El Día del Trabajo de 2018: la intensificación de la lucha de clases y la formación de comités de base

4 septiembre 2018

El Día del Trabajo de 2018 se celebra hoy en Estados Unidos y Canadá. Como sucede cada año, la central sindical AFL-CIO conmemorará el día por medio de unas cuantas manifestaciones, en las que los oficiales sindicales y políticos del Partido Demócrata darán discursos vacíos e hipócritas. Sin embargo, este año, el Día del Trabajo se celebra en medio de un resurgimiento de la lucha de clases en EUA que enfrenta a los trabajadores directamente en contra de los corporativistas y antiobreros sindicatos.

Con el regreso a clases, los docentes están reanudando su lucha por mejoras salariales sustanciales y un aumento en los presupuestos para la educación pública. En el estado de Washington, donde en 2013 el gobernador demócrata, Jay Inslee, presidió el recorte de impuestos empresarial más grande en la historia de EUA —de $8,7 mil millones para el gigante en producción de aviones y equipo militar—, los maestros han realizado paros en varios distritos. A pesar de los esfuerzos de los sindicatos para suprimir las luchas, las bases magisteriales están demandando de forma cada vez más generalizada por una huelga estatal.

La semana pasada, los maestros en Los Ángeles votaron a favor (98 por ciento de ellos) para autorizar una huelga en el segundo mayor distrito escolar del país, incorporando a 640.000 estudiantes y más de 33.000 docentes. En Detroit, los maestros y padres de familia están furiosos por los altos niveles de plomo y cobre en el agua corriente, tan solo dos años después de que los maestros de Detroit realizaran una serie de paros espontáneos para protestar el estado decrépito de las instalaciones y la falta de fondos para la educación. El distrito escolar se vio obligado a suspender el servicio de agua en todas las escuelas de la ciudad.

En los estados donde los maestros realizaron huelgas a nivel estatal este año, ninguna de las demandas que impulsaron las protestas han sido resueltas. En Arizona, la Corte Suprema estatal acaba de decidir no realizar una consulta llamada “Inviertan en Educación” sobre aumentar el impuesto sobre la renta 3 o 4 por ciento para hogares que ganan más de $250.000 al año. Los sindicatos, los demócratas y las organizaciones que los orbitan promovían la iniciativa como una solución a la crisis de financiamiento cuando conspiraron para traicionar la huelga de seis días de 60.000 maestros en Arizona en mayo. Sin embargo, a fin de cuentas, la burguesía no tolerará ni una mínima incursión en sus operaciones lucrativas.

Las huelgas en Estados Unidos coinciden con la expansión de la lucha de clases internacionalmente. Durante el fin de semana, los trabajadores en la empresa ferroviaria, South Western Railway, en Reino Unido llevaron a cabo una huelga de tres días en contra de la eliminación de puestos de guardas de seguridad. Esto siguió la huelga el mes pasado de los pilotos de Ryan Air en Irlanda, España y otros países europeos.

Los sindicatos se han dedicado a prevenir sistemáticamente que haya huelgas y, si no lo logran, a aislarlas y traicionarlas lo más rápido posible.

Las acciones de los sindicatos reflejan lo que son. Durante las últimas cuatro décadas y con base en su defensa del capitalismo y el sistema del Estado nación, los sindicatos han sido convertidos en contratistas de mano de obra barata y en agencias policiales para vigilar a la clase obrera. No existen ni para organizar una oposición a los dictados de la clase gobernante, sino para prevenir dicha oposición.

Durante el juicio de Janus contra AFSCME, los abogados de los sindicatos del sector público les manifestaron reiteradamente a los magistrados que las cuotas de agencia —el equivalente a cuotas sindicales para trabajadores públicos que deciden no formar parte del sindicato— eran una “compensación por no tener huelgas”. Es decir, dicha deducción automática y respaldada por el Estado de una porción de los salarios de los trabajadores constituía un pago por asegurarse de que los trabajadores no se rebelen en contra de las condiciones que les imponen.

Más recientemente, un vocero del sindicato docente del estado de Nueva York le dijo al Albany Times Union que la Ley Taylor, la cual prohíbe huelgas para empleados del sector público, “ha funcionado efectivamente por 40 años” en “mantener la paz”, por lo cual no debería ser anulada.

En su reciente Quinto Congreso Nacional, el Partido Socialista por la Igualdad (EUA) aprobó la resolución intitulada “El resurgimiento de la lucha de clases y las tareas del Partido Socialista por la Igualdad”, la cual explicaba las consecuencias del aumento extremo en la desigualdad social, junto a la radicalización social y política de la clase obrera y la juventud:

Estados Unidos es un barril de pólvora social. La erupción de luchas sociales a una escala nunca antes vista en los Estados Unidos es prácticamente inevitable. Hay muchos factores —los intereses sociales comunes en amplios sectores de la clase trabajadora, la erosión de diferencias seccionales, la integración racial y étnica de la clase trabajadora, el impacto de las redes sociales basadas en el Internet— que están trabajando hacia la coalescencia de las protestas de masas. Así, es de esperar que el estallido de protestas sociales serias —más allá del asunto inmediato y más allá de su localización— se expandirá rápidamente y atraerá a millones de trabajadores hacia la participación activa en la lucha. Dada la experiencia histórica de la clase trabajadora, el resultado lógico de esta coalescencia de luchas sociales será una huelga general, que planteará la cuestión del poder político.

Este análisis ha sido comprobado. Los trabajadores en todo el país e internacionalmente están buscando una manera de oponerse a la desigualdad, a la intensificación de la explotación, a la miseria social y todas las consecuencias del capitalismo. Independientemente de la intensidad de los conflictos internos de la clase gobernante, sus representantes, los demócratas y republicanos, están unidos en su temor hacia las implicaciones del resurgimiento de la lucha de clases.

La coordinación y organización de esta oposición de los trabajadores exige la formación de organizaciones nuevas: comités de base, independientes de los sindicatos. Como lo afirma la resolución:

Por lo tanto, la preparación para las luchas obreras de masas requiere el desarrollo de una red interconectada de comités populares de lugar de trabajo y de barrio. La necesidad de tales comités surge de las experiencias de los propios trabajadores. Las organizaciones que afirman representarlos, los sindicatos, no solo son profundamente hostiles a la organización de luchas obreras, sino que han abandonado hasta las más limitadas formas de representación, incluyendo la resolución de agravios y la aplicación de las estipulaciones contractuales.

La construcción de estos comités es una tarea crucial que enfrentan todos los sectores de la clase obrera. Es imposible desarrollar un movimiento auténtico y unificado de la clase obrera en Estados Unidos e internacionalmente mientras los sindicatos sigan ejerciendo su dominio organizacional sobre la clase obrera.

La formación de comités de fábrica y la preparación de una huelga general plantean, como lo indica la resolución del PSI, “la cuestión del poder político”. La lucha por satisfacer las necesidades más básicas —el derecho a salarios decentes, una educación pública de alta calidad, acceso a la salud y vivienda y un futuro para la próxima generación libre de guerras, represión política y violencia— requiere la movilización revolucionaria de la clase obrera hacia la toma del poder político en sus propias manos, rompiendo el control estrangulador de la aristocracia corporativa y financiera y llevando a cabo la reorganización socialista de la sociedad.

(Artículo publicado originalmente en inglés el 3 de setiembre de 2018)

Jerry White