Los “chalecos amarillos” en Francia desafiaron la represión y los arrestos masivos

por Alex Lantier y Kumaran Ira
12 diciembre 2018

Por cuarto sábado consecutivo, los “chalecos amarillos” ( gilet s jaune s ) se manifestaron en Francia contra el Gobierno de derechas, Emmanuel Macron. Lo hicieron desafiando las amenazas de violencia estatal y la movilización masiva de las fuerzas de seguridad.

Claramente, los intentos del presidente francés para poner fin a las manifestaciones, primero aplazando las alzas del impuesto a la gasolina que desataron el movimiento y luego al cancelarlas de manera absoluta, fracasaron. Las demandas que se plantean, a favor de la igualdad social y contra el militarismo y la dictadura, muestran que se trata de un movimiento dirigido hacia la defensa de los intereses de los trabajadores, no solo en Francia, sino también a nivel internacional.

Las protestas de ayer paralizaron a Francia y gran parte de Bélgica. El ministro del Interior informó que 125.000 “chalecos amarillos” protestaron en Francia. En las principales ciudades donde se organizaban manifestaciones, la mayoría de las tiendas estaban cerradas. El sábado por la noche, la red de carreteras Vinci informó de "interrupciones significativas" y desaceleraciones en más de 20 carreteras, muchas de ellas como resultado de protestas y barricadas de los "chalecos amarillos".

Las manifestaciones tuvieron lugar en muchas ciudades, incluyendo París, Lyon, Burdeos, Toulouse, St. Etienne, Perpignan, Marsella, Aviñón, Nantes, Brest, Quimper, Lille y Rennes.

Unas 400 personas fueron arrestadas en Bruselas durante un mitin de unos 1.000 "chalecos amarillos". Esta es la segunda manifestación del movimiento en la capital belga, dirigida contra el aumento de los precios del combustible y el aumento del costo de vida. Los manifestantes están exigiendo la renuncia del primer ministro Charles Michel.

Los disturbios también se han extendido a las provincias belgas. "Debemos tomar de los ricos para dar a los pobres", dijo la prensa una enfermera de "chaleco amarillo".

El Gobierno francés lanzó acusaciones histéricas contra los manifestantes que descendían sobre París, acusándolos de prepararse para "masacrar" a las "fuerzas del orden". La policía atacó y reprimió brutalmente las manifestaciones en las principales ciudades y detuvieron casi el triple de manifestantes que el sábado anterior, 1 de diciembre.

En todo el país, la policía arrestó a 1.723 personas, un nivel que el ministro del Interior francés, Christophe Castaner, calificó como "excepcional". De estos, 1.220 fueron ordenados bajo custodia. La sede de la policía de París anunció que más de 1.082 personas habían sido arrestadas ahí, de las cuales más de 625 se encuentran bajo custodia.

Se produjeron conflictos y enfrentamientos entre manifestantes y agentes policiales en las principales ciudades francesas, incluidas París, Burdeos, Lyon y Toulouse. La policía disparó gases lacrimógenos y granadas de concusión para dispersar a los manifestantes e hirió a más de 100. En París y en el Puerto Viejo de Marsella, las fuerzas de seguridad atacaron a los manifestantes con vehículos blindados y cañones de agua.

En París, la policía procedió con extraordinaria agresividad. Para dispersar a los manifestantes temprano en el día, la policía arremetió contra manifestantes pacíficos desde el principio, antes de que pudieran agruparse en una masa más poderosa. La policía atacó a los manifestantes en los Campos Elíseos y en otras partes de la ciudad, rodeando y atrapando a los manifestantes pacíficos, y dispersándolos con vehículos blindados y gendarmería móvil, incluida una brigada de caballos montados.

Sylvie

Los reporteros de WSWS entrevistaron a personas en París. Sylvie, de la región de Oise, en el norte de Francia, dijo: "Cada vez que hay ira, es porque la gente ya no puede valerse por sí misma. No hay derecha; no hay izquierda. Los sindicatos también nos han llevado de paseo. Nosotros representamos a la gente. Tenemos el derecho de vivir decentemente, tenemos el derecho de ser respetados por aquellos que se supone que nos representan".

Y añadió: “También estamos denunciando al 1 por ciento que se aprovecha del 99 por ciento; queremos que se acabe. De hecho, son ellos quienes nos cobran impuestos a nosotros, ellos son los que poseen la riqueza. Es la esclavitud moderna".

Stéphane nos dijo: "Macron mostró claramente adónde iba cuando eliminó el impuesto a los ricos y redujo mi ayuda para la vivienda en 5 €. ¿Esto es democracia? No, ahora estamos en una dictadura financiera. Y espero que no se convierta en una dictadura militar".

Poco después de ser sometidos a gases lacrimógenos, la esposa de un trabajador ferroviario dijo al WSWS: "Sr. Macron nos trata con desprecio. Nos rodean, nos envían a la derecha, luego a la izquierda y nos echan gas". Destacó que Macron ya no tiene ninguna legitimidad política. “Ya ni siquiera podemos manifestarnos pacíficamente; la fuerza policial embiste contra nosotros y nos lanza gas lacrimógeno. Espero que la gente se levante. Disculpe, pero ¿es esta una manera de tratar a las personas con gas lacrimógeno?”.

Una vez más, el Gobierno ha indicado que pretende pisotear las demandas de los "chalecos amarillos" y continuar con la política de austeridad que ha sido rechazada por la gran mayoría del pueblo francés.

Durante una muy corta conferencia de prensa el sábado por la noche, el primer ministro Edouard Philippe insistió que no habría cambios en la política del Gobierno: "La vigilancia y el despliegue siguen vigentes, porque los matones todavía están operando en París y en algunas ciudades provinciales… Para enfrentar este día, tuvimos que concebir un plan excepcional, con la movilización extensa de las fuerzas policiales y los medios para asegurar su movilización continua".

“Es necesario restablecer nuestra unidad nacional, a través del diálogo, a través del trabajo, a través del reagrupamiento. El presidente de la República [Macron] hablará y propondrá… medidas que permitirán que la nación francesa se encuentre a sí misma", agregó.

La creciente ira entre los trabajadores y los jóvenes ante la intransigencia oficial se está convirtiendo en una confrontación abierta entre la clase trabajadora y el Gobierno, y hacia una huelga general. La principal ventaja de la que goza actualmente el Gobierno es que, en esta situación explosiva, las grandes masas de trabajadores no ven claramente una perspectiva revolucionaria. A medida que tratan de luchar contra el Gobierno, se enfrentan con el apoyo a Macron de los partidos pequeñoburgueses que durante décadas se han hecho pasar por la “izquierda”.

Jean-Luc Mélenchon pide respeto a la policía. "Nunca te engañes a ti mismo en cuanto a tu oponente. El manejo de las fuerzas policiales no es el trabajo de la policía. Es asunto de los políticos que dan las órdenes. El deber de la policía es servir y obedecer. Y las órdenes son políticas", tuiteó el líder de La France Insoumise (LFI). Esta defensa de las fuerzas de seguridad y del Estado francés están provocando desconfianza y hostilidad cada vez mayores hacia el LFI entre los "chalecos amarillos".

¡Hay dinero! En la casa del patrón

El sábado, los "chalecos amarillos" en Flixecourt, en el noreste, anunciaron que, en nombre de la "independencia política", se distanciarían del parlamentario del LFI, Francois Ruffin, quien se había declarado de su lado. Ruffin había dicho que quería servir como un "puente" entre el movimiento y el Gobierno. Pero esta propuesta tropezó con la hostilidad de los "chalecos amarillos" hacia el aparato sindical y sus aliados políticos, como el LFI.

François Ruffin “nos brindó un apoyo muy honesto, pero no queremos que los medios de comunicación ni los políticos tomen el control. Estamos luchando por la plena independencia política, aunque, por supuesto, todos tenemos un color político", dijo Christophe Ledoux, uno de los líderes del movimiento en Flixecourt.

Este desarrollo subraya la necesidad de crear comités de acción, independientes de los aparatos sindicales, para permitir que los trabajadores en lucha coordinen sus acciones, y una vanguardia marxista para que los trabajadores identifiquen y frustren los intentos de los círculos oficiales que tratan de sofocar y estrangular sus luchas.

(Artículo publicado originalmente en inglés el 9 de diciembre de 2018)