Alemania y la UE apoyan el golpe de Estado en Venezuela urdido por Estados Unidos

por Peter Schwarz
31 enero 2019

Los gobiernos de Alemania, Francia, España, Reino Unido y los Países Bajos, asícomo la comisionada de Asuntos Exteriores de la Unión Europea, FedericaMogherini, le dieron al presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, un ultimátum elsábado: o convoca “elecciones libres, transparentes y democráticas” en un plazo deocho días, o Juan Guaidó, quien se nombró a sí mismo jefe de Estado la semanapasada con el respaldo de Washington, será reconocido como el nuevo presidente.

Maduro rechazó esta demanda de inmediato, mientras que Guaidó dio la bienvenida ala “dura” respuesta de la UE. Fue “muy positivo, muy productivo para Venezuela”,dijo. La línea de “presión” tomada por Europa era correcta, dijo a sus seguidores enCaracas y volvió a apelar a los militares para que abandonaran a Maduro y loapoyaran a él.

La amenaza contra Maduro expone la mentira de que Berlín y Bruselas, a diferenciade Washington, persiguen una política exterior comprometida con el multilateralismo,la democracia y la paz. No solo los demócratacristianos y socialdemócratas quegobiernan, sino también los verdes y el partido La Izquierda apoyan el regreso deAlemania a la política de gran potencia y al militarismo.

Es la segunda vez en cinco años que Berlín y Bruselas apoyan un golpe de derechaque lleva la marca registrada “made in the USA” [hecho en Estados Unidos]. En2014, participaron activamente en el derrocamiento del presidente ucraniano, ViktorYanukovich, quien fue reemplazado por el oligarca prooccidental Petro Poroshenko.

El entonces ministro de Relaciones Exteriores, Frank-Walter Steinmeier, quien ahoraes el presidente federal, viajó personalmente a Kiev para negociar la transferencia delpoder y se reunió con Oleh Tyahnybok, el líder del partido ultraderechista Svoboda, que sigue la tradición de los colaboradores de los nazis de la Segunda GuerraMundial. La subsecretaria de Estado de los Estados Unidos, Victoria Nuland, se jactóde que Washington había gastado $5 mil millones para financiar la operación decambio de régimen en Kiev. Los medios de comunicación alemanes hablaron de una“revolución democrática”, a pesar de que había quedado claro que la milicia armadaque lideraba las protestas del Maidan en Kiev fue reclutada entre neonazis.

Las consecuencias de este golpe fueron devastadoras. Como era previsible, la toma del poder por parte de un régimen ultranacionalista en Kiev provocó una reacción violenta entre los habitantes de lengua rusa concentrados en el este de Ucrania, que se estima entre el 30 y el 50 por ciento de la población. Rusia no estaba dispuesta a aceptar el establecimiento de un régimen pro-OTAN en su frontera inmediata y la pérdida de su base naval en Crimea, y apoyó a las fuerzas anti-Kiev. Para la OTAN, el golpe sirvió como excusa para estacionar tropas en Polonia y los Estados bálticos. El peligro de que Europa se convirtiera en un campo de batalla nuclear en una Tercera Guerra Mundial se intensificó enormemente.

El apoyo al golpe en Caracas no es menos reaccionario y sus consecuencias no serán menos catastróficas. Las palabras de la canciller Angela Merkel y del presidente Emmanuel Macron de que el pueblo venezolano puede “decidir libremente sobre su futuro” son un fraude transparente.

Juan Guaidó es un títere de los Estados Unidos, y ni Washington ni Guaidó se molestan en ocultarlo. Incluso el conservador Frankfurter Allgemeine Zeitung admite este hecho en una rara muestra de franqueza. “Los eventos precipitados en la capital venezolana no sorprendieron a los expertos de política exterior en Washington”, informó el lunes.

El vicepresidente Mike Pence apoyó públicamente las protestas contra Maduro en un mensaje de vídeo. Pence había llamado a Guaidó la noche anterior a que se proclamara presidente y le prometió el apoyo de los Estados Unidos, lo cual procedió a declarar el gobierno de Trump, con el pleno respaldo de los demócratas. Washington ha impuesto sanciones al régimen de Maduro y a la compañía petrolera estatal y está amenazando una intervención militar.

Durante semanas, el Frankfurter Allgemeine Zeitung escribió, citando al Wall Street Journal, “ha habido conversaciones confidenciales con la oposición en Caracas, con aliados en la región y con líderes de política exterior en el Congreso”. La idea de reconocer a Guaidó como presidente de Venezuela fue impulsada con particular fuerza por el asesor de seguridad nacional de Donald Trump, John Bolton, quien se encuentra entre los más fieros belicistas antiiraníes en el establishment de la política exterior.

Associated Press también informó de que la coalición contra Maduro había sido creada en semanas de conversaciones secretas. Guaidó había viajado en secreto a Washington y había visitado al presidente brasileño, el ultraderechista Jair Bolsonaro. Hubo muchas reuniones largas “con mensajes de texto encriptados”. Cuando se tomó la decisión del golpe, los conspiradores eligieron a Guaidó para encabezarlo. “Los representantes más moderados se dejaron en la oscuridad”.

La población venezolana no puede esperar libertad ni democracia de un conspirador de extrema derecha. Guaidó sigue la tradición de aquellas élites latinoamericanas que han defendido repetidamente su riqueza y poder con la ayuda de las dictaduras respaldadas por Estados Unidos que masacraron a decenas de miles.

Es significativo que la administración de Trump haya encargado a Elliott Abrams la supervisión de la “transición a la democracia” en Venezuela. Abrams fue uno de los partidarios más destacados de los escuadrones de la muerte centroamericanos en la década de 1980, responsable de devastar a países enteros. En el transcurso del escándalo Irán-Contra en la década de 1980, que se refería a la financiación secreta por parte de la Casa Blanca a los escuadrones de la muerte en Nicaragua, Abrams fue condenado por perjurio.

Berlín y Bruselas respaldan el golpe de Estado venezolano porque persiguen sus propios intereses imperialistas en América Latina, no menos criminal y despiadadamente que Washington. Una vez más, el Frankfurter Allgemeine es notablemente sincero. Bajo el titular “La riqueza de Venezuela”, escribe, “Por supuesto, se trata del petróleo en Venezuela. El país tiene las reservas probadas más grandes del mundo. China, Rusia, Estados Unidos y toda la industria petrolera están mirando ansiosamente a Venezuela”.

El artículo luego trata de relativizar esta afirmación, citando la catastrófica situación económica y social del país, que había provocado protestas masivas contra Maduro. En Guaidó, los venezolanos habían encontrado “una nueva esperanza”, dijo el periódico.

En realidad, Guaidó es la “nueva esperanza”, como dice el Frankfurter Allgemeine Zeitung, de “toda la industria petrolera”, incluida la europea, que quiere explotar las riquezas del país sin obstáculos. Alemania y la UE están preocupados por sus propios mercados de ventas, sus inversiones y sus fuentes de materias primas en América Latina, con sus 500 millones de habitantes. Desde la formulación de la Doctrina Monroe hace 200 años, Washington ha estado considerando a América Latina como su “patio trasero”, pero más recientemente, Rusia y especialmente China han emergido como grandes competidores.

El golpe en Venezuela es parte de una ofensiva global de la clase dominante contra laclase trabajadora por medios cada vez más explícitamente autoritarios y dictatorialespara defender su riqueza. También es parte de una lucha global entre las principalespotencias por los mercados, los recursos y los intereses estratégicos, queinevitablemente acabará en una guerra mundial si la clase obrera no detiene a losbelicistas a tiempo.

(Publicado originalmente en inglés el 30 de enero de 2019)