Pasadas las elecciones estadounidenses: Se intensificarán las guerras y la contrarrevolución social

14 noviembre 2014

Han pasado menos de dos semanas desde las legislativas, y el gobierno de Obama, aliado a los principales legisladores de los partidos Demócrata y Republicano, se apresta a imponer medidas impopulares que fueron excluidas de la campaña preelectoral.

En cuanto a política exterior, la Casa Blanca anunció el 7 de noviembre que enviará mil quinientos más soldados a Irak, multiplicando por dos las fuerzas actuales. El gobierno también dice que pedirán cinco mil millones de dólares para pagar por la intervención militar en el Medio Oriente que supuestamente va en contra de las milicias del Estado Islámico de Irak y Siria (E. I.).

El presidente Obama ha anunciado que le pedirá al nuevo congreso autorización para expandir la intervención militar en el Medio Oriente (contra Siria también). Por acuerdo mutuo, los legisladores del Partido Demócrata y del Partido Republicano se habían escurrido de Washington en vacaciones preelectorales para no tener que discutir o votar por esa autorización.

Todas estas medidas son evidencia que fue una mentira la promesa de Obama que las FF. AA. de Estados Unidos no participarán en combate dentro de Irak y Siria. No cabe duda que decisión de sí hacerlo ocurrió antes del día del voto y que fue ocultada durante la campaña de muchos meses para negarle al pueblo de Estados Unidos toda opción de expresar su actitud en las elecciones. Esa es la verdad de la “democracia” en Estados Unidos.

Para nada cuentan las opiniones de la clase obrera sobre las cosas que afectan a las masas (particularmente la guerra). Las elecciones son engaños y manipulaciones. Todas las decisiones importantes son hechas en secreto por la élite empresarial y por las agencias militares y de espionaje que defienden sus intereses.

Por lo tanto, lo primero que hizo el presidente Obama después de las elecciones fue reunirse a puertas cerradas en la Casa Blanca. En esa junta, legisladores de los partidos Demócrata y Republicano recibieron sus órdenes del General Lloyd Austin, quien está a la cabeza del Comando Central de las FF. AA. estadounidenses (encargado de intervenciones militares en el Medio Oriente, Noráfrica, y Asia Central).

El segundo anuncio importante, ese mismo viernes, no vino de Washington, pero tiene todo el apoyo de la Casa Blanca y de los dos partidos burgueses. Ese anuncio fue que el juez de bancarrota federal Steven Rhodes había aprobado el plan de reestructuración para resolver la quiebra de Detroit.

El plan, del interventor de emergencia Kevyn Orr, un aliado íntimo de la Casa Blanca, es un asalto frontal contra las pensiones y beneficios de los trabajadores municipales, de vender las propiedades de la ciudad para beneficiar a los rentistas (dueños de bonos) que le han chupado la sangre a Detroit por muchos años.

El proceso de bancarrota de Detroit, una vez el centro de la industria automotriz de Estados Unidos y del mundo, engrana con el proyecto (de los dos partidos burgueses) de contrarrevolución social que ya ha encausado una enorme suma de riqueza de la clase obrera a los ricos. En los días después de las elecciones Obama y los líderes del Partido Republicano en la cámara de representantes revelaron que intentarán reducir las tasas de impuestos para las empresas, y más medidas que son tan o más reaccionarias.

Durante la campaña preelectoral los partidos Demócrata y Republicano no se molestaron en discutir la creciente concentración de riquezas en la cima social, ni tampoco la campaña de ataques incesantes contra la clase obrera. Ocultaron también deliberadamente el proyecto secreto de nuevas dádivas a las grandes empresas y recortes de programas sociales y a los niveles de vida de la clase obrera.

El presidente Obama pronunció un discurso de campaña en Detroit unos días antes del balotaje y del fallo del juez Rhodes sin siquiera una palabra sobre la bancarrota de esa ciudad. Hace pocos meses este mismo hombre había dicho que pasaría el tiempo que le quedaba en el gobierno enfocado “como un láser” en la causa de la desigualdad social.

La victoria del Partido Republicano el martes 4 de noviembre nada tuvo que ver con ninguna marea popular a favor del ese partido y de su programa de derecha. Por sobre todas las cosas tuvo que ver con el desmoronamiento del Partido Demócrata. Que tan pocos hayan votado es una muestra de la alienación y amargura de la gente trabajadora y de los jóvenes que no tenían ningún incentivo para votar otra vez por un gobierno y por uno de los dos partidos derechistas de las grandes empresas que funcionan como carne y uña para atacar los niveles de vida y derechos democráticos y de ir de guerra en guerra.

Se estima que votaron el 36.4 por ciento de los electores, el porcentaje más bajo desde 1942 (cuando la Segunda Guerra Mundial impedía que muchos votaran). Menos de un tercio votó en muchos de los estados más importantes del país (entre los que están California, Nueva York, Indiana y Nueva Jersey), lo que significa que en la mayoría de los concursos el ganador ganó con el voto de sólo quince o veinte por ciento de los electores.

Las elecciones sellaron el colapso de la estrategia electoral del Partido Demócrata de manipular obsesiones de clase media: cuestiones de la relación entre los sexos y de identidad sexual o racial, para ocultar que entre éste y el Partido Republicano no existen diferencias sobre los ataques cada vez más brutales contra la clase obrera. Varios referéndums sobre aumentos del salario mínimo salieron victoriosos, aún en estados que eligieron a políticos del Partido Republicano al congresos y a las casas de gobiernos. Eso es evidencia de que las masas son sensibles a cuestiones sociales y de clase (y no a las cuestiones secundarias que preocupan a la pequeña y adinerada base del Partido Democrático).

El Partido Demócrata y sus aliados seudoizquierdistas en estos momentos construyen diferentes narraciones para explicar la debacle del Partido Demócrata. Cada una de esas fábulas se ancla en que la clase obrera le falló al Partido Demócrata, porque es estúpida, racista, o las dos cosas.

El mismo Obama, entrevistado en el programa de televisión Face the Nation, de la emisora CBS, se quejó de que el pueblo no se daba cuenta de las maravillas que su gobierno había hecho. “Creo que no hemos tenido éxito,” dijo, “en informarle bien a la gente que es lo que estamos tratando de hacer y que hemos tomado la dirección correcta”. ¡Qué arrogancia! ¡Cuántas mentiras! Es precisamente por las cosas que el gobierno de Obama ha hecho contra la gran mayoría de la gente (y no a su favor) que es repudiado y odiado.

Detrás de la victoria del Partido Republicano está la trayectoria hacia la izquierda de millones de obreros y jóvenes que se dan cuenta que el Partido Demócrata es otro de los partidos de Wall Street (junto al Partido Republicano). Esa trayectoria sólo a la izquierda sólo podía tomar una forma negativa, la del abstencionismo.

La división esencial no es entre el Partido Demócrata y el Partido Republicano, es entre una muy pequeña oligarquía financiera y la clase obrera, la gran mayoría de la población. La clase obrera siente inquina y desilusión. Cada vez menos la engañan las fachadas democráticas. Siente que es inútil buscar la solución de sus problemas dentro del sistema político actual. Por lo tanto, la oposición social por ley se transformará en un conflicto con todos los grupos de poder y con el sistema social que éstos sostienen.

Joseph Kishore