Un millón de infectados con coronavirus y más de 50,000 muertes en el mundo

por Patrick Martin
4 abril 2020

El mundo cruzó varios récords sombríos de la noche a la mañana respecto a la pandemia del coronavirus. El número total de personas infectadas en todo el mundo ha alcanzado el millón. Han muerto más de 50,000 personas, y en los Estados Unidos, donde el COVID-19 parece estar propagándose más rápidamente, hubo más de 25,000 casos nuevos y el número de muertos superó los 5,000.

Un paciente de COVID-19 siendo tratado en una biblioteca convertida en unidad de cuidados intensivos en el hospital Trias i Pujol en Badalona, provincia de Barcelona, España, 1 de abril, 2020

El número de víctimas de la epidemia se distribuye de manera desigual en este punto. Los países industrializados avanzados, excluido Japón, representan la gran mayoría de las infecciones y muertes reportadas.

Estados Unidos, con 331 millones de personas, representa el 4.25 por ciento de la población mundial, pero casi el 24 por ciento de los casos mundiales de coronavirus y el 11 por ciento de las muertes por coronavirus.

Los cinco países más grandes de Europa occidental, Italia, España, Francia, Reino Unido y Alemania, tienen una población combinada de 321 millones, 4.16 por ciento del total mundial, pero representan el 40 por ciento de los casos de coronavirus y un asombroso 63.6 por ciento de muertes

En algún momento del viernes, habrá seis países en el mundo con un mayor número de víctimas mortales que China, donde el coronavirus apareció por primera vez a fines del año pasado: Estados Unidos, Italia, España, Francia, Reino Unido e Irán, donde ahora hay más de 50.000 casos.

La tasa de mortalidad entre las personas infectadas varía ampliamente de un país a otro, en parte debido a los diferentes niveles de pruebas, del 1.3 por ciento en Alemania al 2.4 por ciento en los Estados Unidos, 6.3 por ciento en Irán, 8.7 por ciento en Reino Unido, 9.1 por ciento en Francia, 9.2 por ciento en España, y un inentendible 12.1 por ciento en Italia.

La situación aparentemente excepcional de Alemania —con 84,794 casos, superando a China, pero “solo” 1,107 muertes— parece ser de corta duración. Su sistema de salud más desarrollado y mejor financiado, en comparación con otros países europeos, ahora está tambaleando bajo la presión. Alemania registró el segundo mayor aumento de casos el jueves, detrás de España pero por delante de Italia, y está llegando al punto en que la cifra de muertos podría comenzar a aumentar rápidamente, como ya ha comenzado a pasar en los Países Bajos, Bélgica y Suiza, sus vecinos más cercanos.

En Rusia, el único gran país europeo que aún no está en una situación desesperada, hubo 771 casos nuevos el jueves, un aumento del 25 por ciento en un solo día.

Hay muchas razones para temer que el COVID-19 golpeará a los países menos desarrollados de Asia, África y América Latina con una ferocidad aún mayor que en los Estados Unidos y Europa occidental, dados sus sistemas de salud mucho más limitados. La mayoría de la humanidad puede ver su futuro en las desgarradoras escenas que se desarrollan ahora en Madrid, Milán, París y Nueva York.

El coronavirus ha comenzado a aparecer en el subcontinente indio, en Indonesia y en Oriente Próximo más allá de Irán. Hubo más de mil casos nuevos el jueves en Brasil, la mayoría de cualquier país sudamericano.

Las cifras relativamente bajas de los países africanos son probablemente un reflejo de su infraestructura de salud extremadamente pobre, lo que hace que la detección del virus en sus primeras etapas sea poco probable, y su relativa lejanía del comercio y los viajes internacionales, que solo pospone el inicio de la epidemia. que prevenirlo.

Como admitió las Naciones Unidas, en un informe publicado a principios de esta semana, "La pandemia COVID-19 es un momento decisivo para la sociedad moderna", así como el mayor desafío y será la mayor pérdida de vidas desde la Segunda Guerra Mundial. El informe advirtió: "La velocidad y la escala de la propagación, la gravedad de los casos y la perturbación social y económica ya han sido dramáticas y podrían serlo aún más a medida que gana ímpetu en las naciones más pobres".

Pero a pesar de la severa advertencia planteada en el informe de la ONU, no existe la menor posibilidad de la realización de sus recomendaciones para que los Gobiernos nacionales pongan fin a las guerras, las sanciones económicas y los conflictos comerciales, a favor de la colaboración global para derrotar al coronavirus. No ocurrirá mientras el sistema capitalista prevalezca, y cada Gobierno actúe como el instrumento de la élite gobernante capitalista, defendiendo su riqueza y privilegios, no la salud y la vida de la gente.

La pandemia de coronavirus es un evento mundial que marcará la época, sobre todo demostrando el carácter abismal de los líderes que la clase capitalista ha elevado a posiciones de poder: Giuseppe Conte en Italia, Pedro Sánchez en España, Emmanuel Macron en Francia, Boris Johnson en el Reino Unido y el execrable Donald Trump en los Estados Unidos. Esta colección de figuras políticas, banqueros, matones e ignorantes es una clara demostración de la incapacidad de la clase capitalista para gobernar.

La estupidez de la conducción política estadounidense, en particular, se demostró en los comentarios del gobernador de Georgia, Brian Kemp, un devoto acólito de Trump, quien anunció un cierre de su estado el jueves, luego de una demora criminal. Admitió que no había sabido, hasta ese día, que el COVID-19 podía ser transmitido por personas infectadas que no mostraban ningún síntoma de la enfermedad.

Es particularmente notable que los países más afectados por la pandemia hasta ahora son las sociedades más ricas del planeta con los mayores recursos. Sin embargo, ha resultado imposible para la clase dominante capitalista hacer un esfuerzo serio para movilizar estos recursos para proporcionar incluso los productos médicos más elementales: máscaras, batas, guantes y otro equipo de protección personal (PPE) que necesitan los trabajadores de la salud en la primera línea contra el coronavirus.

El abismo social entre la élite gobernante y la clase trabajadora se exhibió el jueves cuando médicos y enfermeros realizaron una protesta pública frente al Hospital Montefiore en el Bronx, en la ciudad de Nueva York, para exigir los suministros necesarios.

Laura Ucick, una médica residente, leyó una declaración: “Cuando voy a trabajar, me siento como una oveja que va al matadero. Mis colegas y yo estamos escribiendo nuestra última voluntad y testamento. Yo tengo 28 años. Creemos que es posible que no sobrevivamos a esta pandemia y, sin embargo, nos presentamos todos los días en este hospital para cuidar a nuestra comunidad".

Xenia Greene, una enfermera de la unidad de cuidados intensivos, dijo: "No les pedimos a nuestros hombres y mujeres militares que vayan a la guerra sin medios para protegerse, o que los policías trabajen sin chalecos antibalas. Entonces, ¿por qué les pedimos a las enfermeras que ingresen a las habitaciones con mascarillas reutilizadas porque no tenemos suficientes suministros? Entonces, digo yo, produzcan los suministros”.

A diferencia de estas súplicas apasionadas, la Casa Blanca ofreció su dosis diaria de mentiras, distracciones y autoelogios, en una "conferencia de prensa" cuyo único propósito era promover ilusiones en Trump. Fue notable que ni un solo orador en la conferencia de prensa se molestó en abordar los números cada vez más altos de infecciones y muertes por el coronavirus en los Estados Unidos. Este es un Ggobierno que no se hace responsable de la vida de las personas sobre las que gobierna.

El vicepresidente Pence calificó al sistema de salud de EE. UU. como "el más fuerte del mundo", cuyo colapso visible debería servir como una advertencia, no como un estímulo. El yerno de Trump, Jared Kushner, descendiente de un imperio inmobiliario sin experiencia en atención médica o planificación de emergencias, hizo su primera aparición como una figura destacada en la Mesa de Trabajo sobre el Coronavirus.

Según un informe el miércoles por la noche en Politico, Kushner, de 39 años y esposo de Ivanka Trump, "se ha convertido en la figura más importante en la lucha nacional contra la pandemia de rápido crecimiento". Respaldado por un grupo de compinches, incluido su ex compañero de apartamento y varios consultores de McKinsey, ha creado un centro de poder alternativo con sede en la Agencia Federal de Manejo de Emergencias, que Trump puso a cargo de las operaciones diarias de coronavirus.

Según Politico, "la toma de decisiones federales es complicada por el hecho de que Kushner tiene la plena confianza del presidente Donald Trump, con quien conversa varias veces al día, mientras que Trump ha expresado su frustración con algunos de los líderes de las agencias de salud".

Mientras que la Administración de Trump reproduce las degeneradas cortes de Luis XVI y Nicolás II, antes de las revoluciones francesa y rusa, en su monumental indiferencia a una ola de sufrimiento y muerte, está invitando al mismo destino.

(Artículo publicado originalmente en inglés el 3 de abril de 2020)