Los gobiernos de todo el mundo reabren las escuelas, ignorando las advertencias de los científicos sobre el impacto del coronavirus en los niños

por Will Morrow
18 mayo 2020

Mientras que los científicos insisten en que el mundo se encuentra en las etapas iniciales de la pandemia de coronavirus, los gobiernos de todo el mundo están poniendo fin a las políticas de confinamiento y reabriendo sus economías, empujando a millones de trabajadores de vuelta a sus lugares de trabajo, independientemente de si el virus se propaga, para que se pueda reanudar el flujo de lucro de las empresas. Un elemento central de la política de regreso al trabajo es la reapertura de las escuelas y el regreso de los niños y los maestros a las aulas.

Los gobiernos consideran que la reapertura de las escuelas es esencial no sólo como símbolo del regreso a las condiciones prepandémicas, sino también, y más importante aún, para que los trabajadores que de otro modo no podrían cuidar de sus hijos puedan ser arreados de vuelta a sus lugares de trabajo.

En Francia, el “presidente de los ricos”, Emmanuel Macron, está abriendo hoy las escuelas, comenzando con los niños más pequeños en edad escolar, es decir, los menos capaces de obedecer las instrucciones de distanciamiento social, pero los más necesitados de que sus padres vuelvan a trabajar. Lo hace desafiando directamente la recomendación del Consejo Científico de Francia, que recomendó posponer la apertura de escuelas hasta septiembre. Las escuelas reabrirán en breve o ya han reabierto en Alemania, los Estados Unidos, Nueva Zelanda, Australia, Canadá y otros lugares.

Aula vacía

Esta política va acompañada de una campaña de propaganda en la que se afirma que: 1) el coronavirus no representa un peligro significativo para los niños, y 2) que los niños no se contagian ni transmiten el virus, ni siquiera como portadores asintomáticos. Esta propaganda tiene como objetivo negar que la reapertura de las escuelas constituye un importante mecanismo adicional de transmisión del virus.

No hay validez científica para estas afirmaciones. Los gobiernos citan selectivamente estudios aislados o incompletos como justificación de su política económica, a menudo contradiciendo a sus propios asesores científicos, e ignorando pruebas considerables del peligro que el virus supone para los niños y el papel que éstos desempeñan en la transmisión del virus a las capas más vulnerables de la población.

Un estudio titulado “Los cambios en los modelos de contacto conforman la dinámica del brote de Covid-19 en China”, se publicó la semana pasada en la prestigiosa revista Science sobre el brote en Wuhan. En el estudio se utilizaron encuestas sobre el comportamiento de contacto de los ciudadanos de Wuhan y Shanghái, realizadas antes y después de la pandemia, para estimar el impacto de las intervenciones no farmacéuticas, en particular el cierre de escuelas, en la propagación del virus. Buscaron en particular determinar cuántas personas un determinado paciente de varios grupos de edad infectaría.

Llegaron a la conclusión de que un niño menor de 14 años tenía menos probabilidades de contraer o transmitir la enfermedad por una sola interacción que alguien mayor de 65 años. Sin embargo, esto se ve contrarrestado por el hecho de que los niños en la escuela tienen interacciones con un número mucho mayor de personas. Como resultado, los investigadores encontraron que “cuando se eliminan los contactos escolares, estimamos una reducción del 42 por ciento” en la propagación general del virus. El cierre de escuelas, concluyen, “puede lograr una notable disminución en la tasa de ataque de la infección y en la incidencia máxima, y un retraso en la epidemia”.

Un segundo estudio fue realizado por investigadores en Alemania dirigidos por el virólogo Christian Drosten, cuyo equipo en el Hospital Charité de Berlín había realizado para entonces casi 60.000 pruebas de coronavirus. Drosten publicó los resultados del estudio en el sitio web de su laboratorio antes de que fuera revisado por sus pares debido a su creencia en la urgencia de los resultados, que contradicen la política de reapertura de escuelas del gobierno alemán.

El equipo analizó las 3.712 muestras de pacientes portadores del coronavirus, midiendo la “carga viral” de cada muestra, es decir, la cantidad total de virus que contenía la muestra de cada paciente. Se cree que una carga viral más alta corresponde generalmente a una mayor contagiosidad del paciente. Sus resultados mostraron que los pacientes más jóvenes no tenían cargas virales más pequeñas que los pacientes mayores.

“El análisis de la varianza de las cargas virales en pacientes de diferentes categorías de edad no encontró diferencias significativas entre ningún par de categorías de edad, incluidos los niños”, concluyen. “En particular, estos datos indican que las cargas virales en los muy jóvenes no difieren significativamente de las de los adultos. Sobre la base de estos resultados, debemos advertir que no se debe permitir la reapertura ilimitada de escuelas y jardines de infantes en la situación actual. Los niños pueden ser tan infecciosos como los adultos”.

Además, el equipo analizó un grupo de muestras de niños asintomáticos. Allí también, no había signos de una disminución de la carga viral. “En este montón de niños, hay unos pocos niños que tienen una concentración de virus que está por las nubes”, dijo Drosten al New York Times.

Los investigadores del Instituto Pasteur en Francia también publicaron a finales de abril los resultados de un estudio en un instituto de la región de Oise, un grupo de coronavirus. Los investigadores hicieron pruebas a 326 estudiantes, padres y profesores de la escuela, de los cuales el 40,9 por ciento dieron positivo para el virus. Entre ellos, el 25,9 por ciento de todos los estudiantes.

Las afirmaciones de que los niños que contraen la enfermedad no se ven afectados negativamente también se han visto menoscabadas por el descubrimiento de un presunto vínculo entre el coronavirus y un aumento en los casos de un síndrome poco común, la enfermedad de Kawasaki, entre los niños y los bebés. Al menos tres niños, uno de cinco y siete años en los Estados Unidos y uno de 14 en el Reino Unido, han muerto a causa del síndrome, que puede causar graves complicaciones cardíacas, incluido el agrandamiento de las arterias. Si bien el síndrome parece ser poco frecuente, su aparición sólo pone de relieve el hecho de que el impacto del coronavirus en los niños todavía no se comprende del todo.

A medida que los gobiernos presionan para reabrir las escuelas, lo hacen desafiando estas advertencias científicas. En lugar de ello, mientras ignoran los resultados científicos que entran en conflicto con su política, los gobiernos escogen las pruebas “científicas” de acuerdo con un programa político predeterminado, apuntando sólo a los estudios que muestran resultados menos concluyentes o que sugieren un menor peligro para los niños.

En Australia, el gobierno del Primer Ministro Scott Morrison ha promovido enérgicamente los resultados incompletos de un estudio que aún no ha sido terminado, y mucho menos revisado por pares, sobre la transmisión del coronavirus en el estado de Nueva Gales del Sur. El estudio, sin embargo, abarcó un período durante el cual las escuelas del estado habían cerrado parcial o totalmente, y en el que entre un tercio y un cuarto de los estudiantes no estaban en la escuela. Los resultados del estudio también se han citado internacionalmente, incluso en Canadá.

Si bien los científicos siguen luchando por comprender la naturaleza de esta nueva enfermedad, la reapertura de las escuelas en este momento contradice las poderosas advertencias científicas de que esta política aumentará la propagación de la enfermedad. Lo que está impulsando a los gobiernos capitalistas de todo el mundo no es una lucha racional y científica contra la pandemia, sino el impulso de la élite empresarial y financiera para forzar la vuelta al trabajo. Están actuando con desprecio por las vidas de cientos de millones de personas que se verán afectadas por una política de reapertura de las escuelas.

Como admitió el ministro de Salud francés Olivier Véran en una entrevista la semana pasada abogando por la reapertura de las escuelas en toda Francia: “Está la cuestión de si los niños son contagiosos o no”. Admitió que había “argumentos a favor y en contra", pero luego simplemente afirmó que las escuelas "deben reabrir”. Esta semana el Senado y la Asamblea Nacional francesa votaron a favor de aumentar la inmunidad legal de los empleadores y funcionarios del gobierno cuyas acciones para hacer cumplir la reapertura de las escuelas y empresas provoque muertes por el virus.

Si la élite gobernante siente la necesidad de votar de forma preventiva la inmunidad legal para terminar con los cierres, esto subraya que es consciente de que su política es criminal.

(Artículo publicado originalmente en inglés el 11 de mayo de 2020)