El gobierno de Trump otorga permiso para el oleoducto de Keystone XL

por Kate Randall
27 marzo 2017

TransCanada Corp., la compañía responsable por el oleoducto de Keystone XL, anunció el viernes por la mañana que el gobierno de Trump había autorizado el proyecto. El oleoducto transfronterizo de 1,179 millas transportaría petróleo de la provincia canadiense de Alberta al estado de Nebraska.

El Keystone XL, originalmente programado para abrir en el 2012, transportaría hasta 830,000 barriles diarios de crudo canadiense y de Dakota del Norte hasta Steel City, Nebraska, donde se uniría a los oleoductos existentes para entregarle petróleo a los estados de la costa del Golfo de Texas y Louisiana para ser procesado. Es probable que la mayor parte del producto refinado sea exportado.

Donald Trump reiteradamente prometió durante su campaña presidencial que aceleraría el proyecto. El Departamento de Estado de los EE.UU, con jurisdicción porque el oleoducto cruzaría la frontera entre Estados Unidos y Canadá, emitió el permiso después de un breve estudio de 60 días. Este invierte la posición del gobierno de Obama, el cual rechazó el proyecto a finales del 2015 diciendo que el oleoducto socavaría los esfuerzos de Estados Unidos para reducir su dependencia de los combustibles de carbono.

“Es un gran día para los empleos estadounidenses”, dijo Trump desde la Casa Blanca el viernes después de que se concediera el permiso. “Hoy damos un paso más para poner en primer lugar los empleos, los salarios y la seguridad económica de los ciudadanos estadounidenses”. De hecho, los pocos miles de puestos de trabajo creados por la construcción del proyecto serían temporales y sólo quedarían unas pocas decenas de empleos permanentes al ser completado.

El permiso para el oleoducto fue firmado por el subsecretario de Estado para asuntos políticos, Thomas Shannon Jr. Rex Tillerson, el nuevo secretario de Estado y ex director ejecutivo de ExxonMobil, se había retirado de la decisión. La industria petrolera ha presionado por el oleoducto en oposición a los ecologistas, quienes dicen que este contribuiría al cambio climático y pondría en peligro fuentes de agua.

En un comunicado, Michael Brune, el Director Ejecutivo de Sierra Club, dijo: “El sucio y peligroso oleoducto de Keystone XL es uno de los peores acuerdos imaginables para el pueblo estadounidense, entonces claro que Donald Trump lo apoya”. Después de las violentas evacuaciones de las protestas sobre el oleoducto de Dakota del Norte a finales de febrero, está decisión seguro provocará protestas.

Trump firmó órdenes ejecutivas reviviendo los oleoductos de Dakota del Norte y Keystone XL en enero. El 10 de marzo, miles de nativos americanos y otros, encabezados por la tribu Sioux Rock, se reunieron en Washington DC para protestar que el presidente haya aprobado los oleoductos.

La explotación de las arenas petrolíferas de Alberta ha sido asociada con la destrucción del medio ambiente, en gran parte a expensas de la población aborigen empobrecida de Alberta. La ruta elegida por TransCanada también pasa por áreas ambientalmente sensibles.

El apoyo de Trump para el oleoducto está en línea con su oposición a restricciones regulatorias para las grandes corporaciones. Scott Pruitt, su elección para dirigir la Agencia de Protección Ambiental (EPA, por sus siglas en inglés), presentó más de una docena de demandas cuestionando la autoridad del EPA para regular la industria como Fiscal General de Oklahoma.

El petróleo canadiense que fluye por el oleoducto es considerado como uno de los tipos de crudo más sucios. Un estudio de 2015 financiado por el Departamento de Energía de EE.UU encontró que las arenas petrolíferas canadienses emiten un 18 por ciento más gases de invernadero cuando son transformados en gasolina que lo que es emitido con el crudo tradicional estadounidense; El combustible diésel derivado de las arenas petrolíferas emite un 21 por ciento más de estos gases. Minar estas arenas también requiere grandes cantidades de energía para su extracción y procesamiento.

El Keystone XL todavía enfrenta algunos obstáculos. Antes de que el oleoducto pueda ser construido, debe recibir la aprobación de la Comisión de Servicio Público de Nebraska, así como los terratenientes locales que tienen inquietudes sobre sus derechos de agua y tierra. El interés internacional de muchas compañías petroleras en las arenas petrolíferas ha disminuido debido al bajo precio del petróleo. Además, la extracción de las arenas petrolíferas, ubicadas en el bosque boreal subártico, es costosa.

Los gigantes de energía europeos Total y Statoil han abandonado sus proyectos en las arenas petrolíferas. ExxonMobil no invirtió en 3.500 millones de barriles de reservas, diciendo que desarrollarlas no era económicamente lucrativo, al menos durante los próximos años.

Sin embargo, la producción de petróleo canadiense continúa creciendo, y el proyecto Keystone es fundamental para el futuro de TransCanada.

TransCanada había iniciado procedimientos judiciales en enero de 2016 que implicaban presentar una demanda del TLCAN para recuperar más de $ 15 mil millones en costos y daños después del último rechazo. El primer ministro canadiense Justin Trudeau, quien se ha postulado como ambientalista, apoya públicamente el proyecto de Keystone XL.

En noviembre de 2015, cuando el gobierno de Obama rechazó la solicitud de TransCanada para construir el Keystone XL, Obama dijo que el oleoducto no estaba en el “interés nacional” de EE.UU. y no le daría un impulso significativo a la economía estadounidense, como fue alegado por los partidarios republicanos y corporativos del proyecto.

Obama también dijo que importar un “petróleo crudo más sucio” no bajaría los precios de la gasolina en Estados Unidos e iría en contra de los esfuerzos de su gobierno para reducir las importaciones de petróleo al impulsar la producción nacional de petróleo esquistoso y la transición de EE.UU a ser una economía de “energía limpia”.

Hubo una gran cantidad de posturas en el anuncio de Obama de rechazar el Keystone XL en 2015. Su decisión fue anunciada algunas semanas antes de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, en la que los Estados Unidos solo se comprometió a objetivos no vinculantes. Al igual que las otras grandes potencias, los EE.UU bajo Obama formuló políticas de “cambio climático” y “soluciones de energía verde” que le otorgaba la carga de la responsabilidad a sus rivales.

Al final, Obama trató de promover sus credenciales “verdes” para congraciarse con los ambientalistas en la órbita del Partido Demócrata, a la vez posponiendo la decisión final sobre el Keystone XL para que fuera tomada por el gobierno de su sucesor.