Prólogo de La escuela de Fráncfort, el posmodernismo y la política de la pseudoizquierda: una crítica marxista

Tercera parte

por David North
14 junio 2018

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El WSWS está publicando el prologó de David North a su libro La escuela de Fráncfort, el posmodernismo y la política de la pseudoizquierda: una crítica marxista. El libro está disponible para su compra en Mehring Books.

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La bancarrota política de la teoría oportunista sobre la “experiencia” que propugnan Steiner y Brenner se ha visto expuesta por los acontecimientos subsecuentes. Alexis Tsipras compensó su infatuación y servilismo político con la formación de un Gobierno en alianza con los Griegos Independientes, un partido burgués de extrema derecha. Tsipras luego emprendió una política de repudiar todas las promesas de Syriza en cuanto a oponerse al programa de austeridad de la Unión Europea.

La escuela de Fráncfort, el posmodernismo y la política de la pseudoizquierda

La traición de Syriza

El referéndum del 5 de julio del 2015 representó la culminación de esta traición. Tsipras buscó darle una cobertura política a la capitulación de su Gobierno ante las demandas de la Unión Europea. El Comité Internacional denunció esta maniobra, señalando que el Gobierno de Syriza, el cual había llegado al poder tan solo cinco meses antes para oponerse a la austeridad, no tenía ninguna razón legítima para llamar a un referéndum sobre si capitular o no ante la UE. En realidad, Alexis Tsipras estaba ofreciéndole al imperialismo europeo y a sus aliados en la élite gobernante griega una oportunidad para deshacerse de su Gobierno, y así Syriza podría transferirle a otro el peso de tener que aceptar e imponer concesiones.

Predeciblemente, Brenner volvió a enfadarse con la exposición de la maniobra de Tsipras por parte del Comité Internacional y buscó defender al primer ministro. Syriza, escribió, “se ha dirigido al pueblo griego y les ha pedido que decidan: más austeridad o no… esta es una de las extrañas ocasiones en las que la burguesía demócrata cumple con la expectativa”.[1]

Las advertencias hechas por el Comité Internacional y opuestas tan férreamente por Brenner fueron rápidamente confirmadas. Tsipras se horrorizó al ver la abrumadora victoria del “No”, algo que no quería ni preveía. El 8 de julio del 2015, apareció un artículo en el Daily Telegraph británico del editor sobre negocios internacionales, Ambrose Evans-Pritchard, confirmando el análisis del World Socialist Web Site:

El primer ministro griego, Alexis Tsipras, nunca esperó ganar el referéndum del domingo sobre los términos de rescate de la Unión Monetaria y Económica, ni hablar de presidir la revuelta nacional en marcha contra el control extranjero.

Convocó la votación bajo la expectativa —y la intención— de perder. El plan era dar una buena batalla, aceptar una derrota honorable y entregarle las llaves de la mansión Máximos a otros para que implementaran el “ultimátum” [de las instituciones europeas] del 25 de junio y sufrieran el oprobio.[2]

En una entrevista con el Guardian, publicada el 14 de julio del 2015, Yanis Varoufakis, el exministro de Finanzas de Syriza que encabezaba las negociaciones con la UE, confirmó el reporte de Evans-Pritchard. “Asumí, y creo que también lo hizo el primer ministro, que el apoyo a nosotros y al voto del No desaparecería exponencialmente”, señaló Varoufakis. Al mismo tiempo, afirmó que Amenecer Dorado, el partido fascista griego, se vería beneficiado de la capitulación de Syriza. “No veo ningún otro resultado posible que no sea el fortalecimiento continuo de Amanecer Dorado”.[3]

Steiner y Brenner reaccionaron a la traición de la clase obrera griega, pero sin denunciar a Syriza ni a su líder, Alexis Tsipras, sino publicando ataques nuevos y más virulentos contra el World Socialist Web Site. El crimen del WSWS había sido su “rechazo completo a que la EXPERIENCIA del Gobierno de Syriza podría ser crucial para aumentar el nivel de consciencia política de las masas y abrir oportunidades para ganar a muchos al socialismo revolucionario”.[4] Este extraño argumento conlleva la conclusión de que las traiciones políticas que desorientan y desmoralizan a la clase obrera deben ser celebradas como contribuciones positivas para el desarrollo de la consciencia. ¡Entre más traiciones mejor! ¿Y qué pasa si las traiciones resultan en la victoria de Amanecer Dorado? Si aceptáramos la lógica de Steiner y Brenner, ¡esta sería en sí otra experiencia invaluable para elevar la consciencia! La tarea de los “socialistas”, según su teoría de la consciencia, es promover las ilusiones de los partidos que estén traicionando a la clase trabajadora. Uno debe “permanecer junto a ellos [los trabajadores] a través de sus experiencias…”.[5] Sin duda, si gana la reacción en Grecia, Steiner, quien se encuentra en Manhattan, y Brenner, en Toronto, “permanecerán junto” a los trabajadores a una distancia segura de 8.000 kilómetros de Atenas.

Como expresión más reveladora de su desmoralización, Brenner deja salir: “En la política revolucionaria, NO ES SUFICIENTE PROCLAMAR LA VERDAD”.[6] Solo una persona irremediablemente corrompida por el cinismo y que ha cortado todos sus lazos intelectuales y morales con el socialismo podría escribir esas palabras. El marxismo y toda forma de pensamiento y cultura progresistas se inspiran en la convicción de que no hay nada más poderoso que la verdad. La Cuarta Internacional se distingue de todos los otros movimientos políticos, incluyendo aquellos que afirman tener alguna conexión con el socialismo, en su énfasis sobre el inmenso significado político de la lucha por la verdad en la era en que el capitalismo depende de las mentiras para sobrevivir. Como declaró potentemente Trotsky en 1937: “¡Ni las amenazas, ni las persecuciones, ni las vulneraciones nos detendrán! ¡Sea por encima de nuestros pálidos huesos, la verdad triunfará! Le abriremos paso. ¡Conquistará![7] La lucha por la verdad —que significa, ante todo, decirle la verdad a la clase obrera— es el fundamento esencial de la política marxista, y es incompatible con toda forma de oportunismo político.

La defensa de Syriza por parte de Steiner y Brenner ha expuesto la mala fe intelectual, charlatanería teórica y duplicidad política detrás de sus ataques contra el Comité Internacional. Iniciaron su ataque en el 2004 con la acusación de que mis inclinaciones “objetivistas” y “abandono de la dialéctica” —debido a mi gran estima por el trabajo de Plejánov— representaban mi abandono de la teoría marxista, lo que amenazaba la supervivencia misma del Comité Internacional. En el 2007, concluyeron que el Comité Internacional, al no aceptar sus críticas sobre mi “objetivismo”, había dejado de existir como un movimiento revolucionario. Ahora, una década después de iniciar su campaña, Steiner y Brenner se han convertido en cómplices de políticos pequeñoburgueses que han llevado a cabo una traicion monstruosa contra la clase obrera.

El regreso de Savas Michael-Matsas

La política es rica en ironías. En su polémica inicial, escrita en el 2004, cuando todavía proclamaba su devoción al Comité Internacional, Steiner afirmó que reconocía la importancia de la crítica hecha por el CI de la “bastardización de la dialéctica” por parte de Gerry Healy. Indicó que “la ruptura con Healy en 1985 fue un hito importante en el sentido de que salvó al Comité Internacional de una destrucción completa”.[8]

Sin embargo, la lógica política de su lucha contra el CICI y su defensa de Syriza han llevado a Steiner y Brenner a forjar una alianza política con Savas Michael-Matsas, quien apoyó incondicionalmente a Healy en 1985 y dejó el Comité Internacional. Era el secretario nacional de la Liga Obrera Internacionalista en Grecia, la única sección del CICI que apoyó a Healy. Michael-Matsas no lo respaldó por lealtad personal, sino porque su política oportunista se alineaba más conformemente con sus propios esfuerzos para formar alianzas políticas con partidos estalinistas y pseudoizquierdistas en Grecia. A raíz de su rompimiento con el Comité Internacional, Michael-Matsas proclamó una “Nueva era para la Cuarta Internacional”, en la cual el trotskismo se libraría del “propagandismo abstracto” y “las prácticas de derrotas y aislamiento”. En la práctica, esta “Nueva era” consistía en apoyar al partido PASOK en Grecia, endosando, en alianza con el estalinismo, a un candidato burgués para la Presidencia de Chipre y alabar la Perestroika de Mijaíl Gorbachov como el comienzo de la “revolución política” en la Unión Soviética.

Ahora, treinta años después de que Michael-Matsas rompiera con el trotskismo, Steiner y Brenner han puesto su blog a disposición de Michael-Matsas, donde puede denunciar al Comité Internacional como “sectario”. Mientras que el CICI y el WSWS “pueden decir algunas cosas correctas sobre la naturaleza burguesa de la dirección de Syriza”, escribió el 22 de enero del 2015, “descartan el significado de la victoria de Syriza… Los grupos sectarios no ven las oportunidades porque son indiferentes al movimiento de masas”.[9] Como todos los oportunistas políticos, Michael-Matsas invoca al “movimiento de masas” sin definir la naturaleza de clases y el programa político de sus líderes.

En cuanto a la evolución de las concepciones teóricas desde que dejó el Comité Internacional, su biografía en Wikipedia nos informa que:

Ha estado intentando ofrecer “una reinterpretación de la teoría revolucionaria y el marxismo desde la perspectiva del mesianismo y la mística judía y viceversa”. Su posición podría clasificarse como “ateísmo religioso” o “mesianismo profano”.[10]

Uno busca en vano una sola palabra crítica sobre la “bastardización de la dialéctica” por parte de Michael-Matsas en el blog de Steiner y Brenner. Les da lo mismo sus intentos para incorporar el misticismo medieval de la Cábala en el marxismo y las afirmaciones de los ideólogos de Syriza de que vivimos en una era “posmarxista”. Pero Steiner y Brenner no pudieron soportar mi filosofía “objetivista” —es decir, el empleo de un análisis materialista histórico para descubrir y avanzar los intereses de la clase trabajadora—.

Repetimos, no es su filosofía la que impulsa su política, sino su filosofía subjetiva y ecléctica la que surge de los requisitos de su orientación de clases e intereses sociales, los cuales se reflejan en su política.

Una definición de la pseudoizquierda

La traición de Syriza marca un momento significativo en Grecia e internacionalmente. No queda nada de “izquierdismo” en los sectores sociales de los que han emergido organizaciones como Syriza. Solo queda una retórica engañosa. Su rechazo al programa contra la austeridad ha expuesto la grieta irremediable entre los representantes políticos de las secciones más acomodadas de la clase media y las masas trabajadoras. Este conflicto objetivo de intereses sociales desencadenará un proceso necesario de realineamiento político. Las secciones avanzadas de la clase obrera y la juventud se rebelarán contra la pseudoizquierda y buscarán encaminarse a una auténtica izquierda socialista y marxista. Este proceso objetivo de diferenciación social y política exige la intervención del movimiento trotskista. El enojo hacia los que han traicionado no es suficiente. Los marxistas deben dedicarse a impartirle a la radicalización en curso de los trabajadores y a la intensificación de la lucha de clases un alto nivel de consciencia política e histórica.

Como una contribución a este proceso y con el fin de ayudarles a los trabajadores a identificar a sus enemigos políticos, ofrecemos la siguiente definición de la pseudoizquierda contemporánea:

· La pseudoizquierda denota partidos políticos, organizaciones y tendencias teóricas-ideológicas que utilizan consignas populistas y frases democráticas para promover los intereses socioeconómicos de los estratos privilegiados y afluentes de la clase media. Entre estos partidos y tendencias, se encuentran Syriza en Grecia, Podemos en España, La Izquierda (Die Linke) en Alemania y las numerosas derivaciones de las organizaciones extrotskistas ( i.e. pablistas) y los capitalistas de Estado como el Nouveau Parti Anticapitaliste (NPA) en Francia, el NSSP en Sri Lanka y la Organización Internacional Socialista (ISO, siglas en inglés) en Estados Unidos. Esta lista también puede incluir los remanentes y descendientes de los movimientos en torno a “Occupy Wall Street”, que fueron influenciados por tendencias anarquistas y posanarquistas. Dada la variedad de organizaciones pseudoizquierdistas de la pequeña burguesía por todo el mundo, esta no es de ninguna manera una lista comprensiva.

· La pseudoizquierda es antimarxista. Rechaza el materialismo histórico y, en cambio, acoge distintas formas de idealismo subjetivo e irracionalismo filosófico, asociados con el existencialismo, la escuela de Fráncfort y el posmodernismo contemporáneo.

· La pseudoizquierda es antisocialista, se opone a la lucha de clases y niega el papel central de la clase obrera y la necesidad de la revolución en la transformación progresista de la sociedad.[11] Opone el populismo supraclasista a la organización política independiente y la movilización de masas de la clase obrera contra el sistema capitalista. El programa económico de la pseudoizquierda es, en esencia, procapitalista y nacionalista.

· La pseudoizquierda promueve la “política de identidades”, la cual se enfoca en cuestiones de nacionalidad, origen étnico, raza, género y sexualidad, con el propósito de obtener una mayor influencia en las corporaciones, universidades, profesiones mejor pagadas, sindicatos y en el Gobierno e instituciones estatales. Lo que pretende es una distribución más favorable de la riqueza dentro del 10 por ciento más pudiente de la población. La pseudoizquierda procura tener más privilegios sociales y no su destrucción.

· En los centros imperialistas de América del Norte, Europa occidental y Australasia, la pseudoizquierda es generalmente proimperialista y utiliza consignas de “derechos humanos” para legitimar e incluso apoyar directamente las operaciones militares neocolonialistas.

El análisis y la exposición de la base de clase, las concepciones teóricas retrógradas y la política reaccionaria de la pseudoizquierda son tareas políticas especialmente críticas para el movimiento trotskista en su lucha por educar a la clase obrera, liberarla de la influencia de los movimientos pequeñoburgueses y establecer su independencia política como la fuerza revolucionaria y progresista central en la sociedad capitalista moderna. La e scuela de Fráncfort, el posmodernismo y la política de la pseudoizquierda busca ser una contribución hacia esta meta.

David North

Detroit, Michigan

16 de julio del 2015

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Notas:

[1] http://forum.permanent-revolution.org/2015/06/the-working-class-in-fantasy-and-reality.html

[2] www.telegraph.co.uk/finance/economics/11724924/Europe-is-blowing-itself-apart-over-Greece-and-nobody-can-stop-it.html

[3] http://www.theguardian.com/business/2015/jul/14/golden-dawn-will-be-strengthened-by-worse-austerity-yanis-varoufakis-warns

[4] http://forum.permanent-revolution.org/2015/07/sectarianism-and-greek-working-class.html (énfasis original)

[5] ibid.

[6] ibid. (énfasis original)

[7] León Trotsky, I Stake My Life (Nueva York: Labor Publications, 1977) p. 26.

[8] http://permanent-revolution.org/polemics/dialectical_path.pdf

[9] http://forum.permanent-revolution.org/2015/01/for-revolutionary-intervention-in.html

[10] https://en.wikipedia.org/wiki/Savas_Matsas

[11] Como escribieron Ernesto Laclau y Chantal Mouffe en Hegemonía y estrategia socialista, “Lo que está actualmente en crisis es toda una concepción del socialismo fundada en la centralidad ontológica de la clase obrera, en la afirmación de la Revolución como momento fundacional en el tránsito de un tipo de sociedad a otra…” (Madrid, Siglo XXI, 1987, p. 9).

(Publicado originalmente en inglés el 23 de julio de 2015)