La explosión del aeropuerto en Estambul: Represalia de la guerra en Siria

7 julio 2016

El número de muertos del ataque terrorista de junio 28 en el Aeropuerto Internacional Ataturk de Estambul ascendía a 43 el jueves 30 con la muerte de un niño palestino gravemente herido. La madre del niño fue una de las muertas en el ataque, el cual hirió a 239 otros.

El horror que al mundo le causa el triple atentado suicida en uno de los aeropuertos más activos del mundo se ha mezclado con la ira creciente del pueblo turco, quien culpa no sólo al Estado Islámico de Irak y el Levante (EIIL), el autor aparente del acto terrorista, sino que también al patrocinador y facilitador principal de este grupo, el gobierno del presidente Recep Tayyip Erdoğan.

El jueves, el New York Times publicó un artículo titulado “Turquía conoce la ira de EIIL por haber querido ponerle rienda”. Ese artículo es sorprendentemente franco en su admisión del papel desempeñado por el gobierno turco.

“Desde el comienzo del crecimiento del Estado Islámico y a lo largo del caos de la guerra de Siria, Turquía juega un papel central, también complicado, en la historia del grupo. Por años es la base de retaguardia, centro de tránsito, y bazar de compras para el Estado Islámico…La luna de miel del grupo con Turquía comienza con la ayuda del país a grupos rebeldes en combate contra el gobierno de Bashar al Assad en Siria, a menudo con la bendición de las agencias de inteligencia occidentales… Tantos eran los combatientes extranjeros del grupo que pasaban por el aeropuerto Ataturk en Estambul, la misma destinación se volvió sinónima con la intención de unirse a EIIL.”

Los supuestos combatientes extranjeros, reconoce el artículo, se beneficiaron de movimiento libre a Turquía y avanzando hacia Siria, y también del paso de regreso a Turquía y hacia Europa, donde han sido responsables por atrocidades terroristas similares.

En otras palabras, Turquía, aliada de Washington en la OTAN y socia regional clave carga con la misión de fomentar la organización terrorista que supuestamente es el objeto de una nueva guerra imperialista estadounidense en el Medio Oriente.

Con la referencia a “la bendición de las agencias de inteligencia occidentales,” el Times deliberadamente ignora la realidad de que la Agencia Central de Inteligencia (Central Intelligence Agency, CIA) estadounidense colabora directamente con el gobierno de Erdoğan para canalizar tanto a combatientes extranjeros como a cientos de toneladas de armas a la matanza en Siria para impulsar el objetivo mutuo de un cambio de régimen: el derrocamiento de Assad y la instalación de un títere más conveniente para las potencias del occidente.

EIIL y el Frente Al Nusra, el afiliado de Al Qaeda en Siria, son los que los que más se benefician de las operaciones de las agencias de inteligencia. Los que más sufren son los cientos de miles que son asesinados y los millones que se han vuelto refugiados en Irak y Siria, junto con los que mueren y son mutilados en un sin fin de ataques terroristas como los de Paris, Bruselas y ahora Estambul.

Existen fricciones entre EE.UU. y Turquía entorno a la táctica de Washington de utilizar las guerrillas separatistas kurdas tanto en Siria como en Irak como fuerzas testaférreas con el fin de frenar los avances de EIIL, aun mientras Turquía este en guerra contra su propia minoría kurda y tema la creación de enclaves kurdos en sus fronteras. Mientras que lanza ataques limitados contra las posiciones que mantiene EIIL en Siria, Turquía concentra su arrolladora potencia de fuego contra las posiciones kurdas tanto en Irak como en Siria.

El artículo del Times sugiere que el ataque al aeropuerto Ataturk puede ser la respuesta de EIIL al ataque limitado de Turquía contra sus fuerzas en Siria y a razón de una serie de procesos de miembros de EIIL en conexión con los ataques terroristas anteriores.

El grado en que la organización sigue funcionando con relativa impunidad dentro de Turquía, sin embargo, quedó claro con la respuesta inmediata después del bombardeo, cuando las fuerzas de seguridad turcas lanzaron una serie de redadas contra 16 direcciones separadas en Estambul, así como en otros lugares en la cuidad costal egea de Esmirna. El paradero de los operarios de EIIL no era ningún secreto para el estado turco.

Detalles que han surgido sobre los que llevaron a cabo el ataque, sin embargo, apuntan a otro posible motivo. Las autoridades turcas dicen que los tres atacantes suicidas son de la república rusa de Daguestn y las ex repúblicas soviéticas de Uzbekistán y Kirguistán.

También se ha reportado de que el organizador del ataque fue Akmed Chatayev, veterano islamista de las guerras de Chechenia asilado en Austria y luego refugiado en Georgia, donde estableció vínculos con los servicios de seguridad de esa nación, apoyada por el gobierno de Estados Unidos. Se dedica al reclutamiento y el entrenamiento en la región de Pankisi, Georgia de combatientes chechenios antirrusos para enviarlos a combatir en Siria.

Combatientes antirrusos porfiados de la misma región desempeñan un papel cada vez más importante en la dirección y en las filas de EIIL en Siria. Tarkhan Batirashvili, ex sargento del ejército georgiano –considerado el "alumno estrella" de las fuerzas especiales capacitadoras— quien luego luchó en la guerra de 2008 contra Rusia, se convirtió en un alto comandante de EIIL.

Dados los antecedentes de los que planearon y organizaron el ataque contra el aeropuerto de Estambul, no puede ser mera coincidencia que ese ataque ocurre luego de la publicación de una disculpa por parte del gobierno de Erdoğan por el derribo del jet ruso Sukhoi Su-24 el noviembre pasado cuando éste bombardeaba a fuerzas respaldadas por Turquía y vinculadas a Al Qaeda en la frontera sirio turca. Ese acontecimiento aumentó el riesgo de que la guerra por el cambio de régimen en Siria se convierta en un enfrentamiento armado entre la OTAN y Rusia, con el potencial de degenerarse en una guerra nuclear.

La disculpa es parte de la táctica de Ankara de reconciliarse con Rusia para tratar de eliminar las sanciones que han afectado los sectores turcos de turismo, agricultura, construcción, y comercio.

Para las fuerzas antirrusas que combaten en Siria —que también han sido utilizadas para apoyar al régimen de Ucrania, que Estados Unidos respalda— el giro hacia Moscú puedo haber sido tomado como una traición de anteriores compromisos, abiertos y solapados (una violenta retribución a su viejo patrocinador). Este tiene mucho en común con la evolución de Al Qaeda. La CIA lo patrocina para luego abandonarlo no bien se retiran las tropas soviéticas de Afganistán. El resultado final es ese abandono fue el ataque del 11 septiembre de 2001 y la muerte de 3.000 estadounidenses.

El imperialismo norteamericano y sus aliados han creado una monstruosa hidra de muchas cabezas en Siria. Además de los combatientes de Rusia y de las ex repúblicas soviéticas, aproximadamente 10.000, han sido introducidos a Siria a través de Turquía miles de militantes islamistas de la etnia uigur de la región de Xinjiang al noroeste de China. Su presencia se debe en gran parte a las victorias de Al Nusra —la rama de Al Qaeda en Siria— en la provincia noroccidental de Idlib.

Estas fuerzas van a Siria tanto como carne de cañón en la guerra de cambio de régimen apoyada por las potencias occidentales, como para bautizadas en sangre en anticipación de guerras contra Rusia y China mucho más peligrosas y potencialmente catastróficas para el mundo entero.

La masacre en el aeropuerto de Estambul, al igual que los ataques de París el noviembre pasado y de las explosiones en Bruselas en marzo, sirve como una advertencia de los inmensos peligros que estas conspiraciones imperialistas significan para los trabajadores de todo el mundo.

Bill Van Auken