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La lucha en India contra la reacción comunal es la lucha por el socialismo

India se ha visto estremecida por una ola expansiva de protestas de masas después de que el Gobierno del Partido Bharatiya Janata (BJP) del primer ministro Narendra Modi aprobara a la fuerza la Ley de Enmienda a la Ciudadanía (CAA) antimusulmán a través del Parlamento el 12 de diciembre.

La CAA convierte la religión en un criterio para determinar la ciudadanía por primera vez en la historia de India desde su independencia. Es un importante paso hacia el objetivo central del BJP y su mentor ideológico —el movimiento fascistizante y misterioso RSS— para transformar India en un rashtra o Estado hindú en que la minoría musulmana es “tolerada”, pero solo en la medida en que acepte la supremacía hindú.

Manifestantes indios hacen cánticos contra la Ley de Enmienda de la Ciudadanía en Nalbari, India, el viernes 20 de diciembre de 2019 (AP Photo/Anupam Nath)

Los estudiantes y jóvenes musulmanes han encabezado las protestas anti-CAA, pero han atravesado toda división religiosa, sectaria, étnica y de casta, alcanzando todo rincón de India.

Las manifestaciones contra la ley de ciudadanía se producen después de una ola de huelgas en India y Sri Lanka que son parte de un resurgimiento global de la lucha de clases que ha incluido América, Europa, Asia y África.

El perturbado Gobierno del BJP respondió a las protestas anti-CAA con una represión masiva. Al menos seis personas murieron en los enfrentamientos con las fuerzas de seguridad en el norte de India. En gran parte del país, incluyendo toda Uttar Pradesh (población 230 millones) y Karnataka (65 millones) y partes de la capital nacional de Delhi, el Gobierno ha aplicado la sección 144 del Código Criminal que hace ilegal toda reunión de cuatro o más personas. Decenas de millones han sido privados de acceso al internet y, en algunos casos, a telefonía celular.

Bajo el CAA, todas las personas, excepto los musulmanes, que migraron a India de Afganistán, Pakistán y Bangladesh antes de 2015 recibirán en efecto una ciudadanía. Esta es una preparación para un esquema comunal incluso más siniestro: obligar a que todos los 1,3 mil millones de habitantes de India prueben que son elegibles para la ciudadanía india.

La aprobación de la CAA deja en claro que el único propósito del Registro Nacional de Ciudadanos (NRC) instituido por el BJP es intimidar, hostigar y victimizar a los musulmanes porque ellos, y solo ellos, serán sometidos a la amenaza de ser declarados “sin Estado”, perdiendo todos los derechos de la ciudadanía y ser objeto de detenciones y expulsión.

La CAA y el NRC son solo las últimas provocaciones de muchas más durante el Gobierno del BJP.

El 5 de agosto, canceló ilegalmente el estatus semiautónomo del único Estado de mayoría musulmana en India, Jammu y Cachemira, colocando la región bajo control permanente del Gobierno central. El golpe constitucional ha sido aplicado por medio de decenas de miles de fuerzas de seguridad adicionales, la detención sin cargos de miles y una suspensión de los servicios de celular e internet de varios meses.

Doblegándose a las demandas del Gobierno de Modi y el RSS, la Corte Suprema falló el mes pasado que se debe construir un templo hindú donde estaba la mezquita Babri Masjid en Ayodhya, la cual fue demolida por fanáticos hindúes en 1992 instigados por líderes del BJP.

Entre las masas de obreros, estudiantes y profesionales en India, tanto musulmanes como hindúes, existe una gran ira y rechazo hacia lo que la India “secular y democrática” se ha convertido, poniendo de manifiesto su determinación para resistir.

Pero, para prevalecer, deben estar armados con una estrategia internacionalista y socialista. El giro de la burguesía hacia el ultranacionalismo, fascismo y autoritarismo solo puede ser opuesto exitosamente por medio de la movilización política independiente de la clase obrera contra la élite capitalista y todos sus representantes políticos, y en lucha por el poder obrero.

Un fenómeno global

El Gobierno de Modi y su contraofensiva comunalista son el reflejo en India de un fenómeno universal.

Bajo condiciones de aumento en la desigualdad social, las luchas de clases globales y las frenéticas contiendas entre capitalistas por el control de mercados, recursos y ventajas geoestratégicas, la burguesía está girando en todas partes hacia formas autoritarias de gobierno y promoviendo a fuerzas ultraderechistas y fascistas.

Esto es cierto tanto en las “democracias” imperialistas como en los países con un desarrollo capitalista más atrasado como India, Turquía o Brasil.

En Estados Unidos, Trump está avanzando un asalto generalizado contra los derechos democráticos y, con sus llamados al ejército y la policía y denuncias rabiosas del socialismo, procura desarrollar un movimiento fascista.

El presidente francés Emmanuel Macron ha buscado rehabilitar al colaborador nazi durante el régimen de Vichy, el mariscal Pétain, y ha ordenado una y otra vez reprimir violentamente la oposición social para imponer recortes sociales masivos y reavivar el agresivo militarismo francés. En Alemania, las agencias de inteligencia y la élite gobernante han promovido al partido neonazi AfD, haciéndolo la oposición oficial en el Reichstag (Parlamento).

Modi fue elevado al poder por parte de la patrona india en 2014 para reafirmar más agresivamente sus intereses predatorios a nivel mundial y forzar políticas socialmente incendiarias a favor de los inversores.

Durante los primeros seis meses del segundo término del BJP, ha acelerado simultáneamente la agenda supremacista de la derecha hindú y las reformas neoliberales, incluyendo una nueva ola de privatizaciones y recortes masivos a los impuestos corporativos.

Modi y su principal secuaz, el ministro del Interior Amit Shah, están sumamente conscientes de que la tan celebrada India “en auge” es un polvorín social con la mecha encendida. Están atizando el comunalismo antimusulmán para movilizar a su base de apoyo fascista hindú como tropa de choque contra una clase obrera cada vez más intranquila y militante, así como para encarrilar las tensiones sociales generadas por la enorme desigualdad social y el rápido deterioro de la economía detrás de la reacción y una política exterior belicista.

En India y en todo el mundo, es la clase obrera —unida globalmente por la producción capitalista y cada vez más consciente de su carácter internacional— la que conforma la base social por una contraofensiva contra la reacción capitalista, el autoritarismo y la guerra. Pero el inmenso poder social de la clase obrera solo se puede movilizar en la medida en que se organice de manera separada y en oposición a todos los representantes políticos de la burguesía.

El Partido del Congreso, hasta hace poco el oficialismo burgués, y un conjunto de partidos regionalistas y de casta están buscando explotar políticamente y contener la oposición masiva al Gobierno de Modi.

Un papel especialmente condenable y peligroso está siendo asumido por los partidos gemelos estalinistas del Parlamento, el Partido Comunista de India (Marxista) y el Partido Comunista de India (CPI).

Hoy día, así como en 1992 después de la quema de la mezquita Babri Masjid, el pogromo antimusulmán de Gujarat presidido por Modi en 2002, y la llegada al poder de Modi en 2014 contando con el primer Gobierno mayoritario del BJP, los estalinistas atacaron el “fascismo hindú”. Pero lo hicieron solo para encadenar a la clase obrera a los partidos e instituciones de la burguesía y Estado indios.

En nombre de combatir la derecha hindú, los estalinistas han suprimido sistemáticamente la lucha de clases y ayudado a implementar la agenda neoliberal de la burguesía india. Esto se puso de manifiesto en su papel en llevar y mantener en el poder a una serie de Gobiernos derechistas y proestadounidenses, en su mayoría encabezados por el Partido del Congreso entre 1989 y 2008. Más allá, en los estados donde han estado en el poder, como Bengala Occidental, Kerala y Tripura, los estalinistas han implementado lo que ellos mismos describen como políticas “proinversionistas”.

Así como las medidas militaristas y de austeridad de los partidos de la izquierda oficial en los países capitalistas avanzados le abrieron la puerta al crecimiento de la ultraderecha, los estalinistas han fertilizado el terreno político para el crecimiento de la reacción comunal al suprimir políticamente a la clase obrera.

Por ende, después de tres décadas desde que los estalinistas afirmaron que derrotar a la derecha hindú era su principal objetivo y principio guía, Modi y su BJP tienen un poder sin precedentes.

Hoy día, el CPM y CPI están nuevamente llamando a la unidad con el Partido del Congreso de la gran patronal para defender la “democracia y el secularismo”. Sin importar que el Partido del Congreso tenga un historial notorio de ayudar y promover a la derecha hindú. Tan recién como el mes pasado, en una acción apoyada por el CPM, garantizó la llegada al poder de un Gobierno de coalición en Maharashtra, el segundo estado más poblado de India, encabezado por Shiv Sena, un partido supremacista hindú y chauvinista maratti que hasta hace pocas semanas era el aliado más cercano del BJP.

La Revolución Permanente y la lucha contra el comunalismo

Los estalinistas urgen a los trabajadores a que se orienten hacia la Corte Suprema y otras decrépitas instituciones derechistas del Estado capitalista como forma de oponerse a las acciones antidemocráticas e ilegales del régimen de Modi. En realidad, la Corte Suprema ha dado luz verde por décadas a un atropello comunalista y autoritario tras otro.

Los estalinistas justifican sus intentos de encadenar a la clase obrera al Estado indio con la afirmación de que la República de India y sus instituciones son el producto de luchas antiimperialistas de masas que convulsionaron el sur de Asia durante la primera mitad del siglo veinte.

Esa es una mentira. El Estado de Inda fue fundado a raíz de la supresión de las aspiraciones revolucionarias de los trabajadores y explotados del sur de Asia por medio de un acuerdo sórdido con el imperialismo británico y sus clientes burgueses locales. Traicionando su propio programa a favor de una India unida, democrática y secular, el Congreso Nacional Indio colaboró con los administradores coloniales británicos que se iban y la Liga Musulmana para implementar la partición comunal del sur de Asia, entre un Pakistán manifiestamente musulmán y una India predominantemente hindú.

El Partido del Congreso, bajo la dirección de M.K. Gandhi y Jawaharlal Nehru, en representación de la burguesía india, se sentía ansioso por tomar control de la máquina estatal capitalista y colonial británica en condiciones de un resurgimiento de luchas obreras. Eran orgánicamente incapaces de y sentían hostilidad hacia la única manera de contrarrestar las tácticas de dividir y conquistar de los británicos y sus aliados comunalistas hindúes y musulmanes: movilizar a todos los trabajadores y otros explotados hindúes, musulmanes y sijs de todo el sur de Asia con base en llamados a sus intereses de clase comunes en una lucha conta el imperialismo, el latifundismo y la explotación capitalista.

El impacto inmediato de la partición fue una ola masiva de violencia comunal que dejó más de un millón de muertos y desplazó a 20 millones de sus hogares. Pero, más que eso, creó un sistema estatal comunal reaccionario que le ha servido al imperialismo para seguir dominando la región. Ha dado paso a rivalidades reaccionarias interestatales que han engendrado numerosas guerras y amenazan con sumir a la región en un conflicto con armas nucleares entre India y Pakistán. Además, las reaccionarias élites gobernantes del sur de Asia la han utilizado para incitar comunalismo y dividir a las masas.

Setenta y dos años después, el derrumbe final del Estado nominalmente secular y supuestamente no comunalista que emergió de la independencia india es otra muestra negativa sobre la urgencia de que los trabajadores de India adopten como eje de su lucha la estrategia de la Revolución Permanente que impulsó la Revolución de octubre de 1917 en Rusia. En los países con un desarrollo capitalista atrasado, ninguna tarea fundamental de la revolución democrática se puede garantizar sin una revolución socialista encabezada por la clase obrera en alianza con los explotados rurales.

La batalla contra la reacción comunal debe ser guiada por una perspectiva socialista e internacionalista. La lucha por unir a los trabajadores y otros explotados de India por encima de todas las líneas sectarias y de castas va de la mano con la lucha por unir sus luchas con las de los trabajadores en todo el mundo.

La defensa de los derechos democráticos es inseparable de la lucha por movilizar a la clase obrera contra la desigualdad social, la precariedad laboral, la alianza militar-estratégica de la burguesía india con Washington y su masiva acumulación militar.

Requiere la intensificación de la lucha de clases. La clase obrera necesita forjar su independencia política en oposición a la burguesía y a sus representantes políticos, movilizando a las masas pobres y oprimidas rurales detrás suyo en la lucha por un Gobierno obrero y campesino, como parte del desarrollo de una ofensiva internacional de la clase obrera contra el capitalismo mundial y las guerras imperialistas.

Urgimos a todos los trabajadores, estudiantes y otros de India que quieran asumir esta lucha a contactarse con el World Socialist Web Site y el Comité Internacional de la Cuarta Internacional.

(Artículo publicado originalmente en inglés el 21 de diciembre de 2019)

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