Obama se despide de Rusia con más provocaciones

12 diciembre 2016

A un mes de entregarle la Casa Blanca a Donald Trump, el presidente Barack Obama ordenó que las agencias de inteligencia de Estados Unidos lleven a cabo una “revisión completa” de los presuntos intentos de Rusia de interferir en las elecciones presidenciales del 2016.

La asesora de Obama en materia antiterrorista, Lisa Monaco, declaró en una rueda de prensa el viernes pasado, “Es posible que un nuevo umbral haya sido cruzado y nos corresponde a nosotros evaluar eso, revisarlo, generar una respuesta, para entender lo que ha sucedido e impartir algunas lecciones aprendidas”.

Luego, el vocero de la Casa Blanca les indicó a los noticieros que dicha investigación es “una prioridad inmensa”.

“Esta es una importante prioridad para el presidente de los Estados Unidos”, dijo el secretario adjunto de prensa, Eric Schultz. “Ordenó a su comunidad de inteligencia y oficiales de seguridad nacional que se hagan cargo del caso. Espera ser informado al respecto antes de que finalice su mandato”.

¿Cuál “nuevo umbral” ha sido cruzado? Seis semanas antes de que Donald Trump llegue al poder encabezando al gobierno más derechista en la historia del país, ¿por qué es esto “una prioridad inmensa”?

La acusación de que Moscú intentó influir en las elecciones presidenciales en EE.UU. a través de ciberataques fue hecha en octubre por el mismo gobierno norteamericano sin prueba alguna hasta la fecha.

Incluso si fuese cierto, el “umbral” de intrusión en elecciones extranjeras ya ha sido atravesado varias veces por Washington. En las últimas siete décadas, la CIA ha intervenido en innumerables ocasiones para falsificar resultados electorales y derrocar a funcionarios por no considerarlos lo suficientemente alineados con los intereses del imperialismo estadounidense. La Fundación Nacional para la Democracia (National Endowment for Democracy), un frente público para las operaciones de la CIA, ha realizado intervenciones de este tipo en países como Georgia, Ucrania, Venezuela, Honduras y Haití.

Obama ha alardeado de que EE.UU. es el país con las mayores capacidades de guerra cibernética, las cuales emplean regularmente, y que ahora planean utilizar para desactivar sistemas de infraestructura civil en Rusia, China e Irán. Washington ya ha realizado operaciones de espionaje de varios líderes internacionales, como cuando hackearon o intervinieron los teléfonos y correos electrónicos de la canciller alemana, Ángela Merkel, y de la expresidenta de Brasil, Dilma Rousseff.

¿De qué se le acusa precisamente a Moscú?

El mes pasado, un funcionario de la Casa Blanca emitió un comunicado declarando que las elecciones habían sido “libres y justas desde la perspectiva de la ciberseguridad”. En otras palabras, que no hubo ningún ciberataque ruso en la votación. Además, agregó que los resultados de las elecciones “reflejan la voluntad del pueblo estadounidense”, lo cual realmente es una mentira grotesca, ya que Donald Trump quedó electo tras perder el voto popular por un margen de hasta 3 millones de votos. Estas declaraciones fueron hechas en oposición a los esfuerzos encabezados por la candidata presidencial del Partido Verde, Jill Stein, para que se realice un recuento en los estados industriales de Wisconsin, Michigan y Pennsylvania.

Lo único que queda de estas acusaciones de intervención rusa es que el gobierno del presidente Vladimir Putin ayudó a que se filtraran varios secretos que el Partido Demócrata intentaba esconder de sus propios votantes, especialmente los esfuerzos conspiratorios del Comité Nacional Demócrata para sabotear la campaña de Bernie Sanders y garantizar que Hillary Clinton quedara como candidata del partido. También se le acusa a Moscú de acceder ilegalmente a los correos electrónicos del director de la campaña de Clinton, John Podesta, para hacer públicas las actividades corruptas del Partido Demócrata y la Fundación Clinton, además de los discursos en donde Clinton promete estar al leal servicio de Wall Street.

Como lo indicó con delicadeza el New York Times el viernes pasado, “No está claro si el contenido de la revisión se hará público”, refiriéndose a la investigación ordenada por Obama. En realidad, las pruebas no serán presentadas porque no existen.

En última instancia, a Moscú se le acusa de revelarle al pueblo estadounidense verdades inconvenientes para la clase política, que Obama, Clinton y el Partido Demócrata querían ocultar.

El hecho de que esta sea una “prioridad inmensa” para el gobierno de Obama dice mucho de sus políticas. En el mismo discurso en el que anunció la investigación, la asesora en antiterrorismo aclaró que Obama no tomará ninguna acción para intentar cerrar la prisión de Guantánamo en Cuba, algo a lo que se había comprometido en el primer año de su mandato. Ahora, esta instalación y sus funciones infames irán a manos de Trump, quien se ha comprometido a llenarla y reanudar abiertamente la práctica de tortura.

La cúpula demócrata ha hecho claro que no tiene intención de oponerse al nombramiento del exgeneral de la Marina, James Mattis, alias “Perro loco” (“Mad Dog”), como secretario de defensa, a pesar de que se requiere que el Congreso vete un requisito legal que prohíbe asumir el cargo a oficiales militares retirados recientemente con el propósito de salvaguardar el control civil sobre las fuerzas armadas.

Obama ni siquiera se ha referido al hecho de que Trump este llenando su gabinete de multimillonarios ultraderechistas y de protofascistas decididos a emprender una guerra contra la clase obrera y los derechos democráticos. En cambio, su portavoz declaró que Trump “deberá tener amplia libertad en formar su equipo”.

El viernes, el secretario adjunto Shultz insistió de nuevo en que el gobierno no pretende cuestionar el resultado de la elección, agregando que Obama “se ha salido de su camino para asegurarse de que estemos proporcionando una transición de poder sin contratiempos”.

Si este es el caso, ¿de qué se trata esta investigación realmente? El objetivo es contaminar las relaciones entre Washington y Moscú lo más posible entre ahora y el traspaso de poderes para asegurarse de que Trump continúe las preparaciones para una confrontación militar con Rusia, una potencia nuclear percibida como el obstáculo principal en los esfuerzos de Washington para hacer valer su hegemonía sobre Eurasia.

En el transcurso de la campaña electoral, el Partido Demócrata y Hillary Clinton mantuvieron un discurso más derechista que el mismo Trump sobre la cuestión de Rusia y la guerra, acusando a Trump de ser una “marioneta de Putin” debido a sus comentarios de que la OTAN es anticuada y de que él podría llegar a nuevos acuerdos con Moscú e incluso llegar a una política común con respecto a Siria.

Si Clinton hubiese ganado, pretendería tener la autoridad para iniciar una escalada militar en Siria y para ampliar el provocativo despliegue militar de la OTAN en las fronteras de Rusia en Europa Oriental.

El New York Times, el cual actuó como un instrumento de campaña para Hillary Clinton y el Partido Demócrata, publicó un editorial en su primera edición del domingo después de las elecciones, bajo el título “El peligro de ser suaves ante Rusia”.

Esta semana, los líderes demócratas en la Cámara de Representantes le enviaron una carta al presidente Obama pidiéndole que hiciera un informe breve para el Congreso sobre la supuesta injerencia rusa en las elecciones. Varios dirigentes demócratas también introdujeron un nuevo proyecto de ley para crear una comisión independiente que investigue los ciberataques.

Por su parte, los republicanos del Senado iniciaron sus propias pesquisas sobre la presunta intervención de Moscú. La Cámara de Representantes, controlada por los republicanos, ya aprobó sanciones hacia cualquier país que apoye al gobierno sirio en su guerra contra las milicias islamitas apoyadas por EE.UU., una medida claramente dirigida contra Moscú. Además, el nuevo presupuesto para el Pentágono incluye millones de dólares en asistencia militar letal para el gobierno en Kiev, Ucrania, una provocación abierta contra Rusia.

Mientras tanto, los militares retirados que Trump ha puesto a la cabeza del Departamento de Defensa y del Departamento de Seguridad Nacional se han pronunciado fuertemente a favor de una escalada militar contra Rusia.

En definitiva, mientras que se le abre paso al gobierno más derechista en la historia de Estados Unidos, todas las secciones de la clase política confluyen en la campaña del imperialismo estadounidense de prepararse para otra guerra mundial.

Bill Van Auken