Las políticas de “América Primero” de Trump y la erupción global del nacionalismo económico

por Nick Beams
27 febrero 2017

Aunque la batalla en Washington sobre Rusia y los supuestos vínculos de Trump con Putin entre las agencias de inteligencia, los medios de comunicación y el gobierno de Trump ha dominado los titulares, el conflicto en el frente económico no es menos importante.

A principios de este mes, el Financial Times, la voz del capital financiero británico y hasta cierto punto europeo, respondió al programa de "América Primero" de Trump y lo que llama sus "delusiones divisivas sobre el comercio" al advertir que si el gobierno de Trump continua en su trayectoria actual, representaría un "peligro claro y presente para el sistema comercial y monetario mundial".

La causa inmediata de este lenguaje inusualmente fuerte fue la afirmación del gobierno de Trump de que el euro está significativamente infravalorado, operando a favor de Alemania, el cual goza de un superávit comercial con Estados Unidos.

El editorial pidió que otros países "estén listos para resistir la intimidación y que no dejen que Estados Unidos abra una brecha entre ellos".

El Financial Times no dijo más al respecto, pero la lógica de esta posición es clara. Si los países quieren unirse para combatir lo que es considerado como un ataque estadounidense, entonces el siguiente paso es el desarrollo de acuerdos comerciales y económicos dirigidos contra los Estados Unidos—en resumen, un paso importante hacia el tipo de bloques económicos y monetarios que exacerbaron la depresión de los años 30 y desempeñaron un papel importante en el impulso a una segunda guerra mundial en tan solo dos décadas.

Nadie ha propuesto la formación de tales alianzas, pero la cuestión está asumiendo una mayor presencia en pronunciamientos públicos y sin duda en discusiones a puerta cerrada.

El mes pasado, en declaraciones al New York Times durante la cumbre del Foro Económico Mundial en Davos, Jeroen Dijsselbloem, presidente del Eurogrupo, señaló posibles cambios importantes en su orientación. "Siempre hemos dicho que Estados Unidos es nuestro mejor amigo", dijo. "Si eso ya no es el caso, si eso es lo que necesitamos entender de Donald Trump, entonces, por supuesto, Europa estará buscando nuevos amigos.

"China es un firme candidato para eso. La participación de China en Europa en términos de inversión ya es muy alta y está en plena expansión. Si empujas a tus amigos, no debes sorprenderte si comienzan a buscar nuevos amigos".

Según el gobierno de Trump, China, y hasta cierto punto Alemania, es el principal oponente económico que amenaza la preeminencia económica de los Estados Unidos. Esta orientación es una de las razones por su conflicto con sectores de la clase política militar y de inteligencia que quieren una confrontación más abierta con Rusia.

Trump ha amenazado varias veces con nombrar a China como un manipulador de divisas e imponer aranceles tan altos como 45 por ciento a sus exportaciones a los EE.UU. Aunque aún no ha anunciado ninguna política concreta y sus posiciones hasta ahora han sido establecidas únicamente en tweets y comentarios similares, la posición subyacente de su gobierno y los procesos económicos que la conducen se develaron el septiembre pasado en un documento sobre el plan económico de Trump elaborado por el entonces profesor de negocios de la Universidad de California en Irvine, Peter Navarro, y el inversionista en acciones, Wilbur Ross.

Desde las elecciones, Navarro fue nombrado como el jefe del Consejo Nacional de Comercio de Trump y Wilbur Ross fue nombrado secretario de comercio.

El documento comenzó notando que en el período de 1947 a 2001, el producto interno bruto de los Estados Unidos creció a una tasa anual de 3,5 por ciento al año. Sin embargo, a partir del 2002, ese promedio había caído al 1,9 por ciento, lo cual representa una reducción del 45 por ciento en el crecimiento estadounidense de su norma histórica antes del 2002.

Los autores rechazaron las afirmaciones del gobierno de Obama de que un crecimiento más bajo representa una "nueva normalidad", alegando que esta posición es "derrotista" y sosteniendo que este bajo crecimiento fue el resultado de impuestos más altos, más regulaciones e "impactos negativos autoinfligidos por malas negociaciones en los acuerdos comerciales", incluyendo al TLCAN y la entrada de China en la Organización Mundial del Comercio (OMC).

De estos últimos, negociados por Bill Clinton, escribieron que "abrieron los mercados estadounidenses a una avalancha de importaciones chinas subvencionadas ilegalmente, así creando déficits comerciales masivos y crónicos".

La adhesión de China a la OMC "también aceleró rápidamente la deslocalización de las fábricas de Estados Unidos y una disminución concomitante en la inversión de las empresas internas estadounidenses como porcentaje de nuestra economía". Señalaron que entre 1999 y 2003, los flujos de inversión de Estados Unidos a China permanecieron estables en alrededor de $ 1.6 mil millones por año, pero saltaron en el período 2004-2008 a un promedio anual de $ 6.4 mil millones por año.

En otras palabras, según su argumento, el flujo de fondos de inversión a China, hecho posible por su adhesión a la OMC, es una de las principales causas de la desaceleración en el crecimiento económico de Estados Unidos a largo plazo.

Los autores también criticaron las reglas de la OMC, diciendo que la exensión de las exportaciones a los Estados Unidos de los impuestos de valor agregado (IVA) por los gobiernos europeos y el hecho de que las exportaciones estadounidenses a Europa están sujetas a estos impuestos es una forma de discriminación contra las empresas estadounidenses. Estas conclusiones son la base de discusiones dentro del gobierno de Trump sobre la posible imposición de impuestos sobre las importaciones.

Escribieron que el trato desigual de las exportaciones estadounidenses es un ejemplo de "manipulación del IVA", y que los Estados Unidos debió haber exigido un tratado fiscal equitativo para las exportaciones estadounidenses.

"Dado que la OMC no tendría valor sin la presencia del mayor importador del mundo y el tercer exportador más grande del mundo, teníamos influencia entonces—y la seguimos teniendo—para solucionar esta anomalía y laguna", afirmaron, añadiendo la amenaza implícita de que "sin los Estados Unidos como miembro, no habría mucho propósito para la OMC".

Los medios de comunicación se han enfocado en las denuncias del gobierno de Trump contra China como manipulador de devisas. Sin embargo, Navarro y Ross no fueron menos estridentes con la Unión Monetaria Europea.

"Mientras el euro flota libremente en los mercados internacionales de divisas, este sistema desinfla la moneda alemana de donde estaría si el Deutschmark alemán todavía existiera", escribieron. Esta es la razón, afirmaron, por la cual los EE.UU. tiene un gran déficit de comercio con Alemania, unos 75.000 millones de dólares en 2015, a pesar de que los salarios alemanes son relativamente altos.

El documento dio un resumen claro de la perspectiva del gobierno de Trump hacia el estado de los EE.UU. en la lucha por los mercados mundiales. Respondiendo a los críticos del programa de "América Primero", escribieron: "Aquellos que sugieren que las políticas comerciales de Trump iniciarán una guerra comercial ignoran el hecho de que actualmente estamos en una guerra comercial. Es una guerra en la que el gobierno estadounidense se rindió antes de participar".

Ellos argumentan que al seguir lo que denominan una política de "comercio más equilibrado", los EE.UU. sería capaz de asegurar la cooperación de los socios comerciales estadounidenses, ya que ellos son más dependientes de los mercados estadounidenses que Estados Unidos de sus mercados.

Al igual que con varias de las políticas de Trump, el programa de guerra comercial descrita por Navarro y Ross no representa una ruptura de las políticas del gobierno de Obama tanto como una continuación de su lógica básica y, al mismo tiempo, representa una escalada cualitativa.

La estrategia subyacente del Acuerdo Estratégico Transpacífico y su contraparte para Europa, la Asociación Transatlántica de Comercio e Inversión promovida por el gobierno de Obama, era que un acceso privilegiado al vasto mercado estadounidense para los países que se inscribieron permitiría que los Estados Unidos los forzara a hacer concesiones.

Ambos acuerdos de inversión comercial propuestos específicamente desecharon el sistema que había gobernado las relaciones comerciales desde la Segunda Guerra Mundial bajo el Acuerdo General sobre Aranceles Aduaneros y Comercio (GATT, por sus siglas en inglés) y luego la OMC, los cuales sostenían que las concesiones ofrecidas a un país deberían ser ofrecidas a todos. Esta política reconocía los daños causados al sistema económico y comercial mundial mediante la formación de bloques exclusivistas en el período de los años treinta.

El representante comercial de Obama, Michael Froman, describió el propósito de los acuerdos propuestos en un artículo principal de Foreign Affairs en el 2014, escribiendo que "la política comercial es la política de seguridad nacional" y que el objetivo de los acuerdos era "situar a los Estados Unidos al centro de acuerdos que proporcionaran acceso sin restricciones a dos tercios de la economía mundial".

Luego pasó a explicar que el sistema de posguerra ya no era adecuado y que los EE.UU. ya no tenía "una posición tan dominante como al final de la Segunda Guerra Mundial" y tuvo que construir nuevas "coaliciones comerciales trabajando hacia posiciones de consenso." En otras palabras, desarrollar nuevos mecanismos por los cuales EE. UU pueda contrarrestar su deterioro vis-à-vis sus rivales.

La política de Trump es impulsada por esta misma agenda, aunque en una forma diferente. Las fuerzas motrices subyacentes pueden verse claramente.

En primer lugar, ha habido una contracción en el crecimiento económico no sólo en los Estados Unidos, sino que a nivel internacional. Según una estimación, sin la desaceleración económica desde la crisis financiera del 2008, las economías desarrolladas hubieran sido una sexta parte más grandes si se hubieran mantenido las tendencias de crecimiento anteriores a la crisis.

La contracción es aún más pronunciada en el comercio mundial. Desde 2012, el comercio mundial ha avanzado poco más de un 3 por ciento al año, menos de la mitad de la expansión media de las décadas anteriores. Como lo ha señalado el Fondo Monetario Internacional, entre 1985 y 2007 el comercio mundial creció en promedio dos veces más rápido que el producto interno bruto (PIB) mundial, mientras que en los últimos cuatro años apenas ha mantenido el ritmo. "Tal crecimiento prolongado y lento en los volúmenes comerciales en relación a la actividad económica", concluyó, "tiene pocos precedentes durante las últimas cinco décadas".

Incluso antes de que Trump tomara el poder, la OMC observó un aumento en el nivel de medidas proteccionistas. Señaló que los miembros del grupo del G20—todos quienes se comprometieron a evitar medidas al estilo de los años treinta—habían implementado 17 medidas comerciales al mes durante los últimos cinco meses, una situación que describió como "un problema real y persistente".

En otras palabras, el ingreso de Trump y su programa de nacionalismo económico de "América Primero" y una guerra de todos contra todos no es una aberración, sino el desarrollo cualitativo de una tendencia que se ha acumulado en la economía capitalista mundial en la última década que ahora llega a la superficie con una fuerza explosiva.