¿Es la propuesta de Sanders de dividir a los bancos una demanda socialista?

por Barry Grey
26 abril 2016

Una pieza central de la campaña política del "socialista democrático" Bernie Sanders es su propuesta repetida de "dividir a los bancos". El senador de Vermont ha obtenido un amplio apoyo de los trabajadores y especialmente de los jóvenes, abusando de la inquina existente contra por el crecimiento de la desigualdad social y el control por Wall Street de la vida económica y política.

La campaña de Sanders ha revelado –dejando en shock a todos los grupos de poder político y mediático incluyéndose a sí mismo— que en un país dónde el socialismo había sido prácticamente borrado del debate público por casi tres cuartos de siglo, millones de trabajadores favorecen al socialismo sobre el capitalismo. La propuesta de Sanders de impedir la bien anticipada “coronación” de la ex Secretaria de Estado Hillary Clinton como el candidata presidencial del Partido Demócrata ha develado el desprecio y odio que sienten las masas por el todos los grupos de poder político y por el sistema capitalista que éstos sostienen.

Sanders, no obstante, ha dejado claro que el objetivo de su supuesta revolución política es acorralar más votos para el Partido Demócrata y resucitar el apoyo popular por el mismo partido que desde hace tiempo se ha convertido en un instrumento político de los bancos contra los que el mismo Sanders despotrica, especialmente durante los ocho años del gobierno del presidente Obama.

El más radical de sus slogans de campaña –y el que genera quizás el más entusiasmo de los votantes— es su promesa de resquebrajar a los bancos. ¿Se trata de una medida socialista o anticapitalista?.

Con Sanders, este consigna no está unida a la demanda por la transformación de las relaciones de propiedad, que se basan en la propiedad privada de los bancos y las empresas que apuntalan el control de los oligarcas financieros. Todo lo contrario, Sanders reniega de cualquier ataque a la propiedad privada de los medios de producción y las finanzas, omitiendo toda demanda por la propiedad pública de los servicios básicos, algo que tuvieron en común todos programas políticos izquierdistas, incluyendo a los de liberales burgueses, durante buena parte del siglo pasado.

El llamado de Sanders de dividir a los grandes bancos ha surgido, en días recientes, como un tema principal en la cada vez más dura batalla por la nominación entre él y Clinton. Clinton se aprovechó de una entrevista con el senador de Vermont, publicada por el New York Daily News, para atacar su propuesta bancaria y describirla como imprudente y mal concebida, al entrar la campaña de ella en profunda crisis después de la aplastante victoria de Sanders en las primarias de Wisconsin a principios de abril.

En la entrevista, Sanders tiene dificultad en explicar cómo es que realmente implementaría su demanda de reducir el tamaño y la influencia económica de los bancos más grandes. Al final, declaró que dejaría que los mismos bancos decidan.

Defendiendo su slogan, Sanders declaró: "Bueno, por cierto, la idea de romper estos bancos no es una idea original. Es una idea que unos conservadores también han acordado. Tenemos al jefe de –creo de la Reserva Federal de la Ciudad de Kansas [Kansas City Fed], unos tipos muy conservadores— que lo entiende". Los doce bancos del Fondo de Reserva Federal (el Fed) forman el Banco Central de Estados Unidos.

Sanders se equivocó. Quiso decir la Reserva Federal del Banco de Minneapolis y su nuevo presidente, Neel Kashkari. Efectivamente, desde que ocupó el cargo como jefe de la Reserva Federal de Minneapolis el 1 de enero, Kashkari ha argumentado agresivamente por lo que él llama "poner fin al aquellos bancos que son 'tan grandes que no pueden fallar’ [sin poner en peligro a la economía]” colocando un tope a los activos de los bancos más grandes y obligándolos a reducir su tamaño e influencia económica.

El 4 de abril, Kashkari hizo de presentador en el primero de una serie de simposios en el Fed de Minneapolis para promover la demanda de dividir los grandes bancos y esa institución ha anunciado que al fin de este año hará público un plan detallado para refrenar el tamaño y poder de los gigantes de Wall Street.

La lista de participantes, comenzando con el propio Kashkari, deja claro que reducir el tamaño de los megabancos es una política promovida por una facción definida, aunque minoritaria, dentro de la clase gobernante estadounidense, incluyendo a elementos dentro de la burocracia financiera. Kashkari, un viejo republicano, no sólo es un ex banquero de Goldman Sachs y anteriormente funcionario en el Departamento del Tesoro de Bush, también estuvo a cargo de administrar el Programa de Alivio a Activos en Quiebra (Troubled Asset Relief Program, TARP) para salvar a los bancos luego del colapso financiero de septiembre 2008.

En el 2009, dejó el gobierno y tomó un lucrativo puesto ejecutivo en Pimco, la gigante empresa financiera especializada en bonos. Renunció en el 2013 para buscar la candidatura de gobernador de California pero fracasó en ese intento. Fue nombrado presidente del Fed de Minneapolis en noviembre del 2015 luego de recibir un voto de aprobación de 5-0 por los principales funcionarios del Fed en Washington.

En febrero, Kashkari dio un discurso en el instituto “Brookings” en el que anunciaba la campaña del Fed de Minneapolis sobre el tema de "tan grandes que no pueden fallar" y propuso romper a los bancos más grandes. Hizo hincapié en que otra gran crisis financiera es inevitable. Afirmó categóricamente que la reforma regulatoria bancaria Dodd-Frank firmada como ley por Obama en el 2010 no impediría un segundo enorme rescate de Wall Street por parte del gobierno.

Mientras defendía al rescate financiero del 2008-2009 como la única alternativa a una depresión a escala global, añadió: "Creo que los bancos más grandes aún son demasiado grandes para fallar y continúan planteando un riesgo considerable y presente a nuestra economía". Hizo un llamado para que una "gama de opciones" sea consideradas, éstas incluyen:

*Romper a los bancos más grandes en entidades más pequeñas, menos conectadas y menos importantes.

*Convertir a los bancos grandes en empresas públicas obligándolos a mantener tanto capital para que prácticamente no puedan caer (con un nivel de regulación similar al de una planta nuclear).

*Tasar el apalancamiento por el sistema financiero para reducir riesgos sistemáticos donde quiera que hayan.

Los simposios del 4 de abril tuvieron presentaciones de parte de Anat Admati, un profesor en la Escuela de Negocios para Graduados de la Universidad de Stanford y Simon Johnson, ex jefe economista en el Fondo Monetario Internacional y actual profesor en la Escuela Sloan de Administración del Massachusetts Institute of Technology (MIT), cada una seguida por un panel de discusión. Admati hizo un llamado para aumentar drásticamente los requerimientos de capital de los grandes bancos y Johnson propuso establecer un tope de activos de 2 por ciento del PBI estadounidense, o US$350 billones, más allá de esa cifra los bancos serían obligados a vender sus activos y reducir su tamaño.

Actualmente hay siete bancos en EE.UU. que, bajo el plan de Johnson, serían fragmentados: JPMorgan Chase (US$2,42 billones de activos), Bank of America (US$2,15 billones de activos), Citigroup (US$ 1,77 billones de activos), Wells Fargo ($1,75 billones de activos), US Bankcorp (US$ 416 mil millones de activos), Bank of New York Mellon (US$ 377 mil millones de activos) y PNC Financial Services Group (US$ 362 mil millones de activos).

Los panelistas por la mayor parte argumentaron contra las medidas abogadas por los presentadores. Sin embargo, la audiencia incluyó a James Bullard, presidente del Fed de St. Louis, quién, si bien no apoyaba las propuestas, acogió la discusión sobre el tema.

Tanto Johnson y Kashkari declararon su creencia en el capitalismo y presentaron sus propuestas como un medio de sostener los principios de libre mercado y defender el sistema: "Yo pienso que una exención [a la libre empresa] es un gran problema. No creo que eso sea el capitalismo", declaró Johnson.

En sus comentarios finales, Kashkari tomó nota que había invitado a representantes bancarios de Wall Street para que participen en los simposios pero que éstos rechazaron hacerlo. Expresando una pose populista declaró que "nadie fue puesto en el banquillo" luego del colapso del 2008 y añadió: "Tenemos que considerar quienes cargan con la culpa, cómo castigar, o la responsabilidad penal".

El día siguiente, el Fed de Minneapolis anunció que su siguiente foro sobre "tan grandes que no pueden fallar" tomaría lugar el 16 de mayo y los participantes incluirían al ex presidente del Fed Ben Bernanke.

Si bien las propuestas de Kashkari de reducir el tamaño de los grandes bancos están en desacuerdo con la posición oficial del Fed y las opiniones de funcionarios principales como la presidenta del Fed, Janet Yellen, no hay duda que está llevando a cabo su campaña con el conocimiento y el apoyo tácito, o por lo menos tolerancia, de la Junta de Gobernadores del banco central.

¿Qué es lo que está impulsando la agitación de Kashkari y otros miembros del grupo de poder financiero para apoyar la disminución del tamaño y poder de los grandes bancos? No es accidental que esta posición sea planteada por el Fed de Minneapolis, que por largo tiempo ha promovido los intereses de bancos medianos y pequeños dentro del sistema de la Reserva Federal. Ninguno de los megabancos tiene sedes en la región que este Fed cubre,

Algo más fundamental, sin embargo, es el creciente sentimiento dentro de la élite gobernante de que se viene encima una nueva crisis financiera y que el miedo a semejante desarrollo podría desatar un levantamiento político y social incontrolable, con consecuencias revolucionarias. En el foro del 4 de abril en Minneapolis, tanto Johnson y Kashkari se mostraron absolutamente seguros de la inevitabilidad de un nuevo pánico financiero que podría resultar en otro enorme rescate financiero de los bancos a menos que éste sea prevenido por decisiones "transformacionales" implementadas antes de semejante crisis.

En cuanto a las potenciales consecuencias políticas de tal eventualidad, los que dentro de la clase gobernante proponen "romper los bancos" se ven acosados por las señales de un enorme rechazo a los grupos de poder económicos y políticos en la campaña electoral estadounidense. Luego de los simposios del Fed de Minneapolis, Kashkari declaró al Star Tribune de Minneapolis: "Contemplo una gran inquina política en este país, de parte de los dos partidos, que nace directamente de la crisis financiera. Y eso es un recordatorio para mí de que hay persistentes costos para sociedades cuando atraviesan crisis intensas como la que fuimos en el 2008 y en el 2009. Tenemos que actuar antes de olvidarnos".

La defensa de Sanders de "romper a los grandes bancos" mientras mantiene el armazón de la propiedad privada del sistema financiero y mantiene al sistema capitalista en conjunto, lejos de ser una demanda socialista, refleja la posición de una facción dentro de la propia clase de poder.

Tendencias similares están surgiendo internacionalmente en respuesta a la profundización de la crisis del mundo capitalista, marcado por la desaceleración en China; el estancamiento o declive de comercio y crecimiento económico; y las crecientes acciones que van en la dirección de guerra comercial y de divisas. En muchos casos, tácticas casi reformistas están vinculadas al nacionalismo y proteccionismo económico.

En el Reino Unido, por ejemplo, las demandas por penalidades y tarifas contra el acero extranjero, promovido por los sindicatos y secciones del Partido Laborista y la seudoizquierda están creciendo luego del anuncio de Tata Steel de que planea abandonar sus operaciones dentro de Gran Bretaña. Demandas similares se dejan escuchar de los sindicatos y sus aliados políticos en Alemania, Francia y otras partes del continente.

En Brasil, que confronta su recesión más profunda desde la década 1930, los economistas tanto de derecha como de la supuesta "izquierda" burguesa están haciendo un llamado por políticas autárquicas como controles de capital y devaluación monetaria.

Tales políticas nacionalistas son profundamente reaccionarias. Sirven para confrontar a los trabajadores en un país contra los de otro, mientras que los alinea con "sus" patrones nacionales en base a acuerdos corporativos para recortar salarios y beneficios, imponer la aceleración y reprimir la lucha de clases. En el nombre de mejorar la "competividad" de los capitalistas de cada país, los trabajadores de todos los países son lanzados a una carrera fraticida hacia el fondo.

En la campaña de Kashkari y sus copensadores contra los bancos "tan grandes que no pueden fallar", hay una similar parcialidad nacionalista económica. En su discurso de febrero en “Brookings,” Kashkari dejó en claro que su orientación estaba completamente enfocada en el sistema bancario estadounidense, a pesar de la realidad de un sistema financiero global altamente integrado. "Si otros países quieren tomar riesgos extremos con sus sistemas financieros", declaró, "no podemos detenerlos; pero Estados Unidos debe hacer lo que es correcto para nuestra economía y establecer reglas para aquellos que quieren hacer negocios aquí...".

En el nombre de luchar contra la desigualdad económica y la dominación de Wall Street, Sanders promueve al nacionalismo económico en una forma virulenta. Denuncia a acuerdos internacionales, no desde el punto de vista de los intereses de la clase trabajadora de Estados Unidos o de cualquier otro país –cuyos estándares de vida y condiciones de trabajo sufrirán a causa de acuerdos de comercio forjados para alcanzar los intereses de lucro de corporaciones multinacionales— sino desde el punto de vista de sectores empresariales, amenazados por la globalización, y de sus aliados en la burocracia sindical. No es el capitalismo que es el problema, según Sanders, sino trabajadores extranjeros e inmigrantes.

En una entrevista el pasado julio, Sanders denunció al concepto de "fronteras abiertas" –esto es, el derecho de trabajadores de vivir y trabajar en cualquier país que escojan con completos derechos democráticos y ciudadanos— como una "propuesta de derecha", la cual "haría pobres a todos en Estados Unidos ". Prosiguió defendiendo explícitamente al "concepto del estado nacional".

El nacionalismo económico de Sanders va mano con mano con el propósito central de su campaña electoral, que consiste en resucitar ilusiones en el Partido Demócrata y prevenir el desarrollo de un movimiento político socialista independiente y verdadero en la clase trabajadora.