El militarismo alemán regresa a Europa del Este

20 junio 2016

El Bundeswehr (Fuerzas Armadas) de Alemania esta desempeñando un papel cada vez más preponderante en las maniobras de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) en Europa del Este, que son una abierta preparación de guerra contra Rusia.

Como parte de las maniobras Anaconda 2016 que ahora ocurren —el ejercicio militar del OTAN más grande desde el fin de la Guerra Fría— ingenieros de combate alemanes y soldados ingleses construyeron el jueves un puente anfibio de más de 300 metros sobre el Vístula [un río en Polonia]. Un corto tiempo después, tanques de la OTAN fuertemente blindados cruzaron el puente rumbo al este, hacia la frontera rusa.

Por días, el sito Web del Bunderwehr ha tenido artículos de propaganda y videos documentando los movimientos de las tropas alemanas hacia Europa del Este. Tienen títulos cómo, “El ejercicio Anaconda 2016: Pioneros de Minden [un pueblo alemán] en camino hacia el Vístula”; “En la recta finales de la reunión cumbre de la OTAN”; “Operación Dragoon Ride II: los Dragoons llegan al Báltico”; “En convoy al Báltico: avancemos al ejercicio Saber Strike ” y “Obuses Howitzers en el Báltico. comienza el traspaso”.

Los reportajes ofrecen una visión general del creciente contingente alemán en el este. Como parte de la maniobra “Presencia Persistente,” en mayo 30, “la tercera batería de artillería de 295, bajo el mando del Capitán P., partió para ejercicios y entrenamiento en Lituania”. En el actual ejercicio naval “BALTOPS” en el mar Báltico, que incluye un total de 45 embarcaciones, 60 aviones y 4.000 soldados de 14 países, la marina alemana participa con nueve unidades, incluyendo el buque de apoyo de combate "Berlín", la fragata "Sachsen" y el "Orion" P-3C, un avión de patrulla marítima diseñada para buscar submarinos.

El “diario de marzo” de un cierto Capitán Bumüller de la brigada blindada 12 en Amberg ofrece información del provocativo “Dragón Ride II”, descrita como una “marcha terrestre masiva a través de Polonia” hacia Estonia, con la participación de 16 vehículos del Bunderwehr. Según los reportes de los medios de comunicación, tan solo este año el Bundeswehr enviará a más de 5.000 soldados a Europa de Este.

No es poca cosa el significado histórico y político de un despliegue militar alemán. Este junio 22 marca 75 años desde la Operación Barbarossa, el ataque de Alemania nazi contra la Unión Soviética le costó la vida a 40 millones de ciudadanos soviéticos y se llevó a cabo como guerra de exterminio por toda Europa del Este. Cada metro cuadrado que pisotean los tanques y soldados alemanes trae obscuros recuerdos de los viejos crímenes del imperialismo alemán. Los nazis inicialmente usaron a la Polonia ocupada como un área de preparación para la invasión de la Unión Soviética. Más tarde, allí construyeron sus campos de exterminio.

Después de la derrota de Alemania nazi, y después de que salió a la luz el impacto completo del Holocausto, Alemania fue forzada a observar moderación militar por mucho tiempo. Esto empezó a cambiar con la disolución de la Unión Soviética y la reunificación alemana hace veinticinco años. En los últimos dos años, la clase gobernante alemana ha abandonado totalmente sus frases floridas y pacíficas de posguerra. Ha regresado a una política exterior agresiva con paralelos ominosos a 1941.

Según un reporte en Die Welt, un nuevo Libro Blanco de Defensa (Weißbuch des Verteidigungsministeriums), que prevé el despliegue interno y para otras misiones externas del Bundesweh r. Ya no describe a Rusia como un “socio” pero como un “rival”. De particular preocupación para el gobierno alemán es el uso cada vez mayor "de los instrumentos híbridos para la dirigido ofuscamiento de la línea entre la guerra y la paz", y el "debilitamiento subversivo de otros estados”.

Esta narrativa no tiene nada que ver con la realidad. El comportamiento militarista de Moscú no es progresivo y aumenta el peligro de guerra pero en Europa del Este, no es Rusia el agresor que “debilita a los estados” y “ofusca la línea entre la guerra y la paz”, son las potencias occidentales. En Ucrania, Washington y Berlín organizaron un golpe de estado contra el presidente pro ruso, Viktor Yanukovych, a principios del 2014, trabajando cercanamente con fuerzas fascistas. Desde entonces, Alemania ha utilizado la reacción predominantemente defensiva de Rusia para aumentar sistemáticamente sus fuerzas armadas y tomar la ofensiva.

La decisión tomada estas últimas semanas de aumentar los gastos de defensa en 130 mil millones de euros y agregar por lo menos 7.000 soldados al ejército son sólo el comienzo. El objetivo declarado del gobierno alemán es aumentar gradualmente el gasto militar al dos por ciento del producto interior bruto, según lo requerido por la OTAN.

El semanal de noticias Der Siegel anticipó que el presupuesto de defensa alemán tendría que “aumentar por € 5,5 mil millones año tras año, hasta el 2024.” El semanal concluye que “Al final, Alemania sería por mucho el poder militar más grande del continente. Esto no le va a gustar a todos sus vecinos europeos.”

Por el momento, Estados Unidos apoya la ofensiva alemana. Tan solo el fin de semana pasado, el New York Times publicó una oda al retorno del militarismo alemán. Escribió: “Ha tenido que pasar décadas desde los horrores de la Segunda Guerra Mundial, pero los aliados de hoy en día de Berlín, y parece ser, que los mismos líderes alemanes finalmente se sienten más cómodos con la noción que el papel de Alemania como líder de facto de la Unión Europea requiere una dimensión militar.” Todo esto viene “posiblemente justo a tiempo”, según el Times. “Estados Unidos y otros —incluyendo a los mismos expertos de defensa alemanes— quieren que Alemania haga todavía más para la seguridad del continente y que aumente sus despliegues en ultramar.”

A pesar de que Berlín actualmente intensifica sus gastos de defensa en el marco de la OTAN, y está desplegando sus tropas al este como parte de la ofensiva contra Rusia dirigida por Estados Unidos, no cabe duda que la lucha futura por el control de Eurasia, tanto como en el Medio Oriente y África, llevará a violentas tensiones y conflictos entre las potencias imperialistas, como ocurrió en la Primera y Segunda Guerra Mundial.

El reporte estratégico actual del Consejo Alemán de Relaciones Exteriores (Deutsche Gesellschaft für auswärtige Politik) por Joseph Braml, publicado en el diario de negocios Handelsblatt en mayo 17, acusa a EE.UU. de seguir el “lema del Imperio Romano (divide et impera)”, dividiendo al mundo en bloques “para controlarlos mejor”. El editorial culmina con la demanda: “Europa, especialmente Alemania, la potencia dirigente de Europa, necesita hacer valer sus propios intereses, y acostumbrarse a la expectativa de la enemistad de Estados Unidos.”

A finales de mayo, escribiendo para Die Zeit bajo el título “Lo que une a Obama y Trump”, Theo Sommer se lanzó en contra de las fuerzas estadounidenses en Europa. “El objetivo principal de su presencia continua” es “no es la defensa de Europa”, se quejó; “sólo la parte más pequeña de su despliegue en Europa sirve a la disuasión de Rusia”, el resto es para “la protección o aserción de los intereses estadounidenses por el resto del mundo”.

Sombre añade: “Sin sus posiciones de aguas arriba en Europa, sin los puertos, bases áreas, hospitales y centros de comando en Italia, España, Alemania y Turquía, los estadounidenses serían prácticamente operacionalmente incapaces en el Medio Oriente, en el Mediterráneo, en el Ártico“. Lo mismo aplica a África, añadió, posiblemente se podría también “preguntar por que el Comando Africano estadounidense está basado en Stuttgart”.

Sombre, el editor de largo plazo del semanal liberal Die Zeit, y Braml, ex asesor legislativo para la Cámara de Representantes estadounidense, han mantenido tradicionalmente una orientación transatlántica. Sus editoriales ahora son un indicio de las tensiones feroces que se están desarrollando bajo la superficie nuevamente entre los aliados de posguerra, ahora que la nueva división imperialista del mundo entra a una fase nueva y peligrosa.

Johannes Stern