Las lecciones políticas de la campaña de Sanders

25 junio 2016

Con un discurso dirigido a sus seguidores el jueves 16 de junio, el Senador de Vermont, Bernie Sanders, comenzó el proceso de abandonar su campaña como candidato presidencial del Partido Demócrata. Sin endosar formalmente a la presunta candidata, Hillary Clinton, Sanders les dice a sus seguidores que la “tarea política principal” para los próximos cinco meses sería derrotar a Donald Trump y no dejó ninguna duda de que él trabajaría a fondo con Clinton para cumplir este propósito.

Cuando Sanders anunció su candidatura en mayo del 2015, hizo un llamamiento a favor de una “revolución política para transformar a nuestro país económicamente, políticamente, socialmente y ambientalmente.” Sobre la base de sus denunciaciones de la “clase megamillonaria” y su enfoque en la desigualdad social, Sanders recibió más apoyo de lo que él o el liderazgo del Partido Demócrata habían anticipado. Tras el curso de las elecciones preliminares del Partido Demócrata, el autoproclamado “socialista democrático” ganó unos 12 millones de votos, acumulando grandes mayorías entre los votantes de bajos recursos y particularmente entre los jóvenes.

El crecimiento del sentimiento anticapitalista develado por el apoyo a Sanders asustó a la clase gobernante. La afinidad de amplios sectores de trabajadores y jóvenes estadounidenses por el socialismo, junto con el extendido odio hacia Clinton —la cual es vista por millones como una hiena de guerra, una testaferro de Wall Street y un pilar del status quo— produjeron una gran crisis política para la campaña de Clinton, casi descarrilando su planificada coronación.

Ahora, sin embargo, Sanders, mientras que se prepara para endosar formalmente a Clinton, se ve forzado a clarificar el significado y propósito de su “revolución política.” Su discurso del jueves fue la elaboración más clara de la estratégica política que ha guiado la campaña de Sanders desde su comienzo. “El cambio verdadero,” declaró, “nunca sucede de arriba hacia abajo… Siempre ocurre de abajo hacia arriba… De esto se trata la revolución política que ayudamos a comenzar.” El propósito de esta revolución “de abajo hacia arriba,” él continuó, debe ser derrotar a Trump, asegurar que la Convención Nacional del Partido Demócrata ( Democratic Nacional Convention ) “apruebe la plataforma más progresiva en su historia”, desarrolle una “estrategia de 50 estados” para que los candidatos del Partido Demócrata ganen por todo el país y que se inunde el Partido Demócrata con seguidores de Sanders.

En fin, se da el caso que esta “revolución política” no más que un esfuerzo para transformar al Partido Demócrata, el partido capitalista más viejo del mundo, en un partido para cambio progresivo e igualdad social. “Estoy ansioso por trabajar con la Secretaria Clinton para transformar al Partido Demócrata para que se convierta en un partido de gente trabajadora y de gente joven, y no solo de los contribuyentes de campaña ricos”, les dijo a sus seguidores. Esta tarea, dijo, duraría generaciones— sería “un largo y arduo proceso para transformar a Estados Unidos.”

La idea que Sanders promueve, que su campaña marca el comienzo de un giro del Partido Demócrata hacia la izquierda, es un fraude. Nada expone esto más claramente que la candidata a quien se prepara a apoyar.

Clinton esta entra los candidatos más odiados de un partido político principal en la historia estadounidense; es la personificación de la corrupción y el nepotismo. No solo es un sostén del Partido Demócrata, sino que por décadas ella, junto con su esposo y ex presidente, han desempeñado un papel principal mover al Partido Demócrata más a la derecha. Ambos Clintons son miembros prominentes del Consejo de Liderazgo Demócrata ( Democratic Leadership Council, DLC ), fundado en 1985 para atraer a sectores del Partido Republicano alrededor de una plataforma Pro mercado y bélica, parte de un esfuerzo para separar completamente al Partido Demócrata de la política de reforma social con la que había sido asociado desde la presidencia de Franklin Roosevelt y su New Deal .

Bill Clinton había sido presidente del DLC antes de su elección en 1992. Como presidente estadounidense, él supervisó la abolición de prestaciones sociales, el fin del las regulaciones bancarias de Glass-Steagall, la expansión de las escuelas particulares subvencionadas por el estado ( charter schools ), ataques a los derechos democráticos sobre la base de la ley y el orden, las sanciones y bombardeos de Irak y la guerra contra Serbia. Hillary Clinton fue miembro prominente del DLC cuando era senadora por el estado Nueva York, posición que utilizó para profundizar sus vínculos con W all Street y el aparato militar y de inteligencia (con su feroz y público apoyo por la invasión de Irak en el 2003).

Como la Secretaria de Estado de Obama, Clinton se posicionó, en política exterior, en el ala derecha de la del Partido Demócrata, exigiendo a una zona de "exclusión aérea" en Siria y medidas más agresivas contra el régimen de Bashar al-Assad, acciones que podrían conducir rápidamente a la guerra entre los EE.UU. y Rusia. Ella es directamente responsable por la destrucción de Libia y el desastre global en el Oriente Medio que ha producido la crisis de refugiados más grande desde la Segunda Guerra Mundial.

A pesar de todo eso, ¡Clinton es la aliada de Sanders para transformar al Partido Demócrata a “un partido de gente trabajadora y jóvenes!”

La campaña de Sanders se parece en muchos respecto a los previos candidatos y figuras políticas “izquierdistas” e “insurgentes” del Partido Demócrata, incluyendo a Jesse Jackson, Dennis Kucinich, Al Sharpton, Howard Dean e incluso Barack Obama —el candidato “transformativo” de “la esperanza y el cambio” cuya elección en el 2008 supuestamente iba a inaugurar un cambio en la política estadounidense. Son evidentes los resultados de estas propuestas anteriores de realizar alquimia política en el Partido Demócrata.

La diferencia es que Sanders trata de llevar a cabo la tarea de encauzar la resistencia de jóvenes y obreros hacia el Partido Demócrata en condiciones mucho más explosivas. El aumento de la desigualdad social y la deterioración de las condiciones de vida de los trabajadores y jóvenes —especialmente después de casi ocho años de la crisis financiera del 2008— ha producido un enorme nivel de descontento social y político.

Mientras que Sanders planea el abandono de su esfuerzo, el Partido Demócrata y los medios de comunicación se preparan para suprimir la discusión de la cuestión de clase social que han motivado a sus seguidores. Lo hace tratando de promover cada vez mas agresivamente la política de raza, género y orientación sexual. Esto será combinado con apelaciones a sectores del Partido Republicano y del ejército, que se encuentran preocupados por las lo que significaría para el imperialismo estadounidense la presidencia de Trump, a que se unan en apoyo a Clinton.

Sin embargo, los factores objetivos que sustentan el apoyo a Sanders no van a desaparecer. El sistema bipartidista estadounidense comienza a despedazarse. Existen claros indicios de un resurgimiento de la lucha de clases en EE.UU. e internacionalmente; por ahora esos son sólo débiles indicios de lo que está por venir. No importa quien gane en noviembre, se están planeando nuevas y más sangrientas guerras, que se cruzan con una crisis económica que crece y el colapso de las formas democráticas de gobierno en Estados Unidos e internacionalmente.

Es necesario asimilar la experiencia de la campaña de Sanders y sacar las conclusiones políticas apropiadas para prepararse por lo que está por venir. Esto no es una cuestión de el mismo Sanders —al fin, hay políticos burgueses como él a montones— pero de un nuevo tipo de política pragmática que espera una solución a la crisis que enfrenta la clase obrera sin una oposición directa al sistema capitalista.

El World Socialist Web Site y el Partido Socialista por la Igualdad (PSI) anticiparon la trayectoria de la campaña de Sanders porque nos basamos en un análisis científico y marxista, basado en la historia, que procede no de lo que las tendencias políticas o individuos digan de ellos mismos, sino que de su historia y su programa y los intereses de clase que representan.

El único camino a seguir para la clase obrera es una política genuinamente revolucionaria—no una “revolución política” para promover al Partido Demócrata, sino que una revolución socialista para derrocar al sistema capitalista. El Partido Socialista por la Igualdad está encabezando una organización de la clase obrera independiente de todos los partidos y facciones de la clase gobernante, en base a un programa socialista para luchar por el poder de los trabajadores y la propiedad pública de las empresas y los bancos bajo el control democrático de los trabajadores, en los Estados Unidos e internacionalmente.

Es para construir esa dirección política y socialista de la clase obrera que el PSI y sus candidatos, Jerry White y Niles Niemuth, participan en las elecciones presidenciales. Hacemos un llamado a los trabajadores y la gente joven para que apoyen nuestra campaña y que tomen la decisión de unirse al Partido Socialista por la Igualdad.

Joseph Kishore