Español

Las lecciones políticas de la traición de Syriza en Grecia

1. Una enorme experiencia estratégica para la clase trabajadora

Las elecciones parlamentarias de Grecia de septiembre de 2015 en las que volvió a ganar Syriza ("Coalición de la Izquierda Radical") liderado por el Primer Ministro Alexis Tsipras concluye una etapa definida en lo que ha demostrado ser una enorme experiencia estratégica para la clase trabajadora.

Cuando arrasó en las elecciones de enero de este año, Syriza prometió poner fin a las medidas de austeridad impuestas por la Unión Europea (UE). Los salvajes ataques sociales de la UE habían colocado a Grecia en la diana del implacable asalto que se ha emprendido desde el estallido de la crisis en 2008 y a nivel global contra los niveles de vida y derechos básicos de los trabajadores: por este motivo, millones de trabajadores y jóvenes en todo el mundo se fijaron en la lucha de la clase trabajadora griega. La cobertura mediática las críticas a Syriza por parte de políticos reaccionarios de la UE y las declaraciones de la propia Syriza condujo a que las masas creyeran que Tsipras y su ministro de finanzas, Yannis Varoufakis, eran unos rebeldes listos para enfrentarse al capitalismo griego e internacional.

Tanto dentro como fuera de Grecia, incontables partidos que se presentan a sí mismos como "anti-capitalistas" o "izquierdistas" celebraron el ascenso de Syriza al poder como un triunfo para la izquierda y un modelo para la lucha contra la austeridad en Europa y en el mundo.

Sin embargo, en los siguientes ocho meses, Syriza traicionó completamente sus promesas electorales. Después de firmar un acuerdo para extender las medidas de austeridad de la UE en febrero, a las pocas semanas de su llegada al gobierno, pisoteó el abrumador voto por el "no" en el referéndum sobre la austeridad que había organizado en julio y empujó la aprobación de un nuevo rescate masivo a través del parlamento.

Esta flagrante vulneración del voto popular dejó a las masas atónitas y desorientadas. Tsipras ganó por poco la re-elección en septiembre contra el partido de derechas Nueva Democracia (ND), en medio de una abstención masiva y después de que Syriza se presentara como el partido abanderado de la UE y de los bancos. En el inicio de su segundo mandato de gobierno, Syriza está intensificando unas medidas de austeridad que ya han condenado a millones de personas al desempleo, la pobreza y el hambre.

Las masas del pueblo ahora se enfrentan cara a cara con la insolvencia y la traición de aquellos partidos políticos que han dominado los movimientos de protesta y que se han erigido como referentes de “la izquierda” durante una larga etapa de la historia reciente. Basándose en las teorías de académicos postmodernistas como Ernesto Laclau, estas organizaciones han denominado la época actual como "post-marxista". Enraizados en secciones pudientes de la clase media, han pregonado que la clase trabajadora ya no es una fuerza revolucionaria, y que ha sido sustituido por una multitud de grupos sociales definidos por sus identidades nacional, raza, género o estilo de vida.

Durante décadas, estos partidos han presentado sus perspectivas políticas como “radicales” o “anti-capitalistas”, cuando en realidad no eran tal cosa. Su primera experiencia en el poder ha desenmascarado estas pretensiones como un fraude, una tapadera política para medidas pro-capitalistas que tienen como objetivo avanzar los intereses del 10 por ciento más rico de la sociedad a expensas de la clase trabajadora.

En un viaje a EE.UU. después de las elecciones en septiembre Tsipras expuso, con franqueza, su perspectiva en defensa de los intereses empresariales a largo plazo. En respuesta a las preguntas del ex presidente estadounidense Bill Clinton en el Clinton Global Initiative en Nueva York, Tsipras declaró: "Los inversores extranjeros son bienvenidos y encontrarán un gobierno con un mandato claro para traer el cambio al país... En unos pocos años, Grecia será un destino principal para las inversiones extranjeras, esta es mi opinión y mi deseo".

¿Qué va a hacer Tsipras para atraer inversiones a Grecia? En el momento actual, cuando los gobiernos en toda Europa persisten en sus salvajes ataques a los salarios y los programas sociales, Syriza espera que sus recortes le permitan ofrecer a los inversores griegos y extranjeros la fuerza laboral más explotada y, por lo tanto, la más rentable, en Europa.

El programa de Tsipras está fundado en la destrucción de los derechos sociales fundamentales que los trabajadores en Europa occidental han disfrutado durante generaciones. Los empresarios en Grecia han sido liberados del coste de mantener la asistencia médica universal. En las pensiones, ahora se debate abiertamente en los medios de comunicación un plan más amplio del gobierno Syriza para obligar a los trabajadores a pagar planes de pensiones suplementarios, lo que significa, en la práctica, la abolición del derecho a una pensión financiada por el Estado. El salario mínimo mensual griego ha sido recortado a €683, lo que le acerca más a los niveles salariales de China o los países más pobres de Europa del Este que a los salarios mínimos en los países más ricos de la eurozona como Holanda o Francia.

La experiencia de Syriza plantea la necesidad de una reorientación política fundamental de la clase trabajadora, la juventud y de los intelectuales de pensamiento socialista. La clase trabajadora, que se enfrenta a una crisis económica global sin precedentes desde los años treinta y a una salvaje ofensiva de la clase capitalista entera, no puede defenderse a sí misma eligiendo nuevos gobiernos capitalistas de "izquierda".

El único camino a seguir es por medio de una política genuinamente revolucionaria que movilice a la clase trabajadora a la lucha en Grecia y en el mundo. Esto exige un asalto directo a la clase capitalista, la confiscación de su riqueza, la posesión de los principales bancos y las fuerzas productivas, para así colocarlos bajo el control democrático del pueblo trabajador y la creación de estados obreros en toda Europa y el mundo. Tales luchas requieren la construcción de partidos marxistas que otorguen el liderazgo político a la clase trabajadora, en una lucha implacable contra partidos como Syriza.

Este es el significado histórico de la defensa del Comité Internacional de la Cuarta Internacional (CICI) de la continuidad histórica del trotskismo contra partidos como Syriza, a los cuales hemos venido a denominar "pseudoizquierda". Sólo el CICI advirtió a los trabajadores del mundo que Syriza no era un partido de "izquierda radical", sino un partido pro-capitalista, hostil a los trabajadores, que traicionaría sus promesas de poner fin a la austeridad. Las críticas de Syriza planteadas por el CICI han sido completamente confirmadas.

La actuación de Tsipras ha mostrado que la lucha del CICI contra la pseudoizquierda no fue una disputa entre distintas facciones sino una lucha entre dos tendencias de clase opuestas e irreconciliables. Mientras Syriza buscaba atar a la clase trabajadora a los dictados del capital financiero y a las necesidades de la clase capitalista griega, el CICI luchaba por desarrollar una perspectiva revolucionaria para la clase trabajadora.

2. Encubrimientos y justificaciones para la traición de Syriza

El primer paso para poder proseguir la lucha contra la austeridad es rechazar las disculpas por la actuación de Tsipras que han ofrecido Syriza y sus aliados. Las mismas fuerzas que, hace ocho meses, promovieron la elección de Syriza como el camino a seguir en la lucha contra la austeridad, ahora dedican grandes esfuerzos para encubrir el significado de estos acontecimientos.

Algunos aún alaban a Syriza, a pesar de sus acciones, como un partido de "izquierda radical". La Izquierda de Alemania, Die Linke, felicitó a Syriza por su re-elección, declarando que el electorado griego había decidido que "en una crisis, un gobierno de izquierda es mejor que la vuelta a los antiguos partidos corruptos".

Otros plantearon el desmoralizado punto de vista de que la capitulación de Syriza a la UE era la única respuesta posible a la crisis griega y, por lo tanto, no constituía de ninguna manera una traición. Este es el caso de Stathis Kouvelakis, un profesor de filosofía del King's College de Londres y un líder de la facción Plataforma de Izquierda de Syriza (que ahora forma parte del partido Unidad Popular). En un encuentro del Partido Socialista de los Trabajadores (Socialist Workers Party, SWP) en Gran Bretaña, declaró:

Creo que la palabra 'traición' es inapropiada si lo que queremos es entender lo que está ocurriendo. Desde un punto de vista objetivo podemos decir, por supuesto, que ha ocurrido una traición del mandato popular, que la gente cree, con derecho, que ha sido traicionada. Sin embargo, la noción de traición normalmente significa que has tomado la decisión, en algún momento, de no cumplir con tus propios compromisos. Lo que pienso que realmente pasó es que Tsipras creyó honestamente que podría obtener un resultado positivo proponiendo un acercamiento centrado en las negociaciones y mostrando buena voluntad, y esta es la razón por la que él constantemente dijo que no tenía un plan alternativo.

¡Que encubrimiento de Syriza más miserable! En lugar de un análisis de clase, Kouvelakis ofrece especulaciones psicológicas baratas. Le pide a su audiencia (a pesar de las repetidas declaraciones de los líderes de la UE de que no tolerarían ninguna tregua a la austeridad) que acepte la idea de que Tsipras realmente confiaba en convencer a estos líderes a poner fin a las demandas de austeridad, anunciando que no tenía ninguna estrategia que no fuera aceptar cualquier acuerdo que la UE le diera.

Esta explicación no explica nada. Primero, Tsipras ya había pasado más de dos décadas en la política cuando llegó al gobierno y estaba, hasta ese momento, en estrecho contacto con los jefes de Estado y grandes magnates de las finanzas a nivel internacional. No resulta creíble afirmar que era un inocente, como lo retrata Kouvelakis. No obstante, incluso si Tsipras fuese el hombre más ingenuo imaginable, la defensa de Kouvelakis de Syriza no explica por qué, una vez que la UE insistiera, previsiblemente, en más austeridad, Tsipras se negara a desarrollar una alternativa a capitular por completo.

Las consideraciones de clase que dictan las decisiones de Tsipras no son difíciles de entender. Ha trabajado para defender los intereses del 10 por ciento de la población griega con más riqueza al sostener el euro, los bancos y la alianza de Grecia con la UE y la OTAN. Cualquier intento de movilizar la oposición masiva a la austeridad entre la población a través de huelgas y protestas habría supuesto un desafío a la agenda pro-capitalista que Tsipras ha expuesto con todos los detalles tras las elecciones de septiembre.

Ante todo, las intenciones de Tsipras al llegar al gobierno en enero son, a fin de cuentas, irrelevantes. Sus principales decisiones (firmar un protocolo de austeridad de la UE en febrero; pisotear el voto por el "no" en el referéndum de julio y firmar un nuevo rescate basado en la austeridad; y, finalmente, formular un presupuesto de austeridad en Octubre) demostraron una determinación inquebrantable de imponer los dictados de la austeridad de la UE. Estas acciones constituyen una flagrante traición a las promesas electorales de Syriza de acabar con la austeridad.

Los torpes intentos de Kouvelakis de encubrir la actuación de Tsipras están indisolublemente ligados con una preocupación mayor: impedir el surgimiento de una alternativa a Syriza desde la izquierda.

En el mismo encuentro del SWP, Kouvelakis declaró: "Quisiera añadir una reflexión más general sobre lo que significa tener razón o verse derrotado en una lucha política. Pienso que, para un marxista, es necesario aplicar un tipo de sentido histórico a estos términos. Tú puedes decir, por un lado, que lo que has dicho ha sido confirmado porque ha resultado ser cierto. Es la típica estrategia del 'te lo advertí', pero, si no eres capaz de dar un poder concreto a esa postura, desde un punto de vista político, has sido derrotado".

El mensaje de Kouvelakis es completamente cínico. A los oponentes de Syriza desde la izquierda les dice en realidad: "A pesar de sus críticas de Syriza, no fueron capaces de impedir que lleváramos a cabo nuestra traición. Nosotros, que teníamos el poder estatal, aplicamos políticas reaccionarias. Pero ustedes, que nos critican, no podéis hacer nada más que decir 'Te lo advertí'".

Pero la experiencia de la traición de Syriza tendrá consecuencias políticas, por mucho que apologistas de Syriza como Kouvelakis, intenten negarlo. La clase trabajadora ha recibido una dolorosa lección acerca del carácter de clase de la pseudoizquierda que no olvidará nunca.

El Comité Internacional de la Cuarta Internacional no duda en declarar que comprendió la situación política y le dijo a los trabajadores la verdad. Es así como una tendencia proletaria revolucionaria establece su autoridad en la clase trabajadora y se prepara para liderar una revolución socialista. Es por medio de este proceso, y ningún otro, que la clase trabajadora "concretamente" ajustará cuentas con Syriza y otros gobiernos reaccionarios por todo el mundo.

3. La forma en que el Comité Internacional advirtió a la clase trabajadora sobre Syriza

La publicación en internet del CICI, el World Socialist Web Site, siguió muy de cerca la crisis de la deuda griega que estalló en el 2009, tras la elección de George Papandreou del partido socialdemócrata griego Pasok. Desde el comienzo, esta publicación advirtió a los trabajadores que no depositasen ninguna confianza ni en Syriza, ni el Partido Comunista Griego (KKE, siglas en griego), ni Antarsya ni en otras agrupaciones orientadas a Pasok y la burocracia sindical griega dominada por el Pasok.

En mayo del 2010, cuando el Pasok implementó el primer paquete de austeridad griego, el WSWS advirtió: "Una estrategia política independiente de la clase trabajadora entraría en conflicto inmediato con los sindicatos y organizaciones de clase media que buscan desmovilizar a la oposición. En Grecia, los sindicatos y sus aliados, incluyendo al Partido Comunista Griego y Syriza, están decididos a mantener su alianza con Papandreou y su papel en el sistema político... Al promover una perspectiva de buscar ejercer influencia sobre el partido socialdemócrata de Papandreou, estos estratos -como sus homólogos en otras partes- buscan conscientemente subordinar a los trabajadores al Estado, al nacionalismo y al programa de austeridad de los bancos".

Posteriormente, el Pasok emprendió la ofensiva social más grande contra la clase trabajadora en Europa desde la Segunda Guerra Mundial; primero bajo Papandreou, y después bajo un gobierno "tecnocrático" impuesto por la UE que incluía a la ND y al partido de extrema derecha Laos. Los niveles de vida se hundieron, empobreciendo a millones de personas. Esto llevó a la ruina al Pasok el cual, junto con la ND, había sido uno de los principales partidos de gobierno desde la caída de la Junta de los Coroneles -respaldada por la CIA- en 1974.

Cuando el Pasok se derrumbó en las campañas electorales de mayo del 2012 y Syriza iba segundo por detrás de la ND, el WSWS advirtió del programa reaccionario de Syriza: "El 'Pacto por el crecimiento' que ahora se baraja en la UE y en el cual Tsipras está claramente poniendo sus esperanzas, consiste en otorgar financiación adicional para los bancos con problemas y 'reformas estructurales' para mejorar la competitividad, esto es, flexibilización laboral y salarios más bajos. Los recortes al gasto público continuarán sin disminución. Si Syriza ganase las elecciones griegas, jugaría un papel importante en llevar a cabo tales ataques".

Cuando la ND ganó las elecciones del 2012, los principales gobiernos imperialistas comenzaron a preparar a Tsipras, que visitó las principales capitales europeas y, en el 2013, Washington, DC y Nueva York. En su análisis de la promoción de Syriza por parte de las potencias imperialistas, los medios y los partidos de la pseudoizquierda, el WSWS concluyó: "En las luchas de clases venideras, Syriza se enfrentará a los trabajadores como un enemigo. Su objetivo, sea dentro o fuera del poder, será el de contener la oposición popular a las políticas de austeridad y mantener la dominación política del capital financiero sobre la clase trabajadora".

Cuando Syriza llegó al poder en enero del 2015, tras un año de crecientes huelgas y protestas contra las medidas de austeridad de la ND, el WSWS comentó: "Para la clase trabajadora, un gobierno de Syriza no representaría de ninguna manera una salida de la crisis; al contrario, representaría un enorme peligro. A pesar de su fachada izquierdista, Syriza es un partido burgués que se apoya sobre las capas ricas de la clase media. Sus políticas son promovidas por burócratas sindicales, académicos, profesionales y funcionarios parlamentarios, que buscan defender sus privilegios preservando el orden social. Mientras su líder, Alexis Tsipras, promete a los electores una disminución (bastante pequeña) de la terrible austeridad en Grecia, él nunca se cansa de prometer a los representantes de los bancos y gobiernos en el exterior de que 'no tendrán nada que temer' de un gobierno de Syriza".

Estas advertencias fueron confirmadas por las acciones de Syriza en el gobierno. Desde su comienzo temía y se opuso a las aspiraciones de millones de personas que lo auparon con su voto al poder. En vez de hacer un llamamiento a las protestas internacionales y otras formas de oposición de masas a la austeridad de la UE, Syriza libró una lucha de seducción a las clases dominantes europeas. Su perspectiva era obtener una moderación marginal de las políticas de austeridad de la UE mediante pequeñas reducciones de la deuda y otras concesiones que se conseguirían apelando a la generosidad de los banqueros europeos.

El ministro de finanzas de Tsipras, Yannis Varoufakis, declaró después al periódico británico The Observer que acudió a las negociaciones iniciales de la UE proponiendo políticas económicas "de corte thatcheriano o reaganesco", las cuales había elaborado junto con una "Consejo de asesores internacionales" que incluían al thatcheriano lord Norman Lamont, ministro del tesoro en el gobierno conservador británico de John Major, así como el antiguo secretario del tesoro de EE.UU. Lawrence Summers.

Los altos cargos de Syriza se humillaron ante la UE, alentando así a Berlín, a los bancos y a las otras potencias de la UE para que elevaran sus demandas y amenazas contra Grecia. En una visita el 11 de febrero a Berlín, Varoufakis declaró que la canciller alemana "Ángela Merkel es, con mucho, la política más astuta en Europa. No hay duda al respecto. Y Wolfgang Schäuble, su ministro de Finanzas, es quizás el único político europeo con estatura intelectual".

Syriza no tomó ninguna medida para defender a la clase trabajadora contra los ataques de la burguesía griega, cuyos intereses fueron la principal preocupación en sus negociaciones con los acreedores de Grecia. Permitió a la élite financiera griega la capacidad de saquear la economía sin freno, pudiendo sacar decenas de miles de millones de euros fuera del país en los meses que siguieron la victoria de Syriza en las elecciones. No hubo ningún intento de imponer controles que detuviera la fuga de capitales, sin hablar de intentos de nacionalizar la banca o de menoscabar la riqueza, poder y privilegios de la clase gobernante griega.

Una vez que Syriza confiaba en que el entusiasmo popular y las expectativas de cambio habían disminuido y la situación política se había estabilizado, cedió rápidamente ante la UE. El 20 de octubre, acordó extender el Memorando y proponer un paquete de nuevas medidas de austeridad, abandonando así las reformas muy limitadas que prometió en su Programa de Salónica, la base de su campaña electoral. Cuatro días después, prometió recortar el gasto a la asistencia médica, la educación, el transporte, el gobierno local y otros servicios sociales esenciales. Después de esto, independientemente de cualquier maniobra política que Tsipras hiciera para imponer estos recortes, no cabía ninguna duda sobre el carácter reaccionario de clase de Syriza.

Durante la primavera, mientras la UE rechazaba ofrecer incluso concesiones superficiales, Tsipras intentó desesperadamente encontrar una manera de justificar al pueblo griego los recortes que su gobierno había aceptado.

El 30 de abril, cuando Tsipras insinuó por primera vez la idea de celebrar un referéndum sobre la austeridad de la UE, el WSWS advirtió: "Para alcanzar un acuerdo con la UE, Syriza se está preparando para aplicar recortes sociales profundos que constituyen un flagrante incumplimiento de sus promesas electorales de acabar con la austeridad de la UE. Tsipras aseguró que Syriza se plantearía organizar un referéndum para tratar de obtener una cortina de legitimidad democrática para las políticas dictadas por la UE, que han sido abrumadoramente rechazadas por el pueblo griego".

Finalmente, en junio, Tsipras anunció un referéndum sobre la austeridad de la UE, convocado para el 5 de julio e hizo un llamamiento para un voto por el "no". Incluso los que apoyan a Syriza afirman ahora que esto fue un cínico fraude político, como el WSWS había advertido. El plan de Tsipras era que el referéndum se perdiera y aprovechar el resultado del voto por el "sí" como un pretexto para dimitir, de esta manera allanando el camino para que un partido de derechas tomara el poder e impusiera los recortes.

Un partidario y admirador de Syriza, el veterano pablista Tariq Ali, escribió en la revista London Review of Books : " Ya no es más un secreto que Tsipras y su círculo más cercano estaban esperando un 'Sí' o un 'No' muy estrecho... A fin de cuentas, ¿Por qué Tsipras convocó un referéndum?, Merkel se quejó ante sus consejeros de que [Tsipras] 'es tan duro e ideológico'. Era un riesgo calculado. Creía que el campo del 'Sí' ganaría y tenía planeado dimitir y permitir a los títeres de la UE dirigir el gobierno".

Esta valoración sólo confirma los testimonios previos de los cálculos cínicos que eran la verdadera razón de la maniobra del referéndum. Varoufakis, el ex ministro de finanzas de Syriza, declaró a The Guardian poco después del referéndum y la capitulación de Syriza: "Había dado por supuesto, y creo que también lo hizo el primer ministro, que nuestros apoyos y el voto por el 'no' se desvanecerían casi de inmediato".

Un perfil de Varoufakis publicado en la revista New Yorker describe al ex ministro de finanzas en las vísperas del referéndum. Según el relato, él tenía "la paz mental de alguien que tiene la confianza en el resultado de una elección y ya saborea las satisfacciones que le siguen. Su gobierno, el partido izquierdista Syriza, perdería. La gente votaría por el 'sí' - esto es, a favor de que hubiera más concesiones de las que Varoufakis y Alexis Tsipras... habían declarado que podían tolerar. Varoufakis renunciaría como ministro y nunca más tendría que soportar encuentros de días enteros en Bruselas y Luxemburgo".

El único posible resultado de la apuesta por el referéndum de Tsipras y su eventual derrota, como Varoufakis declaró al The Guardian, era "el mayor fortalecimiento de Amanecer Dorado", un partido fascista griego.

Aún así, los aliados de Syriza alabaron al referéndum como un paso decisivo hacia, e incluso un florecimiento, de la democracia burguesa. La Organización Socialista Internacional en EE.UU. publicó una declaración de Red Roja, una publicación de la facción Plataforma de Izquierda de Syriza. Este afirmaba que la decisión de Tsipras de "rechazar el ultimátum a sus prestamistas, de rechazar un nuevo memorando que impone híper-austeridad y de pedir una expresión de la voluntad del pueblo mediante el referéndum del 5 de julio es una decisión que transforma la política griega".

"Syriza", declaró de manera memorable, "no puede ser transformado fácilmente en un partido de la austeridad".

Por su parte, el WSWS advirtió: "Si Tsipras conscientemente explicase al pueblo trabajador el contenido de su referéndum, podría decir: si sale cara, la UE gana; si sale cruz, tú pierdes. Pocos meses después de que Syriza ganara las elecciones prometiendo fin a cinco años de austeridad, el referéndum ha sido utilizado para dar un pretexto político a la rendición ante la UE. Si la intención de Syriza hubiese sido luchar, no habría tenido necesidad de convocar un referéndum sobre la austeridad de la UE, la cual ya había sido rechazada por el pueblo griego".

Sin embargo, a Tsipras le salió el tiro por la culata: el pueblo griego, en una aplastante mayoría del 61 por ciento, dijo que "no" a la austeridad de la UE, en un voto fuertemente polarizado entre clases sociales. Los griegos plantaron cara a una andanada de amenazas por parte de los medios de comunicación tanto de la UE como de Grecia que advertían que la UE respondería a un voto por el "no" expulsando a Grecia de la eurozona, desatando una crisis financiera sin precedentes. El voto dejaba claro que la clase trabajadora griega estaba preparada para enfrentarse con el capitalismo.

Syriza estaba consternada y aterrada ante la victoria del "no", el “no” que había pedido el propio Syriza para así engañar a las masas. "Tomados por sorpresa", escribe Ali en London Review of Books , "entraron en pánico. Una reunión ministerial urgente mostró que estaban en completa retirada. Rechazaron deshacerse del agente del BCE [Banco Central Europeo] a cargo del Banco Estatal Griego y rechazaron la idea de nacionalizar los bancos. En vez de aceptar los resultados del referéndum, Tsipras capituló".

Después de unas frenéticas semanas de negociaciones con los jefes de estado de la UE, Tsipras aceptó un paquete de austeridad de 13 mil millones de euros (14.34 miles de millones de dólares), el paquete de recortes más grande que haya sido dictado nunca por la UE.

Las advertencias del WSWS sobre la naturaleza del referéndum fueron confirmadas por los acontecimientos posteriores. El voto por el "no" dejó claro la disposición de lucha de la clase trabajadora y la ilegitimidad de las políticas de Syriza, la cual no hizo nada para movilizar a la clase trabajadora en una lucha de masas. El referéndum había dejado la iniciativa política en las manos de Tsipras- esto es, con las fuerzas de la austeridad.

En consecuencia, la clase trabajadora y la amplia mayoría de griegos que votaron por el "no" en el referéndum de julio se vieron marginados por completo en las elecciones septiembre de 2015. Los dos principales candidatos, Tsipras y Maimarakis de la ND, realizaron campañas abiertamente a favor de la austeridad. En medio de la abstención masiva -y debido a la ausencia de cualquier alternativa electoral a la austeridad- Tsipras ganó la reelección por defecto como el indigno beneficiario de la profunda hostilidad popular a la ND.

Desde su reelección, Tsipras ha liderado Syriza con un asalto brutal sobre los derechos sociales de la clase trabajadora griega, en coordinación con la UE. Su presupuesto de austeridad incluye un recorte de 20 por ciento en las pensiones mínimas y Syriza lidera los intentos de recortar la protección estatal contra los desahucios de los propietarios de viviendas con atrasos en el pago de sus hipotecas; creando, de esta manera, las condiciones para los posibles desalojos de cientos de miles de familias. Estos bárbaros ataques son una confirmación, si es que se necesitase alguna más, de que la clase trabajadora solo puede defenderse a sí misma si emprende una lucha implacable contra Syriza.

4. Los orígenes y la evolución de Syriza

La traición llevada a cabo por Syriza no cayó desde el cielo. Aunque Syriza se vendía como un partido de "izquierda radical", la política que llevó a cabo brota inexorablemente de su propia historia: fue, desde el comienzo, un partido burgués, hostil a la clase trabajadora y al marxismo.

Syriza surgió en el 2004 como resultado de la unión de varios partidos pequeñoburgueses alrededor de la organización Synapismos ("Coalición" o SYN). En aquel tiempo, Tsipras era un joven líder de SYN, el cual, junto con el KKE, eran los restos del derrumbe del estalinismo griego. Los grupos que atrajo, como el DEA (Izquierda Internacionalista de los Trabajadores, un partido anti-trotskista que denunció a la URSS como una sociedad de "capitalismo de Estado") emergieron del movimiento estudiantil que se desarrolló a partir de la caída de la junta de los coroneles en 1974.

Este movimiento estudiantil se desarrolló bajo condiciones en las cuales el capitalismo había sido desacreditado ante amplios estratos de la población griega por los crímenes del fascismo, la Guerra Civil Griega y las sucesivas dictaduras militares del país. Los estudiantes se unieron rápidamente a las protestas o apoyaron las huelgas convocadas por los sindicatos controlados por Pasok, lo que les otorgó publicidad y algo de influencia política. Sin embargo, esto no quería decir que estos estudiantes apoyaran la perspectiva de la revolución proletaria.

Mas bien, evolucionaron en el trayecto establecido por un giro amplio internacional hacia la derecha por parte de la intelectualidad pequeñoburguesa después de 1968. En aquel año, el ejército soviético reprimió el levantamiento de la Primavera de Praga y el Partido Comunista Francés bloqueó la toma de poder de la clase trabajadora tras la huelga general francesa de mayo-junio de 1968. Los partidos estalinistas quedaron desenmascarados como defensores del orden establecido, en medio de una amplia radicalización de la clase trabajadora y la juventud. Ya no podían jugar el papel que tenían antes de controlar las protestas sociales y bloquear las luchas revolucionarias de la clase trabajadora, como parte de la política exterior contrarrevolucionaria de la burocracia estalinista.

Sin embargo, los estratos de clase media representados en el movimiento estudiantil no reaccionaron al desenmascaramiento del estalinismo con intentos de construir verdaderos partidos revolucionarios en la clase trabajadora. En su lugar, usaron fraseología de izquierda y socialista para repudiar a la clase trabajadora como una fuerza revolucionaria y rechazar la lucha para construir partidos revolucionarios como el Partido Bolchevique, el cual, bajo el liderazgo de Lenin y Trotsky, derrocaron al capitalismo en Rusia en 1917.

Como indicó el líder de Antarsya Panagiotis Sotiris - uno de los principales rivales de Syriza en la escena política pequeñoburguesa griega- buscaban, al contrario, construir en la clase media. En aquel tiempo, aseguró a la revista Jacobin, "estábamos pensando qué los experimentos unitarios como los reagrupamientos de izquierda dentro de las universidades tenían un carácter más estratégico. Podían ayudar a este tipo de recomposición de la izquierda radical, en oposición a las formas tradicionales de construcción de organizaciones o de partidos".

Los fundamentos teóricos y políticos de este tipo de planteamiento político pequeñoburgués vinieron de la mano de intelectuales postmodernistas y "post-marxistas" como Ernesto Laclau, un profesor argentino, que formaría a varios líderes actuales de Syriza en la Universidad de Essex del Reino Unido. Su libro ampliamente leído de 1985 Hegemonía y estrategia socialista, co-escrito con el académico belga Chantal Mouffe, constituía un ataque frontal a la clase trabajadora y al marxismo.

Laclau y Mouffe pidieron a sus lectores que "descartaran la idea de un agente perfectamente unificado y homogéneo como la 'clase trabajadora' del discurso clásico". Al rechazar la existencia de la clase trabajadora y de la base objetiva socioeconómica para el socialismo o la revolución socialista, escribieron: "La búsqueda de la 'verdadera' clase trabajadora y sus límites es un problema falso y como tal carece de cualquier relevancia política y teórica. Evidentemente, esto implica... que los intereses fundamentales en el socialismo no pueden ser deducidos lógicamente desde posiciones determinadas en el proceso económico".

Con el tiempo, Laclau desarrolló su rechazo del rol revolucionario de la clase trabajadora hacia una irracional y cada vez más explícita hostilidad a cualquier intento de comprender la sociedad capitalista.

Después de denunciar el "imperialismo de ‘la razón’'" en un ensayo de 1991 titulado "Sólo Dios sabe", Laclau escribió: "Consideremos el debate sobre si la clase trabajadora es aún el sujeto histórico principal o si el rol de este último ha pasado a nuevos movimientos sociales. Yo diría que esta manera de formular el problema se encuentra aún sometida al antiguo planteamiento que se busca superar, porque mantiene la idea de que tiene que haber un solo agente privilegiado de cambio histórico, definido por una totalidad histórica y social que puede ser comprendido racionalmente. Pero es, precisamente, esta última suposición la que tiene que ser cuestionada".

Tales eran las ideas altamente irracionales que prevalecían en las clases medias cuando se formó el SYN en febrero de 1989, en medio de la crisis y desplome del gobierno de Pasok de Andreas Papandreou. El SYN fue una coalición electoral entre el KKE y el Partido Griego de la Izquierda. Éste último estaba dominado por los "eurocomunistas", una tendencia estalinista que se había separado del KKE, pero que también incluía a políticos burgueses como el ex miembro del Pasok Nikos Konstantopoulos.

La crítica de los eurocomunistas al estalinismo no tenía nada en común con la oposición marxista a la burocracia del Kremlin que había sido desarrollada por Trotsky y la Cuarta Internacional. Mientras Trotsky abogaba por una revolución política de la clase trabajadora soviética para derrocar a la parasitaría burocracia, reestablecer la democracia de los trabajadores y defender las esenciales conquistas sociales de la Revolución de Octubre, el eurocomunismo era un desarrollo del estalinismo hacia la derecha.

Los eurocomunistas reflejaban la creciente influencia dentro de los mismos partidos estalinistas del tipo de concepciones anti-marxistas que habían sido articuladas por Laclau dentro de los mismos partidos estalinistas. Ellos buscaban distanciarse de Moscú -renunciando explícitamente a la revolución, al marxismo y a la Revolución de Octubre- para así colaborar de manera más cercana con sus propias clases gobernantes. Esta tendencia, predominante en los partidos comunistas italianos y españoles, fue precursora del plan de la burocracia estalinista de Moscú bajo Mijaíl Gorbachov de restaurar el capitalismo y liquidar la Unión Soviética.

La formación del SYN fue el preludio de una época de traiciones a la clase trabajadora por parte de todas las corrientes de estalinismo griego. Cuando el gobierno de Andreas Papandreou cayó y la ND no pudo formar una mayoría en las siguientes elecciones, el SYN entró en un gobierno de coalición con la ND. Esto llevó a los estalinistas a una alianza con la derecha griega, la cual había bañado en sangre la oposición de la clase trabajadora tanto durante la Guerra Civil Griega de 1946-1949 como bajo la Junta de los Coroneles entre 1967-1974. Esta misma coalición después se amplió para incluir a Pasok, hasta que colapsó en 1990.

El KKE y los precursores de Syriza habían indicado a la burguesía que estaban ahora firmemente en el campo del orden capitalista. Durante sus gobiernos de coalición con la ND, los líderes del SYN fueron designados como ministros del interior y de justicia. Así, llegaron a controlar los archivos correspondientes al asesinato masivo y torturas de los trabajadores del movimiento trotskista y del propio KKE durante la Guerra Civil Griega que siguió a la Segunda Guerra Mundial, y la Junta de los Coroneles. El SYN no solo se negó a investigar estos crímenes, sino que permitió la destrucción de numerosos archivos que habrían hecho posible el encarcelamiento de sus responsables.

Un año más tarde, los aliados del SYN en la burocracia soviética disolvieron la URSS y restauraron el capitalismo, saqueando a la clase trabajadora soviética y dejando a la antigua URSS expuesta a la intervención imperialista. Con estos monumentales crímenes, el KKE y los precursores de Syriza mostraron que habían roto cualquier vínculo que habían mantenido con las luchas de la clase trabajadora en el siglo veinte. Sin embargo, el KKE abandonó la alianza con el SYN en 1991, dejando al SYN como un baluarte de los antiguos "eurocomunistas".

Tanto el SYN como el KKE habían completado su transformación: anteriormente, eran partidos ligados a las políticas contrarrevolucionarias de la burocracia soviética. Ahora, se habían convertido en formaciones completamente burgueses.

Las otras tendencias en Syriza -la DEA, los grupos maoístas y ecologistas y las escisiones del KKE- se unirían a Syriza sobre la base de esta evolución pro-capitalista. A comienzos del año 2000, Panos Petrou del DEA, escribió un artículo sobre la fundación de Syriza: el SYN "estaba en declive electoral y se enfrentaba a la posibilidad de no poder obtener suficientes votos para superar el umbral reglamentario para lograr representación en el parlamento. Esto fue el resultado de sus políticas de centro-izquierda durante los años previos, las cuales hicieron al partido parecer un satélite del Pasok".

La formación de Syriza en el 2004 fue una maniobra dirigida a presentar un rostro más "izquierdista" y mantener vivo al SYN absorbiendo otros partidos que habían participado en las protestas contra la guerra de Irak. Petrou tomó nota que "para el liderazgo del SYN, Syriza era en realidad una alianza electoral para ayudarla a sobrepasar el umbral del 3 por cien del voto nacional para entrar en al parlamento".

Su papel era un reflejo de la creciente riqueza y conservadurismo dentro de los estratos sociales de Syriza. La cobertura mediática de las ingentes cuentas bancarias y múltiples residencias de los ministros de Syriza dejaba bien claro que estos antiguos estudiantes graduados les permitieron instalarse en las clases medias más acomodadas. Al haberse beneficiado de la financialización de la economía europea, un creciente mercado inmobiliaria, la introducción del euro, y sus lecturas de Laclau y otros, les habían convencido de los méritos del capitalismo.

Su talante encuentra una clara expresión en el rechazo de Laclau de la lucha de clases y de la noción en sí de las propias clases sociales. En su trabajo del 2007, Ideología y Post-Marxismo, Laclau sentenció que "los sujetos de una lucha 'anti-capitalista' son varios y no pueden ser reducidos a una categoría tan sencilla como la de 'clase'. Vamos a tener que tener una pluralidad de luchas. Las luchas en nuestra sociedad tienden a proliferar más cuando más nos movemos a una era globalizada, pero son cada vez menos y menos luchas de 'clase'".

El papel del gobierno de Syriza en llevar a cabo un enorme retroceso en los niveles de vida de los trabajadores griegos es prueba de las reaccionarias implicaciones de tales concepciones irracionalistas y anti-marxistas. La insistencia oscurantista de que la realidad no puede ser comprendida de forma racional y el rechazo de la clase trabajadora ha otorgado combustible teórico a partidos pequeñoburgueses que son "izquierdistas" solo de nombre. Syriza impone sus irracionales políticas de austeridad -que suponen el suicidio económico de Grecia- con una indiferencia total para las amplias masas de la población trabajadora.

5. Los cómplices de izquierda de Syriza

La condición previa esencial para una lucha de la clase trabajadora contra la austeridad es romper con estas políticas corruptas de la pseudoizquierda. La insolvencia política de los partidos griegos que se hicieron pasar como críticos desde la "izquierda" del primer gobierno de Tsipras se hizo evidente en su incapacidad de ganar un número significante de votos en las elecciones de septiembre.

El partido Unidad Popular (Laiki Enótita) -que dio entrada a los grupos maoístas de la coalición Antarsya para apoyar a la Plataforma de Izquierda tras su salida de Syriza- no pudo ni tan siquiera sobrepasar el umbral del tres por ciento para lograr un escaño en el parlamento.

Una coalición improvisada, constituida por las facciones restantes de Antarsya (que incluían a varios grupos pablistas y maoístas y el partido EEK (Partido Revolucionario de los Trabajadores) de Savas Michael Matsas), obtuvo 0,85 por ciento.

Bajo las condiciones de crisis extrema que prevalecen en Grecia, estos paupérrimos resultados constituyen una condena inapelable del papel jugado por estas tendencias entre enero y septiembre 2015. No obtuvieron ningún apoyo considerable porque nunca lucharon por diferenciarse fundamentalmente de Syriza o ganarse a las masas con una perspectiva revolucionaria.

La Plataforma de Izquierda trabajó fielmente dentro del gobierno de Syriza desde enero hasta julio, funcionando para bloquear la oposición a Syriza desde la izquierda. Promovió la mentira que, a pesar de haber prometido imponer medidas de austeridad en Febrero, Syriza podría aún llevar a cabo políticas de izquierda. Una de sus resoluciones hacía un llamamiento al liderazgo de Syriza, afirmando que "a pesar de la seriedad de las concesiones iniciales, aún hay tiempo para salvar esta situación cambiando de dirección y asumiendo las políticas radicales y socialistas necesarias".

Los intentos de la Plataforma de Izquierda de hacerse pasar como un oponente a la austeridad de la UE son un fraude político. A finales de julio, fue el principal partidario de evitar una votación abierta dentro del comité central de Syriza sobre las medidas de austeridad que Tsipras había negociado. De esta forma, la Plataforma permitió que las medidas de austeridad siguieran su curso, mientras eludió adoptar una postura de oposición.

Cuando las fingidas críticas de la Plataforma de Izquierda se volvieron una molestia para sus tratos con la UE -después que Syriza firmase el acuerdo de austeridad en julio- Tsipras disolvió su propio gobierno y los quitó de la lista de los candidatos legislativos de Syriza. Fue entonces cuando la Plataforma de Izquierda decidió abandonar Syriza y establecer el partido Unidad Popular, para seguir difundiendo ilusiones en Syriza y bloquear una lucha política independiente de la clase trabajadora contra el gobierno de Tsipras.

Panagiotis Lafazanis, líder de la Plataforma de Izquierda y antiguo ministro de energía de Tsipras, declaró: "Unidad Popular quiere continuar las mejores tradiciones programáticas de Syriza. Queremos mantenernos fieles a los compromisos más radicales".

Como era de esperar, el llamamiento de Lafazanis a defender la actuación reaccionaria de Syriza convenció varias facciones de Antarsya de que había llegado el momento de entrar con una alianza directa con la Plataforma de Izquierda dentro del partido Unidad Popular.

En cuanto a Michael-Matsas y el EEK, vieron esto como una oportunidad para un "reagrupamiento" con otras facciones de Antarsya, estableciendo una nueva tapadera de izquierda para Syriza y para la clase dirigente griega.

Estas tendencias no estaban orientadas a la clase trabajadora, sino a Syriza. Al final, los trabajadores percibieron, con razón, que eran parte de la misma trampa política que ya los había traicionado.

Uno sólo tiene que comparar lo que hicieron estas facciones durante los ocho meses entre enero y septiembre con lo que Lenin y el partido Bolchevique hicieron durante los ocho meses que separaron la llegada del Gobierno Provisional en febrero de 1917 y la Revolución de Octubre. Estos últimos plantaron cara a las falsas ilusiones que las masas habían puesto en el Gobierno Provisional, luchando para romper el dominio que tenían los partidos burgueses y sus defensores sobre la clase trabajadora. En condiciones políticas mucho más complicadas, lograron ganar una influencia cada vez mayor sobre la clase trabajadora y de esta forma preparar la Revolución de Octubre.

No hay ni una gota de tal intransigencia revolucionaria entre las fuerzas supuestamente a la izquierda de Syriza. Todas ellas prepararon la llegada al poder de Syriza promoviendo la mentira de que un gobierno de Syriza lideraría una lucha contra la austeridad de la UE, y después se pasaron los ocho meses entre enero y septiembre adaptándose al gobierno de Syriza, diseminando mentiras sobre sus políticas y despejándoles el camino para culminar su traición.

6. "Amplios partidos de izquierda" y la preparación de nuevas traiciones

El gobierno de Syriza no sólo es una amarga experiencia para la clase trabajadora griega. También ha servido para desenmascarar a los partidos de la pseudoizquierda en Europa y a nivel internacional que fueron cómplices en su llegada al poder, y que ahora tienen la responsabilidad política por los ataques de Syriza contra los trabajadores griegos. A los trabajadores de todo el mundo hay que advertirles: si la clase dirigente permite a tales partidos gobernar, resultarán tan reaccionarios como Syriza en Grecia.

Estos partidos ya están bien establecidos por toda Europa, con ejemplos como Podemos en España y el partido La Izquierda en Alemania. Como Syriza, aparecieron después de la liquidación de la Unión Soviética, cuando varias tendencias pequeñoburguesas formaron alianzas con fuerzas estalinistas. Proponen una agenda política que consiste en una retórica anti-austeridad combinada con políticas pro-imperialistas adaptadas a los intereses de secciones privilegiadas de la clase media.

Antes de Syriza, la Refundación Comunista (Partito della Rifondazione Comunista, PRC) en Italia había sido el ejemplo más prominente en Europa de las consecuencias de esta orientación. Rifondazione surgió a partir de la disolución del Partido Comunista de Italia (PCI) en medio de la campaña para restaurar el capitalismo en la Unión Soviética y Europa del Este. Junto con una facción del PCI, el partido consistía en revisionistas pablistas anti-trotskistas liderados por Livio Maitan, maoístas y tendencias anarquistas. A partir de 1991, formó parte de una serie de gobiernos italianos que implementaron medidas de austeridad en su país, mientras participaban en guerras imperialistas, desde Yugoslavia a Afganistán.

A medida que Rifondazione participaba una y otra vez en gobiernos reaccionarios, sus defensores se volvían conscientes de que estaban construyendo partidos burgueses que llevarían a cabo políticas reaccionarias y ataques a la clase trabajadora.

En una discusión pública sobre el papel de partidos como Syriza y Rifondazione , a los cuales denominó "amplios partidos de izquierda", el periódico pablista Punto de Vista Internacional admitió "que la relación con el Estado y la comprensión por el partido de su papel en la sociedad" se ha vuelto una cuestión apremiante. Comentó que estos partidos han llevado a cabo "en momentos particulares un cruce del Rubicón que los ha conducido a la administración institucional explícita de los más altos niveles de Estado o a apoyar explícitamente a gobiernos social-liberales [esto es, pro-austeridad]".

Este debate (que tuvo lugar dos años antes de la llegada al poder de Syriza) subraya la mala fe política de sus promotores pseudoizquierdistas. Aunque alabaron a Syriza como un gran paso para la izquierda, sabían que continuaría una larga serie de traiciones políticas. La implementación de estas cínicas políticas dependía de su planteamiento groseramente pragmático y desdeñoso hacia la historia.

Según Alain Krivine, el líder del pablista Nuevo Partido Anti-capitalista (NPA) de Francia, el NPA "no resuelve algunos asuntos, los deja abiertos para futuros congresos. Por ejemplo, todos los debates estratégicos sobre la toma de poder, las demandas de transición, el poder dual, etc. No afirma ser trotskista como tal, pero considera el trotskismo uno de sus fuentes, entre otros, para el movimiento revolucionario. Reacios, como lo fuimos bajo el estalinismo, de plantear políticas sobre la base de temas ya pasados, el NPA no tiene una postura acerca de la naturaleza de la Unión Soviética, el estalinismo, etc. La política se basa en un acuerdo a partir del análisis del período y las tareas actuales".

El NPA no quería hablar de las experiencias históricas claves del siglo veinte, el movimiento marxista o los temas centrales de la estrategia revolucionaria a los que se enfrenta la clase trabajadora. Las políticas que el NPA formula sobre esta base anti-histórica sólo pueden tener el carácter más miope y reaccionario, como resultado de sus impresiones superficiales de la cobertura mediática y lo que sus líderes aprenden de sus conversaciones con políticos del gobierno.

Sin embargo, como dejan claro los comentarios de Krivine, el liderazgo del NPA percibe esto como una ventaja. Les permite continuar haciéndose pasar como "izquierdistas", realizar maniobras tácticas sin principios tales como apoyar a "amplios partidos de izquierda" a modo de Syriza como una gran esperanza para la lucha contra la austeridad, cuando sabían que estos eran partidos de austeridad y de guerra.

Con respecto a Grecia, el NPA se unió a la fraternidad internacional de la pseudoizquierda que celebró la llegada de Syriza al poder como una victoria. El NPA declaró: "La victoria electoral de Syriza es una excelente noticia. Llena de esperanza a todos aquellos que lucha contra la austeridad en Europa”. Mientras que el La Izquierda alemana publicó en una conferencia de prensa que "las elecciones de Grecia no son sólo un punto de inflexión para Grecia sino para toda Europa. Abre oportunidades para una renovación y un cambio fundamental de dirección para la Unión Europea".

Otro ejemplo de este tipo fue Xekinima (Comienzo - Organización Internacionalista Socialista), un partido griego afiliado a la tendencia internacional liderada por el Partido Socialista (Inglaterra y Gales). Habiendo entrado y luego salido a Syriza, apoyó a éste en las elecciones de enero del 2015.

En una entrevista con el Partido Socialista en la antesala a las elecciones, el líder de Xekinima, Andros Payiatsos, declaró que a pesar de la amplios indicios de que Syriza estaba "haciendo todo lo posible para llegar a un entendimiento con las fuerzas del mercado", las masas "tendrán que luchar y lucharán para empujar al gobierno de Syriza hacia la izquierda".

Incluso más categórico fue la DEA, el afiliado griego de la Organización Socialista Internacional (ISO, siglas en inglés) de EE.UU. Como componente de la Plataforma de Izquierda de Syriza, escribió: "En estas nuevas circunstancias, el papel de Syriza como un partido político es irremplazable. El funcionamiento de sus cuerpos organizacionales y de sus militantes, con participación colectiva y democracia por todo el partido, no es un extra opcional sino una requisito para la victoria final de Syriza y la victoria final de todo la izquierda y de nuestra gente".

En Brasil, el Partido Socialista de los Trabajadores Unido (PSTU), uno de los principales partidos que surgió de la ruptura del movimiento revisionista latinoamericano dirigido por el fallecido Nahuel Moreno, hizo un llamamiento a votar por Syriza, al cual describió como la "principal herramienta de los trabajadores griegos para derrocar los partidos del Memorando y del saqueo" de Grecia.

Sean cuales sean las críticas que éstas tendencias hicieran del programa pro-capitalista de Syriza, todas ellas fueron realizadas desde la perspectiva de exigirle a los trabajadores que se sigan subordinando a la causa electoral de Syriza y conciban sus luchas como un medio de presionar a Syriza hacia la izquierda.

Ninguno de ellos hizo un análisis de clase de Syriza. Si bien aplaudieron la victoria del partido como un producto de las luchas sociales, todos ellos encubrieron el hecho de que Syriza era un partido burgués que había sido promovido como un medio de sofocar las luchas de los trabajadores e imponer las medidas de austeridad que la derecha había sido incapaz de imponer.

La promoción de Syriza de estos partidos no fue un error o un fracaso teórico de análisis. Apoyaron a Syriza y a sus políticas porque ellos representaban, en sus respectivos países, al mismo estrato acomodado de académicos de "izquierda", funcionarios sindicales, parlamentarios y profesionales, y buscaron avanzar sus intereses de clase mediante políticas similares. Cuando la clase dirigente permitió a Syriza llegar al gobierno, todos ellos vieron esto como un modelo y esperaron que se les diera la oportunidad de jugar un papel similar en sus propios países.

Cuando fueron obligados a moderar -en público- su entusiasmo por Syriza, tras la imposición del paquete de austeridad de varios miles de millones de euros en julio, mantuvieron su apoyo.

De esta forma, Jean-Luc Mélenchon del Frente de Izquierda de Francia alabó a Tsipras después de que impusiera el paquete de austeridad de la UE, pisotear el voto por el "no" en el referéndum del 5 de Julio y declaró: "Apoyamos a Alexis Tsipras y su lucha por permitir la resistencia del pueblo griego". El comunicado de prensa del Frente de Izquierda, de manera similar, era el mundo al revés: "El gobierno de Alexis Tsipras ha resistido como ningún otro en Europa. Por lo tanto ese gobierno acepta un armisticio en la guerra desatada contra él. Condenamos esta guerra, aquellos que la libran, y sus objetivos".

Pablo Iglesias, quién hizo campaña reiteradamente con Tsipras como secretario general del partido español Podemos (que espera seguir una vía al poder similar a Syriza) disculpó las políticas de austeridad de Tsipras argumentando que las alternativas eran "hacer un acuerdo o salir del euro". Y añadió: “Los principios de Alexis están muy claros, pero el mundo y la política tienen que ver con correlaciones de fuerzas... Lo que el gobierno griego ha hecho es, tristemente, la única cosa que pudo haber hecho".

Una vez más las advertencias más graves son apropiadas: los partidos que hacen semejantes declaraciones sobre las políticas de austeridad de Syriza están buscando seguir sus pasos.

El abismo político y de clase que separa al CICI de estas tendencias es inequívoco. Mientras el CICI buscó advertir a los trabajadores de lo que Syriza estaba preparando, la pseudoizquierda otorgó protección política a sus políticas reaccionarias.

7. El papel del EEK de Michael-Matsas

El Comité Internacional luchaba, con todos los medios a su alcance, para hacer que su perspectiva y análisis fueran conocidos por los trabajadores griegos y les advirtió acerca del papel que Syriza realizaría. Sin embargo, no tenía una sección en Grecia.

La responsabilidad política de esto es de Savas Michael-Matsas, el secretario general del Partido Revolucionario de los Trabajadores (EEK). Él lideró la única sección del CICI que apoyó a Gerry Healy durante la ruptura de 1985 del CICI con el Partido Revolucionario de los Trabajadores (WRP, siglas en inglés), que era dirigido por Healy en Gran Bretaña. La ruptura de Michael-Matsas con el CICI careció totalmente de principios, rechazando todas las discusiones con otras secciones y sosteniendo que ni siquiera tenían derecho de reunirse sin el permiso de Healy, a quién describió como el "líder histórico" del CICI. La base política de este comportamiento se debe a que estaba de acuerdo con la orientación nacional oportunista de Healy, pues Michael-Matsas compartía esta orientación.

Después de su ruptura con el CICI, Michael-Matsas proclamó una "Nueva era para la Cuarta Internacional", en la que el trotskismo sería liberado del "propagandismo abstracto" y "las prácticas de las derrotas y aislamiento del trotskismo". En la práctica, su "nueva era" consistía en apoyar a Pasok en Grecia y elogiar la perestroika de Mijail Gorbachov como el comienzo de la "revolución política" en la Unión Soviética. En las décadas desde entonces Michael-Matsas ha trabajado en la periferia de Syriza.

El EEK promovió a Syriza con entusiasmo en los meses que siguieron a su victoria electoral. Afirmó que podría ayudar a la población a empujar a Syriza hacia la izquierda desarrollando una alianza política con aquella, un "poderoso Frente Unido de todos los trabajadores y organizaciones populares... del KKE, Syriza, Antarsya a EEK, las otras organizaciones de izquierda, movimientos anarquistas y anti-autoritarios". El EEK hizo un llamamiento a cualquiera que albergara esperanzas en Syriza de "exigir que su liderazgo rompa con la burguesía, el personal político, todos los oportunistas y pretendientes para el poder del capital".

Al igual que todos los satélites de Syriza, el EEK dejó sin mencionar un punto: Syriza es un partido burgués. Michael-Matsas estaba proponiendo que la clase trabajadora se alinee con organizaciones que han establecido de forma definitiva, su apoyo al capitalismo y su hostilidad a la clase trabajadora y al socialismo.

El incitar a los trabajadores que exijan a los líderes de Syriza que "rompa con la burguesía" sólo servía para sembrar ilusiones en este partido y esconder la inevitabilidad de que se vuelva salvajemente en contra de la clase trabajadora. Pedir a los “lideres” de Syriza -esto es, acomodados criminales políticos como Tsipras y Varoufakis- que rompan con "todos los oportunistas y postulantes al poder del capital" es pedirle peras al olmo.

Defendiendo sus operaciones políticas en Grecia, Michael-Matsas atacó al CICI como "sectario" por exponer el carácter burgués de Syriza y advertir de su inevitable traición a sus promesas a la clase trabajadora. Tras la victoria electoral de Syriza, aseguró que si bien el CICI "puede decir algunas cosas correctas sobre la naturaleza burguesa del liderazgo de Syriza, descartan el significado de la victoria de Syriza... Los grupos sectarios se muestran ciegos a las oportunidades porque son indiferentes a los movimientos de masas".

Nueve meses después, no es difícil hacer un balance de estas "oportunidades" y el "movimiento de masas" que estimuló el entusiasmo de Michael-Matsas por Syriza. Syriza ofreció a la burguesía Europea la oportunidad de mantener sus políticas de austeridad y extraer decenas de miles de millones de euros de millones de empobrecidos trabajadores.

En cuanto a los "movimientos de masas", Syriza no construyó nada parecido en la clase trabajadora, y ni siquiera lo intentó. Syriza hoy en día sigue siendo una máquina electoral para un grupo de políticos burgueses y sus partidarios. Manipula y explota la poderosa oposición a la austeridad en la clase trabajadora para así asegurar la alianza del capitalismo griego con la UE y con la OTAN y –y lo siguiente no es fortuito- las carreras y fortunas personales de los políticos de Syriza.

Michael-Matsas acusó al CICI de ser "sectario" porque no puso a Syriza en un pedestal, como sí lo hizo el EEK. El CICI no sólo advirtió de que Syriza tenía un unos líderes burgueses -un extremo que Michael-Matsas cede de forma complaciente- sino de que era un partido burgués y que los trabajadores tenían que oponérsele por tal razón.

Es decir, el CICI sostuvo lo más básico de la orientación marxista: emplazar a la clase trabajadora a luchar contra la clase capitalista. No obstante, para el EEK, cuya ruptura con el CICI en 1985 marcó su ruptura definitiva con el marxismo, esto era inaceptable.

El EEK ensalzó a Syriza; escribió de manera vaga pero elogiosa sobre el "significado" de su victoria; y lo celebró como una experiencia maravillosa e informativa por la que los trabajadores tenían que pasar. En cuanto la clase dirigente entregaba a los trabajadores griegos la píldora venenosa de Syriza, el EEK hizo todo lo posible para desacreditar las advertencias del CICI sobre lo que iba a ocurrir. El EEK funcionó como un cómplice redomado de Syriza y una herramienta reaccionaria del capitalismo griego.

8. ¡Construir el CICI!

Se ha de decir con toda franqueza que la experiencia del gobierno de Syriza ha sido una gran derrota para la clase trabajadora. La tarea esencial en este momento debe ser el extraer las lecciones políticas de esta derrota y rearmar políticamente a la clase trabajadora -en Grecia, en toda la UE, y en el mundo- para las luchas que librará en el próximo período.

Es así porque los acontecimientos han demostrado que la clase trabajadora no puede defender ni siquiera sus más mínimos intereses confiando en gobiernos burgueses, incluso en aquellos conformados por partidos de "izquierda radical", o intentando presionar a tales gobiernos para que lleven a cabo políticas favorables. Las políticas de Syriza muestran que la única opción que tienen los trabajadores es la de emprender el camino revolucionario.

La clase dirigente le recuerda a los trabajadores por qué el proletariado ruso fue obligado a derrocar al capitalismo en 1917. La estrategia de los capitalistas es destruir todas las concesiones sociales que fueron otorgadas a la clase trabajadora en los países capitalistas de Europa en el siglo veinte como respuesta al desafío político e ideológico planteado por la Revolución de Octubre y la existencia de la URSS. Los trabajadores han de sufrir un retroceso histórico de muchas décadas y soportar niveles de vida comparables a los de los empobrecidos trabajadores de Europa del Este y Asia.

La culpa por la derrota en Grecia no es de la clase trabajadora. El proletariado griego no mostró ninguna falta de determinación para luchar y reiteradamente demostró sus instintos revolucionarios. Disfrutó de la solidaridad de las masas de trabajadores por toda Europa, que estaban también recibiendo ataques de la UE, y reaccionaron a los ataques de Syriza a los trabajadores griegos con furia e incredulidad.

A pesar de la opresión que sufre y de su rabia cada vez más profunda, la clase trabajadora no pudo encontrar de forma espontánea, sin embargo, un medio para expresar sus intereses políticos y elevarse a la altura de sus tareas históricas. No fue capaz de improvisar repentinamente líderes políticos capaces de encabezar la lucha contra la despiadada ofensiva de la UE y los bancos.

En su lugar, la oposición social de los trabajadores fue reiteradamente canalizado hacia Syriza, un partido que cínicamente apeló al descontento de masas sobre la base de mentiras, a la vez que conscientemente se preparaba para renegar de sus propias promesas. Syriza contó con los servicios de todo un conjunto de tendencias políticas que ayudaron a alimentar las ilusiones de que resistiría los dictados del capital financiero internacional y griego. Este amplio conjunto de partidos de la pseudoizquierda queda desenmascarado como herramientas reaccionarias del capital financiero.

La tarea central es rearmar políticamente la clase trabajadora y la construcción de nuevos grupos de líderes revolucionarios, basados en la crítica sin piedad de los partidos, personalidades y concepciones políticas que fueron responsables de esta derrota. Éste ha sido el significado del trabajo llevado a cabo por el Comité Internacional de la Cuarta Internacional en relación con los sucesos en Grecia.

En Grecia, en Europa y todo el mundo, la clase trabajadora sólo puede defenderse a sí misma mediante la construcción de nuevos partidos de la clase trabajadora que sean completamente independientes de todas las secciones de la clase capitalista, basados en un programa revolucionario internacionalista, dirigido hacia el establecimiento del poder obrero, la abolición del capitalismo y el establecimiento de una sociedad socialista a escala mundial.

El Comité Internacional de la Cuarta Internacional es la única organización política que busca organizar y unificar a la clase trabajadora a nivel internacional en la lucha contra la explotación capitalista, la pobreza y la guerra. Sus muchas décadas de lucha en defensa de los principios marxistas y trotskistas encarnan una colosal experiencia política y una perspectiva exhaustivamente elaborada para armar a la clase trabajadora para la nueva época revolucionaria que está acercándose ahora. Los temas políticos e históricos en el centro de sus seis décadas de lucha para defender la continuidad del trotskismo ahora son temas cruciales a nivel de las masas.

Hoy por hoy, la cuestión estratégica decisiva es la de construir el CICI. Hacemos un llamamiento a todos los trabajadores, intelectuales y jóvenes con conciencia política en Grecia y en el mundo de que luchen por la perspectiva elaborada en esta declaración y de que se unan al CICI, el Partido Mundial de la Revolución Socialista.

Loading