Después del balotaje en Estados Unidos: más guerra en en Medio Oriente

por Bill Van Auken
1 noviembre 2014

Hace una semana el Pentágono anunció la muerte de un infante de marina de 19 años, la primera muerte de los 1900 soldados participantes en la más reciente guerra de Estados Unidos en el Medio Oriente. Habrán más soldados muertos. Se multiplicarán también las muertes de hombres y mujeres de Irak y de Siria, víctimas de esta nueva guerra imperialista.

En menos de una semana habrán elecciones en Estados Unidos. Esta clarísimo que, cualquiera sean la repartija de puestos entre los partidos Demócrata y Republicano en la Cámara de Representantes y el Senado, el gobierno de Obama se entregará más a la guerra, aún antes que se cuenten los votos.

Esta semana, un principal comentario editorial del diario Washington Post (“La lucha a medias de Obama contra el Estado Islámico”, lunes 27 de septiembre) describe la campaña a favor de la escalada militar. El comentario dice que “ocurre un sentimiento” en Washington “que corta a través de diferencias ideológicas”, que la estrategia del gobierno de Obama contra las milicias del Estado Islámico de Irak y Siria (E.I.) va a fracasar y que “los recursos militares que el presidente ahora autoriza no son suficientes para la victoria”.

El editorial critica el “pausado ritmo de los bombardeos” y la ausencia de entrenadores y de soldados de especializados de combate para acompañar a las fuerzas de Irak y Siria”. Cita las palabras de un importante oficial del Pentágono (anónimo) que dice que no es posible sostener un nuevo ejército de rebeldes (léase ejército mercenario) “sin estar en el campo de batalla con ellos para ayudarlos”.

“A Estados Unidos no le queda sino agrandar su misión y aumentar su compromiso militar para derrotar a los terroristas”, dice el comentario. Eso requiere “una estrategia para vencer al régimen de Assad” y enviar fuerzas especializadas de combate que actúen junto a las fuerzas de Irak y a las milicias en Siria.

La opinión apareció en pos de la publicación de un artículo en el Post hace unos días que decía que oficiales de Estados Unidos e Irak han discutido aumentar el número de “soldados consejeros” en Irak, para que actúen “en batalla con los iraquíes” (tomando en cuenta el terrible historial del desmoronamiento de las fuerzas de Irak frente a las milicias de E.I.).

También Anthony Cordesman, un ex empleado del Pentágono que asesora al Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales (Center for Strategic and International Studies), escribió que la estrategia estadounidense en la guerra de Irak y Siria se estaba “desplomando”. Para Cordesman la campaña de bombardeos en los dos países es “simbolismo militar”. Para él “soldados consejeros” deben acompañar a las fuerzas de Irak “desde ya”, y que Estados Unidos debe “tomar el riesgo de muertes de soldados en combate”.

También el Teniente Coronel (retirado) John Nagi (coautor manual de contrainsurgencias del ejército) ha sugerido aumentar a unos quince mil los soldados “consejeros” y la guerra de Irak y Siria va para largo rato: “Una generación o más”.

La guerra de Vietnam es un ejemplo a seguir de la escalada, peldaño tras peldaño, del número de “soldados consejeros” estadounidenses en aventuras de ultramar. El presidente John F. Kennedy envió unos cientos a Vietnam poco después de tomar el poder. Cuando lo asesinaban (noviembre 1963) ya había 16,700. Menos de dos años después había doscientos mil, y medio millón en 1968.

Es obvio que lo de Vietnam fue diferente. Estados Unidos se metió allí para aplastar una lucha popular y anticolonial. En Irak y Siria se trata de una crisis que Estados Unidos mismo creo mediante nueve años de guerra contra el primero, y la destrucción del segundo por milicianos islámicos armados y sostenidos por Estados Unidos y sus aliados.

La similitud radica en que las fuerzas existentes, las FF. AA. de Irak, y los supuestos rebeldes “moderados” de Siria, al igual que el las FF. AA. del Sur de Vietnam no sirven para que Estados Unidos logre lo que se propone (o no existen). Ende, la exigencia de enviar pronto muchos soldados estadounidenses de infantería.

Otra vez, se enreda al pueblo estadounidense en una guerra de agresión criminal en base a mentiras (las atrocidades de E.I. las decapitaciones, etc.) El verdadero objetivo es usar las FF. AA yanquis para controlar la región estratégica y rica en petróleo que es el Medio Oriente.

Esta nueva invasión (a través de varias fronteras) significaría una nueva ocupación militar de Irak, y reemplazaría al gobierno con un gobierno títere. Esa estrategia encarrila a Estados Unidos a un choque más grande, contra Rusia e Irán, que amaga convertirse en una tercera guerra mundial.

Todas las medidas se han tomado para prevenir que las elecciones de la semana que viene ofrezcan ni una pizca de oportunidad para una discusión del pueblo estadounidense sobre esta importantísima cuestión política: de una guerra que (ahora nos dicen) va para largo (más de una generación, quizás).

Poco antes de actualizarse el bombardeo de Irak, los congresistas estadounidenses se otorgaron una vacación de dos meses y salieron huyendo de Washington para evitar autorizar una guerra inconstitucional y que desobedece leyes internacionales. Si se llega a votar, será después de las elecciones, para que nadie tenga que dar cara por nada ante los votantes. No se habla ni de la guerra ni de ninguna cuestión social de importancia durante esta campaña electoral.

Nada podría desenmascarar más la naturaleza pútrida del sistema político estadounidense, totalmente bajo el control de los Lores de las finanzas, donde las decisiones de guerra imperialista y de represión doméstica le corresponden a una camarilla de oficiales militares y de las agencias de espionaje con Obama como testaferro.

No existe ningún mecanismo en este corrupto sistema de dos partidos para resistir el campaneo a favor de más guerra. Le toca intervenir independientemente a la clase obrera. Debe movilizar su fuerza objetiva y construir un enorme movimiento antiguerra sobre el cimiento que es un programa socialista e internacionalista que acabe con el capitalismo, fuente de la guerra.