Estados Unidos detiene a un número récord de niños migrantes en la frontera suroeste

por Meenakshi Jagadeesan
1 noviembre 2019

Nuevas cifras publicadas esta semana por el Departamento de Seguridad Nacional (DHS, siglas en inglés) revelan que Estados Unidos ha detenido a un número récord de 76.052 menores no acompañados intentando cruzar la frontera suroeste en el año fiscal 2019.

Según la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza (CBP), este es un aumento del 52 por ciento con respecto al año pasado y también un número mayor que los detenidos por la Administración de Obama en el pico de la "crisis de menores no acompañados" hace cinco años.

El DHS también informó que el número total de personas en unidades familiares detenidas en la frontera fue de 473.682, lo que representa un sorprendente aumento del 342 por ciento respecto al año anterior. En total, CBP ha arrestado a más de 851.000 personas intentando cruzar la frontera. Este es un máximo de 12 años, y más del doble del total del año anterior.

Hablando en una conferencia de prensa organizada frente a la barrera de acero y concreto que separa El Paso, Texas, de Ciudad Juárez, México, el comisionado interino de CBP Mark Morgan declaró que los arrestos totales en la frontera "son números que ningún sistema de inmigración en el mundo puede manejar, ni siquiera Estados Unidos". Criticando al Congreso por estar "de brazos cruzados", Morgan, en tonos descritos por el Washington Post como "a veces desafiantes, a veces casi de celebración", se jactó del éxito de las iniciativas de la Administración Trump para cerrar "agujeros" en el sistema.

Estas iniciativas incluyen separaciones familiares, detenciones, negación de asilo, deportaciones aceleradas y una mayor presión hacia los países vecinos para proporcionar refugio a los migrantes.

Estados Unidos ya tiene un experimental "Programa de Protección de Migrantes", también conocido como "Permanecer en México", que ha obligado a miles de migrantes a regresar a México, mientras que sus casos se llevan a cabo en los Estados Unidos.

El Gobierno planea firmar un acuerdo de un tercer país seguro con Guatemala, que se comprometerá a proporcionar "protección humanitaria" a los refugiados de Honduras y El Salvador antes de que puedan llegar a los Estados Unidos. Dadas las condiciones socioeconómicas y políticas prevalecientes en estos estados, la noción de un tercer país "seguro" no es nada menos que una horrible burla de las leyes relativas a la protección de los refugiados.

Morgan reiteró las mentiras habituales sobre el aumento de la migración como una ofensiva calculada de los carteles mexicanos de drogas, y exigió medidas legislativas que dificultarían aún más la solicitud de asilo de los migrantes y eliminarían las protecciones legales existentes permitiendo que ellos y sus familias puedan permanecer detenidos por más tiempo.

Estos números de detenciones que se disparan son una condena severa de las políticas de inmigración fundamentalmente inhumanas y punitivas de la Administración de Trump. Los inmigrantes, la mayoría de los cuales son de América Central, son niños y jóvenes de clase trabajadora que buscan desesperadamente escapar de la pobreza, la violencia y, en muchos casos, muertes seguras.

Estas condiciones son en sí el producto de décadas de injerencia de los Estados Unidos en la región, ya sea en la forma de apoyar golpes de Estado, proporcionarles ayuda militar a dictadores o usarla como base para futuras intervenciones en Sudamérica. Criminalizar a las víctimas de estas intervenciones e institucionalizar una serie de políticas que las deshumanizan, como lo ha hecho la Administración de Trump, sirve principalmente para agravar la miseria humana.

En su informe sobre las detenciones, el New York Times realizó entrevistas con varios menores que formaban parte de grupos detenidos en México mientras intentaban cruzar la frontera. En conjunto, las historias que surgen presentan una imagen desgarradora de desesperación, coraje y la determinación de buscar una vida mejor a pesar de todos los escollos potenciales en el camino.

Marvel, un niño hondureño de 16 años, se vio obligado a huir de su ciudad natal, Olancho, cuando una pandilla local amenazó con matarlo a él y a su familia si no se unía a ellos. Su hermano mayor ya había sido asesinado por no unirse a la pandilla, y en un intento desesperado por salvar la vida de al menos uno de sus hijos, sus padres le dieron $40 y le dijeron que huyera hacia el norte.

Pidiendo viajes solo, durmiendo en iglesias o debajo de árboles, reuniendo información crucial de otros migrantes sobre lugares que hay que evitar, dónde encontrar refugio y comida, Marvel se abrió paso lentamente a través de Honduras y Guatemala. En un momento particular, después de caminar durante varias semanas en Guatemala, se encontró con una acumulación de tumbas al borde de la carretera, el lugar de descanso final de los migrantes que habían intentado el mismo viaje. A pesar del "miedo [que] subió por su columna vertebral", Marvel siguió caminando. Como le dijo al reportero, “Rendirse no era una opción. Limpias tus lágrimas y sigues”.

La historia de Marvel no es única. El miedo y el hambre son compañeros constantes de los jóvenes que intentan cruzar la frontera sin siquiera el mínimo apoyo brindado por una familia que viaja junta. A merced de la buena voluntad de los extraños, se enfrentan a la posibilidad de violencia brutal, agresión sexual y falta de comida y agua.

Un adolescente, Wilson, habló sobre rebuscar entre mangos podridos descartados por los vendedores de frutas para comer, mientras que otro, Mario Lionel, describió tomar agua de los baches en el camino. Otros describen buscar en la basura y los escombros cualquier cosa comestible.

Algunos de los jóvenes entrevistados por el New York Times les dijeron a los periodistas que habían decidido quedarse y buscar asilo en México. Según la ley mexicana, se supone que los menores detenidos deben ser puestos en libertad inmediatamente bajo la custodia de los Servicios Nacionales de Protección Infantil, que luego los colocan en refugios. Sin embargo, el Gobierno mexicano de Andrés Manuel López Obrador, bajo presión de la Administración de Trump, detuvo a más de 40.e500 menores en el último año. Estos niños, argumentan los defensores de los migrantes, han permanecido en centros de detención durante demasiado tiempo, y muchos de ellos son empujados rápidamente a través del proceso de deportación.

Para aquellos que de alguna manera llegan a la frontera de Estados Unidos, las condiciones, si acaso, son aún peores. La ley estadounidense dicta que los menores no pueden ser detenidos más allá de cierto punto, y deben ser entregados a los patrocinadores mientras se considera su caso de asilo. Sin embargo, las políticas de inmigración punitivas de la Administración de Trump han significado que menos patrocinadores se presenten debido a su propio estado migratorio inestable y la amenaza potencial de deportaciones. El resultado es la creación de una extensa red de campos de detención, en la que se encuentran menores no acompañados, a menudo en condiciones horribles.

En agosto pasado, en un caso que sería absurdo si no fuera tan trágico, el Tribunal de Apelaciones del Noveno Circuito dictaminó que los menores detenidos deben recibir alimentos comestibles, agua limpia y artículos básicos de higiene como pasta de dientes y jabón.

El caso se presentó en la corte de apelaciones porque el Gobierno federal impugnó un fallo de un tribunal inferior que determinó que el Gobierno violaba el acuerdo Flores de 1997. Entre otras cosas, el acuerdo establece que se brinden "condiciones sanitarias y seguras" para los menores detenidos.

En el fallo de 2017, la jueza Dolly Gee descubrió que el Gobierno de los EE. UU. mantenía a menores en celdas frías y sobrepobladas que los privaban del sueño, mientras les negaba el acceso a alimentos, agua e higiene básica. En su respuesta, los abogados del Gobierno trataron de argumentar que el acuerdo Flores no especificaba arreglos particulares para dormir o productos de higiene y, por lo tanto, no era necesario proporcionar jabón o pasta de dientes.

Dejando a un lado lo absurdo de los representantes del país más rico del mundo que regatean si tienen la obligación legal de proporcionar "alimentos comestibles" o artículos de higiene básicos a los niños supuestamente bajo su cuidado, este caso expone la fealdad del sistema de detención, y, en términos más generales, el edificio antiinmigrante inhumano que se ha construido bajo las Administraciones de Obama y Trump.

(Publicado originalmente en inglés el 31 de octubre de 2019)