Las lecciones políticas de la derrota de Sanders en el “Supermartes”

6 marzo 2020

El masivo revés sufrido por la campaña de Bernie Sanders ante la victoria del exvicepresidente Joe Biden en 10 de los 14 estados que votaron en el “Supermartes” contiene espinosos e ineludibles lecciones para todos aquellos que han sido llevados a creer que el Partido Demócrata capitalista puede ser transformado en un instrumento para la política socialista. La bancarrota de esta estrategia oportunista –que ha sido la premisa esencial de la campaña de Sanders y de sus partidarios de los Socialistas Democráticos de Estados Unidos (DSA, sigla en inglés) y otras organizaciones pseudoizquierdistas— ha sido puesta completamente en evidencia por el resultado de las elecciones primarias.

En la semana previa al supermartes, el mismo partido que Sanders dice que puede ser convertido al socialismo movilizó su aparato partidario para resucitar la campaña derechista del exvicepresidente semisenil, cuya carrera como político corrupto del Partido Demócrata abarca más de cuatro décadas.

El Partido Demócrata es el partido político capitalista más antiguo del mundo. Su existencia se remonta a 1828 y, a lo largo de su larga historia, ha perfeccionado el arte de descarrilar la oposición popular a la desigualdad mediante una hábil combinación de demagogia y engaño.

Excongresista de Texas, Beto O’Rourke apoya al candidato presidencial y exvicepresidente Joe Biden en un mitin de campaña el lunes, 2 de marzo de 2020 en Dallas (AP Photo/Richard W. Rodriguez)

Este es el partido de Andrew Jackson, la expulsión forzosa de los indios americanos, la secesión del sur, la segregación de Jim Crow, la exclusión de los chinos, las Redadas de Palmer (Palmer Raids) y la destrucción atómica de Hiroshima y Nagasaki.

El Partido Demócrata es el cementerio de los movimientos sociales. Desarmó el movimiento populista a través de William Jennings Bryan y sofocó las rebeliones industriales de los años 30 a través de Franklin Delano Roosevelt, el frente popular y la Federación Estadounidense del Trabajo. Desarmó las protestas contra la desigualdad y las guerras en Vietnam y en Irak y absorbió la oposición a través de campañas primarias de "izquierda" sólo para seleccionar un candidato cada vez más derechista que el anterior durante 40 años. Esto se repitió en 2016, cuando Sanders les dijo a sus 13 millones de seguidores que votaran por Hillary Clinton. Ahora se está repitiendo de nuevo en 2020.

La segunda lección del Supermartes es que la política racial promovida activamente y por décadas por la pseudoizquierda tiene consecuencias derechistas de gran alcance. La raza fue la principal arma utilizada por el Partido Demócrata contra Sanders la semana pasada.

El Partido Demócrata movilizó a los representantes corruptos de la burguesía y pequeña burguesía afroamericanas para proclamar que Joe Biden representa la voz genuina del “EE. UU. negro". Desde James Clyburn hasta Al Sharpton, una letanía de políticos afroamericanos declaró explícitamente que la solidaridad racial –no de clase— es fundamental.

El Partido Demócrata emplea hábilmente el concepto de la raza para manipular el descontento social y suprimir los agravios de clase a favor de sus propios objetivos reaccionarios. Es irónico que el Partido Demócrata contemporáneo impulsara a Biden como defensor de los afroamericanos precisamente en los mismos estados en los que presidió la segregación hace unos cincuenta años. Es doblemente irónico que Biden el año pasado elogiara a los senadores segregacionistas James Eastland y Herman Talmadge como ejemplos de "civismo" político y fuera responsable de apoyar las leyes de "mano dura contra el crimen" que encarcelaron a cientos de miles de negros en el último cuarto de siglo.

Biden ganó abrumadoramente entre los afroamericanos de mayor edad del sur, dominando áreas con altas proporciones de feligreses habituales. En Carolina del Norte, donde el 10 por ciento del electorado eran votantes negros mayores de 60 años, Biden ganó el 66 por ciento frente al 11 por ciento recibido por Sanders. Sin embargo, los votantes negros más jóvenes del sur, que son mucho menos conservadores que sus padres y abuelos, apoyaron más a Sanders, aunque la participación de los jóvenes fue menor a nivel nacional en comparación con 2016.

Entre todos los estados del Supermartes, a Biden le fue mejor entre los votantes que dijeron que las "relaciones raciales" eran el tema más importante, derrotando a Sanders 48 a 22 por ciento. Sanders dominó entre los votantes que respondieron la "desigualdad social", superando a Biden 35 a 28 por ciento.

Algo similar ocurrió entre las mujeres ricas, lo que demuestra el impacto del feminismo de derecha. Fuera del Sur, Sanders recibió su nivel más bajo de apoyo de las mujeres blancas con títulos universitarios, recibiendo solo el 20 por ciento de los votos de este grupo demográfico en Massachusetts, el 25 por ciento en California y el 18 por ciento en Minnesota.

Los resultados demuestran la imposibilidad de combinar la política de identidades con la lucha por el socialismo. La primera se basa en la división y la lucha por privilegios. La segunda se basa en la lucha por unir a la clase obrera del mundo más allá de las razas, etnias y orígenes.

La tercera lección de los comicios del martes es que la política de Sanders alineada con el Partido Demócrata produjo una caída en la participación de los votantes jóvenes en 2020 frente a 2016. Esto demuestra que, contrario a la autoproclamada capacidad de Sanders para movilizar a los votantes jóvenes, muchos jóvenes buscan soluciones mucho más radicales que las que ofrece el Partido Demócrata.

Faltan tres meses y medio para la convención demócrata de julio. Puede ser que la clase gobernante decida que Sanders tiene que desempeñar un papel en las elecciones de 2020.

Pero incluso mientras leen estas líneas, los lectores pueden estar seguros de que Sanders ya está en conversaciones con el Partido Demócrata para determinar cómo puede servir mejor al partido en noviembre. Sanders ha prescindido de hacer críticas serias contra Biden desde el martes y ayer comenzó a hacer anuncios aplaudiendo al Gobierno derechista de Obama.

El copresidente de la campaña de Sanders en California, Ro Khanna, anunció que Sanders suavizaría los llamados a una "revolución política". Politico informó que Khanna dijo que Sanders "atraería más a los votantes mayores y a los demócratas de la corriente principal". Sanders ya se ha comprometido a apoyar al candidato de derecha que gane la nominación. Al igual que en 2016, esto sólo terminará en lágrimas para los partidarios de Sanders.

El Partido Socialista por la Igualdad (PSI o SEP en inglés) postuló a Joseph Kishore y Norissa Santa Cruz para presidente y vicepresidenta. Nuestra intervención se basa en la lucha por romper el dominio de los partidos capitalistas sobre la clase obrera en los EE. UU. e internacionalmente.

La experiencia del Supermartes ha reivindicado poderosamente el análisis del World Socialist Web Site. En una declaración del 20 de febrero de 2019 titulada "Bernie Sanders anuncia la campaña presidencial de 2020", el WSWS escribió:

El fraude fundamental promovido por Sanders, junto con individuos como Alexandria Ocasio-Cortez, es que el Partido Demócrata puede ser empujado a la izquierda y convertirdo en una fuerza de cambio progresista. Articulando esta ficción política, el editor de la revista Jacobin y destacado miembro de los Socialistas Democráticos de EE. UU. (DSA), Bhaskar Sunkara, proclamó en una columna del periódico The Guardian el martes que "Sanders comenzó una revolución en 2016. En 2020, puede terminarla...".

Los demócratas han promovido implacablemente la política de identidades, incluso por medio de la caza de brujas de #MeToo (#Amítambién), que sirve para dividir a la clase obrera mientras que socava los derechos democráticos básicos como el debido proceso y la presunción de inocencia. La mera asociación de Sanders con la oposición a la desigualdad económica ha suscitado reproches dentro de su propio partido, que pretende, como en 2016, hacer de la política racial, de género y sexual la base de una campaña derechista dirigida a movilizar a los sectores privilegiados de la clase media-alta detrás de Wall Street y el ejército.

Los eventos del martes confirman este análisis.

Kishore y Santa Cruz son los únicos candidatos que luchan por movilizar a la clase obrera independientemente del Partido Demócrata. La campaña del PSI está encabezando la lucha por educar a la clase obrera y convencer a los trabajadores y jóvenes de que solo pueden desatar su inmenso poder social librándose del Partido Demócrata, luchando por la independencia política y entrando en la lucha internacional contra todo el sistema capitalista. Exhortamos a nuestros lectores a que sigan y participen activamente en nuestra campaña y lleven la lucha por una política socialista independiente a la clase obrera a escala mundial.

(Publicado originalmente en inglés el 5 de marzo de 2020)

Eric London