Declaración de principios del Partido Socialista por la Igualdad

El acuerdo político con la Declaración de principios forma la base para ser miembro del PSI. Este documento fue adoptado en el Congreso Fundacional del PSI (EE.UU.) en 2008.

La misión mundial del Partido Socialista por la Igualdad

1. El Partido Socialista por la Igualdad (PSI) se solidariza con el Comité Internacional de la Cuarta Internacional (CICI), partido mundial de la revolución socialista fundado por León Trotsky, y también acepta su autoridad política. Los principios del PSI incorporan las experiencias esenciales de las explosiones revolucionarias del Siglo XX y las luchas paralelas que los marxistas llevaron a cabo en defensa del programa de la revolución mundial socialista. La revolución socialista, la cual trae consigo la participación contundente de las masas en la lucha política consciente, tiene como objetivo la trasformación progresista más radical en la historia mundial de la sociedad humana; ha de ponerle fin a la sociedad basada en clases sociales y en la explotación de los seres humanos por seres humanos. Tan enorme transformación es la labor de toda una época histórica. Los principios del PSI provienen de —y obligatoriamente toman en cuenta—las experiencias de nuestra época, que comenzó con la explosión de la Primera Guerra Mundial en 1914, seguida poco después por la conquista del estado por parte de la clase obrera rusa en la Revolución de Octubre, 1917.

2. La Cuarta Internacional, con la cual se alínea el PSI, surgió de la lucha implacable de los marxistas internacionalistas, dirigidos por León Trotsky, en contra de la degeneración burocrática de la Unión Soviética y la traición del programa revolucionario socialista por parte del régimen dictatorial de Stalin y sus secuaces. Los orígenes políticos de esta traición, que por último resultó en la disolución de la URSS en 1991, surgen cuando el régimen de Stalin reemplaza al internacionalismo con el nacionalismo.

3. La revolución socialista es de alcance internacional. Como escribiera Trotsky: “La revolución socialista comienza en el terreno nacional, se desenvuelve a nivel nternacional y termina a nivel mundial. Por eso mismo, la revolución socialista se convierte en revolución permanente en el sentido más nuevo y amplio de la palabra: sólo termina con el triunfo definitivo de la nueva sociedad en todo nuestro planeta.”

Este principio fundamental de la Cuarta Internacional, que esencialmente define el programa y la identidad política del PSI, se forjó durante la lucha en contra de la teoría estalinista del “socialismo en un solo país”. La estrategia de la clase obrera en Estados Unidos y en todos los demás países debe proceder del análisis de las condiciones mundiales. La época de programas nacionales llega a su fin cuando comienza la Primera Guerra Mundial. Casi cien años después, dado el desarrollo gigantesco de la economía mundial y de su integración globalizada, las condiciones económicas mundiales y las exigencias de las rivalidades entre las potencias capitalistas e imperialistas son lo que principalmente determinan la vida de cada nación. Por ende, como explica Trotsky, “la orientación nacional del proletariado debe y puede fluir exclusivamente de una orientación mundial y no viceversa”.

4. No importa donde comiencen las luchas revolucionarias de la clase obrera, ya sea en los países avanzados o en los menos desarrollados —Norteamérica, Sudamérica, Europa, África, Asia o Australia— las conflagraciones sociales inevitablemente asumirán un carácter mundial. La revolución socialista no puede completarse dentro de un marco nacional. Ésta ha de completarse, como predijera Trotsky en su Teoría de la Revolución Permanente, a nivel mundial.

5. El programa del Partido Socialista por la Igualdad expresa los intereses de la clase obrera, la cual es la fuerza revolucionaria e internacional decisiva y de avanzada en la sociedad capitalista moderna. La misión principal del PSI es ganarse a los trabajadores estadounidenses para que apoyen el socialismo internacionalista. A base de este programa, el PSI se esmera en unificar y movilizar a la clase obrera para la conquista del poder político y el establecimiento de un estado obrero en Estados Unidos. De esa manera, ha de crear las precondiciones objetivas para el desarrollo de una sociedad verdaderamente democrática, igualitaria y socialista. Estos objetivos sólo pueden lograrse con una estrategia internacionalista cuyo fin es la unificación mundial de los trabajadores de todos los países y la creación de Naciones Socialistas Unidas del Mundo.

La crisis del capitalismo

6. El capitalismo y el sistema imperialista que se desarrolla sobre sus bases económicas son la causa principal de la pobreza, la explotación y la violencia que los seres humanos sufren en el mundo moderno. Como sistema organizado sobre bases socio económicas, el capitalismo ya hace tiempo que dejó de jugar un papel progresista en la historia. La sangrienta historia del Siglo XX —con sus dos guerras mundiales, incontables conflictos “locales”, la pesadilla del nazismo y otros tipos de dictaduras militares y policíacas, las explosiones de genocidio y las persecuciones comunales— es una acusación irreprochable al sistema capitalista. La cantidad de víctimas que la violencia inspirada por el capitalismo ha causado llega a los cientos de millones, cifra que no incluye los pueblos de continentes enteros que han sido condenados a la pobreza implacable e incesante y a toda la miseria que resulta de ella.

7. Las fuerzas productivas hoy día son enormes, y los adelantos en la tecnología son más que suficientes para abolir la pobreza y, además, garantizarle a todos los seres humanos un buen nivel de vida. Esta inmensa riqueza, que no tiene precedentes, debería facilitar el florecimiento de la cultura. No obstante, las condiciones de vida de la clase obrera se deterioran y la cultura humana, privada de toda perspectiva y esperanzas para el futuro, se encuentra en una profunda crisis. La fuente de la contradicción entre la realidad y lo que debería ser es el sistema económico mundial, cuyos medios de producción se basan en la propiedad privada y en la división irracional del mundo en estados-naciones rivales.

8. Todo esfuerzo para mejorar la calidad de vida de la clase obrera y resolver los graves problemas sociales se estrella contra varias barreras: los modos de producción en manos privadas, la anarquía del mercado capitalista, las exigencias de un sistema que depende de los beneficios privados, y por último pero no menos importante, la avaricia insaciable y la locura por el dinero de la misma clase gobernante. Las aseveraciones sobre el mercado capitalista como repartidor infalible de los recursos y árbitro supremamente sabio que define las necesidades sociales, hoy están totalmente desacreditadas por la infinita serie de escándalos en la especulación y las declaraciones de bancarrota en los miles de millones de dólares que han estremecido al sistema económico mundial durante la última década. La línea que separa a los negocios financieros “legítimos” del fraude criminal se ha vuelto tan angosta que es prácticamente imperceptible. La acumulación de riquezas personales se ha separado de la producción y la creación de valores verdaderos, proceso que expresa de modo general la putrefacción del sistema capitalista.

9. El conflicto irreconciliable entre el sistema de beneficios privados y la supervivencia de la humanidad literalmente encuentra su expresión más nociva en la crisis del calentamiento del globo terráqueo. La causa de esta crisis no es, como asegura falsamente la prensa burguesa, el crecimiento de la población. Ni tampoco ha sido culpa de la ciencia y la tecnología -cuyo desarrollo juega un papel crítico para adelantar la civilización humana- sino el mal uso de estos recursos por un orden económico irracional y obsoleto. La imposibilidad de encontrar una verdadera solución al creciente problema del cambio climático y otros problemas ambientales dentro del marco establecido por el sistema capitalista es una “verdad inconveniente” que los políticos burgueses —inclusive aquellos que dicen consternarse por el ambiente— niegan. Toda la evidencia científica muestra que nada que no sea la reorganización socialista de la economía mundial —por medio de la cual el ambiente planetario ya no sería rehén de las ganancias privadas o de intereses nacionalistas destructivos— logrará la reducción necesaria de gases invernaderos para evitar el desastre.

10. La solución a la creciente crisis económica y al deterioro de la posición social de la clase obrera no consiste en reformar al capitalismo; éste ya no puede reformarse. La crisis es de carácter sistémico e histórico. Así como el feudalismo tuvo que abrirle paso al capitalismo, el capitalismo ahora debe abrirle paso al socialismo. Los recursos industriales, económicos, tecnológicos y naturales de mayor importancia tienen que sacarse del mercado capitalista y la propiedad privada, ser transferidos a la sociedad y puestos bajo el control y la supervisión democrática de la clase obrera. La organización de la economía en base a la ley capitalista del valor debe reemplazarse con la reorganización socialista basada en la planificación democrática de la economía, cuyo objetivo es satisfacer las necesidades sociales.

El imperialismo y las guerras

11. Aunque el sistema económico funciona a escala mundial, con la industria y las finanzas controladas por empresas trasnacionales, el capitalismo permanece arraigado a un sistema de estados-naciones. Cada estado-nación funciona como base de las operaciones de la clase gobernante de cada país para perseguir sus intereses a nivel internacional. El empuje incontrolable de las principales naciones imperialistas —incluyendo, primero que nada, a Estados Unidos— en pos de dominio geopolítico, esferas de influencia, mercados, control de recursos vitales, y acceso a mano de obra barata, inevitablemente conduce a la guerra. La doctrina de la “guerra preventiva” develada por el gobierno de Bush en 2002 -en violación del precedente legal establecido en los juicios por crímenes de guerra de Núremberg en 1946- legitima la guerra como política gubernamental y prepara el escenario para creciente y permanente violencia.

12. El Partido Socialista por la Igualdad inequívocamente condena la “Guerra contra el terrorismo” como pretexto engañoso para que la clase gobernante de Estados Unidos, compuesta de los intereses empresariales y financieros, se valgan de la violencia militar para lograr sus ambiciones mundiales. El gobierno y la prensa se olvidan de los orígenes de Estados Unidos cuando éste luchó contra la tiranía colonialista y tildan de “terrorista” a todo aquel que resista la ocupación de su país por ejércitos extranjeros. El PSI condena esta difamación motivada por el imperialismo y defiende el derecho básico de los pueblos a defenderse y a defender sus hogares y sus países contra los invasores neo coloniales. Esta postura principista de ninguna manera achica la oposición del PSI a actos violentos contra los civiles inocentes en los países ocupados o en cualquier parte del mundo. Estos actos, que legítimamente pueden llamarse terroristas, son actos políticos reaccionarios. El asesinato de civiles inocentes enfurece, desorienta y confunde al público. Empeora las divisiones sectarias y comunales en los países ocupados. Cuando el terrorismo se practica a nivel internacional, socava la lucha para unificar a la clase obrera y cae en la trampa tendida por aquellos elementos de la clase gobernante de Estados Unidos que se valen de semejantes acciones para justificar y legitimar sus llamados a la guerra.

13. El PSI exige el retiro inmediato de todas sus fuerzas militares de Irak y Afganistán, y que cesen todas las amenazas contra Irán y otros países que la Casa Blanca y el Pentágono, por alguna razón u otra, consideran obstáculos a los intereses mundiales del imperialismo estadounidense. El PSI apoya y aboga por las mayores manifestaciones posibles en contra del militarismo de Estados Unidos y sus planes de guerra. Puesto que las causas de la guerra se arraigan en la estructura económica de la sociedad y su división política en estados-naciones, toda lucha contra el militarismo imperialista y las guerras pueden lograr el éxito sólo si se moviliza a la clase obrera a base de una estrategia y un programa revolucionarios e internacionales.

El Estado capitalista y la democracia

14. Las condiciones preliminares para poner en práctica el programa socialista es la conquista del poder político por parte de la clase obrera y el establecimiento de un estado obrero. Aunque la clase obrera ha de valerse de todos los derechos democráticos y legales de los cuales disfruta en su lucha por el poder, una larga experiencia histórica nos muestra que no se puede llevar a cabo la reorganización socialista de la sociedad dentro de los parámetros establecidos por las instituciones de la democracia burguesa y el estado capitalista. La definición clásica marxista del estado como instrumento de opresión clasista – “que no está formado solamente por hombres armados, sino también por aditamentos materiales, las cárceles y las instituciones coercitivas de todo género” (Engels) — adquiere mayor verosimilitud hoy día que hace más de cien años. El estado no es, como los reformistas habitualmente afirman, árbitro neutral de los conflictos sociales. El mero hecho de su existencia comprueba que la sociedad se divide en clases sociales antagonistas que no pueden reconciliarse. El estado burgués es el instrumento que defiende la dictadura política de la clase capitalista. Desde el punto de vista jurídico, la burguesía reserva para sí el derecho de barrer con todas las protecciones y procesos constitucionales cuando percibe “un peligro claro y presente” (en las palabras de Oliver Wendell Holmes, juez de la Corte Suprema) a sus intereses clasistas fundamentales.

15. A la vez que el estado estadounidense contemporáneo se vale de la retórica de la democracia para legitimar su dominio dentro del país mismo y justificar la violencia que desata por todo el mundo, éste mantiene bajo su poder mecanismos represivos de alcance sin igual: el mayor sistema de prisiones en el mundo, con más de dos millones de personas tras las rejas; una fuerza policíaca enorme y armada hasta los dientes; un sistema jurídico que procesa catorce (14) millones de arrestos anualmente y que tiene la autoridad para infligir la pena de muerte; unas fuerzas armadas poderosísimas financiadas pródigamente e inculcadas con sentimientos militaristas y antidemocráticos; y una vasta maquinaria de “seguridad nacional” a la cual se le ha dado una flexibilidad extraordinaria para espiar e investigar las vidas privadas del pueblo, el cual casi no ejerce ninguna supervisión eficaz de estas instituciones. La tortura se ha convertido en la filosofía del estado; el derecho de habeas corpus ha sido limitado drásticamente; y el estado maneja, además de las cárceles públicas dentro de Estados Unidos, toda una red internacional de prisiones secretas donde “desaparecen” individuos anónimos que se consideran “combatientes enemigos”.

16. Los derechos democráticos que se lograron en una época histórica anterior han sido drásticamente reducidos. La visión democrática de Lincoln de un gobierno “del pueblo, por el pueblo y para el pueblo” ya hace tiempo que se degeneró en un gobierno de los ricos, por los ricos y para los ricos. El derecho a votar no significa mucho en un proceso político regimentado por el sistema “bipartidista” que se ha institucionalizado; sistema que le garantiza a los dos partidos políticos controlados por las empresas la monopolización de las campañas electorales. El sistema electoral tal como existe excluye la participación eficaz de partidos que se oponen a los Demócratas y a los Republicanos. Las leyes que controlan el acceso a la votación se usan para prevenir todo desafío a esta dictadura basada en solo dos partidos. De la misma manera, la libertad de prensa significa poco cuando a las mayores cadenas de prensa las controlan poderosos intereses empresariales. Además, hay muchos indicios que la Internet, que creara la posibilidad para expresar opiniones diferentes a las oficiales, será sujeto a regulaciones cada día más burdas.

La lucha por el poder obrero

17. La defensa de los derechos democráticos es inseparable de la lucha por el socialismo. Así como el socialismo no puede existir sin la democracia, no podrá haber democracia sin el socialismo. La igualdad política es imposible sin la igualdad económica. Igual que la lucha contra la guerra, la lucha para defender y ampliar los derechos democráticos requiere la movilización política e independiente de la clase obrera a base de un programa socialista para la conquista del poder.

18. El establecimiento del poder obrero tiene que ir más allá de las elecciones de candidatos socialistas a las instituciones del estado burgués. Nuevas formas y estructuras de una verdadera democracia participatoria —que surge en el transcurso de las luchas de las masas y representa a la mayoría trabajadora de la población—han de ser desarrolladas para formar las bases fundamentales de un gobierno obrero; es decir, un gobierno de los trabajadores, para los trabajadores y por los trabajadores. La política de semejante gobierno, mientras introduce medidas esenciales para la transformación socialista de la economía, consiste en darle ánimo y fomentar activamente una gran expansión de la participación democrática de la clase obrera y su control sobre los procesos de hacer decisiones. Favorecería la eliminación de aquellas instituciones que obstaculizan los procesos democráticos o que funcionan como centros de conspiraciones contra el pueblo (ejemplos: la presidencia imperial, el ejército y la maquinaria de seguridad nacional). Estos cambios, además de otros, tienen un carácter sumamente democrático y las masas mismas han de determinarlos. Son posibles solamente en el contexto de la movilización de las masas obreras, imbuidas con la conciencia socialista.

La independencia política de la clase obrera

19. La lucha por el poder requiere que la clase obrera logre su independencia política incondicional de los partidos, que son representantes políticos y agentes de la clase capitalista. La clase obrera no puede llegar al poder, y mucho menos poner en práctica el programa socialista, si se deja embaucar por acuerdos debilitantes con los representantes políticos de otros intereses clasistas. En primer lugar, esto significa una repudiación sin titubeos del viejo y fraudulento mito que el Partido Demócrata, comparado con el Republicano, representa un “mal menor”. La subordinación de la clase obrera a este reaccionario partido capitalista —el cual remonta su linaje a la clase esclavista durante la época anterior a la Guerra Civil- ha sido, desde el punto de vista histórico, el talón de Aquiles del movimiento obrero en Estados Unidos. A pesar de sus tradiciones de violentos conflictos clasistas y militancia industrial, el movimiento obrero siempre ha dependido del Partido Demócrata, alianza promovida durante décadas por los burócratas sindicalistas, los estalinistas del Partido Comunista, e incontables tendencias políticas de la pequeña burguesía. Todos han funcionado como barrera efectiva al desarrollo de un movimiento político de la clase obrera independiente y con conciencia clasista que luche por su propio programa en defensa de la clase, bajo su propio estandarte. Es una de las responsabilidades políticas más importantes del Partido Socialista por la Igualdad abogar por, alentar y fomentar una ruptura decisiva e irrevocable de la clase obrera con el Partido Demócrata y todo el sistema basado en los dos partidos capitalistas.

20. No obstante, la oposición del PSI a los partidos Republicano y Demócrata de ninguna manera insinúa la obligación de apoyar toda oposición política, no importa cuál sea su programa, a estos dos partidos establecidos. Estados Unidos tiene una larga historia de partidos de “oposición” que se basan en el descontento popular con el sistema bipartidista pero que no ofrecen una verdadera alternativa programática y política, desde el punto de vista de los intereses de la clase obrera, a los Demócratas y Republicanos. En años recientes, el movimiento por el Partido Reformista, con Ross Perot a la cabeza y el cual recibiera bastante apoyo, ha servido de modelo de cómo, con suficientes recursos financieros y publicidad mediática, la burguesía puede manipular el descontento de las masas y rendirlo políticamente impotente. En cuanto al Partido Verde, el cual ha participado en numerosas elecciones locales y estatales, así también como en varias a nivel nacional, éste es una organización que, en nombre de varios sectores de la clase media, aboga por reformas muy limitadas de la sociedad, sobretodo en la esfera de temas ambientales. Muchos de sus integrantes funcionan dentro o en las periferias del Partido Demócrata. Además, en el extranjero muchos de los políticos verdes han colaborado con los gobiernos burgueses y rendido servicios valiosos al estado capitalista.

21. Cuando el PSI critica a estas tendencias políticas, lo hace basándose en que los criterios decisivos no son las posturas episódicas de éstos sobre esta o aquella cuestión; más bien toma en cuenta su historia, programa,perspectiva y la base clasista sobre la cuales se orientan. La historia nos ofrece ejemplos incontables de cómo la clase obrera fue dirigida a tomar callejones políticos sin salida por medio de alianzas electorales que exigían, a cambio de provechos efímeros logrados con el voto, que los obreros sacrificaran sus intereses políticos, económicos y sociales más esenciales. Las alianzas basadas en el “Frente Popular” formado por los partidos estalinistas y social demócratas durante la década de los 1930 nos ofrecen los ejemplos más trágicos de las consecuencias de cómo los intereses históricos y de largo alcance fueron traicionados al ellos basarse en la visión miope de amplias coaliciones compuestas de múltiples clases sociales; coaliciones debilitantes basadas en intereses sociales incompatibles.

En contra del oportunismo

22. En su actitud hacia cuestiones políticas y la selección de las tácticas debidas, el Partido Socialista por la Igualdad defiende los intereses fundamentales de la clase obrera. Esta defensa se basa en dos cosas: en un entendimiento científico de las leyes que gobiernan al sistema capitalista y a la dinámica política de una sociedad dividida en clases sociales; y una asimilación sistemática de las lecciones de la historia. Esta es la perspectiva que pone al PSI en oposición irreconciliable a la política oportunista, la cual, en búsqueda de provechos tácticos de corto alcance, sacrifica los intereses de largo alcance de la clase obrera. Una y otra vez, los oportunistas han defendido sus traiciones a los principios al declararse políticos realistas que no se dejan guiar por dogmas “inflexibles” y quienes adaptan su práctica a los requisitos de toda situación que se presente. Pero una y otra vez, esta política “realista” ha conducido al desastre, precisamente porque se basa en un asesoramiento superficial e impresionista —y por lo tanto falso, nada realista y mucho menos marxista— de las condiciones objetivas y la dinámica de la lucha de clases.

23. Pero el oportunismo no es solamente producto de un error intelectual y teórico. Tiene raíces bien profundas en la socio economía de la sociedad capitalista y se desarrolla y se expresa dentro el movimiento obrero como presiones de fuerzas clasistas hostiles. Todas las tendencias significativas del oportunismo -desde el de Bernstein, que surgiera en la Social Democracia alemana a fines del Siglo XIX; al de Stalin, que surgiera dentro del Partido Bolchevique durante la década de los 1920; al de Pablo y Mandel que apareciera en la Cuarta Internacional a principios de los 1950; al oportunismo que se apoderara del Partido Revolucionario Obrero de Inglaterra y que lo llevara a romper con el CICI a mediados de los 1980— tiene sus orígenes en la influencia que ejercieran sobre la clase obrera fuerzas sociales burguesas y pequeño burguesas. Esta es la causa subyacente y el significado del revisionismo y de la política oportunista. La lucha en contra de tendencias semejantes no distrae de la lucha por establecer y ampliar las bases del partido; al contrario: representa el apogeo de la lucha de la clase obrera por el marxismo.

La conciencia socialista y la crisis de dirigencia

24. El Partido Socialista por La Igualdad, en solidaridad política con el CICI, defiende el concepto clásico marxista —desarrollado sistemáticamente por Lenin en la formación del Partido Bolchevique y adelantado por Trotsky en la lucha para fundar y desarrollar la Cuarta Internacional—que la conciencia socialista revolucionaria no evoluciona espontáneamente en la clase obrera. Esta concientización exige una comprensión científica de las leyes del desarrollo histórico y el modo de producción capitalista. Hay que introducir este conocimiento y entendimiento a la clase obrera. De ello consiste la misión principal del movimiento marxista. Fue precisamente el punto que Lenin enfocó en ¿Qué hacer? al escribir lo siguiente: “Sin la teoría revolucionaria no puede haber movimiento revolucionario”. Si el partido revolucionario no se esmera en introducir la teoría marxista en el movimiento obrero, la forma predominante de la conciencia de las masas obreras se quedará a nivel del sindicalismo, el cual Lenín definió como la “conciencia burguesa” de la clase obrera. La bolsa de trucos típica de figuras académicas y oportunistas políticos consiste en denigrar todo esfuerzo para establecer la conciencia revolucionaria y atacar demagógicamente al “elitismo” intelectual marxista.

25. La victoria del socialismo -y por lo tanto la supervivencia el desarrollo progresista de la civilización humana- exige que se construya a la Cuarta Internacional, partido mundial de la revolución socialista, a base de la teoría marxista. El socialismo nunca va a realizarse solamente como consecuencia inevitable de un proceso histórico inconsciente. Toda la historia del Siglo XX sirve como testigo de cargo contra semejante inevitabilidad fatalista, la cual es una caricatura del determinismo materialista histórico y nada tiene en común con la dinámica interacción entre la cognición, la teoría y la práctica que se encuentra en las obras de Marx, Engels, Lenín y Trotsky. El capitalismo sobrevivió el Siglo XX no porque las condiciones objetivas no habían madurado lo suficiente para lograr el socialismo, sino porque las dirigencias de los partidos de las masas obreras fueron “insuficientes” para la revolución socialista. Una y otra vez, la clase obrera entró a luchas revolucionarias, pero todas, mal dirigidas por organizaciones estalinistas, social demócratas, centristas y reformistas, terminaron en la derrota.

26. El capitalismo existe hoy día debido a las traiciones de la clase obrera por parte de sus propias organizaciones: los partidos políticos de las masas y los sindicatos. “La situación política mundial por lo general se caracteriza principalmente por la crisis histórica de la dirigencia del proletariado”. Fue con estas palabras que León Trotsky comenzó el documento fundador de la Cuarta Internacional, y éstas todavía tienen una relevancia suprema, pues definen la realidad política contemporánea. Hoy día no existe una sola organización de masas en el mundo que se presente a sí misma como oposición al orden mundial capitalista, y mucho menos que exhorte a la clase obrera a la lucha revolucionaria. Esta situación ha creado un ambiente surrealista en el que las antiguas organizaciones de política esclerótica suprimen la ira y el descontento de la clase obrera. Pero como puntualizara Trotsky en El Programa de Transición, documento fundador de la Cuarta Internacional, “La orientación de las masas la determina en primer lugar las condiciones objetivas del capitalismo en derrumbe, y en segundo lugar la política traicionera de las antiguas organizaciones obreras. Entre estos factores, el primero, claro, es el decisivo: las leyes de la historia son más poderosas que la maquinaria burocrática”.

La teoría marxista y la clase obrera

27. Las contradicciones del sistema capitalista empujará a la clase obrera a luchas que plantean la reorganización de la sociedad. Estas luchas serán de carácter abiertamente internacional, y han de surgir objetivamente del nivel avanzado que la integración mundializada de las fuerzas productivas ha alcanzado. Por lo tanto, la gran misión estratégica de la época moderna consiste en forjar la unidad de los trabajadores de todos los países como fuerza revolucionaria internacional decisiva.

28. El Partido Socialista por la Igualdad basa sus actividades en el análisis de las leyes objetivas de la historia y la sociedad, sobre todo de la manera en que se manifiestan en las contradicciones del modo capitalista de producción. El marxismo se arraiga en el materialismo filosófico y por consiguiente insiste en la primacía de la materia ante la conciencia. Marx escribió que “Lo ideal no es nada más que el mundo material reflejado por la mente humana y transformado en formas de pensar”. El materialismo de Marx es dialéctico en este respecto: considera que el mundo material y las maneras en que se refleja en el pensamiento no son un conjunto de objetos y conceptos fijos sin diferencias internas, sino que forman un complejo de procesos en movimiento e interacción constante y con tendencias antagonistas y divergentes.

29. El PSI intenta desarrollar en los sectores avanzados de la clase obrera un entendimiento científico de la historia; un conocimiento del modo capitalista de producción y de las relaciones sociales que éste engendra; y una comprensión de la verdadera naturaleza de la presente crisis y sus insinuaciones histórico mundiales. El PSI se esmera en transformar el material potencial para la revolución social, creado por un proceso histórico objetivo, en un movimiento arraigado en la conciencia de clase y con gran confianza en sí mismo. Al aplicar el método del análisis materialista histórico a los sucesos mundiales, el PSI anticipa —y se ha preparado para— las consecuencias que trae la intensificación de la crisis capitalista mundial, desenmascara la lógica que impulsa a los eventos, y establece cuales son las reacciones políticas debidas desde el punto de vista estratégico y táctico. El PSI insiste en que la transformación progresista y socialista de la sociedad sólo puede lograrse por medio de la lucha de las masas de una clase obrera con conciencia política. Las acciones de individuos aislados que recurren a la violencia nunca podrá sustituir a la lucha colectiva de la clase obrera. Una larga experiencia política muestra que actos violentos individualistas son frecuentemente instigados por agentes provocadores y que estos actos son trampas del gobierno.

30. El PSI defiende, bajo todas condiciones, el principio socialista fundamental de decirle la verdad a la clase obrera. El programa del partido debe basarse en una valoración científica y objetiva de la realidad política. La forma más insidiosa del oportunismo es aquella que se justifica a sí misma a causa de que los trabajadores no están listos para escuchar la verdad y que declara que el punto de partida de los marxistas es la presente conciencia política de las masas, o, mejor dicho, el nivel de conciencia que los oportunistas se imaginan. Adaptan su programa a los prejuicios y las confusiones de las masas. Este enfoque tan cobarde es la antítesis de la política revolucionaria basada en principios. “El programa”, declaró Trotsky en 1938, “debe expresar la misión objetiva de la clase obrera y no el atraso de los trabajadores. Ha de reflejar la sociedad tal como es y no el atraso la clase obrera. Sirve como instrumento para superar y vencer el atraso. De ahí la razón que nuestro programa debe expresar la intensidad de la crisis social de la sociedad capitalista, inclusive en primer lugar Estados Unidos”. La primera responsabilidad del partido, continúa Trotsky, es “ofrecer una interpretación clara y honesta de la situación objetiva, de los deberes históricos que esta situación impone no importa si los trabajadores están listos para entenderlos o no. Nuestra misión no depende de la mentalidad de los trabajadores. Nuestra misión es desarrollar esa mentalidad. Eso es lo que el programa debería formular y presentar ante los trabajadores más avanzados”. Estas palabras precisamente definen el enfoque del PSI.

Las traiciones de los sindicatos

31. La aversión que los oportunistas le tienen a decir la verdad a los trabajadores casi siempre va vinculada a sus esfuerzos para encubrir políticamente y conservar la autoridad de los antiguos sindicatos —que ya han llegado al apogeo de la reacción, el burocratismo y el corporativismo— y las demás organizaciones políticas que mantienen a la clase obrera subordinada al sistema capitalista. El PSI se opone a estos oportunistas y trata de desarrollar en la clase obrera misma un conocimiento de la índole de esas viejas organizaciones —que en Estados Unidos son principalmente los sindicatos— que se declaran representantes de los trabajadores. La AFL-CIO y su facción rival, la coalición denominada Change to Win (“Cambiar para Ganar”), están controladas por, y sirven, los intereses de, un gran sector de funcionarios de clase media que derivan sus ingresos personales del hecho que juegan un papel muy activo y consciente como facilitadores de la explotación empresarial de la clase trabajadora. Durante el último cuarto de siglo, los sindicatos han jugado un papel primordial en desbaratar huelgas, disminuir los salarios, eliminar los beneficios, reducir los empleos y cerrar las fábricas. Durante este proceso, a pesar de que una gran cantidad de sus militantes ha quedado reducida, los ingresos de los sindicatos y los salarios de sus funcionarios han continuado aumentando. Han quedado aislados e indiferentes a los sufrimientos de las bases. Son protegidos de toda rebeldía por parte de las bases por el descuento que se le quita automáticamente a los cheques de los trabajadores para pagar sus cuotas sindicalistas y, además, por las leyes laborales y mil hilos que vinculan a los sindicatos a las empresas y al estado capitalista, inclusive a agencias de espionaje. El Partido Socialista por la Igualdad llama a todos los obreros a que se rebelen contra estas organizaciones tan corruptas y rompan con ellas que no los representan. Ello no significa, sin embargo, que el PSI se abstenga de llevar a cabo sus labores dentro de estas organizaciones, siempre que tales actividades sean necesarias para ganar acceso a los trabajadores que son oprimidos por los patronos y los funcionarios sindicalistas. Pero el PSI conduce esta labor basándose en una perspectiva revolucionaria y anima a que en todo momento posible se formen nuevas organizaciones independientes, tales como comités en las fábricas y otros lugares de trabajo; comités que verdaderamente representen los intereses de las bases y sean sujetos al control democrático.

La unidad clasista en oposición a la política de identidad

32. El oportunismo también se expresa de otra forma que ha jugado un papel muy importante en socavar la lucha para unificar a la clase obrera y que denigra la adquisición de la conciencia clasista: la promoción de la política de “identidad” que idolatra las distinciones nacionales, étnicas, raciales, lingüísticas, religiosas, sexuales y de género por encima de una perspectiva basada en el análisis de clases. Este cambio de clase a identidad ha sido a gran precio: la confusión acerca de las verdaderas causas, arraigadas en el sistema capitalista, de las dificultades a que todo el pueblo trabajador se enfrenta. En su peor fase, esta perspectiva ha fomentado la competencia entre diferentes “identidades” para obtener acceso a las instituciones educacionales, a los empleos y a otras oportunidades” que, en una sociedad socialista, serían asequibles gratis a todo el pueblo sin estas distinciones tan arbitrarias, antihumanas y denigrantes. Los programas basados en la acción afirmativa han beneficiado principalmente a un sector relativamente pequeño de la clase media. Las exigencias por la igualdad social y legal, que dominara al histórico movimiento por los derechos civiles de las masas afro-americanos durante las décadas de los 1950 y 1960, fueron debilitadas por un desplazamiento clasista en el enfoque político que reemplazó la lucha contra la pobreza generalizada con el aseguramiento de privilegios y tratamiento preferencial para unos pocos. Esta transformación, promovida por el Partido Demócrata y sus aliados entre los partidarios pequeño-burgueses de la política de identificación cultural, ha tenido un profundo impacto en las condiciones de vida de las grandes masas de trabajadores pertenecientes a minorías. El PSI exige igualdad total para todo el pueblo e inequívocamente defiende sus derechos democráticos. Debe abolirse toda forma de discriminación basada en la orientación nacionalista, étnica, racial, religiosa, lingüística, de género u orientación sexual. El PSI presenta este elemento democrático esencial de su programa en el contexto de la lucha por el socialismo, basándose en la unificación política de todas las capas de la clase obrera.

Por los derechos de los inmigrantes y pueblos indígenas

33. Una condición esencial para forjar esta unidad es la defensa incondicional de los derechos democráticos de los inmigrantes que viven en Estados Unidos. El Partido Socialista por la Igualdad aboga por el derecho incondicional de los trabajadores de todo el mundo a vivir y trabajar donde les plazca. Abogamos por los derechos democráticos y de ciudadanía para todos los inmigrantes, inclusive los 12 millones o más clasificados como indocumentados o “ilegales”. Además, el Partido Socialista por la Igualdad plantea con gran inquietud la apremiante situación de los indígenas de Estados Unidos, cuyas deplorables condiciones de vida son resultado directo del sangriento surgimiento del capitalismo estadounidense como potencia continental. Informes sobre la democracia en Estados Unidos que evaden las grandes repercusiones de los crímenes cometidos contra los pueblos que originalmente poblaban América del Norte se encuentran plagados de hipocresía. Las consecuencias sociales de estos crímenes -la pobreza extrema, una expectativa de vida 20 años menor al promedio nacional, falta de viviendas adecuadas y el completo abandono de las necesidades sociales de las reservaciones y comunidades de los pueblos indígenas por parte de las agencias del gobierno- perduran hasta hoy día.

Políticas socialistas en oposición al proteccionismo y al “libre mercado”

34. Los chauvinistas nacionalistas afirman, invariablemente respaldados por los sindicatos, que la solución a la fuga de empleos de Estados Unidos se encuentra en el proteccionismo, pero ello es falso. En realidad, en esta época de globalización no se puede regresar al nacionalismo económico. A la misma vez, los llamamientos al “libre mercado” por los voceros de las empresas transnacionales son tan fraudulentas y falsas como sus alusiones a la “libertad”. El PSI aboga ni por el proteccionismo, ni por el libre mercado; más bien lucha por la propiedad socializada de las fuerzas productivas, la eliminación de las fronteras nacionales y la creación de una economía mundial planificada e integrada racionalmente. Uno de los primeros pasos para lograr este objetivo, por el cual aboga el PSI, sería la formación voluntaria de una Federación Socialista Unida de Norteamérica, Sudamérica y Centroamérica.

El centralismo democrático

35. La lucha revolucionaria de la clase obrera requiere organización, la cual es imposible sin la disciplina. Sin embargo, la disciplina que se requiere para la lucha revolucionaria no puede imponerse burocráticamente desde arriba. Tiene que desarrollarse en base de acuerdos, libremente logrados, sobre los principios y programas. Esta convicción se expresa en la estructura organizacional del PSI, la cual se basa en los principios del centralismo democrático. La más completa democracia debe prevalecer en el partido cuando se trata de establecer una política y tácticas adecuadas. No existen restricciones a los debates internos sobre la política y las actividades del PSI a menos que la constitución indique lo contrario. Los militantes del partido eligen democráticamente a sus dirigentes, quienes están sujetos a su crítica y control. Aquellos candidatos que desean ser dirigentes y no pueden tolerar las críticas deberían considerar las palabras de James P. Cannon, fundador del movimiento trotskista de Estados Unidos: “La verdad nunca lastimó a nadie siempre que fuera sincera”. Pero si toda formulación de política requiere el debate más amplio posible y críticas honestas y abiertas, también requiere la disciplina más severa para llevarse a cabo. Aquellos que rechazan este elemento esencial del centralismo al poner en práctica las decisiones, que ven en las exigencias de la disciplina una violación de su libertad personal, no son socialistas revolucionarios sino individualistas anárquicos que no comprenden ni las insinuaciones de la lucha de clase ni sus exigencias.

La conciencia clasista, la cultura y el World Socialist Web Site

36.La lucha por el socialismo exige un enorme desarrollo de la estatura política, intelectual y cultural del movimiento obrero, no solo en Estados Unidos sino a nivel internacional. A diferencia de aquellos cuya práctica es pragmática y oportunista, el PSI está convencido de que solo un movimiento basado en los niveles teóricos más avanzados podrá atraer a la clase obrera a su programa, y éste ha de prepararla para la lucha contra el capitalismo y, más allá aún, para la construcción de la sociedad socialista. A la vez que los políticos burgueses tratan de arrastrar a la clase obrera a un nivel intelectual degradado, el PSI se esmera en elevarla al nivel que su misión histórica requiere. Todas las esferas de la cultura forman parte de la educación socialista: la política, la ciencia, la historia, la filosofía, la literatura, el cine, la música y las bellas artes. El instrumento más importante del PSI para desarrollar la conciencia socialista en la clase obrera es el World Socialist Web Site [www.wsws.org]. El WSWS juega un papel decisivo en forjar el movimiento marxista mundial contemporáneo por medio de sus análisis diarios de los desarrollos político económicos mundiales, el desenmascaramiento de las desigualdades creadas por el capitalismo, la cobertura de las luchas obreras, los comentarios sobre cuestiones culturales de relevancia, los debates sobre temas históricos y filosóficos y el estudio de temas importantes sobre estrategias, tácticas y prácticas revolucionarias.

La estrategia revolucionaria y las demandas transicionales

37.El objetivo estratégico del Partido Socialista por la Igualdad, en solidaridad política con el Comité Internacional del la Cuarta Internacional, consiste en educar y preparar a la clase obrera para la lucha revolucionaria contra el capitalismo, establecer el poder obrero y la creación de una sociedad socialista. Nuestro fin es derrocar al capitalismo, no reformarlo. Para alcanzar este fin, sin embargo, se requiere la atención más cuidadosa y minuciosa a las condiciones de vida de las capas más amplias de las masas obreras y la formulación de reclamos que atiendan sus necesidades. El PSI reconoce que hay necesidad de establecer, en la práctica, una relación entre la perspectiva de una revolución socialista y las luchas concretas en que la clase obrera participa. Para que este esfuerzo logre resultados, la labor del PSI se guía por el método abogado por León Trotsky en el Programa de Transición: “”En el proceso de las luchas cotidianas es necesario ayudar a las masas a encontrar el puente entre sus reivindicaciones actuales y el programa socialista de la revolución. Este puente debe incluir un conjunto de reivindicaciones transitorias, que parta de las condiciones actuales y de la conciencia actual de grandes sectores de la clase obrera, y conduzca invariablemente hacia una única conclusión final: la conquista del poder por parte del proletariado.”

38. Estos reclamos incluyen el empleo universal; el acceso sin restricciones a la buena atención médica y a la educación; la buena vivienda; la cancelación de todas las ejecuciones hipotecarias y los desalojos; el ajuste automático de los salarios según la inflación; la democratización de los lugares de empleo; la inspección pública de los historiales financieros de empresas e instituciones financieras; las restricciones de los salarios de los ejecutivos empresariales; la reducción de las horas laborales sin pérdida salarial; el establecimiento de un sistema de rentas internas verdaderamente progresista; las restricciones significativas a la transferencia de riquezas personales enormes por medio de la herencia; la nacionalización y el establecimiento del control democrático de los trabajadores sobre las grandes empresas vitales a la economía nacional y mundial; el desmantelamiento del ejército nacional “voluntario”; el traslado de la autoridad a milicias populares controladas por la clase obrera cuyos oficiales son elegidos; y otras exigencias beneficiosas de carácter democrático y social.

39. Las exigencias transicionales jugarán un importante papel en la movilización política de la clase obrera siempre y cuando se integren a una campaña más amplia para desarrollar la conciencia socialista. El Programa de Transición no es un menú de comidas a la carta del cual se escogen reclamos arbitrariamente seleccionados sin ningún contexto político o sin ninguna referencia a objetivos políticos de mayor alcance. Si el Programa de Transiciónha de funcionar como puente al socialismo, el destino no puede mantenerse a oscuras de la clase obrera.

La clase obrera y la revolución socialista

40. Basada en una teoría científica avanzada y en una rica experiencia histórica, la labor del PSI está marcada por una confianza inquebrantable en el papel y el destino revolucionario de la clase obrera. No obstante, la victoria de la revolución socialista depende de las luchas conscientes de los trabajadores. A fin de cuentas, la emancipación de la clase trabajadora es misión de la clase trabajadora misma. Como acertadamente lo expresara Engels, “En cuanto a la cuestión de la transformación total de la organización de la sociedad se refiere, la masas mismas también tienen que participar, tienen que haber comprendido, en cuerpo y alma, la importancia de lo que está en juego y de aquello por lo qué luchan”. El socialismo, por lo tanto, sólo puede establecerse cuando los trabajadores mismos lo deseen. A la inversa, cuando esa decisión se haga bajo los golpes de un capitalismo azotado por las crisis, ninguna fuerza en la faz de la tierra podrá detener a los trabajadores estadounidenses de tomar su lugar a la vanguardia de la revolución socialista mundial.