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Crece la resistencia de la clase obrera a la campaña de regreso al trabajo

Según se acerca a 200.000 la cifra de muertes por coronavirus en los Estados Unidos y la catástrofe económica y social que enfrentan millones de trabajadores se intensifica, hay cada vez más señales de resistencia de la clase trabajadora.

El lunes, cerca de 4.000 trabajadores de oficina, mantenimiento y otros servicios hicieron paro en los campus de la Universidad de Illinois y centros médicos en Chicago, Peoria y Champaign-Urbana. Después de más de un año de negociaciones para un nuevo contrato, los trabajadores de la UI votaron unánimemente a favor de autorizar al sindicato Service Employees International Union (SEIU) a convocar una huelga, exigiendo una cantidad adecuada de personal para garantizar la seguridad de los empleados, pacientes y estudiantes; equipos de protección personal adecuados y una menor carga de trabajo. Los trabajadores también exigen un aumento del salario mínimo básico para los trabajadores de la alimentación, la construcción y otros servicios, que ganan menos de 15 dólares por hora.

Los trabajadores de servicios se unieron a 800 enfermeros del Hospital de la Universidad de Illinois (UIH) en Chicago, quienes iniciaron su huelga el sábado. Los enfermeros del hospital, uno de los centros médicos urbanos más grandes del país, están luchando contra la escasez crónica de personal, que ha hecho que su trabajo sea aún más peligroso durante la pandemia. Al menos dos enfermeras han muerto a causa del COVID-19 en el hospital, ubicado en el condado de Cook, Illinois, donde más de 5.100 personas han sucumbido a la mortal enfermedad.

Los paros en Illinois se producen cuando casi 2.000 instructores-estudiantes de posgrado inician su segunda semana de huelga en la Universidad de Michigan en Ann Arbor. Los estudiantes de posgrado están exigiendo clases a distancia en la universidad, donde 45.000 estudiantes reanudaron las clases a finales del mes pasado.

Los estudiantes de posgrado hacen un piquete en la Universidad de Michigan el 11 de septiembre de 2020 (Fotografía del WSWS)

La semana pasada, los miembros de la Organización de Empleados de Posgrado (GEO) se opusieron a una oferta de la universidad que rechazaba sus demandas, y durante el fin de semana los huelguistas votaron a favor de extender su huelga. Se han ganado el apoyo de los trabajadores de la construcción, los miembros de la facultad y los trabajadores de los comedores, junto con los asistentes residenciales, que se unieron a la huelga después de que la universidad los expusiera de forma temeraria a los estudiantes infectados en las residencias.

Tanto en Illinois como en Michigan, los trabajadores se enfrentan a la oposición del Partido Demócrata. En Illinois, el gobernador milmillonario J. B. Pritzker, quien encabeza la junta administrativa de la universidad, está respaldando los esfuerzos para romper la huelga en el hospital de la UI en Chicago. En Michigan, la junta de regentes controlada por los demócratas está buscando una orden judicial para romper la huelga.

La oposición a la mortal reapertura de las universidades está creciendo en todo el país, cuando el número de infecciones en los campus supera las 50.000, según un recuento de Axios. Los estudiantes y profesores de la Universidad Estatal de Iowa y la Universidad de Iowa están organizando una huelga conjunta a partir de este miércoles, mientras que la oposición entre los estudiantes y trabajadores está creciendo en la Universidad Estatal de San Diego (SDSU), la Universidad de California en San Diego, la Universidad de Wisconsin, Cornell y otras universidades.

La reapertura de las escuelas públicas ya ha provocado la muerte de al menos seis profesores en el último mes en Missouri, Carolina del Sur, Iowa, Mississippi y Oklahoma, incluyendo una profesora de educación especial de 28 años, Demetria “Demi” Bannister, en Columbia, Carolina del Sur.

En la ciudad de Nueva York, los maestros de la escuela pública 139 de Brooklyn se negaron a entrar en el edificio el lunes por la mañana, y los educadores hicieron paro en la secundaria Murry Bergtraum de Manhattan una semana antes de que las escuelas vuelvan a abrir sus puertas para clases presenciales en el mayor distrito escolar de EE.UU. Expresando su enojo por el acuerdo de reapertura de la escuela por parte del sindicato United Federation of Teachers (UFT) y el alcalde demócrata Bill de Blasio, los profesores de la escuela 139 denunciaron la falta de ventilación y de conserjes para limpiar su edificio de 100 años y la distribución de termómetros inexactos. Exigieron que solo haya clases remotas para los 1,1 millones de estudiantes del distrito.

La oposición también se está extendiendo entre los trabajadores industriales. El viernes por la noche, los trabajadores de la planta de asientos para automóviles de Lear Corporation en Hammond, Indiana, detuvieron la producción y se negaron a trabajar durante varias horas después de enterarse de potenciales casos de COVID-19 en la instalación. El paro laboral, que obligó a la Ford Motor Company a dejar inactiva su cercana planta de ensamblaje de Chicago, se llevó a cabo en desafío al sindicato United Auto Workers (UAW), cuyos funcionarios defendieron a la gerencia.

Los trabajadores del sector automovilístico han creado comités de seguridad, independientes de los sindicatos, en las plantas de Fiat Chrysler y Ford en Detroit, Toledo y Chicago, así como en la planta de piezas de Faurecia en Indiana. Los maestros han formado comités similares en la ciudad de Nueva York, Detroit, Florida y Texas.

La industria de frigoríficos, que en gran parte escribió la orden Trump utilizada para invocar la Ley de Producción de Defensa y obligar a los trabajadores que protestaron el regreso a las plantas infectadas a finales de abril, sigue siendo un vector de la propagación de COVID-19 y de la oposición de los trabajadores.

Después de seis meses, durante los cuales al menos 18.000 trabajadores se contagiaron y al menos 203 murieron, la Administración de Seguridad y Salud Ocupacional (OSHA, sigla en inglés) emitió sus dos primeras citaciones la semana pasada contra la industria. La agencia multó a la multinacional JBS, cuya valoración es de $52 mil millones, con un total de 15.615 dólares por violaciones en su planta de Greeley, Colorado, y a Smithfield Foods con 13.494 dólares por violaciones en su planta de Sioux Falls, Dakota del Norte. Esto asciende a 2.425 dólares por cada uno de los 12 trabajadores que perdieron la vida en las dos plantas, donde otros 1.500 fueron infectados.

En California y Oregón, los trabajadores agrícolas inmigrantes que realizaron varias huelgas exigiendo condiciones de trabajo seguras se ven ahora obligados a seguir trabajando en medio de la pandemia y del aire tóxico y asfixiante de los incendios forestales de la costa oeste.

Como demostraron las revelaciones de la semana pasada del reportero del Washington Post, Bob Woodward, el presidente Trump ya sabía de los peligros sin precedentes del coronavirus en enero de 2020 y mintió deliberadamente al público estadounidense para evitar el “pánico”. Los demócratas y los medios de comunicación, que también fueron informados, fueron coconspiradores en este esfuerzo dirigido a prevenir una caída en la bolsa de valores y una rebelión de los trabajadores para salvar sus vidas.

Fueron las acciones de la clase obrera, incluyendo una ola de huelgas salvajes y protestas de los trabajadores de Fiat Chrysler en Michigan, Ohio, Indiana y Windsor, Ontario, las que obligaron el cierre de industrias y escuelas el pasado mes de marzo, así como los cierres parciales ordenados por los Gobiernos estatales. Esto fue parte de una ola de luchas de los trabajadores de todo el mundo.

Una vez que la Ley CARES fue aprobada con el apoyo casi unánime de ambos partidos burgueses, entregando más de $3 billones a Wall Street y a las grandes corporaciones, ambos partidos comenzaron inmediatamente la campaña para arrear a los trabajadores de vuelta a las fábricas y a otros lugares de trabajo, a fin de producir las ganancias necesarias para pagar la montaña de deuda corporativa y gubernamental. Los demócratas y los republicanos dejaron que el subsidio federal de desempleo de 600 dólares semanales expirara a finales de julio para aumentar la presión sobre los trabajadores para que volvieran a trabajar

Los sindicatos han servido como socios en esta campaña de regreso al trabajo. Después de que los trabajadores abandonaran todas las fábricas automotrices de Detroit en marzo, el UAW trabajó con la gerencia para orquestar el reinicio de la producción a mediados de mayo. Los sindicatos de maestros, que ocultaron el brote de infecciones en la ciudad de Nueva York en marzo, ahora colaboran para reabrir las escuelas en todo el país.

La clase dirigente es responsable de una catástrofe social, que está generando una poderosa corriente de oposición de la clase trabajadora. Asustado por este incipiente movimiento, Trump está incitando a la violencia fascista contra los manifestantes. Biden y los demócratas, no menos aterrados por el crecimiento del sentimiento anticapitalista, están sobre todo preocupados por evitar que la oposición masiva amenace la política básica de la clase dominante: hacer que la clase obrera cargue con el peso de la crisis sin precedentes del capitalismo estadounidense.

Como escribió el Comité Político del Partido Socialista por la Igualdad (EE.UU.) en su declaración “Las elecciones de guerra civil” la semana pasada, “Las luchas de las diferentes secciones de la clase obrera necesitan organizarse y unirse a partir de la formación de comités de seguridad independientes en cada fábrica, centro laboral y barrio. La batalla de los docentes contra la campaña de regreso a las aulas necesita vincularse a la batalla de los estudiantes contra la reapertura de las universidades, la batalla de los trabajadores contra las condiciones horrendas en las plantas, la batalla de los desempleados contra la devastación social y la batalla de los jóvenes contra la violencia policial.

“Cada lucha suscita la cuestión del poder político: cuál clase gobierna y de acuerdo con cuáles intereses. La única solución a la crisis es una dirigida contra el sistema capitalista. Se necesita una reasignación masiva de recursos sociales lejos del rescate a los ricos y del financiamiento del militarismo y las guerras. La riqueza de los oligarcas debe ser incautada, y las gigantes corporaciones y bancos necesitan ser convertidos en utilidades públicas para crear las condiciones para un programa globalmente coordinado para salvar vidas”.

La mayor tarea por delante es construir el Partido Socialista pro la Igualdad como la dirección revolucionaria de esta lucha. Instamos a los trabajadores y a la juventud a que se pongan en contacto con nosotros y se unan a la lucha.

(Artículo publicado originalmente en inglés el 15 de septiembre de 2020).

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