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Cumple 75 años la segunda guerra mundial

Esta perspectiva apareció en inglés el primero de septiembre del 2014

El primero de septiembre del 2014 se cumplieron setenta y cinco años desde que detonó de la Segunda Guerra Mundial. Dos días después de la invasión alemana de Polonia, Alemania y Francia declararon la guerra contra el Tercer Reich alemán.

La catástrofe humana y social que comenzó con el bombardeo de Varsovia, concluyó seis años después con otro, el bombardeo atómico estadounidense de Hiroshima y Nagasaki. Durante ese periodo murieron entre ochenta y noventa millones de personas. Cientos de millones fueron lisiados emocional y físicamente.

Entre los soldados murieron entre veintidós y veinticinco millones, contando a 5 millones de prisioneros de guerra.

El costo humano de la Segunda Guerra fue mucho mayor que el de la Primera Guerra. Lo que puso fin de esa primera conflagración, esencialmente fue la revolución socialista rusa.

Durante los veinte años que siguieron la Primera Guerra, la clase obrera internacional sufrió una serie de derrotas a causa de las traiciones de la burocracia estalinista, que se había formado en la Unión Soviética, y de los partidos socialdemócratas. El fascismo triunfó en Italia, Alemania y España.

La Cuarta Internacional, dirigida por León Trotsky, lanzaba la alarma que la humanidad encaraba dos alternativas, el socialismo o la barbarie. La única fuerza social capaz de impedir otra guerra mundial, era la revolución proletaria. La guerra era inevitable consecuencia de la derrota de la clase obrera europea, escribió Trotsky.

Un año antes del comienzo de la Segunda Guerra Mundial, Trotsky, en el programa de fundación de la Cuarta Internacional, ponía en preaviso que se avecinaba un cataclismo. Escribió que “la burguesía misma no ve una salida. En los países en que se vio obligada a hacer su última postura sobre la carta del fascismo marcha ahora con los ojos vendados hacia la catástrofe económica y militar.”

Contrario a la propaganda estadounidense y gran británica, nada tuvo que ver la Segunda Guerra con la “lucha por la democracia” contra el fascismo. Fue una guerra imperialista enraizada en las contradicciones irresueltas del capitalismo (que ya habían estallado en la Primera Guerra). Además el conflicto entre la economía mundial y la división del mundo entre estados nacionales antagónicos, ocurre el conflicto entre la producción socializada y la propiedad privada de los medios de producción.

El régimen de Hitler instigó la guerra europea. Pero el Reich sólo era la apariencia más extrema de la esencia destructiva y criminal del imperialismo. Las clases de poder de todos las potencias imperialistas (menores y mayores, incluyendo también a Estados Unidos, Gran Bretaña, Francia, Japón, Canadá y Australia) intrigaron para volver a dividir el mundo y para amasar más recursos, mercados y fuentes de mano de obra barata, en contra de sus rivales.

Durante los seis años que duró la guerra ocurrieron horrores como el exterminio casi total de los judíos de Europa (aspecto de la política de Hitler de eliminar a la Unión Soviética).

La Unión Soviética perdió veintisiete millones de habitantes, el catorce por ciento de su población. Polonia perdió 5.8 millones, más del dieciséis por ciento. Países como Grecia, Lituania y Latvia perdieron al menos 10 por ciento de sus habitantes.

La matanza de seis millones de judíos entre 1939 y 1940 para Alemania, los países del Báltico y Polonia, encuadra el 90 por ciento de los que allí residían.

En Asia, el imperialismo japonés libró toda una campaña carnicera para apoderarse de la costa del Pacífico y establecer colonias en China. Aún así el método de Estados Unidos para conseguir que Japón se rindiera en agosto de 1945 fue de un salvajismo total. Durante tres días, Estados Unidos dejó caer bombas atómicas sobre las ciudades de Hiroshima y Nagasaki, dos ciudades sin defensas y de ningún peso militar. De esas dos bombas murieron ciento cincuenta mil personas.

“Dada las circunstancias particulares de agosto de 1945, lanzar la bomba atómica demostraba que un jefe de estado sicológicamente normal y elegido democráticamente podía usar este tipo de arma de la misma manera que la hubiera usado un dictador nazi. De esta manera, para cualquiera que se interesase en la conducta moral de diferentes tipos de gobiernos, borraba Estados Unidos la diferencia entre el fascismo y la democracia,” escribe el historiador estadounidense Gabriel Jackson en su libro Civilization and Barbarity in Twentieth Century Europe (1999).

Para la clase de mando en Estados Unidos, la victoria en la Segunda Guerra abría el portón de la dominación global. La existencia de la Unión Soviética y las luchas anticoloniales de Asia, África y Latinoamérica (especialmente la Revolución China) frustraban sus ambiciones. Fue brutal la reacción del imperialismo estadounidense.

Se cree que en las guerras subsiguientes, en Corea, Vietnam, y conflíctos menores, murieron veinte millones.

Después de que la burocracia del Kremlin disolvió la Unión Soviética en 1991, Estados Unidos declaró su triunfo (y el triunfo del capitalismo) en la guerra fría. También prometió un “beneficio de paz,” que nunca ocurrió.

La burguesía de Estados Unidos elaboró una política oficial de hegemonía, pretendía sacar ventaja de una supuesta “circunstancia unipolar” para aumentar el uso de fuerzas armadas. Deseaba con eso resolver su declive económico. En el periodo que va desde la caída del Muro de Berlín hasta el fin del siglo XX, Estados Unidos invadió, bombardeó, u ocupó una lista de países, incluyendo a Panamá, Somalia, Irak, Haití, Sudán, Afganistán, y Yugoslavia.

El gobierno de Washington se aprovechó de los ataques del 11 de septiembre del 2001 para anunciar la “guerra al terror” (un pretexto escondido de usar sus fuerzas militares por doquier). Se otorgó el derecho de la guerra preventiva contra todos los países que considerara una amenaza a sus intereses mundialistas.

La erupción de crisis financiera del 2008 acelera las intrigas imperialistas para dividir una vez más al mundo. A las feroces guerras de Afganistán e Irak para derrocar los gobiernos le siguieron las campañas de derrocamiento de gobierno en Libia y Siria. Hoy, Estados Unidos lanza una nueva guerra en Irak y se alista a bombardear a Siria.

Aumentan las tensiones sociales y se profundiza la crisis económica. Las burguesías imperialistas sin ningún escrúpulo están azuzando el conflicto ucraniano, que fue detonado por el golpe de estado fascista de Kiev, hecho en Estados Unidos y Alemania. Se ha llegado al borde del abismo de guerra entre la OTAN y Rusia. Este último país posee el segundo arsenal de armas atómicas en el mundo.

La ofensiva Norteamericana en Europa transforma a Ucrania en una base militar contra Rusia, país al que intenta despedazar y transformar en semicolonias de los imperialismos alemán y estadounidense.

El mismo día antes del setenta y cinco aniversario del estallido de la Segunda Guerra Mundial, líderes políticos y militares europeos se reunieron para acrecentar provocaciones y amenazas contra Rusia. La reunión cumbre de fin de semana de la Unión Europea resolvió aumentar las sanciones punitivas contra Rusia. Los líderes de la OTAN (alianza dirigida por el imperialismo estadounidense) pidieron la integración de Ucrania a la OTAN.

La presidente derechista de Lituania (país miembro de la OTAN) apoyada por Estados Unidos, Dalia Grybauskaite, dijo el sábado 30 de agosto que Rusia ya estaba en guerra contra Ucrania y contra toda Europa.

Anne Applebaum, la neoconservadora comentarista del Washington Post, esposa del ministro exterior polaco, publicó un editorial el 31 de agosto titulado “Una guerra europea no es una idea histérica.” El comentario concluye con las siguientes interrogantes: “¿Es una idea histérica hacer planes de guerra total? o ¿Es una ingenuidad no hacerlo?”

En Asia, el imperialismo estadounidense conduce una ofensiva para colonizar a China bajo la consigna de Obama del “pivote a Asia.”La consecuencia de la campaña de aislar a China y rodearla militarmente, es una guerra caliente.

En el programa que estableció la Cuarta Internacional en 1938, Trotsky escribió: “Bajo la tensión creciente del ocaso capitalista, los antagonismos imperialistas han alcanzado el límite más allá del cual los conflictos y explosiones sangrientas (Etiopía, España, Extremo Oriente, Europa Central…) deben confundirse infaliblemente en un incendio mundial.”

Sólo basta sustituir a Irak y Siria por Etiopía y España para actualizar esas palabras en un conciso resumen de la situación política de hoy. Esta vez la prognosis es de una guerra atómica que podría acabar con la civilización humana.

La resolución del 9 de junio de este año del Comité Internacional de la Cuarta Internacional (CICI) “El socialismo y la lucha contra la guerra imperialista” dice: “Más que posible, es inevitable otra carnicería imperialista a menos que la clase trabajadora internacional intervenga armada de un programa marxista revolucionario.”

Es necesario aprehender las lecciones de la historia. Nada que no sea la revolución socialista puede detener la arremetida guerrerista del imperialismo. Se requiere construir un gran movimiento contra la guerra, anclado en la clase obrera y guiado por un programa revolucionario cuyos blancos serán el sistema imperialista y el capitalismo.

Hacemos una llamada a todos los trabajadores y jóvenes del mundo: ¡Háganse parte y construyan el Comité Internacional de la Cuarta Internacional y de sus partidos nacionales (los Partidos Socialistas por la Igualdad) para aportar la dirección revolucionaria para impedir una nueva guerra mundial ¡Es necesario construir el CICI como partido socialista revolucionario mundial!

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