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Raza, clase y la victoria electoral de Trump

Los comentaristas de la prensa y otros agentes del Partido Democrático están explicando la victoria de Donald Trump como una expresión del racismo y sexismo generalizados de la “clase obrera blanca”.

Dentro de estos esfuerzos, el comentarista de CNN y ex asesor de Obama, Van Jones, dijo, “Este fue un latigazo blanco en contra de un país cambiante” y “en contra de un presidente negro”.

El columnista del New York Times, Eduardo Porter, escribió el miércoles después de las elecciones que el colapso de Clinton y los demócratas, “pinta un retrato inquietante de la sociedad americana”. Una imagen, indicó, “dominada por la hostilidad racial, que se sobrepone ante cualquier otra consideración...”.

Esta interpretación racial de las elecciones del 2016 no corresponde con los hechos. Los electores que votaron en contra y conllevaron a la derrota de Clinton—la personificación multimillonaria del statu quo—ya habían votado dos veces por Barack Obama para presidente.

La elección de Trump se debe en gran medida a un aumento en los votos de los estadounidenses blancos, sin educación universitaria, entre 45 y 64 años de edad, particularmente los hombres. Este grupo votó de forma desproporcional por el multimillonario republicano.

Estas personas, nacidas entre 1952 y 1971, entraron en la fuerza laboral entre 1970 y 1989. A lo largo de sus vidas adultas, han experimentado despidos y recortes salariales masivos y el empeoramiento general de sus condiciones laborales.

Ingresos promedios por hogar en EE.UU.

Estos trabajadores fueron los más involucrados en las arduas luchas durante las décadas de 1970 y 1980 en contra de estos recortes y los ataques a los sindicatos. Fueron la generación más joven de trabajadores militantes que protestaron contra las compañías Hormel, Phelps Dodge, Greyhound, PATCO, AT Massey, Pittston y en distintas fábricas de autos y plantas siderúrgicas a través del medio oeste industrial. Sus luchas fueron aisladas y traicionadas sistemáticamente por los sindicatos.

Clinton perdió muchísimos votos de esta población en comparación con Obama en las elecciones del 2012. En los estados industriales más batallados electoralmente de Michigan, Wisconsin y Pensilvania, su voto se redujo en 13, 10 y 9 puntos porcentuales respectivamente.

El hecho que la principal preocupación de la clase obrera fue económica se refleja en que, a 8 años de la recesión económica, el 62 por ciento de los votantes calificó la situación económica como negativa, una cifra que aumentó al 85 por ciento de aquellos que votaron por Trump, según las encuestas a boca de urna.

Alrededor de tres cuartas partes de los votantes blancos sin una educación universitaria indicó que la economía “no va bien” o que “va mal” y casi el 8 de cada 10 dijo que su situación financiera personal está igual o peor que hace cuatro años.

Para esta sección amplia de la población trabajadora, las últimas cuatro décadas han erosionado de manera continua sus condiciones de vida. Según los datos del censo utilizados por el Centro de prioridades políticas y presupuestarias de EE.UU., el salario promedio ajustado a la inflación de los hombres blancos sin título universitario se desplomó en más de un 20 por ciento entre 1975 y el 2014.

Salarios reales entre el año 2003 y el 2013 para empleos manufactureros en general, automotrices y de fabricación de piezas, respectivamente por columna

Solamente entre el 2007 y el 2014, bajo el gobierno de Obama, sus ingresos disminuyeron un 14 por ciento.

Entonces, ¿cuál fue el factor decisivo en las elecciones del martes pasado? Aquellos estados industriales grandes que han sido devastados por el cierre de fábricas y la destrucción de empleos bien remunerados y que votaron a favor de Obama en el 2012, votaron por Trump. Este fue un voto dominado por la clase trabajadora, cuya mayoría es blanca, en protesta contra las políticas anti obreras y pro patronales profundizadas por Obama.

Los estados de Michigan, Pennsylvania, Wisconsin, Ohio y Iowa componen este cambio. Asimismo, otros estados que antes votaban por candidatos demócratas se han vuelto bastiones republicanos en los últimos años, incluyendo a Kentucky y West Virginia.

También existe una correlación entre los estados que votaron por Trump y aquellos afectados por los cierres de plantas automotrices bajo el rescate de las compañías GM y Chrysler por Obama en el 2009. Esa reestructuración, además de recortarles el salario a la mitad a todos los nuevos empleados, conllevó al cierre de 14 fábricas y la eliminación de 35.000 puestos de trabajo. Siete de las plantas cerradas estaban en Michigan y tres en Ohio, mientras que también cerró la planta de GM en Janesville, Wisconsin.

Otra expresión del enojo social es la cantidad de estados que ganó Trump que habían votado por el senador de Vermont, Bernie Sanders en las primarias demócratas, incluyendo a Michigan, Wisconsin, West Virginia, Indiana e Idaho. La capitulación de Sanders ante Clinton, el resultado de su función política en relación con el Partido Democrático, contribuyó significativamente a la victoria de Trump.

Viendo más de cerca a los estados de Michigan, Wisconsin y Ohio, es considerable el número de pequeñas ciudades industriales que habían votado por Obama en el 2012 y que votaron por Trump.

Estados con fábricas automotrices cerradas durante el rescate de GM en el 2009, con los que revirtieron su voto por Trump (rojo oscuro), donde ganó Trump (rojo claro) o Clinton (azul).

Al contrario, dicha perspectiva racista es desmentida por la abrupta caída en la participación electoral de la población afroamericana, particularmente en ciudades como Detroit, Cleveland y Milwaukee, contribuyendo a la derrota de Clinton.

En el condado de Wayne, Michigan, el cual incluye Detroit, hubo 78.000 votantes menos en comparación con el 2008. En Detroit mismo, Clinton recibió 48.000 votos menos que Obama en el 2012. En el condado de Genesee, Michigan, que incluye Flint, la participación electoral se redujo en 27.000.

En el condado de Cuyahoga, Ohio, que incluye a Cleveland, el voto por Clinton bajó por más de 50.000 y de forma más pronunciada en Cleveland mismo. En Milwaukee, votaron 58.000 personas menos. En Filadelfia, Clinton obtuvo 18.000 votos menos que Obama.

La falta de apoyo popular para Clinton no se limitó a ninguna raza en particular; más bien, fue fundamentalmente la respuesta de la clase obrera a los estrechos lazos de Clinton con Wall Street y a sus políticas corruptas y militaristas. A nivel nacional, Clinton obtuvo 6 millones de votos menos que Obama en el 2012, y aún menos que en el 2008, a pesar de que su contrincante fue Mitt Romney, el CEO de una firma de capital privado que personificaba a los especuladores de Wall Street que hicieron estallar la crisis económica tan sólo cuatro años antes.

No hay duda de que futuras indagaciones sobre estas elecciones van a concluir que el anuncio del incremento en las primas de los seguros médicos bajo Obamacare en un promedio de 25 por ciento afectó más el resultado que la intervención del FBI acerca del uso de Clinton de su correo electrónico privado para asuntos oficiales. El aplastante peso de esta nueva carga económica para el pueblo estadounidense demuestra que el propósito principal de este programa emblemático de la administración Obama es generar ganancias extraordinarias para las compañías de seguros y las corporaciones en general al transferirles los gastos médicos a los trabajadores.

Todos los estados del medio oeste industrial que pasaron de votar por los demócratas a los republicanos, iban a ser afectados por alzas en sus primas de doble dígito, incluyendo el brutal aumento de 32,5 por ciento en Pensilvania.

Estos hechos dejan claro que la derrota de Clinton se debió a cuestiones de índole económica y de clase y no de raza ni de género.

La victoria de Trump representa un desastre histórico para el Partido Democrático y para las burocracias sindicales. Los estados industriales que fueron claves para el resultado electoral han sido devastados por una traición tras otra por parte de las centrales sindicales como los Trabajadores Automotrices Unidos (United Auto Workers), los Trabajadores Siderúrgicos Unidos (United Steelworkers), los Trabajadores Mineros Unidos (United Mine Workers) y la AFL-CIO.

En 1972, cuando el populista y racista George Wallace ganó la primaria demócrata en Michigan, como la Liga de los Trabajadores (Workers League) y su periódico Bulletin, los precursores del Partido Socialista por la Igualdad y el World Socialist Web Site, explicamos que este peligroso evento fue el resultado de la alianza política entre el Partido Democrático y el UAW. Además, subrayamos que el papel desempeñado por los sindicatos en mantener a la clase obrera subordinada a este partido patronal generaba la situación en que los trabajadores cuyos puestos y condiciones de trabajo estaban siendo atacados se enfilarían detrás de un programa de nacionalismo económico de los representantes más reaccionarios de la burguesía.

Casi 45 años más tarde, en un estado mucho más avanzado en la crisis del capitalismo estadounidense y mundial y con ataques mucho mayores contra los trabajadores, este peligro vuelve a expresarse en la llegada al poder de un gobierno de la extrema derecha.

La clase obrera es la única fuerza social que puede derrotar la agenda de guerra y dictadura de los demócratas y republicanos. Además, es fundamental rechazar todas las formas de la política racial y de identidad. La tarea principal es forjar la unidad de la clase obrera estadounidense e internacional en la lucha contra el capitalismo.

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