Según se intensifican las amenazas de un golpe de Estado en Venezuela, Maduro le pide a Trump dialogar

por Bill Van Auken
23 enero 2019

Las fuerzas de seguridad venezolanas y los agentes de inteligencia reprimieron una abortada revuelta de elementos de la Guardia Nacional del país en las horas previas del amanecer el lunes, arrestando a 27 soldados dirigidos por un sargento.

La acción se desarrolló en medio de una presión cada vez mayor ejercida por el imperialismo estadounidense y los Gobiernos de derechas en América Latina, encabezados por el nuevo presidente de Brasil, el fascistizante excapitán del ejército, Jair Bolsonaro, y el presidente reaccionario de Argentina, Mauricio Macri, para forzar la expulsión del presidente Nicolás Maduro en Venezuela.

Esto ha incluido llamados poco velados y abiertos a los militares venezolanos a derrocar el Gobierno de Maduro.

En un tuit esta semana, el senador republicano Marco Rubio, quien ejerce una gran influencia sobre la política de la Administración de Trump en América Latina, declaró: "Debemos apoyar a los miembros del ejército en #Venezuela que han anunciado que defenderán la Constitución y reconocerán a Guaidó como un legítimo presidente interino”.

La referencia fue a Juan Guaidó, un político relativamente desconocido que ha sido elevado a la presidencia de la Asamblea Nacional de Venezuela.

Un miembro del partido de derechas Voluntad Popular, el cual ha sido financiado con decenas de millones de dólares por el Departamento de Estado y el National Endowment for Demoracy (Fondo Nacional para la Democracia) de Estados Unidos, Guaidó ha sido consagrado como el único líder legítimo de Venezuela por parte de regímenes derechistas de América Latina. Se dice que la Casa Blanca de Trump está considerando reconocerlo como presidente de Venezuela.

El propio Guaidó hizo un llamado al ejército venezolano para que interviniera, alegando que la toma de posesión de Maduro para un segundo mandato a principios de este mes fue ilegítima e interfirió con la "cadena de mando" de las fuerzas armadas, pidiendo al ejército "restablecer la democracia".

La oposición de derechas a la que pertenece Guaidó sabe que carece de la amplia base de apoyo político necesaria para expulsar a Maduro por medios políticos y, por lo tanto, apela a los militares. El mando militar ha servido como un pilar principal del llamado "socialismo bolivariano" introducido por el fallecido predecesor de Maduro, Hugo Chávez, un exoficial del ejército que ganó prominencia nacional al liderar su propio golpe abortivo en 1992.

Guaidó y la Asamblea Nacional convocaron una manifestación masiva el miércoles en Caracas para exigir la caída de Maduro. Mientras tanto, el gobernante PSUV (Partido Socialista Unido de Venezuela) convocó su propia manifestación para el mismo día, que marca el aniversario del derrocamiento de la dictadura venezolana del general Marcos Pérez Jiménez en 1958.

El argumento de que el segundo mandato de Maduro es ilegítimo se basa en la elección de mayo del año pasado, que fue boicoteada por la mayoría de la oposición de derechas, que sabían que iba a perder. Mientras la votación tuvo una participación muy baja, lo que refleja el disgusto y el odio de los trabajadores venezolanos tanto por el Gobierno como por sus oponentes derechistas, Maduro fue elegido con tres veces más votos que su rival más cercano. Esto representó solo el 28 por ciento de los votantes elegibles de Venezuela, pero aun así es dos puntos más que el 26 por ciento de los votantes elegibles que votaron por Donald Trump en 2016.

Aunque pequeña y aislada, la revuelta militar del lunes fue significativa. Su líder, que se identificó como el sargento Alexander Bandres Figueroa, dijo en un video, “Pediste salir a la calle para defender la Constitución, bueno, aquí estamos. ... Querías que encendiéramos el fusible, así lo hicimos. Necesitamos su apoyo".

Continuó diciendo que su madre se estaba muriendo de cáncer, en un país donde el acceso a la medicina y la atención médica decente está ahora fuera del alcance de la gran mayoría de la población, y que él y sus hombres enfrentan las mismas condiciones que el resto de la población.

Las amotinadas tropas se impusieron a su comandante y luego tomaron dos camiones del ejército y allanaron una estación de policía en el barrio Petare de Caracas, donde tomaron las armas. Luego asumieron un puesto de seguridad en la sección de Cotiza en Caracas, donde emitieron su llamado a una revuelta y luego fueron capturados por las fuerzas de seguridad.

El choque desencadenó protestas en Cotiza, donde los residentes, al oír disparos, salieron a las calles para encontrarse con gases lacrimógenos. Los manifestantes en este vecindario particularmente pobre, que alguna vez hubiera sido una base de apoyo al chavismo, gritaron: "El Gobierno va a caer" y denunciaron el hecho de que el servicio de agua del vecindario había estado cortado durante un año, y que otros servicios básicos estaban siendo constantemente cortados.

La protesta, provocada por el enfrentamiento dentro de las fuerzas de seguridad, fue similar a muchos miles de tales manifestaciones que han tenido lugar en todo Venezuela mientras la clase trabajadora sufre los efectos de la crisis económica del país, las sanciones despiadadas de los EUA y un programa de ajuste por el Gobierno de Maduro que busca colocar la carga total de la crisis sobre las espaldas de los trabajadores, mientras que protege los intereses del capital extranjero y la oligarquía financiera en la propia Venezuela.

El Observatorio Venezolano de Conflictos Sociales (OVCS) emitió su informe anual la semana pasada, registrando 12.700 protestas en 2018, un promedio de 35 por día, en Venezuela. Las cifras representaron un aumento del 35 por ciento con respecto a 2017, cuando la oposición de derecha organizó protestas para derrocar al Gobierno de Maduro. La mayor parte de las protestas del año pasado no fueron dirigidas por la oposición, sino por la clase trabajadora y los pobres en respuesta al deterioro agudo de las condiciones sociales.

Ante las amenazas de los militares, de las que depende su Gobierno, las sanciones y la creciente presión de Washington y sus aliados latinoamericanos de derechas, por una parte, y la amenaza de agitación social de la clase obrera en Venezuela, por otro lado, el presidente Maduro ha dirigido un llamado a Donald Trump para llegar a algún tipo de compromiso.

Maduro utilizó una entrevista con un reportero para entregar el mensaje, que apeló a Trump para un "diálogo franco, directo, cara a cara". Tal reunión, insistió, le mostraría a Trump que "somos de verdad y somos gente con la que puede hablar, negociar, entender y acordar".

Esta súplica patética al imperialismo solo subraya el carácter de clase del Gobierno de Maduro, que, a pesar de su retórica "bolivariana" y "socialista del siglo veintiuno", es un régimen capitalista que defiende despiadadamente la propiedad privada y los intereses lucrativos de la élite financiera, los oficiales de Gobierno corruptos y los comandantes militares, quienes forman su base de apoyo más importantes.

Su efecto, sin duda, será alimentar el impulso de Washington para el cambio de régimen, el cual está ligado a la determinación del imperialismo estadounidense de ejercer un dominio irrestricto sobre las reservas de petróleo en Venezuela, la más grande del planeta, y para contrarrestar la influencia de Rusia y China, que han establecido vínculos económicos y políticos con el Gobierno de Maduro.

La única forma de salir de la crisis desesperada de Venezuela radica en la movilización independiente de la clase obrera venezolana en oposición al Gobierno, al PSUV gobernante y a sus secuaces sindicales, así como a la oposición de derecha, cuyo ascenso al poder a través de un golpe militar sería la señal para un baño de sangre contra los trabajadores del país y las masas empobrecidas.

(Artículo publicado originalmente en inglés el 22 de enero de 2019)