralelo con la destrucción de Mosul por parte del ejército de EUA. El secretario de Defensa del gobierno de Trump, James Mattis, quien como general del ejército dirigió la destrucción de la ciudad iraquí de Faluya en 2004, declaró que el ataque de la ciudad iraquí se basó en “tácticas de aniquilación”, en lugar de “tácticas de desgaste”. Todavía no se confirmó el número de personas muertas en Mosul, pero un informe de la inteligencia kurda lo estimó en unas 40.000.

El asedio de Raqqa, que había sido capturada por militantes de ISIS en junio de 2014, tenía como objetivo consolidar el control estadounidense de los territorios sirios al este del río Éufrates, que atraviesa Raqqa, incluyendo Deir ez-Zor, una región rica en petróleo. Se efectuó sin la aprobación del gobierno de Siria, en violación de la soberanía siria, como parte de la campaña de siete años de la CIA para derrocar el gobierno de Bachar el Asad, empleando combatientes fundamentalistas islámicos como fuerzas asociadas.

Un informe publicado por la BBC en noviembre, titulado “El secreto sucio de Raqqa”, reveló que el Pentágono permitió que cientos de combatientes de ISIS huyeran de Raqqa hacia otras áreas de Siria al final del asedio. La presencia de combatientes de ISIS en Siria ha sido la justificación para el despliegue ilegal permanente de tropas de EUA en el país.

Los medios de comunicación corporativos han permanecido casi en silencio sobre las continuas revelaciones del crimen de guerra de EUA en Raqqa. Uno puede imaginar la cobertura total dedicada por los diarios y la televisión si los bombardeos los hubieran realizado las fuerzas del gobierno ruso, iraní o sirio, en lugar del estadounidense.

Esta hipocresía es una función del rol de la prensa occidental como arma de propaganda del gobierno y las agencias de inteligencia. El New York Times y el Washington Post han saturado a la población con denuncias del supuesto ataque con “armas químicas” del gobierno de Asad en Guta (Ghouta) el 7 de abril, que fue montado por la CIA con el fin de dar un pretexto para los ataques aéreos y con misiles de crucero estadounidenses, franceses y británicos sobre instalaciones del gobierno sirio.

La cobertura limitada de la prensa en Raqqa ha reflejado las preocupaciones dentro de las agencias de inteligencia de que una oposición masiva a las fuerzas de ocupación respaldadas por EUA permitirá al gobierno recuperar el control del territorio. En el informe del Washington Post del 19 de abril, El-Ghobashy citó a funcionarios de inteligencia en Raqqa advirtiendo que “la frustración podría abrir la puerta al Gobierno sirio para que regrese y llene el vacío, beneficiando a los principales defensores del presidente Bachar el Asad —Rusia e Irán— y debilitando la influencia americana en la región”.

(Artículo publicado originalmente en inglés el 27 de abril de 2018)