Estalla el escándalo por la exposición de Público de la compicidad del Estado en el atentado de Barcelona

Segunda parte: El diario barcelonés La Vanguardia intenta desacreditar a Público

por Alejandro López
12 septiembre 2019

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Después de que el informe de Público revelara el conocimiento previo de la inteligencia acerca de los atentados terroristas de Barcelona, el diario barcelonés La Vanguardia intervino para atacar a Público. Contradiciendo directamente los documentos revelados por Público, argumentó que ni el Centro Nacional de Inteligencia (CNI) ni la policía estaban al tanto de los movimientos de los terroristas antes de los atentados de agosto de 2017, y que los teléfonos nunca habían sido intervenidos.

Los cuatro artículos llevan la marca distintiva de una operación de control de daños que puso en su mira el informe de Público por parte de la burguesía catalana, trabajando con el CNI y la maquinaria estatal de Madrid. Los principales medios y los políticos los han usado para atacar a Público y al autor de los informes de Público, Carlos Enrique Bayo, y apoyar la versión oficial que se está desintegrando rápidamente de que los atacantes volaban fuera del radar, y que pillaron a las agencias europeas de inteligencia totalmente por sorpresa cuando atentaron.

Los cuatro artículos de La Vanguardia se basan en un informe filtrado a La Vanguardia por la policía catalana, los Mossos d’Esquadra, y fechado un año después de los atentados, el 11 de octubre de 2018. Según la versión de La Vanguardia, los Mossos más tarde recuperaron 13 números de teléfono utilizados por los terroristas el día del atentado, permitiéndoles reconstruir los acontecimientos. Alega que uno de los teléfonos contenía información que les permitía a los investigadores trazar las acciones anteriores de los atacantes.

La Vanguardia afirma además que más información, incluyendo un viaje a París por parte de los atacantes, también fueron reconstruidos después de los hechos tomando recibos, tickets de aparcamientos y peajes, y extractos bancarios, con la ayuda de la inteligencia española y la francesa.

También afirma que el expediente de Es-Satty “nunca desapareció ni fue borrado de las bases de datos de las fuerzas de seguridad”, aparentemente contradiciendo la aseveración de Público de que el CNI intentó borrarlo, presumiblemente para esconder el hecho bien establecido de que Es-Satty era un informante del CNI. La Vanguardia afirma que la fuente de esas “especulaciones” eran los Mossos, que informaron por error el mismo día de los atentados que Es-Satty “no tiene arrestos registrados de ninguna fuerza policial”.

Los artículos de La Vanguardia son en buena medida una maniobra distractiva, en tanto que los diferentes documentos que citan de los Mossos no afectan la credibilidad de los documentos del CNI sobre los que Bayo basó el informe de Público. Esto muestra claramente que el CNI estaba monitorizando intensamente la célula terrorista, por más que los Mossos hayan estado haciendo otros trabajos después del atentado para investigar los movimientos de los miembros de la célula. Bayo llamó al artículo de La Vanguardia una “filtración de documentos bien planificada”, y parte de una “campaña para desacreditar” a Público en general y su propio informe en particular.

Uno de los hechos clave es que el CNI sabía los números de las tarjetas SIM francesas que compraron en París los miembros de la célula terrorista con identidades falsas unos pocos días antes de los atentados de Barcelona.

Tanto La Vanguardia como Público, usando fuentes diferentes, citan los mismos números de teléfono asignados a dos de los jóvenes atacantes. Bayo escribe, “Debemos insistir en que sin vigilancia previa es imposible saber dos nombres de las identidades falsas entre las miles de tarjetas SIM de prepago que se compran cada día en París, ni relacionar esos dos números con los dos terroristas después solo a causa de su geolocalización … ni descubrir a qué hora y dónde fueron activados”. La Vanguardia nunca refuta otra prueba clave que reveló Público. El informe del CNI filtrado por Público informa de que uno de los atacantes “no termina sus frases para no revelar detalles específicos de sus actividades”. Tal afirmación revela que los atacantes estaban siendo monitorizados, y no que los detalles de su viaje fueran reconstruidos en base a extractos bancarios y recibos de cabinas de peajes.

La Vanguardia también afirma que el CNI nunca borró el expediente de Es-Satty o que su expediente nunca fue escondido a la policía regional catalana. La Vanguardia brindó una larga explicación afirmando que los Mossos no consultaron la Base de Datos Nacional de criminales, donde habrían encontrado los antecedentes de Es-Satty, porque ellos solo buscaron en los archivos locales catalanes, que no tenían referencias al imán de Ripoll. Esta, explica La Vanguardia, es la razón por la cual cuando la policía belga les preguntó a los Mossos por Es-Satty a principios de 2016, ellos dijeron que no tenían información previa sobre él.

Público, sin embargo, muestra que el haber escondido las condenas de Es-Satty sucedió dos años atrás, antes del atentado, cuando intentaba llegar a ser imán de Ripoll. El procedimiento normal habría implicado comprobar sus antecedentes. Como dice Bayo, citando una fuente policial, “los imanes con estos antecedentes policiales son muchos en España, y los monitorizamos a todos ellos”. La fuente de Público se estaba refiriendo al hecho de que Es-Satty tenía dos condenas de cárcel, una de ellas por tráfico de drogas, así como una historia de relaciones con yihadistas antes y durante su encarcelamiento. Sin embargo, a la comunidad musulmana de Ripoll se le dio un curriculum vitae limpio de Es-Satty, manipulado por el CNI.

Bayo también muestra cómo la afirmación de La Vanguardia basada en un informe de la Guardia Civil de que se radicalizó en la cárcel plantea la pregunta de por qué la policía no informó a las autoridades locales. Tanto la Guardia Civil como la Policía Nacional tenían la información, y la Policía Nacional llegó incluso a visitar la mezquita de Ripoll dos veces mientras Es-Satty estaba predicando allí.

Es más, si, como afirma La Vanguardia, la base de datos de la Guardia Civil siempre tenía “la información y esta nunca fue borrada”, esto plantea la pregunta: si sabían de sus antecedentes y fueron dos veces a visitarlo a Ripoll antes de los atentados, ¿por qué no advirtieron a los musulmanes locales acerca de los antecedentes de su predicador? Como dice Bayo, “Para exonerar al CNI, [La Vanguardia] está dejando a las fuerzas de seguridad del Estado muy mal paradas”.

Bayo concluye citando sus fuentes del CNI, que dicen que para que Es-Satty llegara a ser imán en Ripoll, “no podía haber huellas de su larga historia de relaciones demostradas con grupos yihadistas. Por lo tanto, los antecedentes policiales fueron escondidos por si acaso la comunidad musulmana solicitara que se revisara su pasado”. Eso no significa que los antecedentes criminales y policiales fueran completamente eliminados, lo cual, según Bayo y sus fuentes de inteligencia, sería imposible, pero se la escondieron a la policía catalana en el momento para proteger a Es-Satty, el informante del CNI.

La Vanguardia también es incapaz de tratar seriamente con el material fáctico filtrado y analizado por Público, tal como la manera cómo el CNI trabajó para evitar la expulsión de Es-Satty y hacer que lo nombraran imán de Ripoll. Tampoco explica el diario cómo podía desplazarse por Europa para reunirse con células yihadistas y adoctrinar a su propia célula, que se movía sin parar de un extremo de Cataluña al otro mientras acumulaba un gran acervo de explosivos, al tiempo que Es-Satty daba sermones yihadistas en Ripoll.

Aparentemente los lectores deberían creer que a pesar de la intensa vigilancia y la admisión del propio CNI de que Es-Satty era informante suyo, él fue capaz de preparar los ataques totalmente sin ser detectado. La Vanguardia omite asimismo otras pruebas preexistentes de conocimiento previo del atentado por parte del Estado: la inteligencia francesa admitió que siguieron a los terroristas antes del atentado, y una empresa de seguridad cercana a las agencias de inteligencia estadounidenses había enviado una notificación de “alerta roja” sobre la célula a Madrid antes de los atentados.

Es decir que, en vez de analizar y recrear los acontecimientos que llevaron a los atentados de manera objetiva, tratar con todo lo que se sabe de diferentes fuerzas implicadas en los atentados, hizo una presentación unilateral que encubre el conocimiento previo y la complicidad del CNI en el atentado.

(Publicado originalmente en inglés el 11 de septiembre de 2019)