Protestas masivas estallan en Hong Kong

11 junio 2019

Una manifestación y marcha de masas por las calles de Hong Kong ayer, en oposición a los planes de cambiar la ley de extradición, es una señal clara de una radicalización política de secciones amplias de la población decididas a defender los derechos democráticos básicos.

Las modificaciones propuestas a la Orden-ley de fugitivos expanden los acuerdos de extradición actuales con China. Esto provocó generó gran preocupación de que el régimen de Beijing utilice las disposiciones de la legislación para que los oponentes políticos y disidentes religiosos o cualquiera percibido como una amenaza, sea enviado a China continental bajo cargos fraudulentos para ser enjuiciado y encarcelado.

Según los organizadores, más de un millón de personas participaron en la protesta de ayer—casi una sétima parte de la población total de Hong Kong de 7,4 millones. Los carteles de los manifestantes decían, “¡No a la extradición a China!” y “¡Dimisión Carrie Lam!”, refiriéndose a la jefa ejecutiva de Hong Kong y la responsable de la legislación.

Manifestantes en Hong Kong (crédito: Denise Ho, Twitter)

Las vastas multitudes incluían una amplia gama de organizaciones estudiantiles, trabajadores migrantes del sur de China, partidos políticos, grupos religiosos y organizaciones sin fines de lucro, así como miles y miles de individuos preocupados. Al menos 90 por ciento de las tiendas cerraron sus puertas para que sus empleados participaran.

Los manifestantes cantaron “¡Abran las calles!”, conforme pasaban por las barricadas policiales alrededor del edificio legislativo de Hong Kong, donde el proyecto de ley será discutido nuevamente el miércoles. Cinco horas después de que la marcha comenzara, el complejo del Consejo Legislativo todavía estaba rodeado, según los organizadores anunciaban que habrá más protestas. En las primeras horas del lunes, la policía antidisturbios utilizó porras y espray de pimienta para dispersar violentamente a los manifestantes que permanecían ahí.

Hubo protestas más pequeñas en 29 ciudades del mundo, incluyendo Nueva York, San Francisco, Sídney, Tokio, Toronto, y Taipéi, exigiendo la eliminación de la legislación. “Estoy aquí porque temo que me puedan extraditar a China continental por crímenes que no cometí”, le dijo Henry Lee, un hongkonés que vive en Melbourne, Australia, al South China Morning Post .

La manifestación masiva de ayer es la más reciente de una serie de manifestaciones cada vez mayores desde que la ley de extradición fue debatida por primera vez en febrero, a pesar de garantías expresadas por Lam de que los disidentes políticos y religiosos no estaban en riesgo y que la independencia de las cortes de Hong Kong no estaba en juego. Los temores han crecido según el ejecutivo busca imponer enmiendas a través del Consejo Legislativo esquivando cualquier escrutinio de los comités. Las tensiones estallaron en confrontamientos físicos entre los legisladores en torno a estos procedimientos antidemocráticos.

La vigilia anual en Hong Kong del 4 de junio para conmemorar la masacre de la plaza de Tiananmen vio un número récord de 180.000 personas que colmaron todas las seis canchas de fútbol y las áreas vecinas del parque Victoria de la ciudad. No fueron solo a manifestar su oposición a la represión militar barbárica de Beijing hace 30 años, sino también por preocupación por la ley de extradición. No cabe duda de que la protesta incluyó a aquellos que escaparon a Hong Kong en 1989 y que temen ser arrestados y devueltos.

Reino Unido devolvió su excolonia a China en 1997 con base en que Hong Kong sería una Región Administrativa Especial, con un grado sustancial de autonomía bajo su Ley básica. La política de Beijing de “Un país, dos sistemas” mantuvo relaciones de propiedad capitalistas en Hong Kong que sirvieron una función crítica para el Partido Comunista Chino (PCCh) cuando aceleraba la restauración capitalista en el continente. Las corporaciones extranjeras y, sin duda, las empresas chinas, colocaron sus sedes centrales en Hong Kong, donde sus operaciones en China se veían sólidamente garantizadas por su antigua ley comercial.

A pesar de afirmar de que respeta la autonomía de Hong Kong, el régimen del PCCh ha buscado repetidamente coartar los derechos democráticos a fin de suprimir la oposición política a sus puertas. En 2003, medio millón de personas marcharon en Hong Kong para protestar la Ley de seguridad nacional que habría extendido efectivamente las medidas policiales-estatales de China a la ciudad. El proyecto de ley fue archivado indefinidamente.

En 2014, hubo protestas masivas contra los planes de Beijing de mantener un control estricto sobre la selección del jefe ejecutivo de Hong Kong, quien ejerce amplios poderes en la administración de la ciudad. Mientras que los oponentes liberales burgueses como el fundador del Partido Demócrata, Martin Lee, estaban preparados para un compromiso, los grupos estudiantiles tomaron las calles para exigir elecciones libres y abiertas, desatando ocupaciones de calles que duraron semanas, hasta que se disolvieran y fueran suprimidas por la policía. Beijing no realizó ningún cambio a su filtró altamente restrictivo de candidatos para el puesto de jefe ejecutivo.

Si han de continuar las protestas en marcha contra la legislación de extradición, se deben extraer lecciones de las experiencias pasadas. La principal de ellas es la perspectiva política por la cual hay que luchar.

El fracaso del movimiento de 2014 Occupy o la “Revolución de los Paraguas” no fue el resultado de una falta de determinación o valentía de sus participantes jóvenes. Por el contrario, se derivó del hecho de que sus líderes de la Federación de Estudiantes de Hong Kong y Scholarism —pese a ser más militantes en sus tácticas y más directos en sus demandas— no tenían una alternativa política a los liberales conservadores como Martin Lee.

Una vez más, las figuras del Partido Demócrata como Lee son prominentes en las protestas en marcha contra la ley de extradición. Están alineados con secciones de la élite corporativa de Hong Kong que se han opuesto a la legislación por temor a que socave las cortes y la atracción de Hong Kong como base para inversiones en China.

Lee y sus aliados también están promoviendo la ilusión peligrosa de que Estados Unidos puede ser un aliado en la lucha por los derechos democráticos en Hong Kong. El mes pasado, Lee encabezó una delegación a Washington que se reunió, entre otros oficiales, con el secretario de Estado de EUA, Mike Pompeo, así como con la comisión legislativa-ejecutiva de EUA sobre China. El Gobierno de Trump no tiene ni una pizca de interés en los “derechos humanos” en Hong Kong, ni en ninguna otra parte, sino que busca explotar el movimiento como parte de su confrontamiento escalonado y su campaña belicista contra Beijing

Hong Kong es una de las ciudades más polarizadas socialmente en el mundo y se está volviendo cada vez más desigual cada año. La economía es dominada por un puñado de milmillonarios, mientras que la mayoría de la población tiene dificultades para mantener un techo sobre sus cabezas, con muchos viéndose obligados a vivir en viviendas improvisadas conocidas como las “casas jaulas”.

La lucha por los derechos democráticos en Hong Kong debe basarse en la clase obrera y vincularse con las luchas más amplias contra la austeridad y los derechos sociales básicos como empleos y salarios decentes. Esto significa una lucha política basada en un programa socialista contra la dominación de las protestas actuales por parte de figuras como Lee y otros defensores del capitalismo, quienes son orgánicamente hostiles a cualquier movilización de la clase obrera.

También significa un rechazo a todos los que basan su oposición a las leyes de extradición en el localismo hongkonés y que no solo promueven hostilidad hacia el régimen del PCCh, sino hacia todos los chinos continentales. La lucha por los derechos democráticos en Hong Kong avanzará solo en la medida en que gire y apoye las luchas de los trabajadores chinos por sus derechos democráticos y sociales.

Ante todo, debe construirse una dirección revolucionaria en la clase obrera basada en las lecciones históricas de la lucha prolongada del movimiento trotskista por el internacionalismo socialista y en contra del estalinismo en todas sus formas, incluyendo el maoísmo, el cual es responsable del régimen policial-estatal en Beijing. Esta es la perspectiva por la que lucha el Comité Internacional de la Cuarta Internacional.

(Artículo publicado originalmente en inglés el 10 de junio de 2019)

Peter Symonds