Colapsan las conversaciones de la UE sobre la respuesta a la pandemia de COVID-19

por Alex Lantier y Johannes Stern
11 abril 2020

Dos semanas después del colapso de una primera cumbre del eurogrupo de los ministros de finanzas de la eurozona sobre la pandemia de COVID-19, una segunda cumbre de emergencia del eurogroupo fracasó ayer en medio de duras recriminaciones entre los principales Estados europeos. La Unión Europea (UE), obsesionada con salvar la riqueza de los súper ricos, no tiene una política para abordar la pandemia más mortífera desde la gripe española de 1918.

Para los trabajadores de Europa y del mundo, la pandemia es una crisis social y económica sin precedentes. El martes, mientras fracasaba la cumbre del eurogrupo, 34.487 nuevos casos eran diagnosticados y 4.599 personas morían en hospitales de toda Europa, llevando el total a 709.125 casos registrados y 57.245 muertes. Las restricciones adoptadas en un esfuerzo desesperado por contener el contagio costaron más de 11 millones de empleos la semana pasada, desatando la crisis económica europea más profunda desde la Gran Depresión de los '30.

La ONU estima que el 80 por ciento de la fuerza laboral de 3,3 mil millones de personas está siendo afectado por cierres totales o parciales, y millones más de empleos se han perdido. Desde entonces, se perdió otro millón de empleos en España, 1,8 millones en Francia, y millones más en toda Europa.

Crece la ira entre los trabajadores y los profesionales hacia la UE, que ha bloqueado la coordinación por parte de las autoridades sanitarias y ha subordinado su respuesta médica a los llamamientos de las corporaciones por mantener a los trabajadores en el trabajo para generar ganancias para los bancos. Esta política, que propaga la pandemia, llevó al desastre. Mientras políticas de confinamiento fueron adoptadas solo después de huelgas y paros masivos por parte de los trabajadores de toda Italia y Europa, los gobiernos de la UE siguieron políticas de sacar ventajas de sus vecinos ejemplificadas por la decisión de Berlín y París de prohibir la exportación de suministros médicos clave a la duramente golpeada Italia.

El martes, el presidente del Consejo Europeo de Investigación (CEI), Mauro Ferrari, el líder de la principal institución científica europea, renunció como protesta por la gestión de la pandemia por parte de la UE.

"Me ha decepcionado profundamente la respuesta europea al COVID-19", le dijo Ferrari al Financial Times de Londres. "Llegué al CEI como un ferviente simpatizante de la UE, pero la crisis del COVID-19 cambió completamente mi punto de vista, aunque sigo apoyando con entusiasmo los ideales de la colaboración internacional". Ferrari condenó la "falta total de coordinación" en la UE "de políticas sanitarias entre los Estados miembros, la constante oposición a iniciativas cohesivas de apoyo financiero, los cierres unilaterales de fronteras generalizados".

Janez Lenarčič, el comisionado europeo para la gestión de la crisis, se hizo eco de esta evaluación, criticando la respuesta desalmada de la UE al brote inicial en Italia: "Hubo una respuesta inadecuada de los otros Estados miembros de la UE a la solicitud de asistencia por parte de Italia".

A pesar de la crítica de Lenarčič, los ministros de finanzas de la UE fueron incapaces de producir una política coordinada para financiar atención sanitaria esencial y asistencia a trabajadores y pequeños negocios durante la pandemia. La cumbre involucionó hacia conflictos despiadados entre las principales potencias de la UE sobre quién debería beneficiarse de los rescates a los bancos y quién decidirá qué medidas de austeridad imponer.

La reunión empezó 90 minutos tarde, a las cuatro y media de la tarde, en medio de diferencias sobre la agenda de la cumbre. Los ministros cancelaron una rueda de prensa planificada para las ocho de la tarde y siguieron riñendo toda la noche. Fue cancelada otra rueda de prensa prevista para las diez de la mañana por falta de acuerdo. En última instancia, el presidente del eurogrupo, el ministro portugués de finanzas Mario Centeno, anunció el fracaso de la conferencia y que las conversaciones se reanudarían hoy.

En realidad, el paquete propuesto por las potencias europeas no es un "paquete de recuperación" y no contiene financiación de emergencia para medidas médicas o la producción de suministros médicos clave (mascarillas, respiradores o medicamentos esenciales). El paquete de €540 mil millones contiene solo €100 mil millones supuestamente destinados a financiar los salarios reducidos de los trabajadores despedidos durante la pandemia; el resto consiste en subsidios para los bancos y los grandes negocios.

Por lo que parece, las conversaciones fracasaron a causa de las demandas del gobierno holandés, parcialmente respaldado por Berlín, de que países que reciban ayuda de la UE, como Italia, acepten recortes presupuestarios y otras medidas de austeridad dictadas externamente por la UE mediante los supuestos Mecanismos Europeos de Estabilidad (MEE). Los funcionarios italianos se negaron a aceptar esa propuesta, copiada del saqueo de Grecia por parte de la UE durante la crisis del euro que siguió al desplome de Wall Street de 2008.

Le dejaron al ministro alemán de finanzas, Olaf Scholz, quien está trabajando estrechamente con su homólogo francés Bruno le Maire, hacer una declaración oficial sobre las conversaciones. En una declaración de prensa ayer por la mañana, Scholz afirmó que el despliegue de los MEE "no está vinculado a una troika que entra en países y desarrolla programas para el futuro como era el caso hace diez años".

Esto es una mentira evidente. Ya en sus comentarios adicionales Scholz no dejó dudas de que los miles de millones serán extraídos exprimiendo a la clase obrera europea mediante más brutales medidas de austeridad.

"Ustedes pueden ver de las decisiones que hemos tomado en Alemania que ya es posible desarrollar programas muy inteligentes para el futuro", explicó Scholz, y añadió: "Nuestra decisión es, por ejemplo, que vamos a pagar la deuda adicional que asumimos mediante las reglas que nos dimos en nuestra propia constitución desde 2023 hasta 2043. Podemos hacer eso y así es como funcionará en otras partes".

Hay que tomar tales declaraciones como una advertencia a los trabajadores en Alemania y de toda Europa. La burguesía europea insiste no solo en mantener políticas de austeridad que causaron una catástrofe social en toda Europa, sino intensificarlas en medio de un colapso económico histórico. La referencia de Scholz al freno de deuda escrito en la constitución alemana de 2009 lo deja claro. En la última década la política de presupuesto equilibrado llamada "cero negro", concebida por el antiguo ministro de finanzas Wolfgang Schäuble, sirvió para implementar ataques masivos a la clase trabajadora.

Es muy elocuente acerca del carácter de clase de la UE que Scholz se jacte de que ya ha conseguido el apoyo de casi todos los gobiernos europeos. "Como un gobierno alemán, sabemos que estamos en armonía no solo con nuestros amigos franceses, sino también, por ejemplo, con Portugal y España y todos los otros que han hablado claro", afirmó Scholz.

De hecho, la más profunda crisis sanitaria y económica en cien años está sacudiendo los cimientos de la Unión Europea, lo que revela contradicciones intratables, históricamente arraigadas, del capitalismo europeo. Un grupo de alcaldes italianos puso un anuncio a toda página en el diario derechista alemán Frankfurter Allgemeine Zeitung, demandando ayuda para las deudas italianas e invocando el perdón de Europa occidental de las deudas de guerra nazis de Alemania después de la Segunda Guerra Mundial en la conferencia de Londres de 1953.

Al mismo tiempo, estrategas de la élite financiera están empezando a discutir poner a los países de la UE, que están muy endeudados tras una década de rescates a bancos para los súper ricos, mediante la quiebra estatal en medio de un recrudecimiento de huelgas y protestas que ha aterrado a la aristocracia financiera. El endeudamiento estatal está en más del 150 por ciento del PIB en Italia, y el 100 por ciento del PIB en Francia.

Le Monde sacó una columna en la que proponía prepararse para el impago de la deuda soberana por parte de los países europeos emitiendo "coronabonos sénior" (SCB). Los inversores podrían comprar SCBs, escribió Le Monde, sabiendo que si un gobierno "quiebra, pagará primero a los portadores de los SCBs". Los acreedores intentarían después exigir que los Estados en quiebra organicen drásticos ataques a los salarios, el gasto social, sistemas sanitarios y escuelas públicas.

Los rescates de la UE, como los rescates nacionales individuales adoptados por sus Estados miembros, son reaccionarios y hay que rechazarlos. Vastas medidas, esenciales para parar la pandemia pero a las que la burguesía europea se opone, costarán billones de euros: apoyar los salarios, empleos y jubilaciones de los trabajadores y el sustento de pequeños emprendedores; producir hospitales, respiradores, medicamentos y equipamiento de seguridad necesario para tratar la enfermedad; y financiación para la creación y distribución de una vacuna. Conseguir el dinero necesario para salvar vidas implica volver a tener el control sobre las obscenas fortunas multimillonarias de la aristocracia financiera europea.

La fuerza que puede expropiar a los súper ricos es la clase trabajadora europea, movilizada en una lucha común internacional por el socialismo y para desbancar a la UE capitalista, y remplazarla con los Estados Unidos Socialistas de Europa.

(Publicado originalmente en inglés el 9 de abril de 2020)