Thomas Piketty en Sidney: estadísticas de desigualdad sin ninguna solución

por Nick Beams
3 noviembre 2016

El economista político Thomas Piketty dio una conferencia en teatro de opera de Sydney, Australia el 23 de octubre. La charla intitulada “Es la inevitable la creciente desigualdad? Reflexiones sobre Capital en el Siglo XXI” fue todo un estudio de contrastes. Como parte su presentación, Piketty produjo una poderosa colección de estadísticas extraídas de su best seller del 2014 (Capital in the 21st Century), así como nueva e importante información sobre el crecimiento de la desigualdad de ingresos y riqueza compilada desde la publicación del libro.

Andrew Leigh importante miembro del Partido Laborista australiano y especialista en la economía de la desigualdad, introdujo a Piketty.

Sin embargo, a pesar de la riqueza de los estadísticas vitalmente importantes, hubo una escasez de análisis científicos históricos y políticos, particularmente sobre la cuestión clave de cómo resolver la desigualdad, que se acelera cada vez más por todo el mundo.

Estuvo repleta esa noche la sala de conciertos, que tiene una capacidad alrededor de 2.500. La naturaleza intergeneracional de la audiencia devela un amplio e intenso interés en la creciente desigualdad social y en una perspectiva política para contrarrestarla. En lo último, la audiencia se fue con la manos vacías.

La perspectiva de Piketty está moldeada por su intento de establecer un curso entre lo que él caracteriza como la visión “apocalíptica” de Marx –que plantea que las contradicciones económicas del capitalismo dan auge a su colapso y la erupción de la revolución social— y lo que él mismo llama el “cuento de hadas” de la versión de la historia propuesta por el economista ucraniano estadounidense Simon Kuznets. En su estudio de los 1950, Kuznets argumentó que el avance del capitalismo industrial trae consigo una disminución de la desigualdad de ingresos y de riqueza.

Presentando datos para los Estados Unidos, fuente de algunas de sus más detalladas estadísticas, Piketty mostró una gráfica de riqueza y desigualdad de ingresos que es una curva en U: gran desigualdad a comienzo del siglo XX que disminuye en los 1930, se aplana en los treinta años que siguen a la Segunda Guerra Mundial y se levantan agudamente a fines de los 1970.

Dejó en claro la charla de Piketty que lo que Kuznets creía ser una tendencia histórica –en la cual, si bien seguían existiendo las desigualdades de riqueza y de ingresos, el crecimiento económico beneficiaba a todas las secciones de la población en el mismo grado— fue, en realidad, sólo una pequeña parte de una curva a largo plazo. La concepción de Kuznet podía ser resumida en el aforismo del Presidente John F. Kennedy, quién declaró a comienzos de los 1960 que “la marea alta levanta a todas las embarcaciones”. En contraste a esto, como Piketty tomó nota, unos dos tercios de todo el crecimiento agregado hoy en día va a parar en manos del 10 por ciento más alto.

Para Piketty la caída de la desigualdad social entre 1943 y 1980 se debe a enormes choques que fueron dos guerras mundiales y la gran depresión económica de los años treinta. Es muy notable, sin embargo, que Piketty no haya hecho no hizo ninguna mención del más grande choque político de todos, la Revolución Rusa de 1917. La palabra “revolución” sólo hizo su aparición en la última diapositiva de Piketty. Este casi total rechazo de la lucha de clases y la revolución social completamente distorsiona el proceso histórico y especialmente la evolución de EE.UU. en los 1930 y después.

Tan sólo15 años después de la Revolución Rusa, cuyo impacto aún resonaba en las mentes de millones, fue elegido presidente Franklin D. Roosevelt diciendo repudiar a “la oligarquía económica” –haciéndose eco de los ataques de las denuncias de su predecesor, Theodore Roosevelt, a los “malhechores de la gran riqueza” –era una señal de que estaba conciente que su misión era ofrecerle al pueblo la posibilidad de la reforma social y económica para resguardar al sistema capitalista de la posibilidad de una revolución socialista.

En sus análisis de la situación actual, Piketty desenmascara poderosamente la noción de que el crecimiento de la desigualdad social se debe de forma alguna a la existencia de algún escalafón de méritos. En un gráfico altamente revelador, demuestra que la probabilidad de que una persona joven vaya a la universidad en los Estados Unidos está muy ligada a la posición ocupada por sus padres en la distribución de ingresos nacional. Los estudiantes de las familias más pobres tenían un 20 por ciento de probabilidad de ir a la universidad, mientras que aquellos de las familias más adineradas tenían una probabilidad del 95 por ciento; había cuesta hacia arriba perfectamente recta entre estos dos extremos. Piketty comentó que nunca antes había visto una gráfica tan espectacular.

También tomó nota que las amplias fortunas acumuladas por individuos no tenían nada que ver con lo que habían creado o construido. Usó como ejemplo el magnate de telecomunicaciones mexicano Carlos Slim, uno de los hombres más adinerados en el mundo, cuya amplia fortuna es consecuencia de la privatización de lo que habían sido previamente empresas públicas. Piketty comentó con ironía que este particular camino hacia la riqueza resultará ser menos lucrativo en el futuro debido a que ya no quedaba más que privatizar.

En otro infame ejemplo sobre cómo el dinero crea el dinero, explicó que la tasa de ganancia de la riqueza de las universidades estadounidenses estaba ligada al del nivel las sumas con los que habían comenzado. Las universidades más ricas, como Harvard, Princeton y Yale, obtenían tasas de ganancia mucho más altas en sus inversiones que aquellas con menos riqueza.

Piketty produjo nuevas e importantes conclusiones, usando datos más reciente, de después de la publicación de su libro hace dos años, sobre la situación en Sudáfrica y en Brasil. Más de 20 años después del fin del apartheid y la llegada al poder del régimen del Congreso Nacional Africano (CNA), inicialmente encabezado por Nelson Mandela, Sudáfrica tiene el nivel más alto de desigualdad de ingresos en el mundo; incluso más alto que los EE.UU.

Esto fue, como él comenta correctamente, un resultado del hecho de que el CNA no había llevado a cabo, desde que gobierna, ninguna redistribución de tierra o riquezas. Aunque él no lo señalo, los datos que presentó constituyen una poderosa refutación de la perspectiva de las “política de identidad” promovida tan asiduamente por las tendencias de seudoizquierda.

Las cifras en Brasil, en dónde el gobierno del Partido de los Trabajadores (PT) de Luiz Inácio Lula da Silva, un favorito de la seudoizquierda dentro de ese país e internacionalmente, ha estado el poder por la mayor parte de este siglo, presenta un retrato similar de desigualdad. Brasil tiene el segundo nivel más alto de desigualdad de ingresos en el mundo.

Deja mucho que desear la perspectiva política de Piketty, cosa que emergió de manera más clara durante la respuesta a una pregunta de este reportero al concluir la presentación, sobre afirmación de Piketty, tanto en su libro y en el curso de la conferencia, de que el aumento impuestos a la riqueza y las ganancias del capital son un antídoto a la aceleración de la desigualdad social.

La pregunta era: “¿Quién va a llevar a cabo esto? Obviamente no va a ser Donald Trump, quién ha hecho un llamado por la reducción de impuestos a las corporaciones, ni Hillary Clinton, la creatura de Goldman Sachs, con una posición ‘pública’ y otra ‘privada’. Ni tampoco, luego de la experiencia de Grecia, será llevado a cabo por un gobierno burgués de ‘izquierda’ como Syriza, mucho menos por Andrew Leigh y su Partido Laborista Australiano”.

“Menciona usted la palabra revolución al final de su charla; de manera significativa, no al comienzo. Pero a raíz de estas innegables experiencias, ¿no es el caso de que la única salida realista para acabar con la desigualdad social es la lucha por el socialismo por la clase trabajadora internacional, en base a un programa por la expropiación de los bancos, el sistema financiero y las corporaciones multinacionales para mantenerlos bajo control público y democrático, para que así la economía pueda basarse en la necesidad humana y no los requerimientos del lucro privado?”

Respondiendo a esta pregunta, que recibió un amplio apoyo y aplauso por parte de una considerable sección de la audiencia, Piketty, a quién se le ha ofrecido una posible carrera política en Francia, respondió diciendo que la presión política podría traer cambios. La democratización del conocimiento, afirmó, era la respuesta, añadiendo, con una referencia positiva a la política de identidad: "Quizás en otro tiempo, otro Bernie Sanders, menos blanco y un poco más joven, será capaz de ganar las elecciones y hacer una diferencia".

Piketty no mencionó el papel de Sanders en la nominación de Hillary Clinton en convención Partido Demócrata. Tampoco se refirió a la traición de la clase trabajadora griega llevada a cabo por Syriza, declarando que solamente le “entristeció” el que Francia y Alemania habían decidiera "descartar" una propuesta para renegociar la deuda griega.

La respuesta de Piketty, donde una vez más hizo una referencia fugaz a la posibilidad de una "revolución", fue una demostración gráfica de su perspectiva de clase, la cual tiene como objetivo advertir a las élites gobernantes de las consecuencias de sus políticas y no de derrocarlas. También revela su método empírico y la consecuente falta de cualquier evaluación histórica de la economía capitalista que ha sometido a ese análisis estadístico.

Basándose en las supuestas lecciones de experiencias pasadas, cuando la presión desde abajo sí trajo cambios considerables, Piketty ignora que fue lo que en la economía capitalista hizo que estos hubieron sido posibles entonces pero no ahora. En los años treinta, los "experimentos" de Roosevelt fueron viables solamente debido a la continua fortaleza económica del capitalismo estadounidense. Y fue posible expandirlos en el período de la posguerra debido al boom económico que gozó el capitalismo global en los cincuenta y sesenta.

Hoy, la fortaleza económica del capitalismo estadounidense es una cosa del pasado y el capitalismo mundial está atascado en un "estancamiento secular"; frase que se usa por primera vez en los 1930 para caracterizar a una economía marcada por pocas inversiones, productividad cayente y decreciente comercio mundial.

En esta situación, la afirmación de Piketty de que más conocimientos y la expansión de la "discusión democrática" pueden realizar un cambio de política en las clases gobernantes no es más un “cuento de hadas” que la de su predecesor Simon Kuznets, quién concluyó que en los cincuenta que el capitalismo había entrado en una “era de oro” en la cual las contradicciones de Marx habían sido superadas.

Al contrario, estás contradicciones siguen estando bastante vivas y conducirán a desigualdades de riqueza e ingreso cada vez mayores, junto con el incremento de los ataques a los derechos democráticos y el riesgo cada vez más creciente de otra guerra mundial. El tamaño e interés de la audiencia en la Ópera de Sydney es indicativo de una tendencia más amplia. El nivel sin precedentes del nivel de desigualdad social de hoy en día está entrando en la conciencia de millones de personas. Los empujará hacia grandes luchas políticas y sociales en el período que se aproxima.