Dirigencia china deja de lado el objetivo de crecimiento económico

por Nick Beams
26 mayo 2020

La profundidad del impacto de la pandemia de coronavirus en la economía china y los problemas y contradicciones emergentes que aquejan al régimen de Beijing se revelaron en el hecho de que el Congreso Nacional del Pueblo se inauguró el viernes pasado sin pronósticos de crecimiento económico para este año.

Esta fue una marcada desviación de la práctica durante el último cuarto de siglo en el que los pronósticos del PIB han sido una característica muy destacada de los eventos del Congreso.

Esto debió de haber sido particularmente importante este año porque Xi estableció 2020 como el año en que el PIB se habría duplicado desde 2010. Debía haber sido el precursor de la celebración del centenario de la fundación del Partido Comunista Chino en 1921.

Al presentar su informe de trabajo, que abrió el CNP, el primer ministro chino, Li Keqiang, estaba ansioso por dar la mejor cara a la situación económica interna.

La sede del Banco Popular de China en Beijing. (Fuente de la imagen: Wikipedia/Max 12Max)

Su informe se presentó tras una contracción del 6,8 por ciento en la economía de China en el primer trimestre del año. Muchos economistas pronostican que, en el mejor de los casos, las tasas de crecimiento serían al menos la mitad de la tasa del 6,1 por ciento para 2019.

Sin embargo, Li dijo que el gobierno se había abstenido de establecer un objetivo de PIB, no como resultado de las condiciones internas, sino porque los mercados extranjeros eran muy inciertos.

El estado de los mercados mundiales es especialmente preocupante porque se estima que casi 200 millones de empleos en China están relacionados con el comercio exterior. Como el Ministro de Comercio Zhong Shan escribió en un artículo reciente, citado en Bloomberg, esto es más que toda la población activa de los Estados Unidos.

Li notó la situación dentro del país y las preocupaciones que ha planteado dentro del gobierno.

"La presión sobre el empleo ha aumentado significativamente", dijo. "Las empresas, especialmente las micro, pequeñas y medianas empresas, enfrentan crecientes dificultades. Cada vez hay más riesgos en el sector financiero y otras áreas".

Una noticia de Bloomberg publicada la semana pasada cuando se abría el NPC, señalaba el empeoramiento de la situación que enfrentan las empresas más pequeñas en la provincia costera sureña de Guangdong que ha estado en el centro del desarrollo industrial de China en las últimas tres décadas.

El informe del artículo daba detalles de las condiciones económicas en la extensa ciudad de Dongguan, con una población del tamaño de la ciudad de Nueva York, donde muchos pequeños fabricantes de textiles han cerrado o luchan por sobrevivir.

El propietario de una pequeña fábrica dijo: "Se puede ver por aquí, nueve de cada diez talleres textiles ya han cerrado". El dueño de la fábrica dijo que sus diez trabajadores restantes habían visto reducir su salario a la mitad por la pérdida de horas de trabajo, reduciendo sus ingresos al nivel de hace una década.

Las autoridades chinas han tratado de minimizar la ausencia de un pronóstico del PIB y el fracaso para lograr el objetivo de duplicar el tamaño de la economía en la última década.

He Lifeng, jefe del principal organismo de planificación económica de China, dijo a los periodistas el viernes que incluso con un crecimiento de solo el 1 por ciento este año, significaría que el PIB se había expandido 1,9 veces desde 2010.

La preocupación principal de los órganos de liderazgo chinos no es la caída del crecimiento como tal, sino el efecto que tiene sobre el empleo y la amenaza que representan los crecientes niveles de desempleo para la estabilidad social y política.

El régimen chino, que representa a la oligarquía capitalista del país, hace mucho tiempo desechó cualquier compromiso con la igualdad social, ni que hablar con el socialismo. Ha tratado de mantener su posición sobre la base de que el giro hacia el capitalismo, iniciado a fines de la década de 1970 bajo Deng Xiaoping, ha asegurado el aumento del nivel de vida e hizo de China una economía poderosa.

Pero el camino capitalista se ha topado ahora con su mayor obstáculo en los últimos 40 años: un colapso palpable de la economía mundial desencadenado por la pandemia de COVID-19. Esto tiene lugar en medio de las crecientes amenazas diarias de los EEUU, ya que todas las secciones de su establishment militar y político llevan adelante una virulenta campaña contra China.

La campaña contra China de Estados Unidos abarca todos los ámbitos: desde los esfuerzos por llevar a la bancarrota al gigante chino de telecomunicaciones Huawei —al negarle suministros vitales; la imposición de aranceles a una gama de productos chinos; una orientación creciente hacia Taiwán, amenazando con derogar la política de "una China"; a la creciente ola de acusaciones de que China es responsable del virus y de "sembrarlo" en los Estados Unidos.

En estas condiciones, un empeoramiento de la situación económica y un aumento del desempleo tienen importantes consecuencias políticas para el régimen. Li señaló esas preocupaciones en marzo cuando pidió a los funcionarios económicos que hagan del empleo una prioridad sobre las cifras del PIB.

Según una noticia en el Wall Street Journal, el primer ministro dijo: "Mientras el empleo sea estable este año, no es un gran problema si la tasa de crecimiento económico es un poco más alta o más baja".

Si bien China ha afirmado que ha eliminado en gran medida el virus, la economía, que ya se desaceleró notablemente antes de que ocurriera la pandemia y registrara su tasa de crecimiento más baja en 30 años, está muy lejos de volver incluso a los niveles anteriores de actividad.

Según las estimaciones de BNP Paribas, al contabilizar a los trabajadores migrantes que no podían viajar por trabajo a los principales centros industriales, puede haber habido 50 millones de empleos perdidos con una tasa de desempleo del 12 por ciento en marzo.

A principios de la década de 1990 hubo protestas por los despidos a gran escala de empresas estatales, pero estos disminuyeron a medida que la economía china se expandía para convertirse en el principal centro de fabricación de la economía global. Ese camino ahora está casi cerrado en medio de una creciente ola de nacionalismo económico, no solo en los Estados Unidos sino en todo el mundo, y un proceso de desglobalización.

La pérdida de 23 millones de empleos en 2008 como resultado de la crisis financiera mundial también provocó un escalofrío de miedo a través del régimen. Respondió con un paquete de estímulo masivo basado en la construcción y el gasto en infraestructura. Pero esa opción ahora también está cerrada debido al aumento de los niveles de deuda que las autoridades financieras están tratando de reducir.

Esta situación apunta a la importancia del otro gran desarrollo que surgirá de la apertura del CNP. El gobierno anunció una ley de seguridad nacional que cubre la "sedición" y la "subversión" en Hong Kong en respuesta a las protestas masivas del año pasado, que involucraron a hasta 2 millones de personas, que las autoridades locales no pudieron reprimir.

La nueva ley está claramente relacionada con el temor más profundo del régimen de que su expresión pueda provocar protestas masivas de la clase trabajadora del continente si las condiciones económicas empeoran.

(Publicado originalmente en inglés el 25 de mayo de 2020)