Wall Street gobierna

7 enero 2019

La Reserva Federal de Estados Unidos le envió un mensaje claro a Wall Street el viernes: no permitirá que se acabe la racha alcista de la bolsa de valores más larga en la historia del país. El mensaje fue recibido alto y claro y el Dow rebotó más de 700 puntos.

Cientos de miles de trabajadores federales siguen suspendidos u obligados a trabajar sin paga durante el cierre parcial del Gobierno, el cual ya entra en su tercera semana. Sin embargo, el banco central estadounidense está dejando en claro que todos los recursos del Estado están a disposición de la oligarquía financiera.

En respuesta a la liquidación de acciones del mercado el jueves tras un reporte negativo de Apple y señales de que la industria china y estadounidense se desaceleran, la Reserva Federal o “Fed” declaró que estaba “escuchando” a los mercados y que descartaría sus planes de aumentar las tasas de interés.

El presidente de la agencia, Jerome Powell se presentó en una conferencia en Atlanta, donde dio señal, a la par de Ben Bernanke y Janet Yellen, sus predecesores que se dedicaron a reinflar la burbuja del mercado bursátil después del derrumbe financiero de 2008, de que la Fed evitaría realizar sus dos aumentos programados en las tasas de interés durante el 2019.

“Estamos escuchando atentamente a los mensajes que envían los mercados”, dijo, añadiendo que el banco central sería “paciente” en imponer nuevos aumentos. Para subrayar este punto, añadió: “Si llegáramos a la conclusión de que cualquier aspecto de nuestros planes” estuviera causando problemas, “no dudaríamos en cambiarlo”.

Esta extraordinaria promesa a Wall Street siguió una caída de 660 puntos en el índice bursátil Dow Jones el jueves, llevando al peor comienzo del año en la bolsa desde el colapso de la burbuja de las puntocom.

William McChesney Martin, presidente de la Fed entre 1951 y 1970 dijo famosamente que su trabajo era “quitar el tazón de ponche justo cuando arrancaba la fiesta”. Ahora, la tarea del presidente de la Fed es complacer a los pudientes fiesteros con tragos de tequila justo cuando comienzan a recuperar la sobriedad.

Los comentarios de Powell fueron particularmente significativos porque siguieron la publicación el viernes del reporte sobre el empleo más positivo en más de un año, con cifras que involucran el mayor aumento salarial anual desde la crisis de 2008. Fue universalmente celebrado como “estelar”.

Mientras que los mercados financieros estadounidenses han aguantado el peor diciembre desde la Gran Depresión, en medio de crecientes temores de una recesión que se aproxima y una nueva crisis financiera, los analistas no han titubeado en señalar que no existen señales “sólidas” de una recesión en Estados Unidos.

No obstante, los índices Dow Jones y el S&P 500 han caído más de 15 por ciento desde sus máximos recientes, mientras que el índice NASDAQ, en el cual pesan más las firmas tecnológicas, ha entrado en un territorio a la baja, usualmente definido como una caída del 20 por ciento desde su máximo más reciente.

Los mercados, admitió Powell, “están muy adelantados respecto a los datos”. Pero Powell está escuchando a los mercados y no a los “datos”.

Desde la Segunda Guerra Mundial, han ocurrido mercados a la baja cada cinco años y medio, en promedio. Pero si continúa la racha actual hasta marzo, el Dow habrá pasado 10 años sin un mercado a la baja, a pesar de las pérdidas recientes.

Ahora, la Fed ha intervenido para, en efecto, prometer que utilizará los recursos que sean necesarios para asegurar que no suceda ninguna corrección sustancial del mercado. Sin embargo, esto solo significa que cuando llegue la inevitable corrección, será aún más severa y la Fed tendrá menos capacidad para detenerla.

Desde el punto de vista de la historia de la institución, el papel algo explícito de la Fed como una malla de protección para la bolsa de valores es relativamente nuevo. Desde fines de los años setenta, Reserva Federal, fundada en 1913, ha tenido legalmente un “mandato dual” de asegurar un nivel máximo de empleos y la estabilidad de los precios. Los oficiales de la Fed han tradicionalmente denegado que sus decisiones se vean influenciadas por el deseo de hacer crecer el mercado bursátil.

Sin embargo, como todas las instituciones del Estado capitalista, el banco central no opera protegiendo imparcialmente los intereses de los trabajadores y capitalistas por igual. Por el contrario, para citar El manifiesto comunista, forma parte esencial del “comité para administrar los asuntos comunes de la burguesía en su conjunto”.

El presidente de la Reserva Federal, Paul Volcker, nombrado en 1979 por el presidente demócrata, Jimmy Carter, desató deliberadamente una recesión económica por medio de un aumento del tipo de interés de referencia para fondos federales por encima del 20 por ciento. Su objetivo enteramente consciente, bajo pretexto de combatir la inflación, fue sofocar el movimiento alcista de los salarios de los trabajadores estadounidenses provocando cierres de planta y aumentando el desempleo.

Las acciones de la Fed bajo Volcker abrieron la puerta a una enorme redistribución hacia arriba de la riqueza, facilitada tanto por la supresión de la lucha de clases por parte de los sindicatos como por el ascenso meteórico y continuo del mercado bursátil.

La recesión de Volcker y el aplastamiento de la huelga de controladores aéreos de PATCO en 1981 marcaron el inicio de las últimas décadas de despidos masivos, desindustrialización y concesiones salariales y de prestaciones, lo que hizo que la participación de los trabajadores del total del ingreso nacional cayera año tras año.

Estas también fueron décadas de desregulación financiera, produciendo la crisis de los ahorros y préstamos de fines de los años ochenta, la burbuja de las puntocom de 1999-2000 y, la peor de todas, la crisis financiera de 2008.

En cada una de estas crisis, la Reserva Federal llevó a cabo lo que se denominó “la opción de venta Greenspan” (y después “la opción de venta Bernanke”), la cual garantizaba implícitamente una malla para frenar las caídas de los mercados financieros. Esto incentivó a los inversores a tomar mayores riesgos.

En 2008, el resultado fue la crisis financiera sistémica más devastadora desde la Gran Depresión, llevando al presidente de la Fed, Bernanke, al presidente de la Reserva Federal de Nueva York, Tim Geithner, y al secretario del Tesoro, Henry Paulson (ex-CEO de Goldman Sachs) a orquestar el rescate bancario más grande de la historia humana.

Desde ese momento, la Reserva Federal ha llevado a cabo su política monetaria más acomodaticia, manteniendo el tipo de interés en cero o cerca por seis años. Complementó este despilfarro de dinero a favor de la élite financiera con un programa de impresión de varios billones de dólares llamado “expansión cuantitativa”.

El efecto se puede ver en los niveles de riqueza cada vez más impactantes de la oligarquía financiera, la cual ha disfrutado de ganancias por inversión de entre 10 y 20 por ciento cada año desde la crisis financiera mientras los ingresos de los trabajadores se han estancado o han caído.

La sociedad capitalista estadounidense se ha vuelto adicta al crecimiento tóxico de la desigualdad social creada por la burbuja del mercado bursátil. A su vez, esto insta a mantener un marco político que no solo favorece los estilos de vida decadentes de los oligarcas financieros, cada uno de los cuales es dueño, en promedio, de una media docena de mansiones por todo el mundo, un jet privado y un super yate, sino también del perímetro más amplio de la acaudalada clase media-alta, que les provee a los oligarcas legitimidad política y apoyo. Estas capas sociales de la élite definen la vida política estadounidense, de la cual está efectivamente excluida la gran masa de la población trabajadora.

La Reserva Federal es una herramienta clave para perpetrar todo este mugriento sistema en el que “Wall Street gobierna”. Pero sus servicios en nombre de los ricos y superricos recrudecen las contradicciones fundamentales e irresolubles del capitalismo, sumiendo al sistema en deudas aún mayores y asegurándose de que la próxima crisis sea incluso más violenta y explosiva.

Ante la intensificación de esta crisis, la clase obrera necesita reafirmar sus propios intereses independientes tan determinada y despiadadamente como lo hace la clase gobernante. Debe responder a la contrarrevolución social de la burguesía con el programa de la revolución socialista.

(Artículo publicado originalmente en inglés el 5 de enero de 2019)

Andre Damon