Se dispara número de víctimas civiles de guerras estadounidenses en Yemen y Afganistán

por Bill Van Auken
29 septiembre 2018

Dos informes publicados en los últimos días han provisto una condena grave contra la guerra estadounidense en Afganistán y la ofensiva en Yemen respaldada por EUA y liderada por Arabia Saudita. En ambos países, las víctimas civiles están aumentando, la gran mayoría de ellas causadas por bombas y misiles estadounidenses lanzados a poblaciones indefensas.

Ambos informes se publicaron en medio de la sesión de apertura de la Asamblea General de las Naciones Unidas, donde Trump y sus asistentes se dispusieron a intimidar a toda la población del planeta.

En su discurso ante la ONU, Trump acusó a Irán de sembrar "caos, muerte y destrucción" en Oriente Próximo y retrató a Washington como una fuerza por "la paz y la estabilidad" en la región. Los hechos, sin embargo, muestran que la mayor fuerza promotora de muerte, terrorismo y destrucción sigue siendo el imperialismo estadounidense, cuyas múltiples guerras han cobrado más de un millón de vidas en los últimos 17 años.

Trump también atribuyó absurdamente a los Emiratos Árabes Unidos y Arabia Saudí la "búsqueda de múltiples vías para terminar con la horrible y horrífica guerra civil de Yemen", incluso mientras continuan bombardeando el país y asesinando a cientos de civiles.

Un informe emitido por el Proyecto de datos de ubicación y acciones armadas (ALEDP, por sus siglas en inglés) esta semana ha revelado que la cantidad de civiles masacrados en Yemen ha aumentado 164 por ciento desde junio, cuando la coalición liderada por Arabia Saudita inició su asedio brutal contra la ciudad portuaria en el mar Rojo de Hodeida.

El número promedio de muertes mensuales ha aumentado a 116 desde el inicio del asedio. Hasta el momento, agosto fue el mes más sangriento, y el Comité de Rescate Internacional informó que casi 500 personas murieron en el transcurso de solo nueve días.

El Comité de Rescate Internacional emitió un informe basado en los hallazgos de ALEDP señalando que "desde 2015, la coalición [respaldada por Estados Unidos] ha emprendido 18.000 ataques aéreos, uno cada 99 minutos, un tercio de los cuales han dado con objetivos no militares". Estos bombardeos son responsables de la gran mayoría de las 16.000 muertes civiles desde que comenzó la guerra. Decenas de miles más han muerto por enfermedades y falta alimento, y se estima que 8,4 millones de yemeníes se enfrentan a la hambruna.

Washington dio luz verde al asedio de Hodeida, cuyo objetivo es cortar la entrada de alimentos, medicinas y otros suministros básicos para la mayoría de la población que vive en áreas del país controladas por el movimiento rebelde de hutíes que derrocó el régimen títere respaldado por Arabia Saudita y EUA bajo el presidente Abd Rabuh Mansur Hadi en 2014.

La ONU ha advertido que el asedio podría resultar en un cuarto de millón de muertes y empujar a millones más al borde de la inanición.

El informe también se produce semanas después de que el secretario de Estado estadounidense, Mike Pompeo, certificara formalmente ante el Congreso que Arabia Saudita y los Emiratos Árabes Unidos están tomando medidas para aliviar la crisis humanitaria de Yemen y proteger vidas civiles. La certificación, requerida bajo una enmienda vacía adjunta al proyecto de ley de gasto militar de los EUA, era requerida para continuar el reabastecimiento en vuelo que brindan los aviones tanqueros de la Fuerza Aérea de los EUA a los aviones de combate sauditas para que puedan bombardear a la población yemení.

Las operaciones de reabastecimiento de combustible son solo uno de los medios por los cuales Washington posibilita el asedio de Yemen liderado por Arabia Saudita. El Pentágono proporciona inteligencia crítica y asistencia para ataques desde un centro de comando conjunto en Riad y ha desplegado buques de guerra estadounidenses que respaldan el bloqueo entre Arabia Saudita y los Emiratos Árabes Unidos del país hambriento. También, por supuesto, proporciona decenas de miles de millones de dólares en armamento que se utilizan para atacar Yemen.

La certificación cínica de Pompeo se produjo después de dos sangrientas masacres en agosto en las que aviones saudíes bombardearon un autobús escolar en un mercado concurrido, matando a 51 personas, incluidos 40 niños, y luego atacaron un camión lleno de refugiados que huían del asedio de Hodeida, matando a cuatro mujeres y 22 niños.

El Wall Street Journal publicó un informe basado en un memorado filtrado del Departamento de Estado revelando que Pompeo dejó de lado las preocupaciones expresadas por los funcionarios del Departamento sobre el baño de sangre que se desarrolla en Yemen. Esto lo hizo basándose en una advertencia de sus asistentes de asuntos legislativos de que la falta de dicha certificación de derechos humanos "tendría un impacto negativo en las transferencias de armas pendientes" y "también puede tener un impacto negativo en las futuras ventas militares exteriores y las ventas comerciales directas a la región".

De particular preocupación fue un acuerdo alcanzado por Raytheon Co. de más de $2 mil millones en municiones guiadas para Arabia Saudita y los Emiratos Árabes Unidos. Fue precisamente un misil Raytheon que destruyó el autobús lleno de estudiantes de escuela el mes pasado.

Casi la mitad de las ventas de armas de los EUA —el mayor exportador de armas en el mundo— se destinan a Oriente Próximo. Arabia Saudita es su mayor cliente y representa el 18 por ciento de las ventas. Las exportaciones totales de armas alcanzaron un nuevo récord en el año fiscal 2017, llegando a $75,9 mil millones.

Mientras que los intereses lucrativos de los fabricantes de armas estadounidenses son sin duda una preocupación crítica, Washington, tanto bajo Obama como Trump, ha apoyado la guerra en Yemen a fin de perseguir intereses geoestratégicos cruciales para socavar la influencia iraní en la región y buscar un cambio de régimen en Teherán.

Esta imprudente política de agresión se ha intensificado bajo la Administración de Trump, la cual derogó el acuerdo nuclear internacional con Teherán y ha impuesto sanciones económicas punitivas que equivalen a un acto de guerra.

Tanto Washington como Riad perciben la supervivencia de cualquier régimen en Yemen que esté bajo su control como un desafío inaceptable a su dominio de la región y sus restricciones contra Irán. Tanto las autoridades estadounidenses como las sauditas han tratado de pintar a los rebeldes hutíes que derrocaron el régimen títere saudí-estadounidense del presidente Hadi como "fuerzas indirectas" iraníes y han alegado, sin ninguna evidencia, que Teherán les está suministrando armas.

Mientras tanto, la Misión de Asistencia de las Naciones Unidas en Afganistán (UNAMA, por sus siglas en inglés) ha informado de un aumento del 52 por ciento en las víctimas civiles de los ataques de aviones de combate estadounidenses y la fuerza aérea afgana controlada por Estados Unidos en los primeros seis meses de este año. La cantidad de bombas lanzadas por la Fuerza Aérea norteamericana se ha por poco duplicado en este período, a casi 3.000.

La escalada de la guerra estadounidense de 17 años en Afganistán cobró la vida de 1.600 civiles entre enero y junio, según las cifras indudablemente subestimadas de la ONU, y obligó a otras 160.000 personas a abandonar sus hogares.

El informe de la UNAMA fue confirmado de forma inmediata y trágica después de que se reportara un par de atentados con explosivos estadounidenses que cobraron la vida de al menos 25 civiles afganos. La agencia informó el miércoles que 12 personas, 10 niños y dos mujeres, murieron en un atentado en la provincia central de Maidan Wardak el lunes por la noche. Esto siguió a un ataque aéreo el sábado que demolió la casa de un maestro en la provincia oriental de Tagab, matando a 13 civiles, la mayoría mujeres y niños.

El miércoles, residentes enojados del distrito de Chardara, en la provincia de Kunduz, llevaron los cuerpos de las víctimas de otro ataque aéreo que mató a una mujer de 45 años y dos adolescentes a la capital de la provincia, cantando consignas contra el Gobierno y las fuerzas de ocupación estadounidenses.

“Ellos martirizaron a tres mujeres. Mi hijo, que es un estudiante universitario en la facultad de economía, y mi hija, Atifa, están heridas, actualmente están en una condición grave en el hospital", dijo Mohammed, un maestro de la escuela de la aldea, al New York Times. "Ellos destruyeron mi vida".

En Afganistán, como en Yemen, el imperialismo estadounidense persigue intereses geoestratégicos definidos. La guerra que comenzó hace 17 años como una supuesta respuesta a los ataques del 11 de septiembre en Nueva York y Washington se ha dirigido desde su inicio al establecimiento de una “cabeza de puente” estadounidense en Asia Central, cerca de los campos petroleros estratégicos de la cuenca del Caspio y en la frontera de China. Los recientes intentos de Rusia, China, Irán y Pakistán para negociar conjuntamente un proceso de paz en Afganistán solo han alimentado la violencia militar de Washington en el país.

Los horribles crímenes de guerra en Yemen y Afganistán y la posibilidad de que millones de yemeníes mueran de inanición como resultado de operaciones militares apoyadas por Estados Unidos prácticamente no han recibido cobertura en los medios de información estadounidenses. Tampoco son un problema en las próximas elecciones de medio término, en las que los demócratas se presentan no menos como un partido proguerra que los republicanos, postulando todo un destacamento de exagentes de la CIA y exmilitares y demandando una línea más agresiva contra Rusia.

Para presionar su campaña contra Irán, Rusia y China, el imperialismo estadounidense está dispuesto a sacrificar la vida de millones de personas. Ahora se prepara para guerras mucho más sangrientas. Esta erupción del imperialismo estadounidense y mundial, que amenaza la destrucción de la humanidad, solo puede prevenirse mediante la movilización revolucionaria de la clase obrera internacional para poner fin al capitalismo.

(Publicado originalmente en inglés el 28 de septiembre de 2018)