Mientras muertes en EE. UU. superan las 40.000, Trump intensifica la imprudente campaña de volver al trabajo

21 abril 2020

El domingo, la cifra de muertos por la pandemia de Covid-19 superó los 40.000 en Estados Unidos tras casi 20.000 muertes solo en la última semana.

La pandemia ha expuesto la total disfuncionalidad de la sociedad estadounidense y su incapacidad para proveer las necesidades más básicas —atención médica, equipo de protección e incluso comida— a sus ciudadanos.

El Gobierno no hizo nada para prepararse para la pandemia. Trump minimizó la enfermedad llamándola una “farsa” y la prensa la ignoró por meses. Mientras miles de heroicos trabajadores de salud, obligados a trabajar en condiciones inseguras, se enferman y mueren, los bancos y las empresas reciben los rescates más grandes en la historia humana.

Las imágenes de las fosas comunes en la Ciudad de Nueva York y de los cuerpos apilados en contenedores refrigerados o en cuartos libres del hospital Sinai Grace de Detroit nunca escaparán de la consciencia de los trabajadores sanitarios que las presenciaron ni de la clase obrera en su conjunto.

Trabajadora sin tapabocas desinfecta los carritos de un supermercado 365 Whole Foods antes de ser reutilizados por los clientes, Los Ángeles, 31 de marzo de 2020 (AP Photo/Damian Dovarganes)

En todo el país, cientos de miles de personas están lamentando la pérdida de sus amigos y seres queridos. Millones de personas han sido despedidas, innumerables hogares están a pocos días de la penuria total, recurriendo a bancos de alimentos sobrecargados.

A pesar de la narrativa de Trump de que la pandemia ha sido contenida, la enfermedad se está extendiendo a nuevas partes del país, y cada estado ha reportado al menos una muerte, mientras la enfermedad se extiende por las residencias de ancianos y las prisiones.

En medio de este desastre, el gobierno de Trump está concentrado en reabrir los negocios estadounidenses, a pesar de la falta de medidas necesarias para contener la pandemia. La principal preocupación de la Administración de Trump es asegurar que la pandemia no interfiera con el enriquecimiento de Wall Street y las grandes corporaciones.

La Casa Blanca ha dejado claro que está pidiendo que los negocios reabran en condiciones en que no existe la infraestructura necesaria para hacer pruebas de todos los casos sospechosos, poner en cuarentena a los infectados y rastrear sus contactos.

Esto a pesar de la advertencia de la Organización Mundial de la Salud y de los principales epidemiólogos de que es totalmente irresponsable reabrir empresas en esas condiciones, lo que solo alimentaría un resurgimiento de la pandemia.

La demanda de Trump de volver a trabajar ha sido apoyada por importantes sectores de los medios de comunicación. El domingo, el programa de noticias vespertino de la NBC no lideró con la masiva cifra de muertos, sino con las protestas de la extrema derecha, algunas con sólo unas docenas de participantes, exigiendo la reapertura de los negocios. Los medios ignoraron el papel de los grupos de extrema derecha en la convocatoria de las manifestaciones, ocupando las capitales de los estados con rifles de asalto y ondeando banderas confederadas y esvásticas.

Si bien los noticieros de la radio y la televisión le restaron importancia a las numerosas huelgas, paros y protestas de los trabajadores en todo el país y en el mundo contra el regreso al trabajo en condiciones inseguras, han presentado las minúsculas protestas de la derecha como la expresión legítima de la voluntad popular.

La propuesta de Trump de que las empresas en partes sustanciales de los Estados Unidos reabran el 1 de mayo, presentada inicialmente como una absurda quimera, se ha convertido ahora en el punto de partida. Incluso la gobernadora de Michigan, Gretchen Whitmer, anunció que su estado, que se enfrenta a la mayor tasa de mortalidad de casos de COVID-19 en el país, reabriría los negocios a principios del próximo mes.

“La contienda sobre el cierre” fue el tema del programa de entrevistas del domingo en ABC News, que presentó la perspectiva de reabrir los negocios como un conflicto entre aquellos que, como Trump, abogan por un “big bang” y aquellos, como el gobernador de Utah, Gary Herbert, que dicen que el proceso debería ser “más como un dial”.

Los sectores triunfantes y dominantes de los medios de comunicación enmarcan la cuestión de la reapertura del país como una elección entre la pérdida de vidas y el empobrecimiento masivo. Pero esta dicotomía es falsa. Asume las prerrogativas del sistema capitalista tal y como están dadas, en el que el Estado provee recursos ilimitados a la élite financiera y corporativa, pero no puede asegurar el sustento económico de los trabajadores durante una pandemia.

La demanda de un regreso prematuro al trabajo fue acompañada de una intensificación masiva de los esfuerzos de los EE. UU. para buscar un chivo expiatorio en China por la pandemia. Al igual que con la demanda de reapertura de empresas, Trump ha marcado la pauta para los demócratas y los medios de comunicación. El martes, Trump anunció que la Casa Blanca terminaría con la financiación estadounidense para la Organización Mundial de la Salud en una declaración culpando falsamente a China por la pandemia.

Al día siguiente, Associated Press publicó un artículo titulado, “China no advirtió al público de una probable pandemia durante 6 días clave”, reforzando las falsas afirmaciones de Trump de que China es responsable de la pandemia. Esta narrativa, que se refiere a la semana entre el 14 y el 20 de enero, se ve desmentida incluso por el análisis más superficial de los informes de los medios de comunicación estadounidenses de ese momento, que dejan en claro que el progreso de la enfermedad se estaba informando de forma amplia y precisa en la prensa internacional desde la primera semana de enero.

Los demócratas y sus medios asociados buscan vencer a Trump en su propio juego. En un artículo de primera plana el domingo, el New York Times pintó a Trump como demasiado ansioso como para apaciguar a China. “Ansioso por continuar las negociaciones comerciales, inquieto sobre seguir agitando los mercados y deseoso de proteger su relación con el presidente Xi Jinping en un momento en el que Estados Unidos depende de los fabricantes chinos para los suministros médicos vitales, el Sr. Trump ha enturbiado repetidamente los esfuerzos de los republicanos por culpar a China”.

El candidato presidencial demócrata Joe Biden retomó este tema, acusando a Trump en un nuevo anuncio de campaña de dejar a “EE. UU. vulnerable y expuesto a esta pandemia” al poner “su confianza en los líderes de China en cambio”.

El martes, el Washington Post publicó un artículo que busca legitimar, sin evidencia, una teoría de conspiración derechista impulsada durante meses por el exdirector fascistizante de la campaña electoral de Trump, Stephen Bannon, de que el COVID-19 fue creado en un laboratorio chino. El Post sacó los reclamos de la alcantarilla privada de Bannon y los lavó para usarlos en los programas de entrevistas de los domingos, donde fue un gran tema de discusión.

La lucha de clases nunca descansa, y el imperialismo nunca relaja sus objetivos depredadores. Esto es especialmente cierto en una crisis. Mientras que los trabajadores hacen estos sacrificios, el Gobierno de EE. UU. proporcionó un rescate de 6 billones de dólares a Wall Street y las grandes corporaciones. Profundizó la política de flexibilización cuantitativa y tasas de interés ultrabajas, que estuvieron en efecto por más de una década antes de la pandemia.

Si la clase dirigente se sale con la suya, la sociedad que emergerá de la crisis se caracterizará por una intensificación de todas las tendencias que prevalecían antes de la pandemia: más desigualdad, más explotación, más pobreza y más guerra.

Mientras que la afirmación de la clase dominante de sus intereses en la crisis es más inmediata y directa, la de la clase obrera será más poderosa. En todo el mundo, desde Italia hasta California, los trabajadores se niegan a trabajar en condiciones inseguras y luchan contra un regreso prematuro al trabajo. Los esfuerzos de los oligarcas por utilizar la crisis para expandir su riqueza a costa de miles y miles de vidas producirán un inmenso malestar social.

La pandemia ha dejado clara la bancarrota del sistema capitalista. En su lucha contra la campaña de regreso al trabajo de la Administración de Trump, los trabajadores deben asumir la lucha por la transformación socialista de la sociedad.

(Artículo publicado originalmente en inglés el 20 de abril de 2020)

Andre Damon