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Trump presume sobre juicio político, pero crece la oposición popular a su Gobierno

El jueves, el presidente Donald Trump aplaudió su absolución en el juicio político demócrata con una diatriba malhablada e incoherente en la que llamó a sus oponentes “malvados”, “corruptos” y “escoria”.

En una perorata de 90 minutos transmitida en todos los principales canales televisivos de EE. UU., Trump llamó el juicio político “ bullshit ” [un pendejada], obligando a los presentadores a disculparse por violar las normas de profanidad de la Comisión Federal de Comunicaciones.

La exestrella de telerrealidad se refirió al exdirector del FBI James Comey como un “ sleazebag ” [depravado] y llamó el juicio político una “batalla” de una “guerra”. Esto se produjo a pocas horas de que la secretaria de Prensa de la Casa Blanca dijera que los oponentes de Trump debían “pagar”. Trump añadió que, en otras circunstancias, sus adversarios “ya estarían en la cárcel por mucho tiempo”.

El presidente Donald Trump sostiene un diari ocon el titular "Trump absuelto" en la Sala Este de la Casa Blanca, el jueves 6 de febrero de 2020, Washington [Crédito: AP Photo/Evan Vucci]

Ante el fracaso de su campaña de juicio político, la prensa respondió a esta desquiciada diatriba con una aceptación muda.

A este punto, nadie debería guardar ilusiones sobre Trump. El capitalismo estadounidense ha vomitado a un líder que pone de manifiesto sus aspectos más predatorios y criminales: su avaricia, violencia, retraso e ignorancia.

Menos de 10 años antes de la elección de Trump, el Gobierno de Obama llevó a cabo un rescate bancario que le entregó billones de dólares a la oligarquía financiera, incluso cuando millones de personas perdían sus hogares y sus empleos como resultado de una orgía de estafas criminales sin precedentes en la historia estadounidense. Nadie fue castigado.

Desde el rescate bancario de 2008, la bolsa de valores casi se multiplica por cuatro, enriqueciendo masivamente al 10 por ciento más pudiente de la sociedad, que controla el 84 por ciento de las acciones, incluso mientras los ingresos de la clase obrera se estancan o caen.

En este contexto, el discurso improvisado de Trump en que divagó sin dirección de un tema a otro avanzó de forma natural su apelación central a la clase gobernante: él los enriquecerá más. Declaró:

Déjenme decirles, si no hubiéramos ganado, el mercado bursátil habría colapsado y el mercado estaba aumentando mucho antes de la elección porque parecía que teníamos buenas oportunidades de ganar. Luego aumentó tremendamente desde el momento en que ganamos la elección al momento en que asumimos el cargo, que fue del 8 de noviembre al 20 de enero y eso es todo gracias a nosotros.

Al mismo tiempo, las décadas de guerra continua han brutalizado el país y erosionado cualquier vestigio de gobierno democrático.

Después del juicio político fallido de los republicanos contra Bill Clinton, George W. Bush se robó la elección presidencial de 2000 con el visto bueno de la Corte Suprema. Luego utilizó los atentados terroristas del 11 de septiembre de 2001 para atacar directamente los derechos democráticos bajo el pretexto de la “guerra contra el terrorismo”.

Estados Unidos luego invadió Afganistán en 2001 e Irak en 2003, encabezó una guerra aérea para derrocar el Gobierno de Libia en 2011, e instigó una devastadora guerra civil el mismo año para tumbar el Gobierno de Siria. Estas guerras han cobrado millones de vida y destruido sociedades enteras.

Dentro del marco de la “guerra contra el terrorismo”, Estados Unidos ha torturado a miles de personas, como lo revelaron las horrendas fotografías de la prisión de Abu Ghraib. Ha llevado a cabo un espionaje interno masivo sin órdenes judiciales, así como miles de asesinatos extrajudiciales, incluso de ciudadanos estadounidenses.

Todas estas guerras y ataques contra los derechos democráticos se han emprendido de manera bipartidista, reflejando los impulsos de la oligarquía financiera que domina la sociedad estadounidense.

Estas tendencias están encarnadas en la persona de Trump: una figura intolerante, demagógica y derechista que desciende de la línea fascistizante de “EE. UU. ante todo” de la política estadounidense, alineada con la Alemania nazi en ellos años treinta.

La debacle del juicio político ha fortalecido estos impulsos reaccionarios. La desmoralización de los demócratas tras la victoria de Trump fue resumida en un editorial publicado el jueves en el New York Times. Señaló que el discurso del Estado de la Unión de Trump mostró que “el Sr. Trump, a diferencia del Partido Demócrata, tiene un mensaje simple y poderoso”.

El diario añadió que “fue quizás una reacción humana de parte de la presidenta de la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi, rasgar [el Estado de la Unión impreso] a pedazos”. Pero, continuó, “aun así fue decepcionante verla caer al tipo de ardid que haría el presidente y ella ciertamente sabe tanto como cualquier que un gesto como ese no derrotará el argumento del presidente. Entonces, ¿qué lo hará?

“No lo hará el despliegue incoherente, para no decir caótico, que el Partido Demócrata ha conseguido hasta la fecha”.

El editorial no logra responder la pregunta del titular, “¿Qué derrotará finalmente a Donald Trump?”. El “periódico de referencia” simplemente se ha quedado sin ideas.

La estrategia de los demócratas está hecha añicos. Desde el principio de la Presidencia de Trump, los demócratas han perseguido los métodos de un golpe palaciego, con el objetivo principal de desviar y desorientar la oposición popular al Gobierno de Trump.

Una y otra vez, los demócratas han salvado a Trump. Sus cualidades de cobardía y falta de resolución derivan de los intereses de las capas sociales privilegiadas que representan.

Los demócratas han buscado intensificar el conflicto con Rusia. Más allá de eso, no tienen ninguna diferencia fundamental con Trump. Si tuvieran que elegir entre Trump y un movimiento de la clase obrera, respaldarían sin reservas a Trump.

Esta puede que sea la última postura del Times, pero ese no será el caso para las masas de trabajadores y jóvenes en EE. UU. Es fácil para Trump intimidar a un partido endeble de oligarcas sin la actitud para enfrentarlo. Es algo completamente diferente enfrentarse a un movimiento popular insurgente.

Millones marcharon para oponerse a Trump cuando fue investido. Sigue siendo odiado, con una de las tasas de aprobación más bajas de un presidente estadounidense desde la Segunda Guerra Mundial. Sus crímenes contra niños inmigrantes, sus llamados racistas a fascistas, su defensa de la tortura y su militarismo sádico han convertido su nombre en un insulto, sinónimo de vulgaridad, criminalidad y brutalidad.

Los procesos que crearon a Trump —ante todo el crecimiento nunca visto de polarización social y desigualdad económica— también crearon las bases sociales para deponerlo. Hay millones de trabajadores en todo Estados Unidos que viven en grandes dificultades y opresión, trabajando cada día para el enriquecimiento de la oligarquía, totalmente excluidos de la vida política, pero aún así aspirando a la igualdad, la paz y la democracia.

Esta amplia oposición popular a Trump necesita ser y ser á manifestada. Pero solo lo hará en la medida en que rompa con el Partido Demócrata.

Trump solo puede ser depuesto movilizando a la clase obrera estadounidense, en alianza con la clase obrera de todo el mundo y uniendo a todos los elementos progresistas de la población.

El Partido Socialista por la Igualdad está presentando candidatos en las elecciones estadounidenses de 2020. Nuestro candidato para presidente es Joseph Kishore, el secretario nacional del PSI. Nuestra candidata para vicepresidenta es Norissa Santa Cruz, miembro líder del partido. Estamos avanzando un programa internacionalista y socialista sobre el cual necesita estar basada la lucha contra Trump y el sistema capitalista oligárquico que representa.

Para más información sobre la campaña electoral del PSI y para suscribirte, visita socialism2020.org

(Artículo publicado originalmente en inglés el 7 de febrero de 2020)

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