Aumenta la cifra de muertos por el terremoto en la Ciudad de México

por Alex González
23 septiembre 2017

Ha ascendido la cantidad de fallecidos a 225 del terremoto de magnitud 7,1 que estremeció a la Ciudad de México y nueve otros estados el martes por la tarde. Los reportes iniciales indican que colapsaron 44 edificios en la capital del país, dejando a 699 personas heridas y 201 desaparecidas. La catástrofe social ocurrió en el aniversario del devastador terremoto de 1985 en la ciudad y tan sólo dos semanas después de que otro sismo de 8,1 grados golpeara el sur del empobrecido país.

El lugar del epicentro previno que el sistema de monitoreo de la ciudad les advirtiera a los residentes del peligro hasta que ya había comenzado a temblar, imposibilitando una evacuación a tiempo. Millones de residentes habían participado en un simulacro conmemorando el terremoto de 1985, en el que murieron al menos diez mil personas, a pocas horas del comienzo del más reciente desastre.

Más del cuarenta por ciento de la Ciudad de México y del sesenta por ciento del estado de Morelos estaba sin electricidad el miércoles por la tarde, mientras que el metro de la ciudad capitalina, el segundo más grande de América del Norte, suspendió cuatro de sus catorce líneas el martes. Las escuelas y principales universidades cancelaron clases en la Ciudad de México y los estados de México, Guerrero, Hidalgo, Morelos, Puebla, Veracruz y Tlaxcala hasta próximo aviso, dejando a más de catorce millones de estudiantes sin clases.

Más de quince mil personas tuvieron que ser desalojadas del centro histórico de la ciudad de Puebla y trasladadas a un centro de exposiciones por el peligro de que colapsen más edificios.

La devastación en la Ciudad de México se concentró en el centro, con las estructuras más afectadas en las delegaciones de Cuauhtémoc, Benito Juárez, Coyoacán y Iztapalapa.

Veintiún niños murieron después de que dos escuelas colapsaran, con dos niños y un adulto todavía atrapados en los escombros de la escuela el miércoles por la tarde. Ha habido diecisiete réplicas del temblor hasta el momento de redacción, con el más fuerte de magnitud 4,9. Un sismólogo del Servicio Geológico de Estados Unidos señaló que el temblor más reciente pudo haber sido una réplica del terremoto fuera de la costa pacífica mexicana del 7 de setiembre.

Debido a la ira social generalizada después de las catastróficas pérdidas en 1985, el Gobierno se vio obligado a instalar sistemas de monitoreo avanzados para terremotos y hacer cumplir estrictamente los códigos de construcción de la ciudad. Sin embargo, la pobreza de las masas y la extrema desigualdad, junto con la austeridad impuesta por la burguesía, han valido para asegurarle a millones una condena de vivir y trabajar bajo condiciones potencialmente letales.

La Ciudad de México es una de las áreas de mayor actividad sísmica y, más allá, sus veintiún millones de habitantes se encuentran sobre una cuenca lacustre o sistema de lagos que se secaron, volviéndolos más susceptibles a daños por los movimientos tectónicos. Son 34 los terremotos de una magnitud mayor a siete que han sucedido a menos de quinientos kilómetros del terremoto del martes desde el año 1900. No son acontecimientos imprevistos.

Los métodos de restauración para hacer que los edificios viejos e históricos sean más resistentes y seguros son bien conocidos. El hecho de que no fueron preparadas tantas estructuras no es un accidente, sino que es parte del esquema de lucro capitalista, donde una diminuta capa de la población se enriquece masivamente y millones son condenados a morir por desastres que pudieron haber sido prevenidos.

Como sucede en las otras áreas metropolitanas del mundo, la Ciudad de México alberga inmuebles de gran lujo junto a condiciones de vida que pertenecen a otro siglo. Más del 28 por ciento de la población de la ciudad vivía bajo la línea de la pobreza en el 2016, mientras que el número seguro ahora mayor de millonarios en el 2013 era de 102 000.

Los gastos en los servicios sociales ha sito recortado para llenar las arcas de las corporaciones transnacionales y armar al ejército en preparación para levantamientos sociales futuros. El financiamiento en infraestructura pública fue reducido por más del 20 por ciento en julio de este año en comparación con el mismo periodo en el 2016. Además, la inversión de capital en el sector público —que incluye gastos en nueva infraestructura, maquinaria y mantenimiento—cayó más de 40 por ciento durante los primeros cinco meses de este año en comparación con ese periodo el año pasado, según datos de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público.

Este es el recorte más fuerte del gasto de capital en el sector público desde 1990. Por mientras, en el gobierno de Peña Nieto, el presupuesto del sector castrense ha aumentado un 36 por ciento y casi que se ha duplicado desde el 2006.

La élite gobernante sin duda está nerviosa acerca del explosivo enojo que podría hacer erupción por esta política de asesinato social. El terremoto de 1985 y la anémica respuesta estatal marcaron el fin del mandato del PRI en la Ciudad de México. Además, hay señales de esta ira hacia el Gobierno de Peña Nieto en respuesta al temblor. El secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong fue abucheado, insultado y atacado físicamente por voluntarios cuando fue a visitar una zona donde se realizaba un rescate cerca de una fábrica colapsada el miércoles. A pesar de ir escoltado de soldados, se vio obligado a irse rápidamente. Más temprano este año, Osorio Chong era considerado un candidato potencial en las elecciones generales del próximo año.

A diferencia de la respuesta de la élite gobernante, ha sido la clase obrera se ha movilizado para encabezar los esfuerzos de socorro con su autosacrificio y solidaridad. Miles de trabajadores salieron a las calles espontáneamente por toda la ciudad para rescatar a los que quedaron atrapados bajo los escombros. Las escenas de multitudes organizadas escarbando para encontrar a supervivientes se vieron en casi todos los sitios de edificios colapsados. Pese al peligro de las réplicas, los voluntarios permanecieron en las áreas de rescate toda la noche del martes y seguían ahí el miércoles.

Los trabajadores formaron cadenas para pasarse escombros, cubetas, palas, picos, comida, agua, equipo médico desde y hacia los edificios colapsados. Los voluntarios hicieron pancartas con señales para que la multitud supiera cuando estar en silencio para escuchar los silenciosos gritos de socorro de los atrapados. Debido al congestionamiento del sistema de transporte público, los trabajadores pusieron sus propios vehículos al servicio de otros para que pudieran desplazarse a sus destinos, mientras que muchos se colocaron en intersecciones para dirigir el tráfico y facilitar el movimiento de vehículos de emergencia. Cientos más ayudaron a distribuir comida y agua a los que las necesitaran.

Es la clase obrera la que debería estar a cargo de organizar no solo esfuerzos de rescate, sino toda la economía. Como ha quedado demostrado después de los huracanes que crearon destrozos en el caribe, en Estados Unidos y México, son los trabajadores los que sufre más de estos desastres, pero componen la única clase capaz de movilizarse exitosamente para responder a ellos contando con su propia fuerza social. Los trabajadores tienen que luchar por llevar orden al caos del sistema capitalista y reorganizar la economía global a fin de garantizarse sus propios derechos sociales. Esto sólo es posible en la forma de una lucha por el socialismo internacional en México y alrededor del mundo.

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