Cumbre de la UE devela tensiones dentro de Europa y con EE.UU.

por Johannes Stern
14 marzo 2017

La cumbre europea anual con los veintiocho jefes de Estado de la Unión Europea (UE), cuyo inicio fue el jueves, estuvo marcada por una profunda crisis dentro de la misma UE y en las relaciones transatlánticas.

Los roces entre Alemania y Estados Unidos se han recrudecido en los días antes de la primera reunión entre la canciller Angela Merkel y el Presidente Donald Trump de este martes. El lunes de la semana pasada, Peter Navarro, asesor económico de Trump, describió el déficit comercial con Alemania como un “asunto grave” y como “uno de los temas más difíciles” para la política comercial estadounidense.

“Creo que sería útil hablar francamente con Alemania sobre las formas en las que podemos reducir ese déficit aparte de los límites y restricciones que alegan tener que respetar”, dijo Navarro en Washington.

Por su parte, en respuesta a la retórica cada vez más beligerante de Washington, Alemania ha intentado traer a Europa bajo su dirección y prepararse “para una guerra comercial con EE.UU.”, como lo indica el diario alemán, Süddeutsche Zeitung.

Las potencias europeas están buscando aprovechar la decisión de Trump de cancelar el Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica para expandir sus lazos económicos con los mercados asiáticos. En un artículo titulado “Europa se contrapone a Trump”, el Süddeutsche Zeitung comentó sobre un borrador de la agenda para la cumbre: “En su reunión en Bruselas, los mandatarios de la Unión Europea quieren enfrentarse a la política de ‘Estados Unidos ante todo’ de Trump... y están dispuestos a llenar el vacío que dejará EE.UU. con el repliegue del comercio mundial de Trump”.

La UE se está apurando para concluir un acuerdo comercial con Japón, la segunda economía más grande de Asia después de China, y actualmente está negociando acuerdos de libre comercio con más de veinte países alrededor del mundo, entre ellos Singapur y Vietnam.

Antes de viajar a Bruselas, Merkel señaló en una declaración ante el Parlamento alemán, “que Europa actuará en conjunto contra prácticas comerciales injustas y proteccionistas y defenderá firmemente sus propios intereses, cuando y donde sea necesario”. En el futuro, dijo, la UE debería “ser capaz de manejar crisis de forma independiente”, y añadió que Alemania “depende no sólo de tener acceso al mercado único, sino también a los mercados mundiales”.

Alemania y las otras potencias europeas tienen en mente perseguir estos objetivos globales con un ejército europeo. Por delante del encuentro del jueves, los cancilleres y ministros de Defensa europeos acordaron en crear un centro de mando conjunto para intervenciones militares. Según fuentes diplomáticas, éste comenzará a funcionar este mes y será plenamente operativo en junio.

Las aspiraciones de Alemania de convertirse en hegemon de Europa y sus conflictos cada vez más graves con EE.UU. — que se ha desempeñado como árbitro y protector militar del proyecto de unidad europea desde el final de la Segunda Guerra Mundial — han agravado las ya fuertes divisiones dentro la Unión Europea.

Este proceso se vio reflejado en la cumbre europea con una polémica reelección del presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk. A pesar de que el gobierno polaco se opuso a la reelección de Tusk, quien fue primer ministro de Polonia, una mayoría votó a favor de extender su mandato. La elección de un político a una posición de liderazgo de la UE contra la voluntad de su propio gobierno es un evento sin precedentes en la historia de la comunidad europea. El partido de Tusk, Plataforma Cívica (PO, por sus siglas en polaco) es el más grande en la oposición polaca, y se encuentra en un amargo conflicto con el oficialista Ley y Justicia (PiS, por sus siglas en polaco).

El presidente del PiS, Jaroslaw Kaczyński, describió a Tusk antes de la cumbre como el “candidato de Alemania”, mientras que el canciller Witold Waszczykowski describió su reelección como un “dictado de Berlín”. Ante la prensa polaca, éste último manifestó: “Ahora sabemos que estamos ante una UE en la que Berlín tiene la última palabra”. La delegación polaca anunció que bloquearía todas las otras decisiones de la cumbre con su veto.

En un esfuerzo por mantener al gobierno derechista y antirruso polaco a bordo de sus planes, Berlín adoptó un tono más estridente contra Rusia. De forma simbólica, el ministro de relaciones exteriores alemán, Sigmar Gabriel del Partido Socialdemócrata, visitó Varsovia en camino a una visita oficial a Moscú. Polonia y los tres países bálticos están en proceso de recibir cuatro mil tropas, tanques y otra artillería pesada de la OTAN. Gabriel también visitó el batallón comandado por el ejército alemán en Lituania la semana pasada.

Hablando en Moscú, Gabriel culpó a Rusia de “las violaciones de las fronteras en el centro de Europa” y defendió con vehemencia el primer envío de tropas alemanas a Europa del Este desde la guerra genocida que emprendieron los Nazis.

El ministro de relaciones exteriores ruso, Sergei Lavrov, rechazó la acusación de Gabriel de que su país ha amenazado a miembros de la OTAN. Afirmó que “tenemos estadísticas diferentes” y que, de hecho, Rusia está siendo “rodeada por armas y destacamentos de la OTAN... Han estado apareciendo tropas terrestres de la OTAN en nuestras fronteras, incluyendo de la República Federal de Alemania”.

La crisis en los Balcanes también ocupó tiempo en la cumbre europea. La jefa de política exterior de la UE, Federica Mogherini advirtió en Bruselas que “ahora más que nunca” dicha región está siendo sometida a “desafíos y tensiones”, convirtiéndola en “un tablero de ajedrez para los juegos de poder entre las grandes potencias”.

Gran Bretaña acusó a Rusia a principios de la semana pasada de alimentar las tensiones en la región. “Es completamente inaceptable”, declaró el canciller británico, Boris Johnson, que Rusia “esté dedicada a perjudicar a los países de los Balcanes occidentales”. En realidad, son las potencias occidentales las que han atizado el conflicto y las divisiones. En la década de 1990, desgarraron y bombardearon Yugoslavia. Hace menos de un año, a pesar de las advertencias rusas, la OTAN aceptó a Montenegro como parte de la alianza militar.

Las tensiones en los Balcanes son sólo paralelo más visible entre el panorama europeo hoy y el del período previo a la Primera Guerra Mundial hace más de un centenar de años. A raíz de las crisis económicas y políticas cada vez más severas en cada país a nivel mundial, las divisiones dentro de Europa y entre potencias europeas y EE.UU. están tomando la forma de un proteccionismo respaldado por un rearme y amenazas militares.